La princesa y la espada

El castillo estaba tibio e iluminado.  Más allá del rastrillo la noche se enseñoreaba del mundo y el frío mordía, inclemente.

La princesa Olivia, desoyendo a la reina, presa de una necesidad acuciante, se calzó sus botas de montar, su blanco manto abrigado y su yelmo mágico.  Asdrúbal El-Que-Ciuda-Los-Caballos, su fiel escudero, le alcanzó una antorcha.  Ella depositó su legendaria espada en manos del rey, diciéndole que la esperara, que volvería a reclamarla, saludó a los presentes, se despidió de su madre, la tranquilizó susurrándole que todo saldría bien, y se dirigió decidida a los establos bajo la mirada atenta del mozo de cuadras, Ulises.

Desde el salón se veía danzar la luz, mientras Olivia trataba de enjaezar su cabalgadura, que se resistía.  Finalmente la princesa sometió al corcel y picó espuelas.  El avance, sin embargo, era lento, ya que el terreno estaba pesado luego de las lluvias del día anterior.

Pronto, el plan tan cuidadosamente diseñado, falló.  Olivia siguió cabalgando raudamente, pero su antorcha quedó atrás, como una pequeña isla de claridad en medio de la negrura.  La princesa se vio obligada a sofrenar su montura.  Angustiada, dirigió la vista atrás mientras estiraba, impotente, su mano vacía.  Pese a llamar a la antorcha con toda su fuerza de voluntad, nada cambió.  Ella estaba montada, en la oscuridad, mientras la antorcha destellaba solitaria, fuera de su alcance.  Se debatió en la duda, hasta que tomó una decisión temeraria.

Se bajó de la bicicleta con rueditas y fue a buscar la linterna.  Medio embarrada y a las risas se subió de vuelta a la bicicleta, se le volvió a caer la linterna, se volvió a bajar, la levantó del piso una vez más, casi consigue subirse a la bici sosteniendo la linterna, hasta que se dio cuenta de que estaba difícil el tema.  Menos mal que llegó Ulises y entre los dos llevaron la bicicleta hasta la casa.  Quedaba un poco apretada entre los muebles del comedor, pero no importó.

¡Ahora cabalga la princesa, por los amplios salones del castillo!  Espada en ristre se lanza contra su padre, el rey, que la educa en el noble arte de la caballería.

3 Respuestas a “La princesa y la espada

  1. que lindo Nkosi!

  2. Fran ! HDP! Me hiciste llorar!🙂

  3. Que te llamen el Rey y la Reina para agradecerte por el pregón, no tiene precio🙂

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