Memoria de los objetos

Es una mañana fresca de primavera. El sol brilla, tibio, mientras el aire todavía conserva la humedad de la llovizna nocturna.

Estamos en la cocina iluminada de la casa de Naxto. Hay un mate entre nosotros, humeante, espumoso, recién preparado. Tenemos enfrente sendos platos con unos regios sánguches de mortadela, queso y manteca entre panes fragantes, recién horneados, dorados y crocantes.

Conversamos. De la manera lenta y pausada de quien está cómodo con el otro. Desde hace algunas semanas estamos tratando de encontrar la manera de contar una historia. Es sobre un objeto que perteneció a su padre, y se nos resiste. La hemos enfocado desde varios puntos de vista, pero no damos con el ángulo adecuado; demasiado despojada y perderá magia, demasiados detalles, o muy rebuscados, la harán perder fuerza y fluidez.

Entre la charla, recuerdo un pasaje de un libro que estoy leyendo: “Después de pasar mucho tiempo en una casa, los objetos tienen alma”, escribe Svetlana Alexievich en La Guerra No Tiene Rostro de Mujer. Es una frase que me dejó pensando largas horas y que se conecta con otras charlas. Hay objetos que tienen una especie de vida secreta. O quizá los acercamos, por lo que representan para nosotros, e inconscientemente los dotamos de nuestros propios atributos. No lo sé a ciencia cierta. Sí sé, que para algunos de esos objetos, el resultado es similar a que se impresionaran de vida, que enriquecieran su sustancia.

Cuando me mudé con mi esposa a la casa que fuera de mi abuela, dice Naxto, había un armario grande cerca de la entrada. Abuela lo usaba para poner los cacharros de la cocina y lo tuvo allí durante décadas. Era un armario precioso, pero como no me gustaba cómo quedaba, lo movimos con la flaca. Durante varios días, Blades (su perro, un ovejero manto negro que era casi un cristiano), cada vez que pasaba por donde estuvo el armario, hacía el quiebre; Blades seguía esquivando el armario a pesar de que ya no estaba allí.

Es comprensible, le contesto, habrá sido por la costumbre.

No te conté, pregunta Naxto con una sonrisa, que Blades llegó a la casa después de haber movido el mueble?

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