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Animación: Batman Ninja. O cómo hacer algo más horrible que el Batman de Clooney en 1997 dirigida por Schumacher

Cuando mirás una entrega de Batman tenés que suspender muchos criterios y circuitos mentales. Suspender la incredulidad es solo el principio, sobre todo cuando hablamos de una animación. Y lo hacés de buena gana porque, bueno, es Batman.

Todo tiene un límite, sin embargo.

Batman Ninja parte de una premisa extraña y agarrada de los pelos, pero finalmente necesaria: al fin y al cabo de alguna forma hay que poner en marcha la historia.

Tiene 5 minutos, luego de esa premisa inicial extraña y endeble, que coinciden muy mucho con lo más emocionante que se ve en el trailer y en los que se puede albergar alguna esperanza y luego falla catastróficamente.

Deviene rápidamente en un delirio insufrible de tal magnitud que, por decirlo amablemente, los más locos e improbables momentos de Naruto Shippūden son una oda al sentido común, la plausibilidad y la coherencia.

El rejunte de héroes y villanos que vemos en Batman Ninja es tan ridícula en su concepción, ejecución e interacción que no puede ser descrita racionalmente. Más que una animación parece un atentado terrorista.

Al final terminamos con una especie de Voltron ridículo sin pies ni cabeza. O sea, sí tiene pies y cabeza o no podría compararlo con Voltron, pero es horrible, innecesario e inconcebible. O sea, sí fue concebido por alguien, pero ese alguien debería estar internado por hacerlo.

Ese Batman hecho de monos y murciélagos es inefable de la peor manera posible. Un guiño ridículo en el mejor de los casos, y una plagio descarado en el peor, a la combinación poderosa y legendaria de Kurama y Susanoo en Naruto.

Qué decepción, DC. Todavía estoy tratando de entender qué historia quisiste contar y por qué te esforzaste tanto en contarla de la peor manera posible.

Luego de mirar esta cagada me siento viejo y vencido.

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Etiquetado del vino

Queridos bodegueros,

En el día de hoy me dirijo a ustedes no para hablares de sus productos, que son cada vez mejores y más disfrutables, sino por su cara externa, en particular la parte trasera. No de ustedes, claro, sino de las botellas que contienen sus nobles vinos.  Tengo un humildísimo pedido para hacerles: necesito que dejen de ser tan pajeros. Ya estoy decidido a comprar su vino, lo que necesito es saber con qué carajo combina mejor. Y también necesito que tengan un mínimo de coherencia y de sentido común.

El Chardonnay “De Virginia” de Stagnari, además de ser un blanco espectacular, tiene un etiquedo correcto, útil, que realmente ayuda a la hora de decidir.

Brinda toda la información que alguien podría necesitar para un correcto maridaje, o al menos para saber con qué se va a encontrar.

Es una pena, sin embargo, que sean tan inconsistentes y se manden una mierda como la de abajo. ¡Vo, sorete, no podés armar un puto panfleto en la etiqueta! ¡Dame las notas de cata, enfermo! ¡Y encima el folleto es mentira! Ha sido desmentido o relativizado a más no poder. Los únicos que siguen pregonando que el vino es bueno para la salud y el corazón son los que venden vino. Prestigiosos médicos, por favor! ¡Dejame de joder!  No vas a vender una sola botella extra con esa etiqueta de porquería. Ni aunque la escribieras en mayúsculas y la encabezaras con un ¡HOYGAN!

Poné una nota de cata y maridaje como la de arriba. Eso sirve. Eso habla bien de la bodega. Eso indica que saben lo que están haciendo. Más importante aún: que les importa.

Hablarme del puto resveratrol, ¿a quién se le ocurre? ¿No te das cuenta de que no me decís ABSOLUTAMENTE NADA de tu vino? Nada. Ni la temperatura de servicio. ¿Qué tan imbécil tenés que ser? Resveratrol tienen todos, hasta los que vienen en caja por 50 mangos. Me hacés calentar, mirá.

El Etchart Privado Torrontés es otro vino blanco riquísimo para tomar bien fresquito con unos mariscos.  Obtiene su máxima expresión en Cafayate, genial. Bueno, si me contaras cómo se expresa y qué buscar, quizá me sería útil. Pero no me decís nada de nada. Escribiste la primera mierda que se te cruzó porque con algo tenías que rellenar la etiqueta. ¿No tenés un enólogo con el que hablar? ¿O están peleados? Y encima me terminás el bolazo con que es “típico y diferente”. Bueno, hermano, decidite, ¿querés?

Bien, disculpas por el exabrupto. A ver cómo se los explico como pa que les entre en la mollera. A veces uno sencillamente no sabe qué vino pega con qué comida. Y eso es importante; más importante que el resveratrol del orto. Fundamental y básicamente más imporante. Mucho más importante. Como diría Confucio: Importantísimo. Un tannat roble no va a pegar con unas vieiras, de la misma manera en que un hacha no es lo más indicado para cortar unas delicadas endivias. Si ustedes, bodegueros, no nos ayudan un poco a nosotros, los consumidores, que tenemos que decidir entre una oferta de vinos gigante, se va todo al carajo. Seguimos tomando los mismos vinos que más o menos calculamos que pueden funcionar, sin llegar a explorar toda la rica oferta de varietales y blends que hay en el mercado.

No necesita ser nada demasiado técnico, sí útil. Este vino va con carnes a la parrilla, guisos y quesos curados. Este otro para pastas con crema o quesos cremosos. Este para pescados. Este para mariscos. Este para quesos frescos y frutas no ácidas. Yo qué sé… no es tan complicado. Por si les interesa les cuento: entre vinos de iguales cepas y similar rango de precio me quedo siempre, SIEMPRE, con el que me de la mejor información. La información es poder… en su caso, la información es poder vender más vinos.

Media pila, ¿ta?

¿Hasta cuándo?

Otra vez, productores totalmente inescrupulosos, egoístas, y por qué no decirlo, completamente hijos de puta, han causado un perjuicio enorme con sus prácticas de mierda.

Entre 1500 y 3000 colmenas muertas en el departamento de Salto porque un productor citrícola aplicó de forma totalmente negligente un insecticida fosforado altamente tóxico para las abejas.

http://agrotemario.com/noticia/19040/estiman-en-us-200-000-perdidas-por-mortandad-de-abejas

Mil quinientas colmenas. Por lo menos 20 (probablemente 40 o más) millones de abejas que no van a estar para polinizar cultivos y plantas de todo tipo. Veinte millones de abejas que no producirán miel, ni recolectarán polen. Veinte millones de abejas que no colaborarán para parar la olla no sólo de los apicultores a los que servían de sustento, sino que tampoco incidirán en la producción agropecuaria y las cosechas que se benefician de ellas.

Son muertes caprichosas. Completamente evitables. Porque a un productor sorete se le ocurrió exportar mandarinas sin semillas a gringolandia. Un tipo de mierda que prefirió usar al barrer un insecticida restringido en lugar de colocar las mallas especiales para impedir que las abejas entren a polinizar las flores.

Los insecticidas fosforados atacan directamente el centro nervioso de los bichos. Las abejas ni siquera pueden llegar a sus colmenas. Las que lo hacen llevan el veneno con ellas y condenan al resto con su último esfuerzo por alimentar la colonia.

Vos tenés derecho a trabajar para que tus mandarinas no tengan semillas, pero no a costa de liquidar todo y a todos los que estén trabajando a tu alrededor.

El que usó ese veneno no tiene perdón.

 

Cine: Dragon Blade

O Cómo Destruir Una Historia Por Nada.

¡Qué desperdicio! Ese sería más o menos la síntesis.

En el año 54 A.C., el triunviro Marco Licinio Craso, que compartía el poder de Roma con Pompeyo y Julio César se va a hacer la guerra al imperio Parto, que se extendía en lo que hoy sería Irán, Iraq, Siria, parte de Turquía, y Afganistán.

Es El famoso Craso. El de las riquezas. El que aplastó la rebelión de Espartaco. Pero el chabón quería más; esa gente siempre quiere más.  A veces lo consiguen. Con eso en mente y con un historial de victorias romanas en la zona parte hacia Partia Marco Licinio con su hijo Publio y un administrador, o cuestor para sus legiones: Cayo Casio Longino.

Craso tenía mucha riqueza material, pero como estratega militar tenía una pobreza proverbial. Todo lo que podía hacerse lo hizo mal. Más que mal. Lo hizo perfectamente mal.  Confió en un aparente aliado local contra el consejo de su círculo, se apartó del Éufrates y se internó en el desierto con 7 legiones (entre 30 y 45 mil soldados), no aceptó ayuda ni refuerzos, se acantonó durante meses dándole tiempo al enemigo a organizarse, se negó a reagruparse y desoyó los más sensatos consejos en cuanto a formaciones. El resultado es el que cabría esperarse: él, su hijo y unos 30 mil legionarios fueron masacrados, y otros varios miles, entre 8 y 15 mil, fueron tomados prisioneros o se dieron por desaparecidos. Esos desaparecidos se conocen como La Legión Perdida y la Historia tiene varias versiones para dar.  Algunos dicen que se establecieron en algunas ciudades de la Ruta de la Seda y contribuyeron a hacerlas inexpugnables.  Otros historiadores, que incluso cuentan con evidencias de ADN, piensan que deambularon hasta que el emperador chino los dejó instalarse en una localidad china de Sinkiang o quizá en la provincia de Gansu.

La Historia es rica en hechos y testimonios y leyendas. Las posibilidades son increíbles. La película, sin embargo, es una cagada.

Al encargado del casting tendrían que prohibirle trabajar en la industria del cine de por vida. Jackie Chan, haciendo de chino junto con otros 3000 chinos en China, está bien.  Adrien Brody, haciendo de un tal Tiberio, hermano de Publio, es un personaje demente que asesinó a su padre en un complot. Resulta lamentable.  Publio, presentado como un niño ciego es una estupidez.  John Cusack haciendo de un cuestor Casio devenido en general, trata de salvar a Publio y escapar con su legión “perdida” del complot de Tiberio. Todo esto con parlamentos y tonos de voz que parecen sacados de “Must Love Dogs”, es simplemente ridículo. Puta madre, solo falta Diane Lane.

La banda de sonido es bleh. La escena de los legionarios cantando como un coro de canto gregoriano es una risa (del tipo histérico). La photo es re-bleh y eso que había para lucirse.

El guion es más que ridículo; es horrible, sin sentido, sin lógica y va más allá de cualquier onomatopeya habida o por haber. Con unos hilos argumentales infames y sin razón de ser que encima quedan subexplotados. Los que intentan desarrollar son incoherentes. Y lo más básico está pasado por alto: porque lo menos que podés hacer, si te pasaste media película reconstruyendo las murallas de la ciudad, es cerrar la puta puerta principal para que no entren los malos. ¡Imbécil!

¡El pendejo ciego! Innecesario. ¡El ejército de 100’000 romanos! ¡Sin línea de abastecimiento! ¡Treinta y seis naciones convergiendo sobre ellos en pleno cuesta abajo, cual Gandalf al amanecer del tercer día! ¡Los partos aparecen al final y no hacen nada! Los arqueros partos a caballo eran soberbios y su caballería pesada casi inigualable en la época. En la batalla de Carras literalmente masacraron a los romanos. Sin embargo en la película se concentran en mostrar que a cada “nación” que pasa al ataque se les dan las órdenes de cargar con distintos instrumentos: trompas, cuernos, tambores, charangos, gongs, vuvuzelas. Con un Tiberio que se limita a decir “Ajh, llegaron los partos”, como quien dice “Uf, otra vez estos pesados”.

¿Me estás jodiendo, hijo de puta? Si no te gustaba la historia, no la hubieras filmado. No precisabas destruirla tan completamente. Tendrías que estar preso por atentado violento al espectador.

Quiere ser una película épica y resulta patética. ¡Cuánta plata tirada a la basura, por Gordjazz! Tenían todo para hacer y se mandaron la gran Craso: la cagaron a lo grande.

Lo más triste es que al principio se llenan la boca diciéndote y dejándote bien en claro que está basada en hechos reales.

Son flor de soretes.

Canciones infantiles

Peguemoslé a Raulito
Mientras lo importante no está.
¿Lo importante está?

¡Lo importante se está poniendo la seguirdad pública!
Peguemoslé a Raulito
Mientras lo importante no está.
¿Lo importante está?
¡Lo importante se está calzando la violencia contra la mujer!
Peguemoslé a Raulito
Mientras lo importante no está.
¿Lo importante está?
¡Lo importante se está anudando el déficit fiscal!
Peguemoslé a Raulito
Mientras lo importante no está.
¿Lo importante está?
¡Lo importante se está abotonando la educación!
Peguemoslé a Raulito
Mientras lo importante no está.
¿Lo importante está?
¡Lo importante se está subiendo el cierre del país productivo!
Peguemoslé a Raulito
Mientras lo importante no está.
¿Lo importante está?
¡Lo importante se está encasquetando el costo del estado!
Peguemoslé a Raulito
Mientras lo importante no está.
¿Lo importante está?
¡Lo importante está concediendo permiso para más plantas de celulosa!
Peguemoslé a Raulito
Mientras lo importante no está.
¿Lo importante está?
¡Lo importante le está regalando aguas territoriales a los chinos!
Peguemoslé a Raulito
Mientras lo importante no está.
¿Lo importante está?
¡Lo importante está viendo asombrado y cagado de risa el caos que se generó en las estaciones de servicio porque durante un puto día no hay entrega de combustibles!

O sea… otra vez llevamos una semana más hablando de cómo el imbécil este agarra una pala o si gastó bien o mal 300 dólares en un año.

No deja de ser gracioso, pero ¿me estás jodiendo? Para mí que es el escudo de la realidad perfecto. Primero que parece ser el inútil sin referencias por antonomasia, ese al que miramos para sentirnos mejor con nosotros mismos, y segundo juegan con nuestra innata capacidad para ver el pasto largo en el jardín del vecino mientras cuidadosamente ignoramos el techo que se cae a pedazos en nuestra propia casa.

Somos unos vivos bárbaros, campeones de América y el Mundo.

Bancarización y falta de garantías

Hoy veo la noticia de que la Intendencia Municipal de Montevideo multó con unos treinta y cinco mil pesos a un conductor de una de las aplicaciones de transporte que están funcionando en Uruguay.  La reglamentación indica que los viajes solo pueden pagarse por medios electrónicos, sin la utilización de pago en efectivo, que fue lo que hizo este conductor, incurriendo en la falta.

La persona que recogió esta noticia se preguntaba qué pasa si uno no quiere tener una tarjeta. ¿Es injusto? Sí. ¿Es una cagada? También. ¿Hay algo para hacer al respecto? Tiene razón, pero marche preso.  Bueno, si no querés tener tarjeta, usá un taxi de los de toda la vida, que siguen cobrando en efectivo.  Y si pretendés usar Uber, Easy o Cabify, aunque te sientas violentado, tenés que tener una tarjeta, de crédito o débito.

Por esta última es que escribo ahora.  Hace bastante tiempo que vengo masticando broncas con el tema.  El gobierno, en su afán de control, obliga a cada vez más gente a usar alternativas al pago en efectivo en cada vez más situaciones.  Una de ellas es el pago de sueldos, por ejemplo, que las empresas realizan por intermedio del banco.  Traslada el dinero correspondiente a los haberes desde su cuenta corriente a la caja de ahorro o cuenta corriente de cada funcionario. El funcionario, munido de su tarjeta de débito, puede extraer efectivo de los cajeros (ATM) o pagar directamente por bienes y servicios en los comercios que acepten esas tarjetas (casi todos, hoy por hoy).

Lo que me molesta y preocupa es la falta de seguridad y garantías a la hora de usar las tarjetas de débito.  Es bastante lamentable todo y la explicación que he podido colegir es muy simple.  Para utilizar una tarjeta de crédito tenés que presentar tu documento de identidad, ingresar un PIN personal de 4 dígitos, un código de seguridad de 3 dígitos presente en el reverso de la tarjeta y finalmente firmar, firma que es revisada por la persona que te está cobrando y cotejada con la que aparece en el documento de identidad. Y está bien que sea así, ¿verdad? Evitás, en cierta medida, que alguien que no sea el titular, o sea vos, utilice tu crédito. Básico. Aunque esto es una mentira en toda regla. En realidad las empresas, tanto la entidad emisora de la tarjeta, generalmente un banco, como quien te vende el bien o servicio, no quieren correr el riesgo de perder dinero.  Vos y tu crédito les importan un carajo, pero como el pago es diferido, si denunciás el robo o pérdida a tiempo, el débito por la compra se invalida y no perdés el dinero.  Lo pierde alguien más, probablemente los bancos.

¿Pero qué pasa con la tarjeta de débito? ¡No te piden nada de eso! Como el pago es igual a que si pagaras con efectivo, a nadie le importa una mierda.  En la inmensa mayoría de las transacciones no te piden documento, ni PIN; da lo mismo que la tarjeta la pases vos o el punga que te la robó mientras viajabas en el bondi. Una vez que pasaste la tarjeta ya te debitan el importe, así que cagaste.  Teóricamente también podrías reclamar ante un uso fraudulento, al igual que con la tarjeta de crédito, pero si te desfondan la cuenta los problemas inmediatos pueden escalar rápidamente.  Cheques sin fondos, servicios impagos, sobregiros en la cuenta bancaria, si la tarjeta está asociada a una cuenta corriente. La lista es amplia y desagradable.

¿Y por qué pasa eso?  O mejor dicho, ¿porqué no se piden esos requisitos básicos de autenticación para el uso de la tarjeta de débito? Sencillísimo: porque son unos hijos de puta. Agarran la plata en el momento, por lo que no les duele en el bolsillo, así que podés reventar tranquilamente. Solo les importa tenerte agarrado de las pelotas y tener todo bien controladito. Que vos literalmente puedas perder un montón de plata les trae sin cuidado, no es su plata.

Ah, sí. Muy lindas las tarjetitas del orto.

How do you like them apples?

Así, no juego más…

Me engañaron.  Me robaron.  Me estafaron.  Se aprovecharon de mi buena voluntad para destrozar mis ilusiones!

Me prometieron antigravedad, coches voladores que circulan por autopistas elevadas que ni siquiera están trazadas, colonias en la Luna, la colonización de Marte, robots que iban a mejorar las vidas de todos, ciudades de cristal, la cura de las enfermedades con un toque de varita mágica, hiperespacio, comunicación por ansible, y una enciclopedia galáctica.

Me prometieron tantas cosas más…!

Y qué recibo, 30 años después?  Mil millones de fotos de mascotas en Facebook, billones de citas al pedo de Buda, Cristo y Araceli González que ellos nunca dijeron y mensajes pelotudos grabados en el telefonito del orto, para que otro pelotudo los escuche, grabe su respuesta y la mande.  Guasap y la concha de tu madre!  Ya no sirven ni para hablar por teléfono, forros!  La comunicación es en cuotas!

Para eso querían tecnología?  Para volvernos más idiotas?

Hijos de puta!  Denme mi futuro!