Ombrofobia

Ayer, por momentos, parecía que iba a amainar.  Luego de cuatro días de lluvia ininterrupida, se veía una claridad esperanzadora en el horizonte.  Mirabas los pronósticos del tiempo y eran alentadores.

Luego chaparrones, lloviznas, aguaceros, chubascos, diluvios, se encargaban de desmentirlos.  Hora tras hora, la lluvia parece infinita.  A la madrugada me despertó el tabaleo intermitente sobre el techo de zinc.

No puedo dejar de pensar, de tratar de imaginar, el miedo que deben sentir las víctimas de las inundaciones recientes, que quizá hace pocas semanas volvieron a sus casas, o que quizá terminaron hace unos días nada más de arreglar los estropicios, o que con gran esfuerzo van recomponiendo y recuperando todo lo que perdieron.  La esperanza que se alza cuando para la lluvia y el temor que la pisotea cuando el agua vuelve a caer.

O tal vez lo predominante sea la resignación invencible, tipo “Vieja, parece que paró…”, seguido minutos después por el “Ay, no” propio del “lavate que vamos de vuelta”.

Comenta! Comenta, very now!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s