Smells like…

El aire es denso y presagia lluvia. Luego de un día caluroso y estático, el viento empieza a soplar desde el norte. Trae directamente hacia la ventana abierta el perfume de los aromos florecidos que planté a unos cuarenta metros de distancia. Es un perfume dulce y vagamente embriagador, tan sutil que más se parece a un sentimiento que a un olor. Quizá lo ayuden los limoneros, que por primera vez están rompiendo a florecer con una carga increible de azahares.

La tarde fue una sinfonía de olores y colores. Los jazmines de Hungría compiten con los jazmines paraguayos. Los aromos están a punto de tirar sus flores de a puñados al aire, porque ya no saben cómo acomodarlas en sus ramas. Los citrus desbordan de blancura y el perfume es casi empalagoso de tan intenso. Los álamos lucen el pálido envés de sus hojas como si fueran trajes de plata. Todo explota. Todo vibra. Sería una experiencia de otro mundo para un sinestésico. Hay cuadras de la ciudad, con jardines pequeños y abarrotados, en donde podría realizarse turismo sensorial. Le vendás los ojos a los turistas y los llevás allí, solo para que respiren.

Nada huele como Colonia en primavera.

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