Let me eat my burrito!

Marzo y abril deben ser los dos meses mas bellos del hemisferio sur. El bochorno del verano se desvanece, y los rigores del invierno no han comenzado a tomar impulso siquiera.  Brisas suaves, noches frescas, sol cálido.  Perfectos.

Pero los mosquitos.  Los mosquitos también piensan que son los meses más lindos.  En verano, con los calores abrasadores del día, solo se encuentran de mañana bien temprano y a la noche. En invierno son raros, ya que aunque antes desaparecían en mayo, ahora más o menos están todo el año. Están todo el año porque los inviernos no son tan fríos y eso les ha permitido adaptarse en un número asomborosamente pequeño de años. Pero en marzo y abril se sienten joya… y atacan.  Como feroces escuadrones de kamikazes se lanzan ciegamente sobre cualqier cosa que tenga sangre medianamente caliente. Parecen invulnerables a los insecticidas, que más que insecticida, parece que los estuvieras rociando con puchero. Y son veloces.  Ágiles.  Con aceleración de cero a infinito en lo que demora un parpadeo.  Todavía recuerdo cuando podías matar mosquitos con un sopapo desgando.  Ahora precisás más entrenamiento que Kwai Chang Caine para tan solo seguirlos con la vista.  Y son silenciosos y astutos para esconderse.

Hay algo primigenio, atávico y elemental que parece despertarse en las personas cuando ven, u oyen, un mosquito. Escuchás, o ves, un mosquito y tenés que matarlo, espachurrarlo, aplastarlo, rociarlo, ahumarlo, incendiarlo (si por ejemplo tenés Poet en lugar de insecticida, y aplicás la llama de un encendedor al spray).  El tema es que sentís el impulso incontrolable de extinguir su vida de cualquier manera a tu alcance.

Sé que he hablado bastante de los mosquitos, comentado de mis sufrimientos a su merced, incluso me he servido de ellos para exponer profundas cuestiones filosóficas. Me fascinan.  Me fascina esa respuesta visceral que generan. Ese impulso depredador que toma el control del más manso y racional de los seres humanos. ¡Por el MEV bendito, si hasta Jim Morrison les dedicó una canción!

Ahora se le añade el miedo.  Ves que las patas tienen banditas blancas y no podés dejar de pensar en el dengue.  La palabra fulgura en tu mente en cuanto los ves. Al perseguirlos, farfullando incoherencias e insultos.  Al refregar la mano hasta desintegrarlos, cuando lográs aplastarlos.

Si te ponés a pensarlo, en realidad, son prácticamente los únicos depredadores naturales que tenemos. ¿Cómo no hablar de ellos?

Anuncios

Comenta! Comenta, very now!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s