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Relatividad del fracaso

La última década del siglo pasado fue la más intensa de mi vida. Los 90 (en)marcaron mi vida de manera indeleble por infinidad de razones.

Una de ellas era la esperanza en el futuro del mundo, nuestro futuro, particularmente en el futuro tecnológico. Sobre todo en la primera mitad, los avances parecían vertiginosos. En 1990 se ponía en órbita el Telescopio Espacial Hubble con su grandioso espejo, un logro ingenieril sin precedentes.

Un año después anunciaron con bombo y platillo el fin de la construcción de Biosfera 2 (el enlace en inglés está más completo), un ambicioso proyecto destinado a experimentar con la creación de un ambiente cerrado y autosustentable, con la mirada puesta en la colonización más allá de la Tierra.

¿Cómo sería la interacción entre los distintos ecosistemas presentes? ¿Sería posible que la vida sobreviviera y prosperara por sí misma de la mano del ingenio humano? ¿Cómo se las arreglarían los humanos para convivir dos largos años? ¿Podrían?

Al fnal resultó que: caótica y frágil, no, como perros y gatos y apenas. En ese orden. Una selva, tierras de cultivo, manglares, un océano y un desierto en miniatura fueron ideados y encerrados debajo de un domo y algunas estructuras piramidales, de acero y vidrio, aislado, sin intercambio ninguno con el exterior. Metieron plantas, animales, insectos y ocho personas y pusieron el tinglado en marcha.

https://todayintechhist.wordpress.com/2014/09/27/the-biosphere-2-september-26-1991/

Dos años y 20 horas después lo abrieron. Las ocho personas salieron convertidas en dos grupos que casi no se hablaban entre sí. Los insectos polinizadores y los animales vertebrados murieron y a los 16 meses habían tenido que bombear oxígeno porque sus niveles habían bajado de un saludable 21% a un peligroso 14%. Los microorganismos inoculados para ayudar al desarrollo de la vegetación habían tenido mucha abundancia de carbono orgánico y lo habían convertido en dióxido de carbono, captando oxígeno en demasía. No se detectó un aumento significativo del CO2 porque reaccionó con la estructura de hormigón de Biosfera 2 creando carbonato de calcio (captando tanto el carbono como el oxígeno). A esto se sumó un año muy nuboso y que las estructuras metálicas del domo interferían con la luz, lo que le jugó en contra a la fotosíntesis.

Se consideró que la experiencia fue un fracaso a pesar de que en muchos aspectos fue tremendamente exitosa y con un potencial gigantesco. Mucha gente pareció pensar, e incluso todavía lo piensa, que el único resultado aceptable de esta experiencia nunca antes intentada era una sustentabilidad total y a la primera. Lo que se aprendió de los ciclos naturales y de las posibilidades a nuestro alcance para regularlos, logros inmensos en sí mismos, pesó mucho menos en la opinión pública. La producción de alimentos fue impresionante, y sin pesticidas, cosa que debería habernos volado la mente. La salud de los humanos y su metabolismo mejoró muchísimo, a pesar de que informaron que pasaron sintiendo hambre desde el primer al último día, ya que tuvieron una dieta nutritiva, pero baja en calorías. Decenas de logros importantes, desestimados.

Una nueva misión comenzó a principios de 1994, pero tensiones internas y un sabotaje la liquidaron a los pocos meses de iniciada. Luego de eso fue todo barranca abajo.

Después de muchas vueltas Biosfera 2 es hoy un centro de estudios y experimentación dirigido por la Universidad de Arizona, en donde se estudia cómo ciertos cambios en el ambiente afectan al resto de las relaciones entre los ecosistemas sin impactar en el mundo real.

En esa época se dio la primera Guerra del Golfo, que también vio avances gigantes, pero en esa oportunidad en la sofisticación de las armas. Este conflicto tuvo un costo de varios órdenes de magnitud por encima del de Biosfera 2 y con unos resultados abrumadoramente lamentables: intervinieron 30 países, dejaron unos 40’000 muertos y sin nada para rescatar. Costó unos 40 mil millones de dólares (aunque algunos artículos lo ubican en el torno a los 62) contra 200 millones de Biosfera 2. Biosfera 2 casi se convirtió en una urbanización antes de ser “rescatada” por la Universidad, en tanto que el fracaso monumental de la intervención de Occidente en Medio Oriente sigue hasta hoy, expandiéndose como horrendas ondas en un estanque al que se tira una piedra.

Imaginá esas mentes y esos fantásticos recursos materiales y humanos destinados al avance del mundo. Imaginá qué podrían haber logrado en 25 años.

Imaginalo, por favor.

Flashes de realiad /11

gilo Reiniciar el celular y cuando estás confirmando la orden, en el segundo de apartar el dedo de la opción “Aceptar”, darte cuenta con una lucidez abrumadora de que no te acordás del PIN para desbloquear la SIM. Por supuesto que eso se da en cuanto estás arriba del bondi a Montevideo y la tarjeta con el PIN está en la oficina que se aleja.

gilp No está mal pasar todo el fin de semana sin el celular. Sin mensajes, sin llamadas, sin redes. Ocupándote, en cambio, de quien está al lado tuyo en carne y hueso… y de tu propio interior. Eso último suele ser un poco incómodo en las primeras horas, probablemente por la falta de costumbre. Aunque luego es lindo recuperar el diálogo interior. Los celulares lo ahogan detrás de todos los cositos brillantes.

glup El diálogo interior puede ser fascinante y en ocasiones hasta aterrador. Pero mayormente fascinante, incluso cuando es aterrador. Mirás lejos y dejás que las ideas desfilen sin aferrarte demasiado a ellas salvo que justo surja alguna que te sirva. Supongo que es el equivalente a dejar que los niños se aburran para permitir que surja la creatividad del juego libre.

gasp Dejar de fumar es un viaje. Un viaje plagado de problemas y trabas burocráticas. A veces te deportan desde la primer aduana, a veces ni siquiera te dejan cruzar la frontera. Otras, recorrés varios países, tales como PrimerDía, PrimeraSemana, y hasta TercerMes hasta que caduca la visa y te encontrás de vuelta en casa y sin un plan. En general dejar de fumar te abre las ganas de comer como un desaforado. Entonces, como vas viajando en un Ford Voluntad con poco combustible y bastante baqueteado, fumás un pucho porque te saca la ansiedad y con ella las ganas de comer. Pero comés porque te distrae de las ganas de fumar, para no fumar como un escuerzo. Y como la ingesta se sale de control a una velocidad infinita, te fumás un pucho. Así que ni dejás de fumar, ni dejás de lastrar como una sabandija… y ahí vas, transitando por esa carretera infernal en donde se suceden los carteles del tipo:

⌈‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾⌉
|   ApenasSubísUnaEscaleraSinResoplar – Planta Urbana – ¡Bienvenido!  |
|       Obesidad – 40 km                                                                                                        |
|       Epoc – 55 km                                                                                                                 |
|       Retorno a Ejercicio – 13842 km                                                                           |
|                                                                                                                                                   |
|      Disfrute su viaje. Conduzca con responsabilidad.                                         |
⌊_________________________________________________⌋

plnt La primavera se anuncia con ganas. Las plantas salen con fuerza de su letargo luego de un invierno de los de verdad, de esos intensos que realmente cortan los procesos vegetativos, y casi ves crecer los renuevos. Ya planté árboles de níspero, arazá, guayabo, jacarandá y una casuarina guacha (la segunda) que nació en una de las macetas.  Armé los almácigos de perejil, apio, rabanitos y unas semillas de agapanto que robé junté a finales del verano. No sé qué resultará de esa plantación. También pasé a tierra buena las lechugas y cilantros que van naciendo guachos en las macetas.

plnu Si a las lechugas en lugar de cortarlas les vas sacando las hojas exteriores la planta dura como 3 meses. A medida que vas quitando hojas el tallo se desarrolla hacia arriba, hasta que llega un punto en que las hojas son cada vez más pequeñas, opacas, duras y amargas. Si dejás la planta  para que haga lo que quiera, en un punto va a florecer y semillar y el viento va a desparramar esas semillas por todos lados. Lo mismo pasa con el apio y el cilantro. Si dejás un puerro sin arrancar, va a seguir su ciclo hasta hechar una vara terminada en un pompón de semillas precioso; luego las dejará caer, generando nuevas plántulas.

 

plnv También puse entre papel húmedo unas semillas raras que trajo María Luisa de su viaje a la tierra de los canguros. No les tengo mucha fe, ya que lamentablemente a pesar de estar en lugar seco, fresco y cerrado, se apolillaron. Quizá solo sea la cubierta externa. Veremos.

plnw Tengo una vieja silla bajo uno de los aromos que está cuajado de flores. Me gusta sentarme allí y mirar todo el terreno. Imaginar el crecimiento de los árboles. Tratar de visualizar cómo quedará un nuevo retoño, para dónde dará la sombra cuando crezca, cómo lo castigarán los vientos y con qué reparo cuenta, por dónde irán sus raíces. Si pone en riesgo a los vecinos ante una eventual caída o dónde caerán los frutos, si los tiene. Es un lindo ejercicio, casi como proyectar el futuro. O quizá una apuesta.

gasq A propósito de nada, las semillas de agapanto estaban prolijamente envueltas en papel y conservadas en un viejo paquete de cigarrillos. Cuando saco el envoltorio ¡vi que quedaba un cigarrillo dentro de la caja! Preguntame si me fumé con fruición ese último cigarrillo que estaba allí desde febrero pasado, hace 7 meses, como si fuera el mejor tabaco cubano. La respuesta no te sorprenderá.

sexa Qué invento maravilloso el clítoris, por el MEV! Ta, nada más. Siga, circule, aquí no ha pasado nada.

 

Proyecto de Ley Integral para Personas Trans en Uruguay.

Hay mucha tela para cortar con esta ley que otorgaría a las personas trans derechos y beneficios que la mayoría de nosotros damos por sentados sin siquiera pensar en ellos.

El texto del proyecto es corto y fácil de entender. Unas poquitas carillas que te invito a leer.

El censo oficial, según el artículo que leí en Revista Harta, dice que en Uruguay hay cerca de 900 personas trans identificadas. El artículo enlaza al documento elaborado por el MIDES (que indica que algunas personas trans se murieron, otras se fueron, otras no pudieron ser encontradas y otras resultaron no ser trans). Ponele que el MIDES no haya llegado a toda la población trans en Uruguay y que en realidad sean el doble: 1800 personas.

Algunas personas se oponen dando distintos motivos morales y religiosos que pueden resumirse en: no me gusta esta ley porque vamos a perder el control sobre una parte de la población a la que nos gusta despreciar, juzgar y someter. Además todo el mundo sabe que los trans son una abominación y mi hijo o hija que se siente en un cuerpo que no es el suyo seguramente esté en una fase en que no sabe lo que quiere y con esta ley les sería mucho más sencillo librarse de nosotros y nuestro yugo y llegar a verse como personas completas, dignas y con sus derechos básicos garantizados.

Algunas de las personas más reaccionarias que se oponen a esta ley, además de esa moralina infame que ni fundamentos tiene, la complementan esgrimiendo los más lamentables argumentos econonómicos: “no con mis impuestos”.

No con mis impuestos. Como si tuvieran el mínimo control sobre cómo el Estado determina el gasto de los dineros que todos aportamos en forma de impuestos. Dejame darte un pista: mucha de la plata de nuestros impuestos se gasta en pajerías y sobre eso tampoco tenemos el más mínimo control.

Te doy unos pocos números. Yo sé que acá voy a perder el 50% de la mitad de mis lectores. La primera mitad de mis lectores quizá la haya perdido al dar a entender que no me opongo a la ley, aunque tengo fe en la gente que visita nuestra casa bella y pastafari. No lo hago. Al contrario, me parece fundamental que se apruebe, porque la realidad de esas personas trans suele ser aterradora: exclusión social, marginación, problemas de salud, con la familia, laborales, para acceder a educación. Todos los males del mundo.

Pero vamos a lo económico, ya que es uno de los argumentos que resaltaban en las pancartas que llevaban los tres gatos locos que fueron a protestar al Palacio Legislativo.

La compensación que recibirían estas personas, según el Art. 7, es de 3 BPC (Base de Prestaciones y Contribuciones), que al precio de hoy según el BPS es de $3848. Esto hace un total de $11’544, menos que un salario mínimo nacional ($13’430 nominales).

Ponele que el censo no haya alcanzado a toda la población trans real y que en realidad sean el doble: 1800.

Con 1800 personas trans, recibiendo cada una $11544 pesos, la erogación mensual aproximada por parte del Estado sería de unos 21 millones de pesos.

Parece mucho dinero. Es un poco de plata sí, pero nada demasiado escandaloso. Dejame darte algunos números aproximados (en valores nominales).

Los sueldos de senadores y secretarios son de más de $200’000, a los que se agregan “gastos de representación” por $33’000, y partidas para gastos de prensa por $28’000.

Son 30 senadores con sus secretarios.

A esto sumamos la cámara de representantes: 99 diputados con sus secretarios.

Los sueldos de los honorabilísimos diputados son de $189’000 más $25’000 por prensa y más plata para otras prebendas. Acá está el enlace en el Parlamento. Los secretarios y prosecretarios tienen más o menos lo mismo, según este otro enlace al Parlamento.

Gastos de prensa. ¡Plata para comprar diarios!

Treinta senadores y sus secretarios, por $28’000, son $1’700’000

Noventa y nueve diputados y sus secretarios, por $25’000, son $5’000’000

Nada más que en plata para diarios el cuerpo de legisladores de Uruguay (suponiendo solo un secretario para cada uno) recibe casi SIETE MILLONES de pesos. Un tercio de lo que se destinaría en compensaciones para esa población trans. Un tercio. En diarios. Es una obscenidad.

A eso sumale los secretarios de los secretarios, los prosecretarios, los malditos gastos de representación, que es un curro, porque igual cuando viajan presentan sus gastos y viáticos para que se les liquiden, más los coches oficiales, más las partidas para las bancadas y hasta plata para pagar la telefonía celular. A gente que gana 15 veces el salario mínimo y que se votan ellos mismos los aumentos salariales.

No se va a hacer nada con esta información, claro está, pero espero que esto sirva para relativizar el tema y señalar algo innegable: ¡Mirá si no va a haber plata para darle a la gente trans! ¡Plata, hay! Y cerquita nomás. Solo hay que distribuir un poco y bajarse del caballo. No precisás desequilibrar en lo más mínimo el presupuesto nacional. Perfectamente se podrían recortar esos gastos, todos, de raíz, sin menoscabo de nada.

¡Y ni siquiera me metí con la Caja Militar, ese agujero sin fondo!

Aunque la población trans fuera diez veces más grande tampoco importaría. Si no entendés por qué no importaría ni siquiera deberías estar acá leyendo esto y ensuciándome el blog con tus ojos llenos de barro.

Y hay más para decir. Bastante más. Pero antes tengo que terminar de entenderlo y procesarlo yo mismo; los argumentos morales y religiosos me alucinan en su odio y egoísta fanatismo. En comparación las cuentas salen facilísimo.

La invención de la tentación

Conocemos el mito del Edén. Ya porque nos lo hayan embuchado de gurises, ya por cultura general aunque no seas de la religión católica, o porque hayas tenido la gran fortuna de leer a Mark Twain.

En el mito Eva es engañada y, sucumbiendo a la tentación, come del fruto del Árbol de La Ciencia. Es engañada por la serpiente que envió Lucifer, ese pobre Diablo, para cagarle la vida a los hijos menores de su Padre, el Tata Dios.

Pero eso, como casi todo, es mentira. Lo descubrí ayer a la tarde mientras fumaba un pucho al solcito de la media tarde.

Como a media cuadra veo a una pareja joven con su pequeño hijo que se acercan caminando despacio. Hablan alto así que no tengo problemas en entender lo que dicen a pesar de la distancia. El loco, un treintañero, le da al niño, de cuatro o cinco años, un tachito de confites sin abrir, pero le dice con firmeza: NO. LO ABRAS.

El pibito, que ya estaba empezando a forcejear con la tapa, se detiene, obediente. Pero a los pocos pasos empieza a jugar con ella como haciéndose el boludo, con la misma expresión de inocencia con que sonríe un cocodrilo.

NO. LO ABRAS vuelve a decir el padre, e intenta manotear el tachito de confites sin abrir, a lo que el niño se opone con firmeza y toda la feroz rebeldía de sus cuatro años. Se lo dieron. Es SU tachito de confites sin abrir. Eso lo entiende cualquiera. Pero si se lo dieron, ¿por qué no puede comerlos? ¿Qué es paciencia? ¿Qué es esperar? ¿Cuál es la diferencia entre comer los confites ahí o en el puto auto que está, papá acaba de decirlo claramente, a menos de media cuadra? Así que papá le deja conservar los confites, pero le repite: NO. LO ABRAS. A lo que el niño responde jugueteando nuevamente con la tapa.

En ese punto papá tiene una idea brillante: QUEDÁTELOS, PERO PONELOS EN EL BOLSILLO. A lo que el niño responde haciendo un torpe amague y quedándose con el tachito de confites sin abrir y jugueteando con la tapa.

Solo le hacía falta boludear con el tachito otros cuatro pasos para poder decir: “Uh, mirá papá, el tachito se abrió solo”. Como rezan las malas novelas negras: la tragedia se olía en el aire. Ya sabemos cómo termina la historia: el pendejo, incapaz de resistirse al canto de sirena de los confites forcejea con la tapa hasta que esta salta de repente y la mitad de los confites terminan en la vereda, ante el reprobador “TEDIJEQUENOLOABRIERAS” de su padre, la llorosa decepción del pendejo y el resignado silencio de la madre, que ni abrió la boca, porque padre e hijo son medio igual de boludos y pa qué vamo a discutir en la calle.

El paralelismo es inmediato e inconfundible. Porque si no querías que comiera los confites, la recalcada chota de tu viejo, ¿para qué mierda le das el tachito de confites sin abrir?

El Árbol de La Ciencia simboliza los confites, y la tapa del tachito de confites, todo el mundo lo sabe, es representada en La Biblia como una serpiente parlanchina y muy ladina… es una obviedad más que obvia, porque todo el mundo también sabe que una serpiente y una tapa redonda de plástico son casi iguales, sobre todo si la serpiente se está mordiendo la cola a sí misma mientras forma un círculo perfecto.

La revelación en esta historia es que, si estamos hechos a imagen y semejanza de ese Dios tan macanudo, entonces lo que hizo el padre del pobrecito pendejo probablemente también lo haya hecho El Padre con los pasmados de Adán y Eva, porque lo que se hereda no se roba.

Así llegamos al meollo del asunto: a la serpiente la mandó Dios. Y así volvemos a comprobar una de las pocas cosas ciertas e inmutables del mundo: si existiera, Dios sería terrible sorete; Lo Sorete.

De yapa intuimos algo no tan evidente a primera vista: no todo es culpa del pobre Diablo. Y que los pobres diablos hacen lo que pueden, sin excesiva maldad.

Fraterni-qué?

Hace tiempo que no le dedicaba tiempo a 42. Si las series me liquidaron el promedio de lectura, Twitter, como una droga barata y adictiva, me liquidó la escritura.

Ese es uno de los motivos. Otro es un poco de hastío, monotonía, tedio, rutina. Incluso la pelea diaria en el trabajo insensibiliza.  La ausencia de lo novedoso, lo humorístico o lo fantástico, no ayuda gran cosa.

Y después está el horror. El horror diario y constante que me desarma las ganas.

El mundo está bastante horroroso. Se matan en Yemen, en Siria, en Palestina, en Nicaragua, en El Salvador. Se matan o los matan. O los dejan morirse. Son amarronados y, sobre todo, pobres. Si no lo eran en sus casas, lo son ciertamente cuando están en una balsa en medio del Mediterráneo; el último de los últimos recursos. Y los palestinos no tienen ni siquiera eso.

En Netflix hay un nuevo documental sobre la guerra de Vietnam. Comienza dando los antecedentes a esa guerra: Que Vietnam era colonia desde 1858, parte de la infame Indochina francesa. Un vietnamita hablaba y contaba que los franceses serán muy afectos a los eslóganes rimbombantes, pero de Liberté, Égalité y Fraternité, más bien nada. Porque lo que menos hicieron los franceses en Indochina fue ser fraternos. Y ni hablar de dar libertad a nadie.

Los EE.UU. en la primera mitad del siglo XX simpatizaban con la causa de Vietnam y Ho Chi Min, la autodeterminación y el derecho a la búsqueda de la felicidad… pero luego se enfrió. No podían apoyarlos al costo de ponerse contra sus aliados franceses. Menos todavía luego del fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando el fantasma del comunismo mundial, sobre todo con la guerra de Korea fresquita, agigantaba todos los miedos habidos y por haber. Así que los dejaron para que se secaran al sol.

Lo mismo pasa ahora. Sesenta años después nada ha cambiado. Usted vea, decimos defender estos principios… pero solo al principio. Luego los cambiamos. Por eso la ONU no investiga armas químicas encontradas en Siria cuyos componentes parecen manufacturados en EEUU; por eso nadie hace nada contra el aparheid y prácticamente genocidio rampante de Israel con Palestina. Menos aún con el psicópata megalomaníaco y racista que está actualmente en la White House. Por eso aparecen niños ahogados en las costas europeas y ahora bebés en las costas de Libia. Porque mucha fraternité, mucha liberté, pero andá a tu puta madre y arreglate como puedas.

Europa no puede hacerse cargo de los refugiados, pero bien que puede vender las armas que mantienen vivos los conflictos, bien que agitan esos conflictos para ahorrarse unos dólares en el gas y el petróleo. Porque a río revuelto, ganancia de pescadores. Y mientras tanto la gente se muere, se ahoga, la dejan morirse, la dejan ahogarse, como Italia, haciendo oídos sordos a los pedidos de ayuda y asilo.

Fraternité salió rajando hace rato a golpes de chequera. Y la gente se muere y se va a seguir muriendo, porque nadie hace nada por detener a quienes matan, pero también porque a nadie le interesa si esos a quienes matan viven o no. Porque gente hay en todos lados y es baratísima.

Nada. Eso. Un horror.

 

Llamadlo Ishmael

Supongamos que un buen día, anodino y sin nada en lo absoluto que lo haga destacar, aparece un perro en la puerta de tu casa. Es un cachorro, se le nota, pero es enorme. Y tiene pinta de que va a crecer mucho más. Es marrón, con esas manchas atigradas y una cabeza maciza que lleva a creer que es cruza con pitbull o algún perrazo de ese estilo.

Pensás en echarlo, como has echado a otro sinnúmero de chuchos que aparecen por tu casa, pero por alguna razón no le decís nada. El perrucho mueve la cola y todo el resto del cuerpo como si él mismo fuera una cola que empieza en lenga babosa, sigue en poroto meón y termina en más cola. Unos 20 kilos de pura cola energética. No lo echás, pero tampoco lo estimulás de ninguna manera, y te vas a trabajar, convencido que se eventualmente se va a ir.

Cuando volvés, a la noche, el perrucho sigue allí. Espera que estaciones la moto y se tumba al calorcillo del motor.

Al día siguiente, más de lo mismo. Vos no tenés perro, no querés perro, no estás capacitado para tener perro, pero parece que el perro ahora tiene humano.

El tercer día comprás un poco de comida, porque el perro imbécil no se va.

El cuarto día le hacés una cucha improvisada, para que el perro mongolo pueda guarecerse de la lluvia y de las madrugadas frías. Es improvisada porque estás tratando de encontrarle una casa que lo quiera.  Obviamente que el perro no le da ni bolilla.

El terreno está abierto a otros terrenos vacíos y es enorme, pero el perro ha convertido los primeros cuatro metros  que circundan la casa en un baño que le queda cómodo, así que cada vez que salís de tu casa vas mirando a todos lados para evitar los soretes ¡las plastas! que jalonan el espacio como si fuera un campo minado. No te queda un solo par de calzado que no esté cagado por algún lado.

Bien, suficiente de la segunda persona del singular. Es un mal vicio que tengo, perdoname. No estoy hablando de vos, estoy hablando de mí, con un perro caído desde algún lugar que todavía está por verse si es el Cielo.

El perro es buenazo y parece buen guardián. Es bastante obediente (cuando quiere), de buen trato, juguetón y mimoso. Solo que es idiota, tanto que a veces parecería que tuviera algo roto.

Y necesita amor, porque es un cachorro. El tema es que fallo estrepitosamente en ese departamento. Él me eligió, no a la inversa, así que el amor no está, habría que construirlo. El salir de mañana y volver de noche no ayuda gran cosa a desarrollar el vínculo.

Que me mastique los arbolillos pequeños que lucha(ba)n por prosperar en algunas macetas, que mastique todo el plástico que encuentra, sin que importe si es una pulverizadora con restos de productos sanitarios para las plantas, o una bolsa con basura que encontró por ahí, unido a la ingente cantidad de mierda que hay por todos lados, no suma tanto como podría pensarse para generar amor. En realidad la mayor parte del tiempo le tengo bastante asco al perrucho y me dan ganas de colgarlo de un poste.

No voy a hacerlo, claro. La falta es mía, no de él. Él es perfecto en su perritud y al ser cachorro tampoco tiene modelos a seguir que le enseñen a ser un buen perro. Demasiado bueno está resultando así como viene la mano.

Hemos desarrollado cierto entendimiento en algunas cosas, sin embargo. Ciertos gestos y sonidos ya los interpreta como órdenes o advertencias y responde de forma positiva.

Leí por ahí que salir a caminar con el perro ayuda a un buen relacionamiento, así que ayer, domingo, con la tarde soleada salimos a pasear con, llamémoslo así, Ishmael.

Até una cuerda al collar a modo de correa provisoria y recorrimos unos pocos cientos de metros de ruta hasta llegar al camino secundario donde iba a desarrollarse la mayor parte de nuestro paseo. Una vez allí lo solté para que fuera y viniera a su antojo. Al ser una zona escasamente poblada y con poco tránsito no tenía que preocuparme demasiado por el entorno. Iba a ser un rato de placidez. Solo que llegaron un par de sorpresas. ¡Sorprendentes sorpresas!

El camino estaba bastante más transitado que lo habitual, así que cuando un vehículo se acercaba lo llamaba para que no lo fueran a atropellar, o para que no fuera a atravesarse frente a una moto. La primera sorpresa fue que vino a mí, dócilmente, todas las veces. Parecía entrenado, el guacho, y venía y se echaba pacientemente.

Luego de pasar un puentecito sobre un arroyo hay una curva y a pocos metros de la curva hay una casa. Sin contar un caserón viejo en la punta del camino es la única casa en casi 7 kilómetros. En esa casa habitan tres perros, el menor de los cuales es más grande que el que iba conmigo. Salieron los tres con cara de pocos amigos y acá llega la segunda gran, gran sorpresa: ¡Ishmael, como salido del infierno, erizó los pelos del lomo y salió hecho una furia endemoniada, puro dientes y gruñidos hacia donde estaba la otra patota! Como si les dijera “los mastico ahora, hijos de puta, y los escupo en la próxima curva”.

¡Y recularon! ¡Los tres! O sea, no Ishmael no es un perro pequeño y su cabezota y su bocota llenita de dientes impone bastante respeto, pero sigue siendo un cachorro a pesar de todo. Así que calculo que debe haber sido la sorpresa, seguro. ¿Porque en qué cabeza cabe que el anormal kamikaze este salga como si se los fuera a comer crudos? Calculando que el resultado no habría sido tan halagüeño si lo dejaba trenzare, lo llamé una vez por su nombre, la primera vez que lo uso, y el tipo frenó en seco y me miró, confundido. O confundido o aliviado. Calculo que aliviado, porque debe haber haber pensado, en el medio segundo transcurrido entre su transformación en Demonio de Tasmania y la frenada, que lo que estaba por hacer era una estupidez. Lo era. Pero el tipo frenó en el acto. Claro que es tan abombáu que se dio media vuelta y volvió al trotecito para donde yo estaba sin una mirada para atrás, lo que aprovecharon los otros perros del orto para venirse al humo. Así que ahí me tocó a mí agarrarlo a Ishmael con un mano y enfrentar a los otros tres energúmenos sin más arma que mi dedo índice cargado de maldiciones, porque no tenía a mano nada más que mis manos, ni siquiera el bastón con el que salgo a caminar.

La actitud es importante, sin embargo, y de eso me sobraba el domingo. Una gran actitú. Así que pasamos a la ida y volvimos a pasar frente a ellos a la vuelta. Para ese entonces Ishmael claramente había recapacitado y ya no hizo ninguna bobada. Así que todo el trámite fue más sencillo.

Me sigue hinchando las pelotas tener un perro en casa, de todos modos. No es culpa del perro, ya lo dije, el imperfecto soy yo. Así que si alguien quiere un perrito macanudo pero bien decidido y con los instintos intactos, me avisa y se lo mando, o lo viene a buscar, o se lo llevo si no está muy lejos de Colonia.

Solo lo llamé por ese nombre una sola vez, así que está prácticamente a estrenar, el perro. Joya, nunca taxi.

Despues subo alguna fotinga.

Etiquetado del vino

Queridos bodegueros,

En el día de hoy me dirijo a ustedes no para hablares de sus productos, que son cada vez mejores y más disfrutables, sino por su cara externa, en particular la parte trasera. No de ustedes, claro, sino de las botellas que contienen sus nobles vinos.  Tengo un humildísimo pedido para hacerles: necesito que dejen de ser tan pajeros. Ya estoy decidido a comprar su vino, lo que necesito es saber con qué carajo combina mejor. Y también necesito que tengan un mínimo de coherencia y de sentido común.

El Chardonnay “De Virginia” de Stagnari, además de ser un blanco espectacular, tiene un etiquedo correcto, útil, que realmente ayuda a la hora de decidir.

Brinda toda la información que alguien podría necesitar para un correcto maridaje, o al menos para saber con qué se va a encontrar.

Es una pena, sin embargo, que sean tan inconsistentes y se manden una mierda como la de abajo. ¡Vo, sorete, no podés armar un puto panfleto en la etiqueta! ¡Dame las notas de cata, enfermo! ¡Y encima el folleto es mentira! Ha sido desmentido o relativizado a más no poder. Los únicos que siguen pregonando que el vino es bueno para la salud y el corazón son los que venden vino. Prestigiosos médicos, por favor! ¡Dejame de joder!  No vas a vender una sola botella extra con esa etiqueta de porquería. Ni aunque la escribieras en mayúsculas y la encabezaras con un ¡HOYGAN!

Poné una nota de cata y maridaje como la de arriba. Eso sirve. Eso habla bien de la bodega. Eso indica que saben lo que están haciendo. Más importante aún: que les importa.

Hablarme del puto resveratrol, ¿a quién se le ocurre? ¿No te das cuenta de que no me decís ABSOLUTAMENTE NADA de tu vino? Nada. Ni la temperatura de servicio. ¿Qué tan imbécil tenés que ser? Resveratrol tienen todos, hasta los que vienen en caja por 50 mangos. Me hacés calentar, mirá.

El Etchart Privado Torrontés es otro vino blanco riquísimo para tomar bien fresquito con unos mariscos.  Obtiene su máxima expresión en Cafayate, genial. Bueno, si me contaras cómo se expresa y qué buscar, quizá me sería útil. Pero no me decís nada de nada. Escribiste la primera mierda que se te cruzó porque con algo tenías que rellenar la etiqueta. ¿No tenés un enólogo con el que hablar? ¿O están peleados? Y encima me terminás el bolazo con que es “típico y diferente”. Bueno, hermano, decidite, ¿querés?

Bien, disculpas por el exabrupto. A ver cómo se los explico como pa que les entre en la mollera. A veces uno sencillamente no sabe qué vino pega con qué comida. Y eso es importante; más importante que el resveratrol del orto. Fundamental y básicamente más imporante. Mucho más importante. Como diría Confucio: Importantísimo. Un tannat roble no va a pegar con unas vieiras, de la misma manera en que un hacha no es lo más indicado para cortar unas delicadas endivias. Si ustedes, bodegueros, no nos ayudan un poco a nosotros, los consumidores, que tenemos que decidir entre una oferta de vinos gigante, se va todo al carajo. Seguimos tomando los mismos vinos que más o menos calculamos que pueden funcionar, sin llegar a explorar toda la rica oferta de varietales y blends que hay en el mercado.

No necesita ser nada demasiado técnico, sí útil. Este vino va con carnes a la parrilla, guisos y quesos curados. Este otro para pastas con crema o quesos cremosos. Este para pescados. Este para mariscos. Este para quesos frescos y frutas no ácidas. Yo qué sé… no es tan complicado. Por si les interesa les cuento: entre vinos de iguales cepas y similar rango de precio me quedo siempre, SIEMPRE, con el que me de la mejor información. La información es poder… en su caso, la información es poder vender más vinos.

Media pila, ¿ta?