Mariposa multicolor /02

La construcción de la mariposa fue un proceso divertido, pero de a ratos frustrante y con ocasionales momentos “anti-eureka”, como cuando decís “pucha, no debería haber hecho esto”. El relato a lo mejor no suena tan divertido, no lo es, pero me sirve de bitácora básica. Mala suerte para ti. Siempre queda la opción de mirar solo las fotos y evitarte el muermo. Nadie va a reprocharte nada. Yo, que estoy escribiendo esto, te digo: mirá las fotos y ya. Ah, y el video del final.

La ansiedad es el peor enemigo. Las personas ansiosas y atropelladas que no piensan las cosas antes de hacerlas cometemos más errores.

Lo primero fue alinear y transferir los perfiles de las alas y cortarlos, cosa que no revistió mayor dificultad aunque tuvo que ser algo bastante preciso; cada par de alas debe ir en equilibrio, por lo que era necesario que pesaran lo mismo. Finalmente, con unos pequeños ajustes, llegué a un margen de error de entre dos y tres gramos para cada par, cosa que no está mal.

Lo “divertido” de esta parte fue que corté las alas antes de diseñar las vértebras que las unirían. Aquí vino el primer momento anti-eureka: los extremos fijos los corté sin tener idea de cómo sería esa fijación, ni de la forma de las piezas que los recibirían. Conclusión: esos extremos tienen unos ridículos bordes curvados por lo que es virtualmente imposible lograr un encastre perfecto.

Así que bien, una vez que tuve las piezas de las alas cortadas y diseñé las partes que las recibirían, había que cortar estas partes. Esta etapa tuvo un inicio bastante frustrante. Mis tablas de ciprés, provenientes de los viejos árboles que se cortaron al ampliar el galpón, se aserraron y estibaron hace unos 6 años. Están tan secas como puede esperarse y con unas grietas finas como cabellos que no dan la impresión de ser problemáticas… salvo que esas grietas no son superficiales: llegan hasta el centro de la madera y a través de ellas los elementos fueron haciendo su trabajo, debilitando la madera hasta extremos insospechados, sobre todo cuando se intenta cortar piezas pequeñas. Conclusión: lograr encontrar una parte de la madera sin grietas no fue un asunto trivial.

Finalmente pude cortar el perfil de las piezas correctamente y taladré los agujeros para los pasadores usando un taladro de banco para lograr perpendicularidad. Restaba la parte más delicada: marcar y cortar las ranuras centrales. Con serrucho, sierra, caladora manual y eléctrica y de banco. ¡MEV bendito! ¡No daba pie con bola! Los cortes debían ser exactos o en todo caso un poco menores al espesor deseado, no podían torcerse ni desviarse a riesgo de estropear el balance y con él la pieza entera. La solución fue comenzar los laterales de las ranuras con la caladora de banco y su hoja de sierra a 90º, y terminarlos con la sierra caladora de mano. Un poco de trabajo con el formón y varios pequeños cortes con un serrucho de costilla, de corte un poco basto, pero preciso, terminaron de remover el sobrante. Podría haber taladrado un orificio como tope a la profundidad deseada para evitarme la limpieza posterior, pero no me animé; ¿y si justo agarro una grieta y parto la pieza? Son piezas de geometría irregular, mis herramientas son básicas y no tengo la ventaja de la soltura que da la práctica, ¿y si se me desvía el taladro y mando un agujero para cualquier lado? Así que nada: serruche y limpie todo como mejor pueda y no moleste. De todos modos ya para ese entonces me había dado cuenta de que las piezas no encastraban a la perfección ni mucho menos.

Con las vértebras cortadas y perforadas y las ranuras centrales hechas y probadas, el próximo paso fue hacer los agujeros en los segmentos de las alas usando los de las vértebras como guías.

¡Ya estamos listos para hacer una prueba preliminar!

El siguiente paso fue lijar y suavizar bordes y trabajar un poco las vértebras para lograr la textura que deseaba.

Y luego la pintura. La pintura y los colores han sido un tema complicado en mi vida ya que tengo un tipo de daltonismo con el que siempre me ha sido difícil lidiar. En síntesis: veo los colores, pero no sé cuáles son. Los primarios no presentan mayor dificultad, pero las mezclas y medios tonos son una historia distinta. Así que llamé a mi lado a María Luisa. Las primeras pruebas no fueron tan buenas. Quería lograr un colorido realista, pero no tenemos oficio de pintor y fue cualquier cosa. La pintura acrílica tiene una malévola vida propia y hacía lo que yo le decía, no lo que yo quería que hiciera. Así que nos fuimos decantando por algo más simple y primario que fuera adecuado para un bebé. Estas pruebas resultaron bastante más prometedoras y nos largamos a pintar.

Con dos manos de pintura aplicadas, oreadas y secas, monté cada segmento. A la luz del día los colores resultaban vibrantes. Los pines quedaron casi de puta madre. El facetado, aunque la foto no le hace justicia, creaba una textura que daba gusto ver.

Solo restaba darle una pasada con el spray de Rust-Oleum cuando vino el desastre. Por apurado. Por no esperar un par de días más. Hace años vi en una lata de barniz de Sherwin Williams la mejor recomendación que recibí en mi vida:

Si usted hace exactamente lo que dice el envase, el producto hará exactamente lo que dice el envase.

Eso aplica para la gran mayoría de ese tipo de productos. Si te dicen que lo apliques con buen tiempo y en un lugar sin viento, entonces esperá a que las condiciones sean adecuadas. Si hacés la aplicación en un día húmedo y en medio de un vendaval el producto definitivamente no hará lo que dice el envase. El barniz atrapó una capa de humedad y se blanqueó. Se blanqueó por completo.

Conclusión: retroceda 20 casillas. Tuve que desarmar todo y volver a lijar y pintar. La remoción del puto producto, que una vez seco es duro como vidrio, fue una pesadilla. Tuve que llegar al punto de usar lija de grano 80 para lograr quitarlo, y luego volver a relijar para suavizar la madera, con granos 150, 220, 280 y 400. Las vértebras, con su bello facetado, fueron las que más sufrieron al tener que limpiar el producto del fondo de las depresiones.

En medio de todo eso se me cayó una de las piezas del colgadero donde estaba oréandose y se quebró (el recambio es la pieza blanca). Justo en un sitio donde, oh sorpresa, el grano de la madera era especialmente débil, cosa que se me había pasado por alto durante el diseño y posterior corte. Más precisamente: lo vi, me di cuenta de que era la parte más pobremente diseñada, pero consideré que no era tan importante porque la pieza es una de las más livianas. Además, las piezas que pueden romperse siempre se les caen a otras personas. Mala mía. Y del Diablo, que siempre está en los detalles.

Finalmente, después de tantas idas y venidas, la mariposa quedó lista para ser armada una vez más. Con su nueva pintura, con la terminación de spray aplicada correctamente pero solo en las alas, y con las vértebras con una delgada capa de aceite de lino. Lo comenté antes y lo sostengo: el aceite de lino es lo más.

El toque final fue el empaquetado. ¿Cómo lograr que llegue desde Uruguay a Australia, en una sola pieza, dentro de una valija y pasando por tres o cuatro aeropuertos? Con una gran dosis de suerte, claro está. Y con la ayuda de los expertos. Naxto, gran empaquetador, armó el puzzle de la mejor y más compacta forma. Quedó un bodoquito precioso que calculo hubiera podido resisitir una guerra atómica. Kudos to you, mi friend Braziiil! No hay foto, pero el paquete recuerda a uno de esos ladrillos de heroína que aparecen en las películas… pero mejor. Si los carteles de drogas contrataran a Naxto para empaquetarle la merca, ningún perro del mundo sería capaz de oler nada más que cinta adhesiva.

Conclusión: la mariposa llegó en perfectas condiciones a Australia y luego de varios días de paciente espera puedo decir que finalmente la armaron y colgaron! María Luisa me mandó un video de la niña al momento de ver la mariposa, y puedo decir que por su reacción, gritos, gorgoritos y desesperación general por tocarla, agarrarla y sacudirla, el invento fue un éxito total. Igual me cagué hasta las patas cuando la abuela tuvo la peregrina idea de acerca a la niña de meses hasta el móvil. ¡Loca demente atronada de la calor, mirá que hacer semejante cosa! ¡Claramente dije que era un juguete con el que la gurisa no podía jugar! Me siento ignorado y cada vez que me acuerdo me vienen chuchos de frío impotente y desesperado. La mariposa casi muere debido a un ataque bebístico de incontrolable curiosidad exploratoria. Pero el bicho sobrevivió a tres entusiastas cinchones, lo que constituye un test de calidad válido según mis estándares.

La parte menos elegante, es bastante evidente, es la unión entre secciones. Esos esmerillones son útiles, pero están lejos de ser lindos. Menos aún cuando tuve que buscar unos de gran tamaño para dejar espacio a fin de que las partes puedan moverse y bambolearse sin que golpeen unas con otras. Ya sé qué hacer para el próximo: redimensionar las vértebras para que el centro de cada una recorra la mayor parte de la distancia vertical entre piezas, así las conexiones serán mínimas a la vez que el cuerpo de la mariposa se parecerá más a un cuerpo.

Según Nacho es uno de mis trabajos más lindos. No puedo estar en desacuerdo. También fue el que más satisfacciones me ha dado.

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