Archivo de la categoría: 42 reflexiones al pedo

Visualización

En la época en que practicaba artes marciales a diario teníamos una técnica de entrenamiento muy peculiar. Era una especie de meditación en donde con los ojos cerrados y completamente inmóviles nos concentrábamos en una forma específica y la llevábamos a cabo en nuestra mente. Las formas son el equivalente del kuoshu de los kata del karate y son colecciones de movimientos que es más o menos como si pelearas contra adversarios invisibles. La complejidad varía, así como el tipo y estilo de movimientos.

El proceso para llegar a visualizar toda una forma es lento y para nada sencillo de dominar, al menos para mí. La mente tiene tendencia a ir para cualquier lado, las ideas tienen la costumbre de irrumpir sin pedir permiso, y para poder visualizar los movimientos que tenés que hacer, antes tenés que dominar la mecánica de esos movimientos. La visualización sirve para dominar esas formas de manera que luego puedas hacerlas sin pensar, con lo que ganás en velocidad y precisión. Internalizás los movimientos, la postura y posición del cuerpo y la respiración asociada a ellos. Una vez que lográs que te salga es increíblemente efectivo y muy, muy placentero.  Curiosamente, para visualizar cada movimiento tenés que concentrarte y pensar como un enfermo. Recrear en tu mente a tu propio cuerpo moviéndose de formas en las que habitualmente no se mueve, a la vez que tratás de prestar atención al detalle de las posturas de pies, manos y articulaciones no es tan trivial como parece.

De toda esa disciplina y habilidad adquirida me van quedando solamente retazos, ya que hace años que mi práctica es errática en el mejor de los casos.  Esos retazos de conocimiento los utilizo a la hora de hacer una lista de compras, sobre todo cuando no tengo receta.  Es una bobada, lo sé, pero imaginarme los pasos que tengo que dar para hacer una comida me ayuda a identificar todos los ingredientes, a la vez que me voy haciendo una composición de qué cocinar primero en qué tiempo. Aun a esta escala tan limitada sigue siendo un ejercicio mental muy bueno.

¿A qué viene todo esto? Lo que a mí me parecía una técnica tan peculiar y compleja ya la usaba Nikola Tesla en las últimas décadas del siglo XIX para imaginar sus inventos. No sus inventos, sino el funcionamiento de sus inventos. O sea, el tipo ponía a funcionar todo, y por todo quiero decir máquinas con decenas o cientos de partes móviles, dentro de su cabeza antes siquiera de armar los planos. Para cuando fabricaba el prototipo, ya era casi el modelo final. Tesla solucionaba todos los problemas tempranos de diseño antes de poner un solo tornillo. ¿Qué tan genial es eso? De solo pensar en la capacidad necesaria para hacerlo se me vuela la peluca.

Hay un documental en Netflix sobre él llamado, muy astutamente: Tesla.

Anuncios

Etiquetado del vino

Queridos bodegueros,

En el día de hoy me dirijo a ustedes no para hablares de sus productos, que son cada vez mejores y más disfrutables, sino por su cara externa, en particular la parte trasera. No de ustedes, claro, sino de las botellas que contienen sus nobles vinos.  Tengo un humildísimo pedido para hacerles: necesito que dejen de ser tan pajeros. Ya estoy decidido a comprar su vino, lo que necesito es saber con qué carajo combina mejor. Y también necesito que tengan un mínimo de coherencia y de sentido común.

El Chardonnay “De Virginia” de Stagnari, además de ser un blanco espectacular, tiene un etiquedo correcto, útil, que realmente ayuda a la hora de decidir.

Brinda toda la información que alguien podría necesitar para un correcto maridaje, o al menos para saber con qué se va a encontrar.

Es una pena, sin embargo, que sean tan inconsistentes y se manden una mierda como la de abajo. ¡Vo, sorete, no podés armar un puto panfleto en la etiqueta! ¡Dame las notas de cata, enfermo! ¡Y encima el folleto es mentira! Ha sido desmentido o relativizado a más no poder. Los únicos que siguen pregonando que el vino es bueno para la salud y el corazón son los que venden vino. Prestigiosos médicos, por favor! ¡Dejame de joder!  No vas a vender una sola botella extra con esa etiqueta de porquería. Ni aunque la escribieras en mayúsculas y la encabezaras con un ¡HOYGAN!

Poné una nota de cata y maridaje como la de arriba. Eso sirve. Eso habla bien de la bodega. Eso indica que saben lo que están haciendo. Más importante aún: que les importa.

Hablarme del puto resveratrol, ¿a quién se le ocurre? ¿No te das cuenta de que no me decís ABSOLUTAMENTE NADA de tu vino? Nada. Ni la temperatura de servicio. ¿Qué tan imbécil tenés que ser? Resveratrol tienen todos, hasta los que vienen en caja por 50 mangos. Me hacés calentar, mirá.

El Etchart Privado Torrontés es otro vino blanco riquísimo para tomar bien fresquito con unos mariscos.  Obtiene su máxima expresión en Cafayate, genial. Bueno, si me contaras cómo se expresa y qué buscar, quizá me sería útil. Pero no me decís nada de nada. Escribiste la primera mierda que se te cruzó porque con algo tenías que rellenar la etiqueta. ¿No tenés un enólogo con el que hablar? ¿O están peleados? Y encima me terminás el bolazo con que es “típico y diferente”. Bueno, hermano, decidite, ¿querés?

Bien, disculpas por el exabrupto. A ver cómo se los explico como pa que les entre en la mollera. A veces uno sencillamente no sabe qué vino pega con qué comida. Y eso es importante; más importante que el resveratrol del orto. Fundamental y básicamente más imporante. Mucho más importante. Como diría Confucio: Importantísimo. Un tannat roble no va a pegar con unas vieiras, de la misma manera en que un hacha no es lo más indicado para cortar unas delicadas endivias. Si ustedes, bodegueros, no nos ayudan un poco a nosotros, los consumidores, que tenemos que decidir entre una oferta de vinos gigante, se va todo al carajo. Seguimos tomando los mismos vinos que más o menos calculamos que pueden funcionar, sin llegar a explorar toda la rica oferta de varietales y blends que hay en el mercado.

No necesita ser nada demasiado técnico, sí útil. Este vino va con carnes a la parrilla, guisos y quesos curados. Este otro para pastas con crema o quesos cremosos. Este para pescados. Este para mariscos. Este para quesos frescos y frutas no ácidas. Yo qué sé… no es tan complicado. Por si les interesa les cuento: entre vinos de iguales cepas y similar rango de precio me quedo siempre, SIEMPRE, con el que me de la mejor información. La información es poder… en su caso, la información es poder vender más vinos.

Media pila, ¿ta?

Memory flood

Qué difícil es lidiar con los tiempos modernos.

La sobreabundancia de información es imposible de digerir y su consumo es imposible de acompasar con las escalas humanas. Mis limitaciones nunca han sido tan patentes.

En la época del CD, que daba la mejor ecuación costo/beneficio, comprabas un disco y lo gastabas. Aprendías las letras al derecho y al revés y lo escuchabas tantas veces que incluso las canciones más pedorras terminaban por gustarte y luego prestabas atención a los ruiditos, los efectos, los arreglos. Vos tenías un disco, tu amigo tenía otro, de un release anterior, o un vivo frente a un estudio, o una nueva mezcla, o un cambio de sello, incluso una portada distinta debido a nuevos productores. La información era poca y podías exprimirle hasta la última gota. Compararla, sopesarla, discutirla, intercambiarla. No había plata para comprar todos los días. No había tanta oferta de los artistas que te interesaban.

Hace unos 10 años se volvió imposible asimilar toda la música que caía en mis manos. La masificación de internet, la democratización del ancho de banda y la popularización de los servicios P2P hicieron que bajar discografías completas del artista que se te antojara no demorara más de un par de horas. Es inconcebible poder evaluarla. Todos los vivos, todos los estudios, más las antologías, greatest hits y hasta  los covers hechos por otros artistas. Cincuenta discos (o más) en formato FLAC, con todas las versiones de todas las canciones al alcance de la mano de forma inmediata y obtenidas de una sola sentada. ¡Tu puta madre que vas a asimilar nada! Escuchás por arriba y hasta terminás asqueado con la avalancha.

Con los libros pasa algo similar. Lectores como el Kindle con su tinta electrónica mate, o la accesibilidad global de las tablets con sus apps que levantan cualquier formato electrónico le permitieron al lector empedernido despegarse del papel y del PC. Los servicios de bases de datos de libros ponen un mundo de lecturas a tres clicks de distancia, gratis. Amazon a veces tiene unos precios tan ridículamente bajos que ni siquiera te planteás no comprarlos. Y así volvemos a reeditar el problema de la música: sobreoferta. Al día de hoy tengo entre 200 y 250 libros pendientes solo en formato electrónico, más unos 10 en papel que fui comprando por impulso y ahí los tengo. De esas centenas de libros pendientes, por lo menos 15 los tengo a medias. La abundancia es tal que si lo que estás leyendo no es una real joya, es apenas tedioso, o si su nivel de complejidad te llama a prestar especial atención, los vas mechando con otras lecturas que no se hagan tan cuesta arriba. Algo casi impensable poquísimos años atrás. La lectura, el hábito y la exigencia sobre lo que se lee, se bastardea. Porque elegís cualquier cosa, o no cualquier cosa, pero sí de manera menos exquisita y específica.

No ser específico tiene sus grandes ventajas, porque podés explorar campos y temáticas de formas poderosas, exhaustivas. Filosofía e Historia, vistas desde distintos puntos de vista y autores se abren como frutas maduras, siempre que tengas la constancia y perseverancia suficiente. Narrativas de temáticas similares, tomadas de distintos períodos históricos (a veces a unos pocos años de distancia) te permiten descubrir mundos nuevos por entero, según cómo un autor u otro encaren el tema.

Irónicamente, esta facilidad para explorar y acometer nuevos frentes tiene la gran desventaja de que tu mente empieza o bien a dispersarse o bien a esforzarse menos. Y eso es una porquería. Porque ser constante y perseverar es un laburo. Cuando los libros eran pocos y caros, perseverancia y constancia era lo único que tenías.

A lo que voy es… me gustaría tener más vidas, todas encadenadas, para poder leer todo lo que me gustaría leer.

Flashes de realidad /10

akno Viajar en el 183 en febrero a las 4 de la tarde es el argumento antihumanista más poderoso y convincente que conozco; no dan ganas de abrazar a la Humanidad, ni amarla, ni ciudarla… ni hablar de olerla.  Nada de eso.  Dan ganas de espantarla, separarla, darle un buen aguaso y cubrirla de Rexona.

marñ Uno de nuestros clientes parece haber alentado una costumbre fantástica entre sus empleados encargados de compras: hacen todas las gestiones con sus proveedores, los despachantes de aduanas, hacen los pedidos, las órdenes de compra, las cotizaciones, todo, TODO, en una laaaaarga y enmarañada única cadena de correos.  Cuando tiene todo listo y se puso de acuerdo con el resto del mundo, te mandan un mail con dos líneas: Chicos, tenemos que levantar esto.  Cuándo pueden hacer el transporte?  Y ahí te dejan, secándote al sol sin más datos, para que vos bucees como un imbécil en una o dos semanas (o cuatro meses) de mails encadenados buscando la información que necesitás: qué, cuánto, de qué tamaño, dónde.  La vida es maravillosa.

luta Hoy paré a levantar una comisión dos cuadras por delante de un cortejo fúnebre. Cuando fui a salir con mi carga los vi a unos pocos metros de distancia. Me vi reflejado en sus rostros tristes. Yo también he mirado casi con rabia a quienes siguen con su vida mientras yo voy tratando de encontrarle sentido. Porque la vida continúa, no? ¿No?

nfrn Me tiene los güevos lacios el verano. No he ido un solo día a la playa, ni quiero, ni la extraño. Por mí que se ahoguen todos. Quiero que se termine ya.

lut2 El maldito cortejo me dejó furioso. ¿Por qué? Ni puta idea. Quizá porque la vida continúa y un cortejo es apenas un accidente, un incidente, un precedente. ¡A tomar por culo, hijos de puta!

 

Banderas

Me preocupa la situación en España, donde tengo tantas amistades y afectos, con todo el tema Catalán. No tengo una posición tomada. No podría, ni me corresponde elegir un bando. Sí soy partidario de dejar que la gente se exprese y rechazo la violencia contra personas desarmadas y con los brazos en alto. No hay justificación en un estado que se dice democrático y de derecho. También rechazo la provocación y la coacción y el tildar de traidor a quien piense distinto.

He visto gestos y palabras y acciones muy mezquinas de ambos lados de este conflicto, tanto de las personas de a pie como de los dirigentes que deberían velar por el bienestar de su gente y tratar de desactivar el conflicto en lugar de inflamar los ánimos. Luego, a ninguno de ellos se los vio en las calles, tan gallitos que son por cadena nacional. Pero ese es otro tema.

Hoy, ahora, recién, acabo de darme cuenta de algo simplísimo: las banderas.

Si vas a Wikipedia y escribís “Bandera de España”, “Bandera de Cataluña”, o “Estelada” te aparecen las imágenes de las susodichas.  En todos los casos, franjas horizontales rojas y amarillas con algún eventual chirimbolo al medio. Lo más gracioso es que en la Estelada, dependiendo del color, el chirimbolo puede ser de izquierda o de derecha. ¡Qué estupidez, por el MEV! ¿En serio hacen esas distinciones en lo que algunos piensan que debería ser la enseña nacional, apartidaria y totalmente desideologizada? ¿Y entonces qué? ¿Luego de independizarse, si se diera el caso, van a pelear entre ellos para ver qué color de chirimbolo debe aparecer en al bandera?

Después de estudiar concienzudamente las banderas me pregunto: la discusión entre la Bandera de España y la de Catalunya, ¿a qué se debe? ¿Al ancho de la franja, o al color con el que empieza? En esencia son iguales, amarillo sobre rojo o viceversa. Varias finitas o unas pocas bien anchotas. ¿Qué dilema, no?

Dejate de nacionalismos e ideologías por un momento y acercate hacia el lado de lo prosaico: ¿te das cuenta de que hay personas dispuestas a matarse por el ancho de la franja? ¿Vos sacrificarías a tus seres queridos, a vos mismo, por el color inicial? ¿En serio vale la pena sufrir por ver tres franjas o nueve en una bandera?

¿No se dan cuenta? Cientos de años han pasado como para estar anclados a ellos, para dejarse definir por ellos, por los años. Ya están juntos, los pueblos. Están todos al lado, mezclados desde hace generaciones. ¡Desde hace siglos! Sí, tienen rasgos culturales distintos y a veces hasta opuestos, pero no poder buscarle la vuelta y llegar a un acuerdo es como pretender cambiar de apellido porque a tu hermana no le gustan las aceitunas y a vos sí… y que además las llama “olivas”, la maldita. No mentira, mi hermana es un sol maravilloso aunque no le gusten las aceitunas.

Los que fundaron Catalunya están muertos. Los que fundieron Catalunya con el reino de Aragón están muertos. Los que fusionaron los reinos de Castilla y Aragón y Navarra están muertos. Y eso fue todo mentira. Uniones mediante matrimonios. Trasiego de gentes y vasallajes como quien pasa ganado de corral. A nadie se le debe nada. No hay imperativo histórico que valga. Eso también es todo mentira. El pasado son cosas que pasaron. La Historia son cosas que pasaron hace mucho. ¿Qué importa, a fin de cuentas? ¿Qué sigue? ¿Volver a separar los reinos de Castilla y Aragón? ¿Resucitamos a Fernando y a Isabel? ¿Otra guerra civil? Hay un montón de hijos de puta que parecen atraídos por la idea, por lo que se lee y escucha. Pero son pocos, poquísimos; el puñado de fanáticos de toda la vida. ¿Los vas a dejar ganar?

Perdoname si no soy sensible con tu sentimiento español o catalán. No llego a comprenderlo, de la misma manera en que no puedo comprender los fanatismos en los partidos políticos o los cuadros de fútbol. Cuando empezás a desmenuzar las cosas resulta que todo es mentira. Todo es mentira.

No sé, será que a mí los nacionalismos y las fronteras no me van. Son todos constructos de las élites, manipulaciones para que los soretes de siempre se enriquezcan como siempre, mientras los de a pie se pelean entre sí, como siempre. El río revuelto y los pescadores y esas cosas. Fijate a ver qué investigaciones pasaron a segundo plano, qué escándalos se silenciaron, qué dinero cambió de manos mientras están todos pendientes de qué bandera es la más linda.

Váyanse al bar a tomar una mientras conversan, quieren? Es lo más provechoso que pueden hacer. Y no pongan las sillas paralelas, ¿quieren? Las sillas paralelas son lo peor.

Molerse a palos y matarse entre ustedes es terrible para la salud.

Lamento boliguayo

Nacho me pasa este enlace, en donde un medio uruguayo informa sobre otro uruguayo que en Twitter interpreta, traduce y explica una canción española del año 2000: Aserejé. Aparentemente es casi trending topic.

http://www.subrayado.com.uy/noticias/71000/tuitero-uruguayo-nos-vuela-la-mente-explicando-el-hit-asereje

En las redes sociales, vi una captura con supuestos dichos del candidato del Partido Nacional, Luis Lacalle Pou, en referencia a la golpiza que sufrió un peón rural de Salto por reclamar lo que en justa ley le corresponde. En esa captura apócrifa Lacalle Pou habría defendido el accionar del estanciero.

La respuesta del líder nacionalista no se hizo esperar y salió a aclarar los tantos, estableciendo que él no dijo eso.

El primero es gracioso, el segundo se enmarca en un hecho triste y terrible. No tienen nada que ver entre sí de ninguna manera, pero tienen algo en común: las ristras de comentarios.

Qué bicho inmundo y lamentable es el uruguayo. Es increíble lo rastrero y mezquino que resulta en cuanto se rasca un poquito. Fanático, dogmático, falaz, violento, cruel y muchas veces, tristemente ignorante.

El uruguayo no puede hablar ni del gusto del yogur sin cagarse en la concha de la madre de Lucía y el Pepe y los comunistas hijos de la gran puta. O en Sendic. O en los asesinos colorados, en los los blancos ladrones o una combinación de ambos. Todo se politiza, la piel es tan fina que es traslúcida, toda discusión derrapa a la velocidad de la diarrea (que todos saben es más rápida que la de la luz). Parecería ser que el uruguayo está en perpetuo estado de enojo esperando la mínima oportunidad para saltar directo a la yugular del que piensa distinto. Se diga lo que se diga saltan reproches y comparaciones, justificaciones y lamentos interminables. Con varas de medir variadas para cada situación. En donde lo propio se juzga con benevolencia y lo ajeno con máxima virulencia. Donde la historia se repite eternamente y las faltas no prescriben jamás. Todos corruptos, todos ladrones, sin que importe época o color. Manchas indelebles que restan, de manera instantánea, cualquier legitimidad y derecho a réplica.

Es tan raro ver un comentario que no sea descalificador, que tienda puentes, o que simplemente intente comenzar un debate serio y coherente, que probablemente se pase por alto, o peor aún, se conteste con un retruécano o sarcasmo que busque la descalificación, la mayoría de las veces con falacias lógicas que pretenden desviar el foco de la discusión. Es muy triste que muchas veces estos recursos tengan éxito, desvirtuando todo. Y eso en el mejor de los casos. En un porcentaje altísimo de ejemplos se cae directamente en el insulto rampante.

Para mí que la culpa es de Bonomi, el Ministro del Interior. ¡Renunciá, Bonomi!

Qué susto, ¿no?

Qué cagazo da salir de la “zona de confort”.

Aunque no sé por qué agregar la parte del confort cuando esa zona tantas veces es cualquier cosa, menos confortable.

“Zona de costumbre” podría ser una alternativa aceptable; la costumbre es clave para el ser humano. Algo fuera de lo normal repetido la suficiente cantidad de veces pasa a ser el nuevo normal, uno se acostumbra. Como cuando decís “mal, pero acostumbrado”. Y como te acostumbraste, ahí quedaste. Como algún tipo de bacteria que crea tolerancia a un ambiente hostil.

“Cucha” también podría ser una alternativa. Si sos un perro la cucha es tu casa y tu refugio y a donde te mandan cuando hacés alguna cagada. Es fácil quedarse en la cucha porque además tenés tu mantita. Así que no importa que te caguen a palos día por medio, siempre que la conserves y además tengas un plato de comida para ir tirando. Eso es, ¡buen perro!

Pero mi término preferido, luego de pensarlo mucho, es la “Mantita mora de la existencia”. La Mantita mora de la existencia me gusta porque puede llegar a ser confortable, pero ciertamente evoca a escasez y poca cosa y si el invierno es especialmente crudo, a frío. Además el diminutivo le da una cualidad de ternura, de buenez, que puede inducir a buscar su ilusorio refugio. Y después de que te envolviste en la mantita mora, cagaste. Porque se te enreda por todos lados y te complica la movilidá, y entonces a vos te parece que estás bien, porque vas envuelto en tu mantita mora, pero tu existencia en sí no va a ningun lado. A ninguno, salvo al suelo si te llegás a tropezar mientras vas todo envuelto como una momia pasmada.

Ah, sí, sea como sea que se llame es una cagada pinchada en un palo. ¡Pero qué cagazo da soltar la puta Mantita mora de la existencia! Uno se aferra a ella como si fuera lo único que flota en miles de kilómetros a la redonda de mar hinóspito.

Y sin embargo también hay alivio. Cuando finalmente vislumbrás la opción de soltarla, sentís alivio. Un alivio que es como un bálsamo. Y fijate lo que te digo: sentís alivio aunque no tengas ni puta idea de si vas a poder encontrar alguna otra cosa flotando a la que poder agarrarte. Después del pánico, literalmente pánico, que sentís justo antes de decidirte, viene el alivio de la liberación. La liberación viene del convencimiento de que si no soltás eso te vas a ahogar como un chambón. Incluso si ya de por sí andás escupiendo agua medio atorado. O tal vez precisamente por eso. Llega un punto en que ya no podés soportar más vivir hinchado de las bolas tragando agua y mandás todo a su puta madre. Total, si te toca ahogarte, más vale terminar de una vez que estar eternamente en medio del mar sin poder respirar. Es una sensación rara; una dicotomía difícil de describir, pero palpable. Quizá el ejemplo de la tabla flotando no sea el mejor, ahora que lo pienso.

Supongo que no todas las Mantitas moras de la existencia son iguales y habrá gente que encuentre realmente confortable tener la suya envuelta alrededor de la cabeza, pero hay veces en que la mantita agobia y no sabés cómo sacártela de encima. Te pica, te raspa, te da calor, está con chinches y ciertamente habría que lavarla, pedazo de mugriento; mirá si vas a tener así de cochambrosa tu Mantita mora de la existencia.

En fin, 42, después de muchas vueltas y sinsabores, está encontrando el nudo de la mantita y forcejeando para tirarla a la mierda. ¡Y qué paura! Pero la vamos a tirar igual. Aprovechamos que se viene la primavera y tenemos medio año para conseguir una mantita nueva.

Mientras tantos nos arreglaremos con la toalla.