Archivo de la categoría: 42 reflexiones al pedo

Banderas

Me preocupa la situación en España, donde tengo tantas amistades y afectos, con todo el tema Catalán. No tengo una posición tomada. No podría, ni me corresponde elegir un bando. Sí soy partidario de dejar que la gente se exprese y rechazo la violencia contra personas desarmadas y con los brazos en alto. No hay justificación en un estado que se dice democrático y de derecho. También rechazo la provocación y la coacción y el tildar de traidor a quien piense distinto.

He visto gestos y palabras y acciones muy mezquinas de ambos lados de este conflicto, tanto de las personas de a pie como de los dirigentes que deberían velar por el bienestar de su gente y tratar de desactivar el conflicto en lugar de inflamar los ánimos. Luego, a ninguno de ellos se los vio en las calles, tan gallitos que son por cadena nacional. Pero ese es otro tema.

Hoy, ahora, recién, acabo de darme cuenta de algo simplísimo: las banderas.

Si vas a Wikipedia y escribís “Bandera de España”, “Bandera de Cataluña”, o “Estelada” te aparecen las imágenes de las susodichas.  En todos los casos, franjas horizontales rojas y amarillas con algún eventual chirimbolo al medio. Lo más gracioso es que en la Estelada, dependiendo del color, el chirimbolo puede ser de izquierda o de derecha. ¡Qué estupidez, por el MEV! ¿En serio hacen esas distinciones en lo que algunos piensan que debería ser la enseña nacional, apartidaria y totalmente desideologizada? ¿Y entonces qué? ¿Luego de independizarse, si se diera el caso, van a pelear entre ellos para ver qué color de chirimbolo debe aparecer en al bandera?

Después de estudiar concienzudamente las banderas me pregunto: la discusión entre la Bandera de España y la de Catalunya, ¿a qué se debe? ¿Al ancho de la franja, o al color con el que empieza? En esencia son iguales, amarillo sobre rojo o viceversa. Varias finitas o unas pocas bien anchotas. ¿Qué dilema, no?

Dejate de nacionalismos e ideologías por un momento y acercate hacia el lado de lo prosaico: ¿te das cuenta de que hay personas dispuestas a matarse por el ancho de la franja? ¿Vos sacrificarías a tus seres queridos, a vos mismo, por el color inicial? ¿En serio vale la pena sufrir por ver tres franjas o nueve en una bandera?

¿No se dan cuenta? Cientos de años han pasado como para estar anclados a ellos, para dejarse definir por ellos, por los años. Ya están juntos, los pueblos. Están todos al lado, mezclados desde hace generaciones. ¡Desde hace siglos! Sí, tienen rasgos culturales distintos y a veces hasta opuestos, pero no poder buscarle la vuelta y llegar a un acuerdo es como pretender cambiar de apellido porque a tu hermana no le gustan las aceitunas y a vos sí… y que además las llama “olivas”, la maldita. No mentira, mi hermana es un sol maravilloso aunque no le gusten las aceitunas.

Los que fundaron Catalunya están muertos. Los que fundieron Catalunya con el reino de Aragón están muertos. Los que fusionaron los reinos de Castilla y Aragón y Navarra están muertos. Y eso fue todo mentira. Uniones mediante matrimonios. Trasiego de gentes y vasallajes como quien pasa ganado de corral. A nadie se le debe nada. No hay imperativo histórico que valga. Eso también es todo mentira. El pasado son cosas que pasaron. La Historia son cosas que pasaron hace mucho. ¿Qué importa, a fin de cuentas? ¿Qué sigue? ¿Volver a separar los reinos de Castilla y Aragón? ¿Resucitamos a Fernando y a Isabel? ¿Otra guerra civil? Hay un montón de hijos de puta que parecen atraídos por la idea, por lo que se lee y escucha. Pero son pocos, poquísimos; el puñado de fanáticos de toda la vida. ¿Los vas a dejar ganar?

Perdoname si no soy sensible con tu sentimiento español o catalán. No llego a comprenderlo, de la misma manera en que no puedo comprender los fanatismos en los partidos políticos o los cuadros de fútbol. Cuando empezás a desmenuzar las cosas resulta que todo es mentira. Todo es mentira.

No sé, será que a mí los nacionalismos y las fronteras no me van. Son todos constructos de las élites, manipulaciones para que los soretes de siempre se enriquezcan como siempre, mientras los de a pie se pelean entre sí, como siempre. El río revuelto y los pescadores y esas cosas. Fijate a ver qué investigaciones pasaron a segundo plano, qué escándalos se silenciaron, qué dinero cambió de manos mientras están todos pendientes de qué bandera es la más linda.

Váyanse al bar a tomar una mientras conversan, quieren? Es lo más provechoso que pueden hacer. Y no pongan las sillas paralelas, ¿quieren? Las sillas paralelas son lo peor.

Molerse a palos y matarse entre ustedes es terrible para la salud.

Anuncios

Lamento boliguayo

Nacho me pasa este enlace, en donde un medio uruguayo informa sobre otro uruguayo que en Twitter interpreta, traduce y explica una canción española del año 2000: Aserejé. Aparentemente es casi trending topic.

http://www.subrayado.com.uy/noticias/71000/tuitero-uruguayo-nos-vuela-la-mente-explicando-el-hit-asereje

En las redes sociales, vi una captura con supuestos dichos del candidato del Partido Nacional, Luis Lacalle Pou, en referencia a la golpiza que sufrió un peón rural de Salto por reclamar lo que en justa ley le corresponde. En esa captura apócrifa Lacalle Pou habría defendido el accionar del estanciero.

La respuesta del líder nacionalista no se hizo esperar y salió a aclarar los tantos, estableciendo que él no dijo eso.

El primero es gracioso, el segundo se enmarca en un hecho triste y terrible. No tienen nada que ver entre sí de ninguna manera, pero tienen algo en común: las ristras de comentarios.

Qué bicho inmundo y lamentable es el uruguayo. Es increíble lo rastrero y mezquino que resulta en cuanto se rasca un poquito. Fanático, dogmático, falaz, violento, cruel y muchas veces, tristemente ignorante.

El uruguayo no puede hablar ni del gusto del yogur sin cagarse en la concha de la madre de Lucía y el Pepe y los comunistas hijos de la gran puta. O en Sendic. O en los asesinos colorados, en los los blancos ladrones o una combinación de ambos. Todo se politiza, la piel es tan fina que es traslúcida, toda discusión derrapa a la velocidad de la diarrea (que todos saben es más rápida que la de la luz). Parecería ser que el uruguayo está en perpetuo estado de enojo esperando la mínima oportunidad para saltar directo a la yugular del que piensa distinto. Se diga lo que se diga saltan reproches y comparaciones, justificaciones y lamentos interminables. Con varas de medir variadas para cada situación. En donde lo propio se juzga con benevolencia y lo ajeno con máxima virulencia. Donde la historia se repite eternamente y las faltas no prescriben jamás. Todos corruptos, todos ladrones, sin que importe época o color. Manchas indelebles que restan, de manera instantánea, cualquier legitimidad y derecho a réplica.

Es tan raro ver un comentario que no sea descalificador, que tienda puentes, o que simplemente intente comenzar un debate serio y coherente, que probablemente se pase por alto, o peor aún, se conteste con un retruécano o sarcasmo que busque la descalificación, la mayoría de las veces con falacias lógicas que pretenden desviar el foco de la discusión. Es muy triste que muchas veces estos recursos tengan éxito, desvirtuando todo. Y eso en el mejor de los casos. En un porcentaje altísimo de ejemplos se cae directamente en el insulto rampante.

Para mí que la culpa es de Bonomi, el Ministro del Interior. ¡Renunciá, Bonomi!

Qué susto, ¿no?

Qué cagazo da salir de la “zona de confort”.

Aunque no sé por qué agregar la parte del confort cuando esa zona tantas veces es cualquier cosa, menos confortable.

“Zona de costumbre” podría ser una alternativa aceptable; la costumbre es clave para el ser humano. Algo fuera de lo normal repetido la suficiente cantidad de veces pasa a ser el nuevo normal, uno se acostumbra. Como cuando decís “mal, pero acostumbrado”. Y como te acostumbraste, ahí quedaste. Como algún tipo de bacteria que crea tolerancia a un ambiente hostil.

“Cucha” también podría ser una alternativa. Si sos un perro la cucha es tu casa y tu refugio y a donde te mandan cuando hacés alguna cagada. Es fácil quedarse en la cucha porque además tenés tu mantita. Así que no importa que te caguen a palos día por medio, siempre que la conserves y además tengas un plato de comida para ir tirando. Eso es, ¡buen perro!

Pero mi término preferido, luego de pensarlo mucho, es la “Mantita mora de la existencia”. La Mantita mora de la existencia me gusta porque puede llegar a ser confortable, pero ciertamente evoca a escasez y poca cosa y si el invierno es especialmente crudo, a frío. Además el diminutivo le da una cualidad de ternura, de buenez, que puede inducir a buscar su ilusorio refugio. Y después de que te envolviste en la mantita mora, cagaste. Porque se te enreda por todos lados y te complica la movilidá, y entonces a vos te parece que estás bien, porque vas envuelto en tu mantita mora, pero tu existencia en sí no va a ningun lado. A ninguno, salvo al suelo si te llegás a tropezar mientras vas todo envuelto como una momia pasmada.

Ah, sí, sea como sea que se llame es una cagada pinchada en un palo. ¡Pero qué cagazo da soltar la puta Mantita mora de la existencia! Uno se aferra a ella como si fuera lo único que flota en miles de kilómetros a la redonda de mar hinóspito.

Y sin embargo también hay alivio. Cuando finalmente vislumbrás la opción de soltarla, sentís alivio. Un alivio que es como un bálsamo. Y fijate lo que te digo: sentís alivio aunque no tengas ni puta idea de si vas a poder encontrar alguna otra cosa flotando a la que poder agarrarte. Después del pánico, literalmente pánico, que sentís justo antes de decidirte, viene el alivio de la liberación. La liberación viene del convencimiento de que si no soltás eso te vas a ahogar como un chambón. Incluso si ya de por sí andás escupiendo agua medio atorado. O tal vez precisamente por eso. Llega un punto en que ya no podés soportar más vivir hinchado de las bolas tragando agua y mandás todo a su puta madre. Total, si te toca ahogarte, más vale terminar de una vez que estar eternamente en medio del mar sin poder respirar. Es una sensación rara; una dicotomía difícil de describir, pero palpable. Quizá el ejemplo de la tabla flotando no sea el mejor, ahora que lo pienso.

Supongo que no todas las Mantitas moras de la existencia son iguales y habrá gente que encuentre realmente confortable tener la suya envuelta alrededor de la cabeza, pero hay veces en que la mantita agobia y no sabés cómo sacártela de encima. Te pica, te raspa, te da calor, está con chinches y ciertamente habría que lavarla, pedazo de mugriento; mirá si vas a tener así de cochambrosa tu Mantita mora de la existencia.

En fin, 42, después de muchas vueltas y sinsabores, está encontrando el nudo de la mantita y forcejeando para tirarla a la mierda. ¡Y qué paura! Pero la vamos a tirar igual. Aprovechamos que se viene la primavera y tenemos medio año para conseguir una mantita nueva.

Mientras tantos nos arreglaremos con la toalla.

Lindos cositos brillantes

Hace algún tiempo que vengo observando la cantidad de “tests” que aparecen en las redes sociales.

  • ¿A qué casa de Juego de Tronos perteneces?
  • ¿A qué personaje de Harry Esporter te pareces?
  • ¿De qué celebridad podrías ser amigo?
  • Si fueras un queso especiado, ¿de qué sabor serías?
  • ¿A qué país deberías ir de vacaciones?
  • ¿Qué animal fuiste en una vida anterior, marmota?
  • ¡Mira qué personaje histórico está emparentado contigo! Tus ansias por matar a tus enemigos y oír el lamento de sus mujeres venían de algún lado. ¡Dale gracias a Conan!
  • ¿Cómo está tu gramática? ¡Solo el 1,5% de las personas saben que “a ver”, “haber” y “haver” son cosas distintas!

Desde lo más risueño a lo más ridículo, todo está ahí. Es furor desde hace algunos años y no tiene miras de amainar. Todos en algún momento entramos a ver qué nos dice el oráculo de turno. La mayoría no tienen nada que ver con la realidad y ciertamente no hay método científico ni de otro tipo detrás de ellos… de los resultados al menos. Sí hay estudios y gente metiendo cabeza para hacerlos. Qué funciona y qué no, para qué franja de público, etc. La posibilidad de compartir los resultados en el acto hacen que se viralicen en horas.

¿Y qué hay detrás de los dichosos tests? Activa ciertos circuitos de recompensa en el cerebro, eso por un lado. Y también hay motivaciones psicológicas, porque los tests aparentan decirnos cosas de nosotros mismos, y eso siempre es interesante, incluso si sabemos que es mentira y que nos olvidaremos de ello antes de dos minutos. Un artículo de cuando el tema estaba tomando vuelo dice algo así como que somos como cuervos atraídos por las chucherías brillantes.

Y en general no andan desencaminados, porque antes esos tests te preguntaban cosas. De cierta manera tenían una especie de consistencia, porque a respuestas iguales los resultados eran iguales. En no más de 37 segundos tenías que contestar qué animal sería tu mascota ideal, qué castigo deberían tener los que llegan al Infierno porque ponen ananá a la pizza y cuál era la capital del antiguo imperio de Tanganika, luego de lo cual ya sabías con cuál de las Spice Girls podías casarte. Era mágico. Yo trataba de que me tocara la morocha con pinta de guerrera que siempre aparecía en los posters gritando como si algo la hubiera mordido en un lugar inapropiado.

Pero los tiempos cambian y ya no tenemos 37 segundos para responder tres preguntas bobas, por más trascendentales que sean. No, ahora el “test” “estudia” tu perfil y te da un resultado en poco menos de 11 segundos. Pero ya no es lo mismo, porque si tomás la prueba seis veces, tendrás cinco resultados distintos. Y eso solo porque son cinco las respuestas preprogramadas así que es inevitable que se repitan. Sí, el estudio del perfil es una engañifa y no nos importa,  porque lo que nos interesa es el resultado y, si nos gusta, poder compartirlo. Esa es la chuchería brillante que atesoramos y que pasa por nuestra mente a la velocidad de la luz y desaparece igual de rápido. Pero en el interín dejamos DECENAS DE MILLONES de clicks para las empresas que generan esas basuras, lo que en sí mismo no parece tan grave. A fin de cuentas tienen el derecho a hacer algún mango a costa nuestra, que consumismos lo que básicamente es el análogo a la comida chatarra de los contenidos… o quizá el hielo con el que estiran la gaseosa.

Lo que sí preocupa es lo que te piden además del “me gusta”: acceso a tu perfil público, lista de amigos, publicaciones en la biografía y fotos. En mi caso tengo muy poca información específica puesta en el perfil, y la poca que hay, miente (aunque no lo creas, mi apellido no es Cho, no nací el 1/11/1911 y ciertamente no vivo en un caserío perdido en el culo del desierto australiano). Tampoco tengo muchas fotos con la gente que me importa, o de los lugares en que he estado. Por otro lado, hay gente que compensa mi lamentable rebeldía ESCRIBIENDO Y MOSTRANDO TODO, cosa que para mí es totalmente demente, pero hey, los encargados de analizar el big data también tienen que vivir de algo. Y tampoco soy tan crack, ya que por el solo acto de estar en esa red social ya estoy dejando montones de información para quien se moleste en rastrearlos.

¿Viste cuando enfáticamente le decís a los agentes de Facebook (FB) que NO los autorizás a compartir tu información privada según el artículo 16589 del Segundo Concilio de Roma por la Seguridad de las Boludeces Personales? Bueno, te estás haciendo trampa al solitario, porque le estás dando esa misma información a alguien que potencialmente puede ser peor que los agentes de FB. Gente que quizá sea la que EMPLEA a los agentes de FB y que no se preocupa por engañarte con la letra pequeña del contrato, porque directamente no usa contrato.

Sin embargo, esto bien podría ser la punta del iceberg. No sé si te acordarás del revuelo que se armó en 2016, poco antes de las elecciones presidenciales en USA, cuando se supo que el equipo de campaña de Mr. Monguis Rubeola llevaba contratando desde hacía años a una empresa llamada Cambridge Analytica para evaluar los perfiles de más de 200 millones de yankis y sacarles la ficha, psicológicamente hablando. Cambridge Analytica también hacía tests, pero de verdad. Las preguntas parecían igual de inocentes que en los demás tests boludos, pero tenían intención y cabeza detrás. Y fueron dirigidas hacia las redes sociales. Mientras leo algunos artículos a medida que voy escribiendo esto veo que durante los debates de los candidatos antes de las elecciones en FB funcionó algo llamado Trump TV transmitiendo en vivo. Luego del segundo debate esa presencia en las redes se tradujo en una recaudación de NUEVE millones de dolaretes… en 120 minutos. Mr. Monguis Rubeola ganó, así que le deben haber acertado bastante. Es una evolución del viejo marketing directo de los 60 y 70 originado y destinado para venderle cosas específicas a un público específicamente receptivo. ¡Don Draper estaría orgullosísimo!

En 2015 los británicos en conjunto pasaron más de 62 millones de horas diariamente en las redes sociales. En 2015 la población del Reino Unido era de aproximadamente 65 millones de personas.  Así que en promedio cada hombre, mujer y niño (incluso lactantes) pasaba una hora en las redes, cada día, dando clicks como energúmenos. Muchos serían clicks “vacíos” digamos, como respuesta a una publicación de un amigo, pero también habría de los otros más significativos: en noticias, publicidades, publicaciones de grupos de todo tipo (activistas, religiosos, políticos) y opiniones de personalidades públicas.

Una de las tantas cosas que llaman la atención en estas lecturas es que se dice que muchos clicks se hacen casi inconscientemente. Te gustó algo, le diste un click. No pensás en motivaciones o analizás ese dedito pa’rriba. Es click y siga. Algunos pocos años atrás los investigadores podían sacar pautas demográficas para grandes grupos. Hoy en día, en cambio, pueden sacarle la ficha de los rasgos psicológicos a individuos específicos basados nada más que en unos pocos cientos de clicks (70 “me gusta” en FB son suficientes para crear un perfil básico, con 227 FB te conocería más que tus propios padres o hermanos, y con 500 mejor que vos mismo, aparentemente).

Empezás a leer notas de prensa, que enlazan a artículos más especializados, que referencian estudios concretos y da un poco de miedo.

Somos tan poco criteriosos a la hora de usar la tecnología que nos convertimos en artífices de la propia manipulación a la que estamos sujetos. Es como una versión incipiente de Gran Hermano. O como ver los engranajes que mueven al Gran Hermano.

(Algunas) Referencias:
NYP
TNYT
The Telegraph

 

Inquietud corporal

Me resultan inquietantes las relaciones internacionales con Oriente Medio. Y no por el resultado de las reuniones de distintos presidentes y dirigentes y sus negociados. A nadie puede inquietarle, ya que todos saben que van a perder algo a manos de alguien más, y que quien se supone los representa y cuida sus intereses nacionales está de acuerdo con eso.

Lo que más me inquieta son las imágenes. No por las falsas sonrisas adosadas a caras de ojos fríos de pescado muerto. No, lo que me inquieta y me pone de los nervios son las sillas. Hay algo fundamentalmente equivocado en la posición de las sillas, que me causa repulsa y una profunda desconfianza: están paralelas.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

No siempre están paralelas, pero casi. Las personas que se sientan en ellas tienen que contorsionarse para llegar a verse a los ojos. El lenguaje corporal es forzado y se desarticula, y sugiere distancia y recelo; falta de cercanía, casi indiferencia, y desconfianza. ¿Cómo negociar un acuerdo en esas condiciones? Da la pauta de que todo ya está digitado y finiquitado desde antes de reunirse. ¿Cómo apelar a los más altos valores cuando es casi imposible no verse de soslayo? En sillas paralelas nunca vas a poder sostener con firmeza una mirada, ni los cuerpos estarán de frente. Menos las sillas, todo está torcido. La mentira vuela alto en esas imágenes: entre sí, o al destinatario de esa foto. Me da la impresión de arrogancia, casi de desprecio por parte del dueño de casa hacia su visitante. Y cuando apoyan su peso en los posabrazos, que se inclinan el uno hacia el otro, el mensaje es de conspiración, complicidad y secreto.

Es solo cuando las sillas se miran, convergen o se cruzan que da la impresión de que ambas partes quieren llegar a algún lado juntos. Nunca en paralelo.

Abbas (izq) de la Autoridad Nacional Palestina con Morsi, el presidente Egipcio (en 2012, al menos). Ninguno de los dos podía darse el lujo de paralelismos.

Si vos te fijás en fotos de, por ejemplo, la Oficina Oval en la Casa Blanca, los sillones están frente a frente, o en posiciones convergentes.

Ahí también van a tratar de desplumarte, y probablemente lo logren, y probablemente quien entre ahí lo sepa de antemano, pero el ambiente es radicalmente distinto. Una sillas convergentes dan la impresión de que en algún momento quienes las ocupen van a llegar a un punto de contacto. Lo mismo cuando ves sillas perpendiculares: basta estirarse un poco y ya estás en un espacio común. Si no hay nada más, al menos transmiten un mínimo sentimiento de esperanza.

Cuando estás en paralelo y te estirás, al frente solo tenés un vacío infinito.

Presencia

A pesar de que no estás desde hace años, tu voz es lo primero que nos recibe. Siempre. Indefectiblemente.

Es curioso. Irónico. Triste incluso.

Cuando ya no quede nadie, cuando los salones estén silenciosos y los armarios vacíos, lo último que se escuchará será tu voz, sosegada y cantarina, que nos sigue dando la bienvenida, invitándonos a dejar un fax o un mensaje.

El contestador siempre es lo último que se retira.

Frío

La parte más difícil de estos días son esos 45 minutos luego de que suena el despertador y tenés que decidir si levantarte enseguida o si te quedás en la cama otros cinco minutos.