Vo’otik: utopía en un solo acto

El territorio de Vo’otik está ubicado en el Segundo Continente, en un valle escondido entre dos cadenas montañosas. No llueve muy seguido, pero al amanecer siempre aparece cubierto de nubes bajas y densas que gracias a las mat’lek, una especie de cazadores de niebla desperdigados a intervalos regulares, les proveen agua en abundancia haciendo de esta tierra un lugar fructífero.

Los visitantes somos bienvenidos, pero solo por cortos períodos de tiempo, muy espaciados en el tiempo y nunca de forma consecutiva en la misma comunidad; nuestro pensamiento, nuestro ego, es simplemente incompatible con su modo de vida, con su forma de ver el mundo. Solo un infante, alguien en quien no estuviera impresa a fuego la individualidad, podría ser aceptado en alguna de sus comunidades desde el exterior.

Lo que más llama la atención de los vooticanos es su gramática. Es la única etnia de todos los mundos conocidos que solamente utiliza un único pronombre: la primera persona, neutra para referirse a las personas, del plural. Nosotræs.

La gramática de los vooticanos deriva de una concepción mística que nos es extraña, más que extraña, ajena. Las citas y comentarios que siguen a continuación son una traducción aproximada, ya que utilizan algunos términos intraducibles para quienes no pertenecemos a su cultura, esclavos de las convenciones del género gramatical.

En el convencimiento de que dentro de cada persona conviven multitudes de personalidaes cada niño es nosotræs. “Nosotræs nos llamamos Tzotzil”, puede decir un individuo cualquiera. Tzotzil puede ser presa del enojo, la alegría, la pasión o la apatía, pero Tzotzil es la suma de todos los humores por lo que aún siendo uno, es nosotræs.

Es así que los vooticanos, gracias a su uso tan peculiar de la gramática, gozan de una visión única del mundo. Sus casas son nuestras casas, ya que cada vivienda se hace en comunidad. Dice Tzotzil «Los problemas son nuestræs problemas y todæs colaboramos en solucionarlos. Decimos “Tenemos problemas” y todos nos ponemos manos a las obras». No hay crímenes ni conflictos armados porque los reclamos son nuestros; al no haber un “ellos” a quien estigmatizar, segregar, marginar u odiar, depende de nosotræs llegar a una resolución satisfactoria y pacífica de los conflictos. A fin de cuentas, dice Tzotzil, la violencia nunca es buena para nosotræs; nos daña.

Es, también y por si fuera poco, la sociedad más inclusiva conocida. No hay nada forzado, ni cuotas participativas, ya que læs homosexuales son partes de nosotræs, las mujeres son partes de nosotræs, quienes piensan, creen y sienten diferente son partes de nosotræs.

Las cosas son nuestras y circulan de mano en mano según las necesidades que se tengan. Cuando las cosas son nuestras, no hay envidia ni necesidad de robarlas. Robarnos a nosotræs no tiene sentido.

No contar con singularidades hace del compartir algo natural. La unidad no existe. Tzotzil siempre tendrá (al menos) dos frutas para ofrecer, porque serán nuestras manzanas las que compartirá. Cómo es posible esta línea de razonamiento y cómo será su ciencia matemática es algo que no he llegado a descubrir todavía.

Sean cuales sean, nuestros trabajos importan, continúa Tzotzil, por lo que no hay personas explotadas; no existen trabajos prescindibles. «En las comunidades necesitamos igualmente a quienes recogemos la basura, controlamos las malezas, enseñamos a læs niñæs, cuidamos a læs ancianæs o dirigimos los negocios. No tenemos castas ni clases ya que los trabajos más ingratos, como pertenecer a los consejos de gobierno o los que hacemos para tratar los desechos, los realizamos entre todæs de acuerdo a rigurosos calendarios de rotaciones». Tal como en una organizada colmena, todos los individuos llegarán a realizar todas las tareas, con la diferencia de que no es el imperativo instintivo quien los impulsa, sino la profunda conciencia del bien común.

Nosotræs somos felices, finaliza Tzotzil.

El universalismo indígena se basa en la cultura de la escucha. Ahí, “la palabra es oído”. Quien habla no lo hace para singularizarse sino para conectar con el sentir colectivo.

Juan Villoro, La esperanza en una nube.

Anuncios

Comenta! Comenta, very now!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s