Archivo de la categoría: 42 reflexiones al pedo

Descolgadas /13

Los libros que leído y en menor medida el cine que visto han hecho muchísimo por expandir mi mundo musical.

  • De Thomas Harris, rescaté a Bach y sus Variaciones Goldberg.
  • De John Milton, llegó La Creación de Haydn
  • Stephen King me descubrió mucha de la música de los ’70:  Animals, Thunderbirds, Cash. Y Las Bodas de Figaro, por supuesto.
  • Del Cero Warthon recordé a Tehlonious Monk.
  • Con Dexter llegó Chopin y sus Nocturnas.
  • Pink Floyd se presentó a sí mismo con The Wall.

Hace tiempo que no me pongo a escuchar música. Supongo que la variación que necesito es un poco de silencio, aunque a veces extraño cocinar con música. O a lo mejor nada parece demasiado apropiado.

El domingo hice pasta casera. Unos pappardelle con una bolognesa clásica que quedaron de muerte, y se notó la ausencia.

En otro orden de cosas, encontré un texto de 2015 de cuando mataron a los dibujantes de Charie Hebdo en París. Es bastante salvaje y en su momento pensé que lo había perdido. Como estoy de humor acorde lo reproduzco, porque fuck it. Además sigue vigente, aunque la “gente de verdad” no sean dibujantes.

Je suis Pancheau

Me tienen las pelotas bastante llenas con Charlie Hebdo.  No porque la matanza no sea trágica, si no porque está todo el mundo alborotado y se llena la boca con Je Sui Charlie y los terroristas y qué se yo, y marchas de 500 mil personas y marchas de líderes mundiales (juntos, pero aparte, no sea cosa que se contagien con ébola o algo así).

Y para mí eso es fayutismo puro, es llenarse la boca.  Hay miles de personas que son asesinadas a diario en diversos conflictos candentes y activos en África y nadie dice nada, ya ni aparecen en las noticias salvo como nota marginal si justo cuadra que un atentado mate a más de 800 personas. Por nombrar los 3 más power, podemos hablar del eterno quilombo en el Congo, los gobiernos depuestos y encumbrados a cada rato como quien cambia de calzones en la República Centroafricana, o la continua sangría en Sudan.

Y por qué te importan 12 dibujantes que antes ni tenías ni idea que existían?  Y por qué no te importa un montón de gente que tampoco conocías pero que están igualmente muertas, igualmente asesinadas, también injusta y brutalmente?

Es porque estos 12 eran blancos?  O porque vivían en París?  O porque tenés miedo?  Porque África está lejos y a nadie le importa una mierda, además de ser pobres y negros y además dibujan en la arena o escriben en arcilla, si acaso, mientras que París… París es Occidente, es el barrio como quien dice.  Si pegan en París pueden pegar en cualquier lado, en Barcelona, Washington,  Buenos Aires, o Londres.  Y eso te indigna, porque Occidente puede llevar o financiar sus guerras a esos lugares lejanos que hay que buscar con cuidado en el mapa, pero a Occidente no le gustan las represalias, justificadas o no.  Porque que los líderes del “mundo libre” decidan atacar un poblado lleno de civiles es totalmente distinto a que los líderes de un grupo terrorista decidan atacar una oficina llena de civiles.  Sí, por supuesto, un bombardeo con drones no tripulados que justo mate un montón de gurises es simplemente daño colateral y es totalmente distinto a que tres hijos de puta con metralletas ejecuten a un puñado de dibujantes.  Debe ser por eso que una cosa te indigna y la otra te deja indiferente.  O quizás no tengas fuerzas.  Es eso?  Porque sentir pena, vergüenza y dolor e impotencia una vez, por un puñado de gente es una cosa, pero sentir eso mismo todo el tiempo, todos los días, es sencillamente agotador.

O fue porque justo viste el titular y te copó sumarte al trending topic? Es comprensible, tener un eslógan en otro idioma es muy chic.

Y eso es todo sobre este tema. En su momento me alegró mucho haber perdido el texto. Ahora, a la distancia, va a escocer menos, quizá. Lo mejor de todo es que más de tres años después, mi pensamiento al respecto no ha cambiado un ápice.

Sobre la naturaleza del placer

Hace muchos años leí que el verdadero placer no es del cuerpo sino del alma al poseer las cosas. Mucho mastiqué esa frase y la idea subyacente, tratando de elaborarla y adaptarla a mi realidad de aquel tiempo. Para poseer algo tenés que hacerlo tuyo; para hacerlo tuyo, tenés que brindarte, tenés que dar sin guardarte nada, sin mezquindad. Es una especie de simbiosis. Es un acuerdo con derechos y obligaciones. Tomar por la fuerza no te hace dueño de nada, solo sos un usurpador. Quien siembra indiferencia en el dar solo cosecha indiferencia y el placer nunca es indiferente. Si sos egoísta solo tendrás una descarga y alivio momentáneo, por completo carente de significado o sustancia. No podés poseer desde el egoísmo. Entonces, ¿cómo poseer? Brindándote por entero. Y cuando todo se te brinda como respuesta a lo que das, cuando lo que importa es el placer ajeno dejando el tuyo en un segundo plano, justo en ese momento es cuando podés llegar a poseer de manera absoluta. Justo en ese momento, cuando lográs que el otro placer alcance sus cotas máximas, es cuando alcanzás tu propio placer total.

 

Flashes de realiad /11

gilo Reiniciar el celular y cuando estás confirmando la orden, en el segundo de apartar el dedo de la opción “Aceptar”, darte cuenta con una lucidez abrumadora de que no te acordás del PIN para desbloquear la SIM. Por supuesto que eso se da en cuanto estás arriba del bondi a Montevideo y la tarjeta con el PIN está en la oficina que se aleja.

gilp No está mal pasar todo el fin de semana sin el celular. Sin mensajes, sin llamadas, sin redes. Ocupándote, en cambio, de quien está al lado tuyo en carne y hueso… y de tu propio interior. Eso último suele ser un poco incómodo en las primeras horas, probablemente por la falta de costumbre. Aunque luego es lindo recuperar el diálogo interior. Los celulares lo ahogan detrás de todos los cositos brillantes.

glup El diálogo interior puede ser fascinante y en ocasiones hasta aterrador. Pero mayormente fascinante, incluso cuando es aterrador. Mirás lejos y dejás que las ideas desfilen sin aferrarte demasiado a ellas salvo que justo surja alguna que te sirva. Supongo que es el equivalente a dejar que los niños se aburran para permitir que surja la creatividad del juego libre.

gasp Dejar de fumar es un viaje. Un viaje plagado de problemas y trabas burocráticas. A veces te deportan desde la primer aduana, a veces ni siquiera te dejan cruzar la frontera. Otras, recorrés varios países, tales como PrimerDía, PrimeraSemana, y hasta TercerMes hasta que caduca la visa y te encontrás de vuelta en casa y sin un plan. En general dejar de fumar te abre las ganas de comer como un desaforado. Entonces, como vas viajando en un Ford Voluntad con poco combustible y bastante baqueteado, fumás un pucho porque te saca la ansiedad y con ella las ganas de comer. Pero comés porque te distrae de las ganas de fumar, para no fumar como un escuerzo. Y como la ingesta se sale de control a una velocidad infinita, te fumás un pucho. Así que ni dejás de fumar, ni dejás de lastrar como una sabandija… y ahí vas, transitando por esa carretera infernal en donde se suceden los carteles del tipo:

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|   ApenasSubísUnaEscaleraSinResoplar – Planta Urbana – ¡Bienvenido!  |
|       Obesidad – 40 km                                                                                                        |
|       Epoc – 55 km                                                                                                                 |
|       Retorno a Ejercicio – 13842 km                                                                           |
|                                                                                                                                                   |
|      Disfrute su viaje. Conduzca con responsabilidad.                                         |
⌊_________________________________________________⌋

plnt La primavera se anuncia con ganas. Las plantas salen con fuerza de su letargo luego de un invierno de los de verdad, de esos intensos que realmente cortan los procesos vegetativos, y casi ves crecer los renuevos. Ya planté árboles de níspero, arazá, guayabo, jacarandá y una casuarina guacha (la segunda) que nació en una de las macetas.  Armé los almácigos de perejil, apio, rabanitos y unas semillas de agapanto que robé junté a finales del verano. No sé qué resultará de esa plantación. También pasé a tierra buena las lechugas y cilantros que van naciendo guachos en las macetas.

plnu Si a las lechugas en lugar de cortarlas les vas sacando las hojas exteriores la planta dura como 3 meses. A medida que vas quitando hojas el tallo se desarrolla hacia arriba, hasta que llega un punto en que las hojas son cada vez más pequeñas, opacas, duras y amargas. Si dejás la planta  para que haga lo que quiera, en un punto va a florecer y semillar y el viento va a desparramar esas semillas por todos lados. Lo mismo pasa con el apio y el cilantro. Si dejás un puerro sin arrancar, va a seguir su ciclo hasta hechar una vara terminada en un pompón de semillas precioso; luego las dejará caer, generando nuevas plántulas.

 

plnv También puse entre papel húmedo unas semillas raras que trajo María Luisa de su viaje a la tierra de los canguros. No les tengo mucha fe, ya que lamentablemente a pesar de estar en lugar seco, fresco y cerrado, se apolillaron. Quizá solo sea la cubierta externa. Veremos.

plnw Tengo una vieja silla bajo uno de los aromos que está cuajado de flores. Me gusta sentarme allí y mirar todo el terreno. Imaginar el crecimiento de los árboles. Tratar de visualizar cómo quedará un nuevo retoño, para dónde dará la sombra cuando crezca, cómo lo castigarán los vientos y con qué reparo cuenta, por dónde irán sus raíces. Si pone en riesgo a los vecinos ante una eventual caída o dónde caerán los frutos, si los tiene. Es un lindo ejercicio, casi como proyectar el futuro. O quizá una apuesta.

gasq A propósito de nada, las semillas de agapanto estaban prolijamente envueltas en papel y conservadas en un viejo paquete de cigarrillos. Cuando saco el envoltorio ¡vi que quedaba un cigarrillo dentro de la caja! Preguntame si me fumé con fruición ese último cigarrillo que estaba allí desde febrero pasado, hace 7 meses, como si fuera el mejor tabaco cubano. La respuesta no te sorprenderá.

sexa Qué invento maravilloso el clítoris, por el MEV! Ta, nada más. Siga, circule, aquí no ha pasado nada.

 

La invención de la tentación

Conocemos el mito del Edén. Ya porque nos lo hayan embuchado de gurises, ya por cultura general aunque no seas de la religión católica, o porque hayas tenido la gran fortuna de leer a Mark Twain.

En el mito Eva es engañada y, sucumbiendo a la tentación, come del fruto del Árbol de La Ciencia. Es engañada por la serpiente que envió Lucifer, ese pobre Diablo, para cagarle la vida a los hijos menores de su Padre, el Tata Dios.

Pero eso, como casi todo, es mentira. Lo descubrí ayer a la tarde mientras fumaba un pucho al solcito de la media tarde.

Como a media cuadra veo a una pareja joven con su pequeño hijo que se acercan caminando despacio. Hablan alto así que no tengo problemas en entender lo que dicen a pesar de la distancia. El loco, un treintañero, le da al niño, de cuatro o cinco años, un tachito de confites sin abrir, pero le dice con firmeza: NO. LO ABRAS.

El pibito, que ya estaba empezando a forcejear con la tapa, se detiene, obediente. Pero a los pocos pasos empieza a jugar con ella como haciéndose el boludo, con la misma expresión de inocencia con que sonríe un cocodrilo.

NO. LO ABRAS vuelve a decir el padre, e intenta manotear el tachito de confites sin abrir, a lo que el niño se opone con firmeza y toda la feroz rebeldía de sus cuatro años. Se lo dieron. Es SU tachito de confites sin abrir. Eso lo entiende cualquiera. Pero si se lo dieron, ¿por qué no puede comerlos? ¿Qué es paciencia? ¿Qué es esperar? ¿Cuál es la diferencia entre comer los confites ahí o en el puto auto que está, papá acaba de decirlo claramente, a menos de media cuadra? Así que papá le deja conservar los confites, pero le repite: NO. LO ABRAS. A lo que el niño responde jugueteando nuevamente con la tapa.

En ese punto papá tiene una idea brillante: QUEDÁTELOS, PERO PONELOS EN EL BOLSILLO. A lo que el niño responde haciendo un torpe amague y quedándose con el tachito de confites sin abrir y jugueteando con la tapa.

Solo le hacía falta boludear con el tachito otros cuatro pasos para poder decir: “Uh, mirá papá, el tachito se abrió solo”. Como rezan las malas novelas negras: la tragedia se olía en el aire. Ya sabemos cómo termina la historia: el pendejo, incapaz de resistirse al canto de sirena de los confites forcejea con la tapa hasta que esta salta de repente y la mitad de los confites terminan en la vereda, ante el reprobador “TEDIJEQUENOLOABRIERAS” de su padre, la llorosa decepción del pendejo y el resignado silencio de la madre, que ni abrió la boca, porque padre e hijo son medio igual de boludos y pa qué vamo a discutir en la calle.

El paralelismo es inmediato e inconfundible. Porque si no querías que comiera los confites, la recalcada chota de tu viejo, ¿para qué mierda le das el tachito de confites sin abrir?

El Árbol de La Ciencia simboliza los confites, y la tapa del tachito de confites, todo el mundo lo sabe, es representada en La Biblia como una serpiente parlanchina y muy ladina… es una obviedad más que obvia, porque todo el mundo también sabe que una serpiente y una tapa redonda de plástico son casi iguales, sobre todo si la serpiente se está mordiendo la cola a sí misma mientras forma un círculo perfecto.

La revelación en esta historia es que, si estamos hechos a imagen y semejanza de ese Dios tan macanudo, entonces lo que hizo el padre del pobrecito pendejo probablemente también lo haya hecho El Padre con los pasmados de Adán y Eva, porque lo que se hereda no se roba.

Así llegamos al meollo del asunto: a la serpiente la mandó Dios. Y así volvemos a comprobar una de las pocas cosas ciertas e inmutables del mundo: si existiera, Dios sería terrible sorete; Lo Sorete.

De yapa intuimos algo no tan evidente a primera vista: no todo es culpa del pobre Diablo. Y que los pobres diablos hacen lo que pueden, sin excesiva maldad.

Visualización

En la época en que practicaba artes marciales a diario teníamos una técnica de entrenamiento muy peculiar. Era una especie de meditación en donde con los ojos cerrados y completamente inmóviles nos concentrábamos en una forma específica y la llevábamos a cabo en nuestra mente. Las formas son el equivalente del kuoshu de los kata del karate y son colecciones de movimientos que es más o menos como si pelearas contra adversarios invisibles. La complejidad varía, así como el tipo y estilo de movimientos.

El proceso para llegar a visualizar toda una forma es lento y para nada sencillo de dominar, al menos para mí. La mente tiene tendencia a ir para cualquier lado, las ideas tienen la costumbre de irrumpir sin pedir permiso, y para poder visualizar los movimientos que tenés que hacer, antes tenés que dominar la mecánica de esos movimientos. La visualización sirve para dominar esas formas de manera que luego puedas hacerlas sin pensar, con lo que ganás en velocidad y precisión. Internalizás los movimientos, la postura y posición del cuerpo y la respiración asociada a ellos. Una vez que lográs que te salga es increíblemente efectivo y muy, muy placentero.  Curiosamente, para visualizar cada movimiento tenés que concentrarte y pensar como un enfermo. Recrear en tu mente a tu propio cuerpo moviéndose de formas en las que habitualmente no se mueve, a la vez que tratás de prestar atención al detalle de las posturas de pies, manos y articulaciones no es tan trivial como parece.

De toda esa disciplina y habilidad adquirida me van quedando solamente retazos, ya que hace años que mi práctica es errática en el mejor de los casos.  Esos retazos de conocimiento los utilizo a la hora de hacer una lista de compras, sobre todo cuando no tengo receta.  Es una bobada, lo sé, pero imaginarme los pasos que tengo que dar para hacer una comida me ayuda a identificar todos los ingredientes, a la vez que me voy haciendo una composición de qué cocinar primero en qué tiempo. Aun a esta escala tan limitada sigue siendo un ejercicio mental muy bueno.

¿A qué viene todo esto? Lo que a mí me parecía una técnica tan peculiar y compleja ya la usaba Nikola Tesla en las últimas décadas del siglo XIX para imaginar sus inventos. No sus inventos, sino el funcionamiento de sus inventos. O sea, el tipo ponía a funcionar todo, y por todo quiero decir máquinas con decenas o cientos de partes móviles, dentro de su cabeza antes siquiera de armar los planos. Para cuando fabricaba el prototipo, ya era casi el modelo final. Tesla solucionaba todos los problemas tempranos de diseño antes de poner un solo tornillo. ¿Qué tan genial es eso? De solo pensar en la capacidad necesaria para hacerlo se me vuela la peluca.

Hay un documental en Netflix sobre él llamado, muy astutamente: Tesla.

Etiquetado del vino

Queridos bodegueros,

En el día de hoy me dirijo a ustedes no para hablares de sus productos, que son cada vez mejores y más disfrutables, sino por su cara externa, en particular la parte trasera. No de ustedes, claro, sino de las botellas que contienen sus nobles vinos.  Tengo un humildísimo pedido para hacerles: necesito que dejen de ser tan pajeros. Ya estoy decidido a comprar su vino, lo que necesito es saber con qué carajo combina mejor. Y también necesito que tengan un mínimo de coherencia y de sentido común.

El Chardonnay “De Virginia” de Stagnari, además de ser un blanco espectacular, tiene un etiquedo correcto, útil, que realmente ayuda a la hora de decidir.

Brinda toda la información que alguien podría necesitar para un correcto maridaje, o al menos para saber con qué se va a encontrar.

Es una pena, sin embargo, que sean tan inconsistentes y se manden una mierda como la de abajo. ¡Vo, sorete, no podés armar un puto panfleto en la etiqueta! ¡Dame las notas de cata, enfermo! ¡Y encima el folleto es mentira! Ha sido desmentido o relativizado a más no poder. Los únicos que siguen pregonando que el vino es bueno para la salud y el corazón son los que venden vino. Prestigiosos médicos, por favor! ¡Dejame de joder!  No vas a vender una sola botella extra con esa etiqueta de porquería. Ni aunque la escribieras en mayúsculas y la encabezaras con un ¡HOYGAN!

Poné una nota de cata y maridaje como la de arriba. Eso sirve. Eso habla bien de la bodega. Eso indica que saben lo que están haciendo. Más importante aún: que les importa.

Hablarme del puto resveratrol, ¿a quién se le ocurre? ¿No te das cuenta de que no me decís ABSOLUTAMENTE NADA de tu vino? Nada. Ni la temperatura de servicio. ¿Qué tan imbécil tenés que ser? Resveratrol tienen todos, hasta los que vienen en caja por 50 mangos. Me hacés calentar, mirá.

El Etchart Privado Torrontés es otro vino blanco riquísimo para tomar bien fresquito con unos mariscos.  Obtiene su máxima expresión en Cafayate, genial. Bueno, si me contaras cómo se expresa y qué buscar, quizá me sería útil. Pero no me decís nada de nada. Escribiste la primera mierda que se te cruzó porque con algo tenías que rellenar la etiqueta. ¿No tenés un enólogo con el que hablar? ¿O están peleados? Y encima me terminás el bolazo con que es “típico y diferente”. Bueno, hermano, decidite, ¿querés?

Bien, disculpas por el exabrupto. A ver cómo se los explico como pa que les entre en la mollera. A veces uno sencillamente no sabe qué vino pega con qué comida. Y eso es importante; más importante que el resveratrol del orto. Fundamental y básicamente más imporante. Mucho más importante. Como diría Confucio: Importantísimo. Un tannat roble no va a pegar con unas vieiras, de la misma manera en que un hacha no es lo más indicado para cortar unas delicadas endivias. Si ustedes, bodegueros, no nos ayudan un poco a nosotros, los consumidores, que tenemos que decidir entre una oferta de vinos gigante, se va todo al carajo. Seguimos tomando los mismos vinos que más o menos calculamos que pueden funcionar, sin llegar a explorar toda la rica oferta de varietales y blends que hay en el mercado.

No necesita ser nada demasiado técnico, sí útil. Este vino va con carnes a la parrilla, guisos y quesos curados. Este otro para pastas con crema o quesos cremosos. Este para pescados. Este para mariscos. Este para quesos frescos y frutas no ácidas. Yo qué sé… no es tan complicado. Por si les interesa les cuento: entre vinos de iguales cepas y similar rango de precio me quedo siempre, SIEMPRE, con el que me de la mejor información. La información es poder… en su caso, la información es poder vender más vinos.

Media pila, ¿ta?

Memory flood

Qué difícil es lidiar con los tiempos modernos.

La sobreabundancia de información es imposible de digerir y su consumo es imposible de acompasar con las escalas humanas. Mis limitaciones nunca han sido tan patentes.

En la época del CD, que daba la mejor ecuación costo/beneficio, comprabas un disco y lo gastabas. Aprendías las letras al derecho y al revés y lo escuchabas tantas veces que incluso las canciones más pedorras terminaban por gustarte y luego prestabas atención a los ruiditos, los efectos, los arreglos. Vos tenías un disco, tu amigo tenía otro, de un release anterior, o un vivo frente a un estudio, o una nueva mezcla, o un cambio de sello, incluso una portada distinta debido a nuevos productores. La información era poca y podías exprimirle hasta la última gota. Compararla, sopesarla, discutirla, intercambiarla. No había plata para comprar todos los días. No había tanta oferta de los artistas que te interesaban.

Hace unos 10 años se volvió imposible asimilar toda la música que caía en mis manos. La masificación de internet, la democratización del ancho de banda y la popularización de los servicios P2P hicieron que bajar discografías completas del artista que se te antojara no demorara más de un par de horas. Es inconcebible poder evaluarla. Todos los vivos, todos los estudios, más las antologías, greatest hits y hasta  los covers hechos por otros artistas. Cincuenta discos (o más) en formato FLAC, con todas las versiones de todas las canciones al alcance de la mano de forma inmediata y obtenidas de una sola sentada. ¡Tu puta madre que vas a asimilar nada! Escuchás por arriba y hasta terminás asqueado con la avalancha.

Con los libros pasa algo similar. Lectores como el Kindle con su tinta electrónica mate, o la accesibilidad global de las tablets con sus apps que levantan cualquier formato electrónico le permitieron al lector empedernido despegarse del papel y del PC. Los servicios de bases de datos de libros ponen un mundo de lecturas a tres clicks de distancia, gratis. Amazon a veces tiene unos precios tan ridículamente bajos que ni siquiera te planteás no comprarlos. Y así volvemos a reeditar el problema de la música: sobreoferta. Al día de hoy tengo entre 200 y 250 libros pendientes solo en formato electrónico, más unos 10 en papel que fui comprando por impulso y ahí los tengo. De esas centenas de libros pendientes, por lo menos 15 los tengo a medias. La abundancia es tal que si lo que estás leyendo no es una real joya, es apenas tedioso, o si su nivel de complejidad te llama a prestar especial atención, los vas mechando con otras lecturas que no se hagan tan cuesta arriba. Algo casi impensable poquísimos años atrás. La lectura, el hábito y la exigencia sobre lo que se lee, se bastardea. Porque elegís cualquier cosa, o no cualquier cosa, pero sí de manera menos exquisita y específica.

No ser específico tiene sus grandes ventajas, porque podés explorar campos y temáticas de formas poderosas, exhaustivas. Filosofía e Historia, vistas desde distintos puntos de vista y autores se abren como frutas maduras, siempre que tengas la constancia y perseverancia suficiente. Narrativas de temáticas similares, tomadas de distintos períodos históricos (a veces a unos pocos años de distancia) te permiten descubrir mundos nuevos por entero, según cómo un autor u otro encaren el tema.

Irónicamente, esta facilidad para explorar y acometer nuevos frentes tiene la gran desventaja de que tu mente empieza o bien a dispersarse o bien a esforzarse menos. Y eso es una porquería. Porque ser constante y perseverar es un laburo. Cuando los libros eran pocos y caros, perseverancia y constancia era lo único que tenías.

A lo que voy es… me gustaría tener más vidas, todas encadenadas, para poder leer todo lo que me gustaría leer.