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Relatividad del fracaso

La última década del siglo pasado fue la más intensa de mi vida. Los 90 (en)marcaron mi vida de manera indeleble por infinidad de razones.

Una de ellas era la esperanza en el futuro del mundo, nuestro futuro, particularmente en el futuro tecnológico. Sobre todo en la primera mitad, los avances parecían vertiginosos. En 1990 se ponía en órbita el Telescopio Espacial Hubble con su grandioso espejo, un logro ingenieril sin precedentes.

Un año después anunciaron con bombo y platillo el fin de la construcción de Biosfera 2 (el enlace en inglés está más completo), un ambicioso proyecto destinado a experimentar con la creación de un ambiente cerrado y autosustentable, con la mirada puesta en la colonización más allá de la Tierra.

¿Cómo sería la interacción entre los distintos ecosistemas presentes? ¿Sería posible que la vida sobreviviera y prosperara por sí misma de la mano del ingenio humano? ¿Cómo se las arreglarían los humanos para convivir dos largos años? ¿Podrían?

Al fnal resultó que: caótica y frágil, no, como perros y gatos y apenas. En ese orden. Una selva, tierras de cultivo, manglares, un océano y un desierto en miniatura fueron ideados y encerrados debajo de un domo y algunas estructuras piramidales, de acero y vidrio, aislado, sin intercambio ninguno con el exterior. Metieron plantas, animales, insectos y ocho personas y pusieron el tinglado en marcha.

https://todayintechhist.wordpress.com/2014/09/27/the-biosphere-2-september-26-1991/

Dos años y 20 horas después lo abrieron. Las ocho personas salieron convertidas en dos grupos que casi no se hablaban entre sí. Los insectos polinizadores y los animales vertebrados murieron y a los 16 meses habían tenido que bombear oxígeno porque sus niveles habían bajado de un saludable 21% a un peligroso 14%. Los microorganismos inoculados para ayudar al desarrollo de la vegetación habían tenido mucha abundancia de carbono orgánico y lo habían convertido en dióxido de carbono, captando oxígeno en demasía. No se detectó un aumento significativo del CO2 porque reaccionó con la estructura de hormigón de Biosfera 2 creando carbonato de calcio (captando tanto el carbono como el oxígeno). A esto se sumó un año muy nuboso y que las estructuras metálicas del domo interferían con la luz, lo que le jugó en contra a la fotosíntesis.

Se consideró que la experiencia fue un fracaso a pesar de que en muchos aspectos fue tremendamente exitosa y con un potencial gigantesco. Mucha gente pareció pensar, e incluso todavía lo piensa, que el único resultado aceptable de esta experiencia nunca antes intentada era una sustentabilidad total y a la primera. Lo que se aprendió de los ciclos naturales y de las posibilidades a nuestro alcance para regularlos, logros inmensos en sí mismos, pesó mucho menos en la opinión pública. La producción de alimentos fue impresionante, y sin pesticidas, cosa que debería habernos volado la mente. La salud de los humanos y su metabolismo mejoró muchísimo, a pesar de que informaron que pasaron sintiendo hambre desde el primer al último día, ya que tuvieron una dieta nutritiva, pero baja en calorías. Decenas de logros importantes, desestimados.

Una nueva misión comenzó a principios de 1994, pero tensiones internas y un sabotaje la liquidaron a los pocos meses de iniciada. Luego de eso fue todo barranca abajo.

Después de muchas vueltas Biosfera 2 es hoy un centro de estudios y experimentación dirigido por la Universidad de Arizona, en donde se estudia cómo ciertos cambios en el ambiente afectan al resto de las relaciones entre los ecosistemas sin impactar en el mundo real.

En esa época se dio la primera Guerra del Golfo, que también vio avances gigantes, pero en esa oportunidad en la sofisticación de las armas. Este conflicto tuvo un costo de varios órdenes de magnitud por encima del de Biosfera 2 y con unos resultados abrumadoramente lamentables: intervinieron 30 países, dejaron unos 40’000 muertos y sin nada para rescatar. Costó unos 40 mil millones de dólares (aunque algunos artículos lo ubican en el torno a los 62) contra 200 millones de Biosfera 2. Biosfera 2 casi se convirtió en una urbanización antes de ser “rescatada” por la Universidad, en tanto que el fracaso monumental de la intervención de Occidente en Medio Oriente sigue hasta hoy, expandiéndose como horrendas ondas en un estanque al que se tira una piedra.

Imaginá esas mentes y esos fantásticos recursos materiales y humanos destinados al avance del mundo. Imaginá qué podrían haber logrado en 25 años.

Imaginalo, por favor.

Descolgadas /13

Los libros que leído y en menor medida el cine que visto han hecho muchísimo por expandir mi mundo musical.

  • De Thomas Harris, rescaté a Bach y sus Variaciones Goldberg.
  • De John Milton, llegó La Creación de Haydn
  • Stephen King me descubrió mucha de la música de los ’70:  Animals, Thunderbirds, Cash. Y Las Bodas de Figaro, por supuesto.
  • Del Cero Warthon recordé a Tehlonious Monk.
  • Con Dexter llegó Chopin y sus Nocturnas.
  • Pink Floyd se presentó a sí mismo con The Wall.

Hace tiempo que no me pongo a escuchar música. Supongo que la variación que necesito es un poco de silencio, aunque a veces extraño cocinar con música. O a lo mejor nada parece demasiado apropiado.

El domingo hice pasta casera. Unos pappardelle con una bolognesa clásica que quedaron de muerte, y se notó la ausencia.

En otro orden de cosas, encontré un texto de 2015 de cuando mataron a los dibujantes de Charie Hebdo en París. Es bastante salvaje y en su momento pensé que lo había perdido. Como estoy de humor acorde lo reproduzco, porque fuck it. Además sigue vigente, aunque la “gente de verdad” no sean dibujantes.

Je suis Pancheau

Me tienen las pelotas bastante llenas con Charlie Hebdo.  No porque la matanza no sea trágica, si no porque está todo el mundo alborotado y se llena la boca con Je Sui Charlie y los terroristas y qué se yo, y marchas de 500 mil personas y marchas de líderes mundiales (juntos, pero aparte, no sea cosa que se contagien con ébola o algo así).

Y para mí eso es fayutismo puro, es llenarse la boca.  Hay miles de personas que son asesinadas a diario en diversos conflictos candentes y activos en África y nadie dice nada, ya ni aparecen en las noticias salvo como nota marginal si justo cuadra que un atentado mate a más de 800 personas. Por nombrar los 3 más power, podemos hablar del eterno quilombo en el Congo, los gobiernos depuestos y encumbrados a cada rato como quien cambia de calzones en la República Centroafricana, o la continua sangría en Sudan.

Y por qué te importan 12 dibujantes que antes ni tenías ni idea que existían?  Y por qué no te importa un montón de gente que tampoco conocías pero que están igualmente muertas, igualmente asesinadas, también injusta y brutalmente?

Es porque estos 12 eran blancos?  O porque vivían en París?  O porque tenés miedo?  Porque África está lejos y a nadie le importa una mierda, además de ser pobres y negros y además dibujan en la arena o escriben en arcilla, si acaso, mientras que París… París es Occidente, es el barrio como quien dice.  Si pegan en París pueden pegar en cualquier lado, en Barcelona, Washington,  Buenos Aires, o Londres.  Y eso te indigna, porque Occidente puede llevar o financiar sus guerras a esos lugares lejanos que hay que buscar con cuidado en el mapa, pero a Occidente no le gustan las represalias, justificadas o no.  Porque que los líderes del “mundo libre” decidan atacar un poblado lleno de civiles es totalmente distinto a que los líderes de un grupo terrorista decidan atacar una oficina llena de civiles.  Sí, por supuesto, un bombardeo con drones no tripulados que justo mate un montón de gurises es simplemente daño colateral y es totalmente distinto a que tres hijos de puta con metralletas ejecuten a un puñado de dibujantes.  Debe ser por eso que una cosa te indigna y la otra te deja indiferente.  O quizás no tengas fuerzas.  Es eso?  Porque sentir pena, vergüenza y dolor e impotencia una vez, por un puñado de gente es una cosa, pero sentir eso mismo todo el tiempo, todos los días, es sencillamente agotador.

O fue porque justo viste el titular y te copó sumarte al trending topic? Es comprensible, tener un eslógan en otro idioma es muy chic.

Y eso es todo sobre este tema. En su momento me alegró mucho haber perdido el texto. Ahora, a la distancia, va a escocer menos, quizá. Lo mejor de todo es que más de tres años después, mi pensamiento al respecto no ha cambiado un ápice.

Gabriel Sosa, El Lado Oscuro de Parir

Hace unos días escuché en radio Sarandí 690 la entrevista que le hicieron al periodista y escritor Gabriel Sosa a propósito de su nuevo libro: El Lado Oscuro de Parir, la mujer como víctima de la violencia obstétrica.

Habiendo leído antes con placer Las Niñas de Santa Clara y siendo esta su primera obra de no ficción, me hice de un ejemplar.

El subtítulo es bastante explícito. Recoge testimonios de mujeres que sufrieron algún tipo de violencia obstétrica durante su embarazo, parto o puerperio, y explora la situación de esta violencia obstétrica en Uruguay y sus secuelas, que pueden ser muchas y de variado grado. También habla con activistas, sociólogos, psicólogos y profesionales de la salud e intenta, como primera cosa, dar una definición cabal de qué es. Resumidamente: despojar a las mujeres de su autonomía y secuestrar el derecho que tienen sobre sus cuerpos; una forma de violencia de género.

De las experiencias narradas toma forma en mí el sentimiento de que esta violencia cometida por profesionales, de ambos sexos, es generada por una arrogancia mezclada con una hebra de poder y que resulta en una mezquinadad que roza el sadismo que es casi inexplicable.

Desde la realización de una episiotomía sin consultar, a procedimientos realizados con un consentimiento viciado, pasando por brusquedades y malos tratos, sin descartar abusos lisos y llanos completamente evitables e injustificables, como si la mujer embarazada fuera una cosa, un sujeto de estudio, o alguien mentalmente retrasado e insensible a quien no se debiera ningún tipo de consideración, decencia, humanidad o información.

Esto último es importante y recurrente: la falta de información. Sobre los derechos legales e institucionales, sobre los procedimientos, sobre el proceso. De esta suerte las mujeres, en su momento más vulnerable, transitan el parto sin saber cuáles son sus derechos, por lo que es sencillísimo avasallarlos y directamente saltárselos sin que ni siquiera se enteren.

Es un libro durísimo que me está resultando muy, muy difícil de leer; el estilo es franco y directo, sin vueltas, pero la angustia y la impotencia son infinitas. Desde el principio me hizo hervir la sangre y luego de las primeras páginas tuve que elaborar una estrategia para su lectura: unas 10 o 20 páginas por vez, a plena luz del día y al menos dos horas antes o después de comer. Leerlo antes de dormir me generó pesadillas infames de las que despertaba sobresaltado y cuyo recuerdo se negaba a abandonarme durante horas mientras fantaseaba con devolver a esos “profesionales” esos abusos con intereses. No voy a detallar esas fantasías porque no vienen al caso, pero Torquemada habría estado bastante orgulloso. Un par de sacudidas le vendrían bien a más de uno, te diré.

Este libro es necesario. Leerlo es necesario, aunque algunos testimonios sean terroríficos. Porque conmueve, concientiza y promueve un diálogo imprescindible con las organizaciones médicas y los profesionales de la salud.

El Lado Oscuro de Parir es imprescindible porque ayuda a visibilizar una problemática que está casi naturalizada cuando en realidad debería causarnos un rechazo visceral y ser erradicada por todos los medios.

También me remite a otros casos, muy cercanos, de violencia médica en otras disciplinas. Un par de ejemplos los viví cuando me quebré hace unos años, y otro le tocó a Padre cuando estaba discutiendo su tratamiento y opciones con una oncóloga. La violencia médica debería ser totalmente inaceptable en todos los ámbitos, primero por violencia, segundo por la impunidad con que se ejerce, desde un lugar de poder, y tercero contra quiénes se ejerce.

Un lujo

Hace unos días, buscando nada, di con un video bastante curioso en Youtube. El video en sí no es ninguna maravilla: se hizo una encuesta a diversas mujeres en Nueva York sobre qué consideran un lujo, o en qué derrochan, de acuerdo a sus ingresos. Luego un grupo de actrices actúa las respuestas en el video.

Nada destacable a primera vista. Ni siquiera demasiado imaginativo: desde cosméticos para la franja más baja, a vacaciones caras y personal shoppers para la franja más alta. Había algo que me sonaba raro en todas esas respuestas.

Hoy, día fresco y brillante de primavera, salí hasta el almacén de la esquina a comprar un cigarrillo y volví como paseando a la oficina mientras lo fumaba, sintiéndome casi un dandi. A lo lejos se dibujaba la silueta de Buenos Aire sobre el horizonte del Río de la Plata. No pude evitar pensar en que no está tan lejos y que con este día tan fantástico hasta podría arrancar a caminar para allá, o algún divague por el estilo.

Un lujo. La asociación de ideas hizo click y finalmente me di cuenta de qué era lo que no me cerraba del video. La parte del derroche es clara, pero lo que me resultó más curioso es la percepción de lo lujoso. Todas esas personas solo asocian el lujo con cosas. Con comprar. Con consumir. Estamos tan bien abrochados y asimilados que solemos pasar por alto todo lo que no sea material.

Ni una sola de ellas nombró tener, o tomarse, tiempo para sí mismas.

Para mí, poder tomarme un día libre (aparte de las vacaciones), o incluso una mañana (de un día laboral, se entiende), para poder realizar alguna actividad que me cause placer, o simplemente para tener un momento para estar conmigo mismo sin presiones ni cronogramas es casi el lujo máximo.

Dejar de producir para gastar. Dejar de producir, sin tener necesidad de gastar. El tiempo es el lujo máximo. Thoreau lo escribió en 1850: al trabajar intercambiás tu tiempo de vida por dinero.

A lo mejor es que soy bastante simple y esté equivocado.

Para vos, ¿qué es un lujo?

Lo mismo que hacemos todas las noches, Pinky! /61

Entro a la oficina y agarro una conversación por la mitad entre El Boss y D.

—…decile que recién salí, que no estoy. — decía El Boss, decidido, casi brusco.

—Pero dice que es importante. Y que sabe que está acá.

—No me importa, no voy a ir. ¡Decile que no voy a ir!

—¿Hola? Dice El Boss que no va a ir. —D escucha un momento y se despide —OK, le digo. Que ande bien. —cuelga y mira al Boss, resignado—. Dice su esposa que no se preocupe, que va ella al médico por usted, que seguro le van a dar perfectos todos los análisis.

Flashes de realidad /12

nuba El lunes amance claro y cálido. Todas las nubes parecen estar al oeste; bajas y oscuras ocultan Buenos Aires. Del profundo banco de bruma que pasta sobre el Río de la Plata se desprende la más pequeña y blanca de las nubes. Se ve que es muy curiosa, porque baja hasta la superficie y se acerca a conocer Colonia.

nubb La nubecita entra a Colonia por la punta norte de la rambla y el espectáculo es bello: la nube se va desgajando, como una tela que se desgarra, y se dispersa; los árboles quedan tamizados como por un tul; los edificios de siluetas conocidas se desdibujan.

nubc Parece que realmente le gusta la ciudad. Va dando toda la vuelta hasta que decide quedarse a descansar en el centro. Se la nota llegar porque el aire cálido se vuelve gélido y cargado de una humedad penetrante.

nubd Salís de la oficina de remera y la campera te sobra. Para cuando llegás a la nube-turista, a diez cuadras de distancia, ya no te sobra nada.

mrda Qué porquería, qué decepción y qué asco, los chorizos Extra Cativelli. Chorizo: carne picada (o molida), con una proporción definida de grasa y especias, embutida en una tripa y atada en las puntas. La palabra clave es “carne”. Los Extra Cativelli eran sinónimo de calidad. Eran algo que podías comprar más o menos tranquilo, sabiendo que en su mayor parte era chorizo. El sábado compré uno para enriquecer un relleno de carne con su sabor. Cuando saco la tripa… EL HORROR! Era una pasta, una especie de puré inmundo, con los correspondientes cachos de grasa uniformemente distribuidos. ¡Puré de chorizo! Asco total.

mrdb Qué complicado se está volviendo comprar fiambres. Jamones cocidos, paletas y similares que, una vez más, deberían ser de carne, de algún tipo de carne, pero carne al fin, de un tiempo a esta parte vienen con burbujas. ¡Burbujas! Como un líquido mal homogeneizado. Andá a saber con qué puta mierda hacen los fiambres hoy en día.

ciel ¡Qué invento de bien los rabanitos! Abrís un surco pequeño y de un centímetro de profundidad. Desparramás la semilla a unos ocho centímetros de distancia entre sí, tapás, regás y luego solo tenés que mantener la humedad. A los 4 o 5 días despuntan las primeras plantíbulas, y al mes los cosechás. Si plantás 15 o 20 semillas todas las semanas, tendrás un suministro regular de rabanitos.

ciem Las hojas de los rabanitos se comen. También se comen las de las remolachas, zanahorias y nabos. También se comen las flores, en especial las de los zapallos (zapallitos, calabazas, kabutiá, etc) que hasta se pueden rellenar y hacer fritas.

lunz ¡Qué pereza los lunes!

Sobre la naturaleza del placer

Hace muchos años leí que el verdadero placer no es del cuerpo sino del alma al poseer las cosas. Mucho mastiqué esa frase y la idea subyacente, tratando de elaborarla y adaptarla a mi realidad de aquel tiempo. Para poseer algo tenés que hacerlo tuyo; para hacerlo tuyo, tenés que brindarte, tenés que dar sin guardarte nada, sin mezquindad. Es una especie de simbiosis. Es un acuerdo con derechos y obligaciones. Tomar por la fuerza no te hace dueño de nada, solo sos un usurpador. Quien siembra indiferencia en el dar solo cosecha indiferencia y el placer nunca es indiferente. Si sos egoísta solo tendrás una descarga y alivio momentáneo, por completo carente de significado o sustancia. No podés poseer desde el egoísmo. Entonces, ¿cómo poseer? Brindándote por entero. Y cuando todo se te brinda como respuesta a lo que das, cuando lo que importa es el placer ajeno dejando el tuyo en un segundo plano, justo en ese momento es cuando podés llegar a poseer de manera absoluta. Justo en ese momento, cuando lográs que el otro placer alcance sus cotas máximas, es cuando alcanzás tu propio placer total.