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Y aquí no ha pasado nada

Qué loco lo de las bolsas plásticas, ¿verdad? Desde el primero de abril las bolsas en los supermercados te las cobran $4. Previamente hubo discusiones y protestas varias, y como dijo Darwin en la radio, se extraña tener bolsa con manija para tirar la basura, pero la transición fue sorprendentemente natural. Casi ni nos acordamos de que antes comprábamos tres cosas y nos daban cuatro bolsas (porque una era una botella y te daban bolsa doble). Ahora cada cual va con su bolsito, su chismosa o su mochila y todos en paz. Sentí por ahí que el consumo de bolsas plásticas bajó un 80%. ¡Ochenta! Los fabricantes de bolsas se deben querer cortar las bolas.

Falta ajustar algunos otros temas, como por ejemplo las verduras que vienen en bandejas de poliestireno y luego envueltas en film plástico, o las bolsas en que te meten todo lo que comprás en la carnicería, o ese plástico inmundo con que te separan el fiambre y el queso antes de meterlo, a su vez, dentro de otra bolsa plástica. Y ni hablar de esa verdura que ya viene picada o rallada en tachitos también plástico.

En un montón de países el plástico se ha sustituído por papel. Vas a la carnicería, te envuelven la carne en papel. Lo mismo con el queso o el fiambre. Vas a la verdulería, comprás la verdura y la picás en tu casa, no seas enfermo. ¿Quién es tan abombado como para comprar verdura prepicada?

Como sea, bolsas de supermercado no more. ¡Y en un mes! ¡En Uruguay! Un cínico diría que no hay como meterle la mano en el bolsillo a un uruguayo para que desarrolle conciencia ambiental.

Un cínico, no yo. Yo no soy de esos.

Sensaciones

Me causa fascinación ver cómo las personas de manos curtidas manipulan objetos pequeños… o comparativamente pequeños en todo caso. Suelen tender a usar las falanges más que las yemas, quizá por falta de sensibilidad (?). También es como si sus gestos se enlentecieran de manera deliberada. La mecánica de los movimientos es genial, mezcla de torpeza y delicadeza extrema.

Hace un par de días me agradecieron. Me crucé con un plomero conocido que referí a un amigo que debe hacer una obra y me dio la gracias casi a los gritos. Sentí una extraña e inesperada satisfacción por partida doble. Mi amigo encontró una solución a su problema; el plomero se hizo de la obra. Y quizá también el sentimiento de haber hecho un bien; un bien difuso, inconsciente y relativo, pero la sensación está ahí, producto del agradecimiento recibido.

Los fresnos en otoño poseen una belleza que aligera el alma. Su follaje cambia del verde a los tonos rojos y amarillos en unos pocos días antes de largar toda la hojarasca. Me recuerdan al sauce boxeador de Harry Sportster, que en otoño se sacudía las hojas rápidamente para quedar con las ramas desnudas. Pero depende de qué tan expuestos estén. Los que están aislados cambian mucho más rápidamente que los que están reparados o junto a otros árboles. El resultado es un gradiente maravilloso entre los vestidos veraniegos y los otoñales. A la vez contrastan con las frondas de los árboles perennes, más oscuras, creando grandes mosaicos.

Mi tío me dio una agradable sopresa: tuvo que cortar unos árboles y me guardó alguna madera: recortes de naranjo y ciruelo, más unas ramas de entre 12 y 20 cm de diámetro y una tajada del tronco de cerca de 80 cm de diámetro de cedro. Mi nivel de expectación está alto, alto, alto. Tengo que aprontar un mate y sentarme a estudiar todas las formas, tratando de descifrar qué se esconde allí adentro. Torno o talla? Hay algunas formas prometedoras. O maderarlos para sacar tablillas? También aproveché el viaje y traje un lote de tablas de ciprés que tengo allá. No muchas, como para tener un poco de material. ¿Y con el rolo? Una mesa, probablemente, ¿pero ratona o tipo mesada, como para cocinar sobre ella? ¡Tantas posibilidades!

Y también, ¡Tachán-Tachán!, me comentó que en el próximo menguante va a talar un par de árboles de naranja amarga. Son parte de una tupida islilla de injertos malogrados plantados nada menos que por mi bisabuelo. Eso me genera un extraño montón de sensaciones. Satisfacción y gula, por la madera en potencia; felicidad porque el tío me dijo que me los daba para que siempre lo recuerde; tristeza, porque todas las obras del Hombre están destinadas a perecer y desaparecer. Un par de generaciones, un parpadeo… y puff.

Me olvidé de varias cosas… qué raro eso de tener las cosas claras en un momento, con las palabras bullendo y pugnando por salir, y luego olvidarlas por completo, con la sensación solo de que perdiste algo pero sin saber qué.

Una corta lista para 2019

Mirando un video random en YouTube me crucé al chef Douglas Kim, del Jeju Noodle Bar, hablando del orden en la cocina.

If your station is dirty it means that your brain’s dirty.

Él decía que si tu estación de trabajo está sucia significa que tu mente está sucia. La traducción literal es “cerebro”, pero creo que “mente” se ajusta mejor.

Una estación de trabajo sucia refleja una mente sucia.

Me resultó imposible sustraerme a esa frase, porque además sintetiza a la perfección innumerables conversaciones mantenidas con Naxto a este respecto. Es aplicable a todo, no solo a la cocina, y explica muchas cosas. Así que no me quedó más remedio que hacer un pequeño viaje introspectivo y tener una charla con ese pendejo cabrón que vive en mi interior.

El primer indicador es la atronadoramente baja cantidad de libros leídos este año. Diciséis, quizá uno más, si logro disciplinar un poco mi mente. Menos de dos por mes, cuando lo normal es un promedio de cuatro a cinco. La explicación es sencilla: no logro conectarme con las historias e ideas, pierdo el foco. Una mente sucia, atiborrada de porquerías, como en la vida, no tiene espacio suficiente para colocar cosas nuevas, limpias y útiles.

De aquí se desprende que resulta más sencillo mirar la pantalla, cualquiera de ellas: Twitter, YouTube, Netflix, etc. Son distracciones, ilusiones, espejismos, ensoñaciones en las que perderse. Para una mente sucia, ese sucedáneo de la anestesia es el equivalente a barrer bajo la alfombra.

El segundo gran indicador, evidente para cualquiera que pise mi casa, es el quilombo. El desorden mayúsculo presente en todas y cada una de las áreas habitables. La casa es más que pequeña. Ordenarla es sencillo. Limpiarla y mantenerla no implica un esfuerzo especialmente grande. Pero aun así es un quilombo. Una mente sucia se hunde en la apatía y la indolencia. Una mente sucia es, al fin, caótica.

El tercer indicador son proyectos a medias e ideas que no pasan a la fase ejecutiva, incluso aunque parezcan ser metas realmente sencillas de alcanzar. Una mente sucia se embota, atrapada por la inercia; carece del combustible necesario para ponerse en movimiento o para llegar a destino una vez en marcha.

El cuarto indicador es persistir en el pucho, a pesar de sentir cabalmente que no me hace bien y dejar de lado el ejercicio, la Práctica, a pesar de sentir cabalmente que sí me hace bien. Una mente sucia no logra concentrar su voluntad.

Así que si la mente sucia ignora deliberadamente lo que no le gusta, es apática, es desordena, está embotada, no logra avanzar, ni juntar la voluntad necesaria, estamos en problemas.

Las causas están más o menos claras y son viejas conocidas. No voy a ponerme a hablar de ellas porque suenan peligrosamente a excusas y odio las excusas. Tampoco soy fan de buscar culpables (aunque acá el único culpable soy yo). Prefiero concentrarme, más que en por qué llegué a este punto, en cómo soluciono los problemas derivados. Algunas de esas causas no van a desaparecer, pero sus efectos pueden ser contrarrestados, mientras que otras causas sí van a desaparecer, siempre y cuando le ponga ganas y perseverancia, ya que más que causas son efectos colaterales. Creo que perseverancia y constancia serán las grandes palabras clave para el 2019.

Así que la lista de propósitos para el 2019 puede resumirse así:

  • limpiar mi mente.

Se dice fácil. Aunque tengo un par de ideas de cómo comenzar el proceso. Del éxito (o falta de él) con que acometa esta tarea dependerá todo el resto. Creo que el 2019 puede llegar a ser… interesante.

Buen año para vos. Intuyo que más allá de las ganas el 2019 no va a ser nada sencillo; mi deseo para vos es que encuentres toda la fuerza que necesites para pelear al muy cabrón y que no bajes los brazos.

Que el MEV nos ampare bajo su tallarinesco apéndice y nos colme de bendiciones, abundante bebercio y opíparas comidas.

Tempus fugit

Una conversación de sobremesa deja hebras de ideas colgando. Mediante una recorrida de siglos, haciendo volar el tiempo y apropiándome de las palabras de grandes pensadores, intento hilar algunas de ellas.

En muchos lugares, alejados de las grandes urbes y aislados del flujo de personas, el ritmo de la vida es mucho más lento que el de “la modernidad”. En los pueblos perdidos, a veces, es como si el tiempo se hubiera desentendido de ellos dejándolos atrás, con su andar pausado y a veces casi indolente, el cual hasta puede no ser nada más que hastío. En la aldea en que vivo, Colonia del Sacramento, ampliamente cosmopolita, cerca de Montevideo y aún más cerca de la gigante Buenos Aires, este ritmo de vida, aunque aparente ser similar resulta aún más extraño, ya que es como si el tiempo se demorara.

Quizá el árbol no me deje ver el bosque; a fin de cuentas, vivo aquí mismo. No descarto que mi propio ego embellezca lo que ven los ojos, ni tampoco que proyecte en la aldea mis propias creencias. Soy consciente de que a todos nos encantan nuestros sesgos, y como dijo un escritor bastante antes que yo: las personas son más fieles a sus ideas que a sus cónyuges. Así y todo, imaginemos por un momento que puedo ser perfectamente imparcial. En mi defensa digo que algunas de estas ideas son compartidas por algunos amigos y conocidos cuyo carácter es muy distinto al mío. Hey, incluso algunas ideas son compartidas por perfectos desconocidos, así que aquí vamos.

Epicuro, el gran filósofo ateniense del siglo IV A.C., sostenía el concepto de ataraxia, la ausencia de turbación. Él abogaba por la persecución y obtención de la felicidad desde la amistad y los afectos antes que con las cosas. Es importante diferenciar y ceñirse a lo necesario sin grandes despilfarros. Lo material es perecedero y requiere grandes esfuerzos para conseguirlo y mantenerlo. “Cuando ya se ha conseguido hasta cierto punto la seguridad frente a la gente mediante una sólida posición y abundancia de recursos, aparece la más nítida y pura, la seguridad que procede de la tranquilidad y del apartamiento de la muchedumbre”.

El filósofo estadounidense Henry David Thoreau afirma, en su libro Walden de 1854, que cuando compramos algo no estamos pagando con plata, sino con tiempo de vida; con el tiempo que pasamos trabajando para obtener esas cosas. Mientras menos bienes materiales necesitemos, menor será el tiempo de vida que tengamos que dedicar a la obtención de cosas. Volviendo al epicureísmo, mantener y conservar las cosas es causa de angustias y afanes. Mientras menos afanes suframos, más disfrutaremos de “nuestros imprevistos momentos de ocio”.

El maestro budista Zen Taisen Deshiumaru, en su libro La práctica del Zen de 1974, cuenta la historia de un maestro que se acercó a sus alumnos mientras practicaban za-zen y les preguntó: “¿qué hacen?”, a lo que ellos respondieron “nada”. “No”, dijo el maestro, “practican el no-hacer”.

El Zen se practica sentándose sin finalidad alguna, desinteresadamente, pero concentrados, decía el maestro Deshimaru. Así en Colonia, cuyos principales puntos de interés turístico pueden recorrerse en poco más de medio día, el mayor interés no radica en la Historia, sino en su dimensión espiritual, por llamarla de alguna manera.

Como dice Eduardo, un amigo brasileño que se enamoró de esta aldea hace ya varios años, nadie viene a vivir e instalarse en la ciudad por el encanto que despiertan los restos coloniales. Colonia respira un aire que está al menos 30 años en el pasado, probablemente bastante más. Colonia es, en cierta medida, un lugar Zen y a la vez epicúreo. No sus gentes; quienes vivimos aquí no tenemos ningún aura mística. Más bien contamos con las mismas inquietudes e inclinaciones que cualquier persona en cualquier lugar del mundo, pasamos por los mismos afanes, pero el lugar, Colonia en sí, tiene algunas de esas características. Y esas características repercuten en nosotros, como las vibraciones del tañido de una campana, sin que nos demos cuenta apenas y forman parte de nuestra idiosincracia.

¿Qué hacer una vez que se han agotado las vistas históricas? Es una pregunta habitual y recurrente entre quienes pasan más de un día aquí. La respuesta es sencilla, como dice la ilustradora Maco: relájese y disfrute. Siéntese en una de las bonitas plazas arboladas y sienta el discurrir del tiempo sin edad; pruebe de deambular por las peñas graníticas de la Punta de San Pedro y deje vagar su vista por el “río ancho como mar”; dirija sus pasos hacia la rambla costanera, festoneada de playas, y camine sus varios kilómetros adivinando formas en las nubes. El disfrute en Colonia no está en fastuosos paseos de compras, multitudinarios conciertos o los últimos estrenos cinematográficos; no hay glamour. El disfrute viene del no-hacer, de la falta de motivación y la ausencia de finalidad. Del momento, más que de las cosas. O quizá podamos decir algo ligeramente diferente. ¿Qué puede hacerse en Colonia? La respuesta, lejos de “no hay nada para hacer”, podría ser “pruebe de no-hacer y esté aquí, simplemente”. No hay azar, no es accidental, es deliberado.

Siguiendo la línea de pensamiento del maestro Deshimaru, este dice “no hay nada que obtener, nada que esperar, no hay que buscar la verdad, no hay que huir de la ilusión. Únicamente estar presentes aquí y ahora, en nuestro espíritu y nuestro cuerpo.”

Hace poco vi un impactante discurso pronunciado en julio de este año por el escritor israelí Amos Oz, del que en otra oportunidad hablaré con más detalle. Una de las frases que me quedó grabada es que “no puede buscarse en el espacio lo que se perdió en el tiempo”.

Si la aislamos de su contexto y la traemos a esta tierra, la frase puede darse vuelta. En Colonia, de alguna manera, sí es posible encontrar en el espacio lo que se perdió en el tiempo. Otro aire, otro ritmo, otras prioridades. Ese es el disfrute de esta Colonia por momentos tan alejada (casi como un embrujo) del discurrir moderno del tiempo: el reencuentro con nosotros mismos. Con nosotros mismos en un pasado más tranquilo. Si le das tiempo, si te das tiempo, tu vida se centra, la mente se aclara, las ideas aparecen, e incluso pueden madurar hasta que llegue el momento de pasar a la acción. Eso es posible en Colonia.

¿Por qué te cuento todo esto? Porque quiero preservarlo; porque tengo miedo. Miedo de que desaparezca, de que se diluya. Tantos de nosotros andamos absorbidos, absortos, como ausentes y hasta ajenos. Nos sentimos inclinados a ingresar en “la modernidad”, a veces. O a lo mejor nos dejamos arrastrar por ella, como si fuera tan grandiosa. Perdemos la frugalidad y tratamos de cambiarla por cosas que a la postre nos angustian. Dejamos de mirar hacia adentro y encontrarnos a nosotros mismos. Y temo que el tiempo despierte y empiece a correr igual que corre en la mayor parte de este mundo moderno; o peor aún, que se desentienda de nosotros y nos deje atrás.

Nuestra respiración es esta respiración, aquí y ahora.

Descolgadas /13

Los libros que leído y en menor medida el cine que visto han hecho muchísimo por expandir mi mundo musical.

  • De Thomas Harris, rescaté a Bach y sus Variaciones Goldberg.
  • De John Milton, llegó La Creación de Haydn
  • Stephen King me descubrió mucha de la música de los ’70:  Animals, Thunderbirds, Cash. Y Las Bodas de Figaro, por supuesto.
  • Del Cero Warthon recordé a Tehlonious Monk.
  • Con Dexter llegó Chopin y sus Nocturnas.
  • Pink Floyd se presentó a sí mismo con The Wall.

Hace tiempo que no me pongo a escuchar música. Supongo que la variación que necesito es un poco de silencio, aunque a veces extraño cocinar con música. O a lo mejor nada parece demasiado apropiado.

El domingo hice pasta casera. Unos pappardelle con una bolognesa clásica que quedaron de muerte, y se notó la ausencia.

En otro orden de cosas, encontré un texto de 2015 de cuando mataron a los dibujantes de Charie Hebdo en París. Es bastante salvaje y en su momento pensé que lo había perdido. Como estoy de humor acorde lo reproduzco, porque fuck it. Además sigue vigente, aunque la “gente de verdad” no sean dibujantes.

Je suis Pancheau

Me tienen las pelotas bastante llenas con Charlie Hebdo.  No porque la matanza no sea trágica, si no porque está todo el mundo alborotado y se llena la boca con Je Sui Charlie y los terroristas y qué se yo, y marchas de 500 mil personas y marchas de líderes mundiales (juntos, pero aparte, no sea cosa que se contagien con ébola o algo así).

Y para mí eso es fayutismo puro, es llenarse la boca.  Hay miles de personas que son asesinadas a diario en diversos conflictos candentes y activos en África y nadie dice nada, ya ni aparecen en las noticias salvo como nota marginal si justo cuadra que un atentado mate a más de 800 personas. Por nombrar los 3 más power, podemos hablar del eterno quilombo en el Congo, los gobiernos depuestos y encumbrados a cada rato como quien cambia de calzones en la República Centroafricana, o la continua sangría en Sudan.

Y por qué te importan 12 dibujantes que antes ni tenías ni idea que existían?  Y por qué no te importa un montón de gente que tampoco conocías pero que están igualmente muertas, igualmente asesinadas, también injusta y brutalmente?

Es porque estos 12 eran blancos?  O porque vivían en París?  O porque tenés miedo?  Porque África está lejos y a nadie le importa una mierda, además de ser pobres y negros y además dibujan en la arena o escriben en arcilla, si acaso, mientras que París… París es Occidente, es el barrio como quien dice.  Si pegan en París pueden pegar en cualquier lado, en Barcelona, Washington,  Buenos Aires, o Londres.  Y eso te indigna, porque Occidente puede llevar o financiar sus guerras a esos lugares lejanos que hay que buscar con cuidado en el mapa, pero a Occidente no le gustan las represalias, justificadas o no.  Porque que los líderes del “mundo libre” decidan atacar un poblado lleno de civiles es totalmente distinto a que los líderes de un grupo terrorista decidan atacar una oficina llena de civiles.  Sí, por supuesto, un bombardeo con drones no tripulados que justo mate un montón de gurises es simplemente daño colateral y es totalmente distinto a que tres hijos de puta con metralletas ejecuten a un puñado de dibujantes.  Debe ser por eso que una cosa te indigna y la otra te deja indiferente.  O quizás no tengas fuerzas.  Es eso?  Porque sentir pena, vergüenza y dolor e impotencia una vez, por un puñado de gente es una cosa, pero sentir eso mismo todo el tiempo, todos los días, es sencillamente agotador.

O fue porque justo viste el titular y te copó sumarte al trending topic? Es comprensible, tener un eslógan en otro idioma es muy chic.

Y eso es todo sobre este tema. En su momento me alegró mucho haber perdido el texto. Ahora, a la distancia, va a escocer menos, quizá. Lo mejor de todo es que más de tres años después, mi pensamiento al respecto no ha cambiado un ápice.

Sobre la naturaleza del placer

Hace muchos años leí que el verdadero placer no es del cuerpo sino del alma al poseer las cosas. Mucho mastiqué esa frase y la idea subyacente, tratando de elaborarla y adaptarla a mi realidad de aquel tiempo. Para poseer algo tenés que hacerlo tuyo; para hacerlo tuyo, tenés que brindarte, tenés que dar sin guardarte nada, sin mezquindad. Es una especie de simbiosis. Es un acuerdo con derechos y obligaciones. Tomar por la fuerza no te hace dueño de nada, solo sos un usurpador. Quien siembra indiferencia en el dar solo cosecha indiferencia y el placer nunca es indiferente. Si sos egoísta solo tendrás una descarga y alivio momentáneo, por completo carente de significado o sustancia. No podés poseer desde el egoísmo. Entonces, ¿cómo poseer? Brindándote por entero. Y cuando todo se te brinda como respuesta a lo que das, cuando lo que importa es el placer ajeno dejando el tuyo en un segundo plano, justo en ese momento es cuando podés llegar a poseer de manera absoluta. Justo en ese momento, cuando lográs que el otro placer alcance sus cotas máximas, es cuando alcanzás tu propio placer total.

 

Flashes de realiad /11

gilo Reiniciar el celular y cuando estás confirmando la orden, en el segundo de apartar el dedo de la opción “Aceptar”, darte cuenta con una lucidez abrumadora de que no te acordás del PIN para desbloquear la SIM. Por supuesto que eso se da en cuanto estás arriba del bondi a Montevideo y la tarjeta con el PIN está en la oficina que se aleja.

gilp No está mal pasar todo el fin de semana sin el celular. Sin mensajes, sin llamadas, sin redes. Ocupándote, en cambio, de quien está al lado tuyo en carne y hueso… y de tu propio interior. Eso último suele ser un poco incómodo en las primeras horas, probablemente por la falta de costumbre. Aunque luego es lindo recuperar el diálogo interior. Los celulares lo ahogan detrás de todos los cositos brillantes.

glup El diálogo interior puede ser fascinante y en ocasiones hasta aterrador. Pero mayormente fascinante, incluso cuando es aterrador. Mirás lejos y dejás que las ideas desfilen sin aferrarte demasiado a ellas salvo que justo surja alguna que te sirva. Supongo que es el equivalente a dejar que los niños se aburran para permitir que surja la creatividad del juego libre.

gasp Dejar de fumar es un viaje. Un viaje plagado de problemas y trabas burocráticas. A veces te deportan desde la primer aduana, a veces ni siquiera te dejan cruzar la frontera. Otras, recorrés varios países, tales como PrimerDía, PrimeraSemana, y hasta TercerMes hasta que caduca la visa y te encontrás de vuelta en casa y sin un plan. En general dejar de fumar te abre las ganas de comer como un desaforado. Entonces, como vas viajando en un Ford Voluntad con poco combustible y bastante baqueteado, fumás un pucho porque te saca la ansiedad y con ella las ganas de comer. Pero comés porque te distrae de las ganas de fumar, para no fumar como un escuerzo. Y como la ingesta se sale de control a una velocidad infinita, te fumás un pucho. Así que ni dejás de fumar, ni dejás de lastrar como una sabandija… y ahí vas, transitando por esa carretera infernal en donde se suceden los carteles del tipo:

⌈‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾⌉
|   ApenasSubísUnaEscaleraSinResoplar – Planta Urbana – ¡Bienvenido!  |
|       Obesidad – 40 km                                                                                                        |
|       Epoc – 55 km                                                                                                                 |
|       Retorno a Ejercicio – 13842 km                                                                           |
|                                                                                                                                                   |
|      Disfrute su viaje. Conduzca con responsabilidad.                                         |
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plnt La primavera se anuncia con ganas. Las plantas salen con fuerza de su letargo luego de un invierno de los de verdad, de esos intensos que realmente cortan los procesos vegetativos, y casi ves crecer los renuevos. Ya planté árboles de níspero, arazá, guayabo, jacarandá y una casuarina guacha (la segunda) que nació en una de las macetas.  Armé los almácigos de perejil, apio, rabanitos y unas semillas de agapanto que robé junté a finales del verano. No sé qué resultará de esa plantación. También pasé a tierra buena las lechugas y cilantros que van naciendo guachos en las macetas.

plnu Si a las lechugas en lugar de cortarlas les vas sacando las hojas exteriores la planta dura como 3 meses. A medida que vas quitando hojas el tallo se desarrolla hacia arriba, hasta que llega un punto en que las hojas son cada vez más pequeñas, opacas, duras y amargas. Si dejás la planta  para que haga lo que quiera, en un punto va a florecer y semillar y el viento va a desparramar esas semillas por todos lados. Lo mismo pasa con el apio y el cilantro. Si dejás un puerro sin arrancar, va a seguir su ciclo hasta hechar una vara terminada en un pompón de semillas precioso; luego las dejará caer, generando nuevas plántulas.

 

plnv También puse entre papel húmedo unas semillas raras que trajo María Luisa de su viaje a la tierra de los canguros. No les tengo mucha fe, ya que lamentablemente a pesar de estar en lugar seco, fresco y cerrado, se apolillaron. Quizá solo sea la cubierta externa. Veremos.

plnw Tengo una vieja silla bajo uno de los aromos que está cuajado de flores. Me gusta sentarme allí y mirar todo el terreno. Imaginar el crecimiento de los árboles. Tratar de visualizar cómo quedará un nuevo retoño, para dónde dará la sombra cuando crezca, cómo lo castigarán los vientos y con qué reparo cuenta, por dónde irán sus raíces. Si pone en riesgo a los vecinos ante una eventual caída o dónde caerán los frutos, si los tiene. Es un lindo ejercicio, casi como proyectar el futuro. O quizá una apuesta.

gasq A propósito de nada, las semillas de agapanto estaban prolijamente envueltas en papel y conservadas en un viejo paquete de cigarrillos. Cuando saco el envoltorio ¡vi que quedaba un cigarrillo dentro de la caja! Preguntame si me fumé con fruición ese último cigarrillo que estaba allí desde febrero pasado, hace 7 meses, como si fuera el mejor tabaco cubano. La respuesta no te sorprenderá.

sexa Qué invento maravilloso el clítoris, por el MEV! Ta, nada más. Siga, circule, aquí no ha pasado nada.