Fronteras

Las fronteras son un porquería.  El nacionalismo, ese sentimiento oscuro que se genera entre las gentes que habitan la tierra delimitada por esas fronteras, es una mentira, una ilusión. Es un medio de control para enardecer a las personas. No digo masas, no digo pueblo.  Personas.  Como vos.  Como yo.  Como el brasilero, el español, el inglés, el chino.

Control y división.

Somos mejores que, tenemos más derechos a, merecemos más que, no debemos ser controlados por… gente de otro país.  Desde los deportes, a la economía, pasando por las leyes y reglamentos y regulaciones y convenios y tratados, hasta los bloques regionales y económicos.  Todo está diseñado para dividirnos.  Nosotros y ellos.

El  antiejemplo más rampante, la anti-división, es Gibraltar. En las elecciones que decidieron la salida del Reino Unido de la unión europea, noventa y cinco coma nueve por ciento (95.9%) de la gente votó por permanecer en la unión europea.  Para ellos, esos 30000 súbditos ingleses viviendo en una piedra anclada al continente, las fronteras son una ilusión.  No hay división.  Porque comercian.  Porque viven en estrecho contacto con “los otros”. La unión, para ellos, es más que un papel, es su forma de vida.  El inglés tipo de Gribraltar, perdido hasta el acento cockney, dijo “No nos vamos ná” [sic].

El libre comercio y la relación entre las gentes supera cualquier frontera o acuerdo.  Superaba.

La cultura, la idiosincracia, la manera de ser de las personas se encierran dentro de las fronteras.  Somos distintos de. Y sin embargo, a pesar de ser todos Nosotros dentro de casi todas las fronteras, también se dan diferencias perceptibles incluso en pueblos separados pocos centenares de kilómetros; diferencias en la forma de ser, de hablar, lo que los enorgullece, lo que los identifica.  No pierden su esencia y hasta hay rivaliades con los del otro pueblo, que se ven como nosotros y ellos, pero en chiquito, casi jocosamente.  A nivel país, todos son Nosotros.  Dentro de esas fronteras son Uno, aunque sean tan distintos que incluso hasta pueden tener idiomas totalmente incomprensibles entre sí.

Cuando los colonizadores europeos dividieron África en fronteras, no les importó que un límite arbitrario separara tribus, clanes, grupos de gente culturalmente afines.  Ellos seguían viéndose como Nosotros, a pesar de que esas nuevas fronteras insistían en decir que estaban divididos.  A la inversa también: dejar encerrados dentro de unas fronteras a enemigos irreconciliables, con mortales diferencias culturales o religiosas, llenos de memorias de injurias por lavar y vengar, fue la receta perfecta para décadas de matanzas y guerras civiles.

Cuando atomizaron Oriente Medio, crearon la semilla de las guerras por venir.  Y eso sin hablar de religión, esa otra farsa macabra. Mirá Siria, con su gente que son siempre Ellos y que nunca tendrán un lugar entre Nosotros; con su religión que no es la Nuestra.  Porque lo que está dentro de estas fronteras, que nos hace Nosotros, es Nuestro.  Y si es Nuestro, de ninguna manera vamos a compartirlo con Ellos.  Si viven o mueren de la manera más salvaje, ignominiosa y brutal, no importa.  Quizá hasta sea deseable, ya que ninguno de Ellos es uno de Nosotros.

División.  Control.

Mirá las banderas de Ecuador, Colombia y Venezuela.   Mirá las banderas de Nicaragua, Honduras, Argentina y Uruguay.  Mirá las banderas de Panamá , Chile y Cuba.

Mirá el Mercosur, ese bloque inoperante como tal; esa mentira.  En los papeles hay unión, que debilita las fronteras, pero en la práctica seguimos siendo Ellos y Nosotros, con regulaciones y trabas que borran con el codo lo que se escribe con la mano. Pero  luego mirá a sus integrantes, que por momentos pueden mimetizarse en todo lo que tienen en común.

División.  Control.

Las personas espontáneamente buscan unirse, porque el espíritu gregario es invencible y llegó antes que las fronteras. Es así que habitualmente estamos más pendientes de lo que tenemos en común uno con otro, que fijándonos de dónde somos; o incluso maravillándonos, porque “mirá vos que congeniemos tan bien viniendo de lugares tan distintos”.  Pero las fonteras buscan cortar eso. Buscan cortarlo de raíz.  La frontera, de la mano del agitador/agorero/egoista/demagogo de turno, te dice que el otro es de afuera,y si es de afuera, entonces es distinto y no pertenece.  Y si es distinto, quizá sea malo, probablemente lo sea, es malo.  Y si es malo da miedo.  Y como da miedo hay que tratar de debilitarlo o destruirlo.  Preferentemente destruirlo.

Sin fronteras no hay adentro ni afuera.  Es todo uno, o lo sería, como pregonaba Carl Sagan.  Como han dicho varios astronautas: desde el espacio no se ven las fronteras.  Uno.  Más lejos o más cerca, más blanco, más negro o más amarillo, más afín o más incomprensible, pero uno.  Uno.

¿A dónde voy con todo esto?  No sé.

A decir que las fronteras son una mierda, supongo.

7 Respuestas a “Fronteras

  1. Pancho como siempre brillante dando en la tecla y analizando lo que muchos se preguntan hoy cuando Gran Bretaña elige el isolacionismo y la insularidad antes que la cooperación. Hoy un millón de británicos quieren que el Plebiscito se haga de nuevo.
    Las fronteraS son una porquería y la democracia representativa en donde la gente vota sin saber que vôta es un desastre…

    • Y sin embargo, las democracias no son más que la gente que ellas engloban. Se dejaron, nos dejamos, macanear hasta que adormecemos el pensamiento crítico y así nos comemos cualquier bola que nos manden.
      Cuando queremos reaccionar, ya nos dieron el palo y nos metieron en la bolsa. De otra manera no se explica cómo puede ser que lo más buscado en UK sea qué es la UE y cómo nos afecta no pertenecer a ella, el día _después_ de las elecciones.

      Nos dejamos marear por el discurso de turno bajo otros intereses y descuidamos el interés propio.

  2. Empecé a leer y fue como si me fueras sacando las palabras de la boca.
    Hace un tiempo quise hablar de las fronteras en un Café con Máximo, pero me pareció inabarcable con palabras y terminé ilustrándolo con llanto y un poco de drama😛

  3. Pingback: Un pedazo de tela sin importancia, que da para cortar mucho | 42

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