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Película: Ready Player One

La novela homónima en que se basa la película es bastante más compleja que este invento dirigido por Spielberg. Con cientos de referencias culturales al final de los 70, la década del 80 y parte de la de los 90, por el libro desfila la música, el cine, la TV y los videojuegos que marcaron a dos generaciones. Tiene un poco de intriga. Hay un poco de tensión dramática. Es, en definitiva, un libro entretenido, ágil, aunque no existan grandes giros ni sorpresas.

Va la descripción de la Wiki:

“En el año 2045 el mundo es un desastre. Las fuentes de energía están prácticamente agotadas, hay superpoblación y el precio del combustible está por las nubes. En medio de una enorme depresión económica a nivel mundial la mayoría de la gente subsiste como puede. Sin embargo, un videojuego de realidad virtual llamado OASIS proporciona la vía de escape que las personas necesitan. La gente dedica más tiempo al juego que a la vida real misma. El juego ofrece todas las posibilidades imaginables y cualquier cosa es posible, tanto jugar como trabajar.

El creador de OASIS es un enorme fan de la década de 1980, así como un fantástico programador de videojuegos que amasa una inmensa fortuna con su compañía GSS, que tiene como obra maestra a OASIS. Tras su muerte, se anuncia en un vídeo que el juego contiene un huevo de pascua [un mensaje oculto donde el jugador tiene que llevar a cabo tareas o itinerarios específicos para desbloquearlo]. Quien lo encuentre heredará toda su fortuna.”

La película narra las aventuras de Parzival y sus compinches para hacerse con El Huevo, y el control sobre OASIS, antes que los malos.

La versión cinematográfica es más básica y mucho más simplificada, no hay una descripción tan detallada de la sociedad (que tampoco es gran cosa en el libro), amén de que hay situaciones y eventos que directamente se inventaron. La simplificación es inevitable ya que sería imposible recrear todo lo del libro de manera efectiva, en especial ciertas pruebas basadas en videojuegos. Al simplificar una historia que en sí no es compleja, en donde lo único complicado es seguirle el rastro a las decenas de referencias (lo que explica los inventos), se pierde la poca sustancia que podía tener. Los efectos están bien. Las actuaciones son apenas correctas, siendo amables. Los personajes son medio cualquiera, a decir verdad.

En fin, aunque falla en varios niveles, es entretenida y cumple en entregar una buena dosis de acción.

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Visualización

En la época en que practicaba artes marciales a diario teníamos una técnica de entrenamiento muy peculiar. Era una especie de meditación en donde con los ojos cerrados y completamente inmóviles nos concentrábamos en una forma específica y la llevábamos a cabo en nuestra mente. Las formas son el equivalente del kuoshu de los kata del karate y son colecciones de movimientos que es más o menos como si pelearas contra adversarios invisibles. La complejidad varía, así como el tipo y estilo de movimientos.

El proceso para llegar a visualizar toda una forma es lento y para nada sencillo de dominar, al menos para mí. La mente tiene tendencia a ir para cualquier lado, las ideas tienen la costumbre de irrumpir sin pedir permiso, y para poder visualizar los movimientos que tenés que hacer, antes tenés que dominar la mecánica de esos movimientos. La visualización sirve para dominar esas formas de manera que luego puedas hacerlas sin pensar, con lo que ganás en velocidad y precisión. Internalizás los movimientos, la postura y posición del cuerpo y la respiración asociada a ellos. Una vez que lográs que te salga es increíblemente efectivo y muy, muy placentero.  Curiosamente, para visualizar cada movimiento tenés que concentrarte y pensar como un enfermo. Recrear en tu mente a tu propio cuerpo moviéndose de formas en las que habitualmente no se mueve, a la vez que tratás de prestar atención al detalle de las posturas de pies, manos y articulaciones no es tan trivial como parece.

De toda esa disciplina y habilidad adquirida me van quedando solamente retazos, ya que hace años que mi práctica es errática en el mejor de los casos.  Esos retazos de conocimiento los utilizo a la hora de hacer una lista de compras, sobre todo cuando no tengo receta.  Es una bobada, lo sé, pero imaginarme los pasos que tengo que dar para hacer una comida me ayuda a identificar todos los ingredientes, a la vez que me voy haciendo una composición de qué cocinar primero en qué tiempo. Aun a esta escala tan limitada sigue siendo un ejercicio mental muy bueno.

¿A qué viene todo esto? Lo que a mí me parecía una técnica tan peculiar y compleja ya la usaba Nikola Tesla en las últimas décadas del siglo XIX para imaginar sus inventos. No sus inventos, sino el funcionamiento de sus inventos. O sea, el tipo ponía a funcionar todo, y por todo quiero decir máquinas con decenas o cientos de partes móviles, dentro de su cabeza antes siquiera de armar los planos. Para cuando fabricaba el prototipo, ya era casi el modelo final. Tesla solucionaba todos los problemas tempranos de diseño antes de poner un solo tornillo. ¿Qué tan genial es eso? De solo pensar en la capacidad necesaria para hacerlo se me vuela la peluca.

Hay un documental en Netflix sobre él llamado, muy astutamente: Tesla.

Redenciones esquivas.

Una serie y una película.

⇒ Vi la serie Cobra Kai, la continuación hecha por YouTube Red de la primera Karate Kid. Sí, la de Pat Morita con su lustrar y pulir. Los protagonistas son los mismos, 30 años después, en unos papeles que por momentos son gigantes. Los primeros dos capítulos están disponibles gratis en YouTube.

Es una serie preciosa en su concepción, fantásticamente realizada, con un desarrollo no por previsible menos interesante. Los estudiantes se metamorfosean y van definiendo sus caminos marciales. El final de temporada es angustiante, con apenas dulzura y mucho de amargo. Casi no hay redención. Eso es quizá lo más horrible. Prisioneros de sus decisiones, incluso de las que saben equivocadas, les es difícil dejarlas atrás, enmendarlas, dar un golpe de timón que los aparte del curso de colisión. Así que siguen, de dientes apretados, a veces sin siquiera saber qué pueden hacer para evitarlo. Es difícil escapar de lo que uno mismo construye.

Como leí hace mucho, mucho tiempo: las armas no tienen dueño, todas responden a la mano que las maneja.

⇒ La película es la alemana La Vida de los Otros (Das Leben der Anderen). Ambientada en la República Democrática Alemana de la guerra fría, nos mete en un mundo de miedo. Donde el Estado puede espiar a cualquiera, a todos, y lo hace. Son amos de la vida y la muerte, el bienestar y la miseria de sus ciudadanos. Los ideales chocan con los intereses. Es sencillo, desde el poder, tumbar a alguien que resulta molesto. Ni siquiera debe ser especialmente riesgoso para la Seguridad del Estado, si no tan solo porque tiene algo que quiere el poderoso o está con alguien a quien el poderoso desea.

Así nos asomamos a la vida del capitán Wiesler, encargado de buscar algo que comprometa a Georg, un dramaturgo fiel al regimen, pero en pareja con Christa-Maria a quien codicia un ministro.

La película es fascinante. También con metamorfosis excelentes. Aterradora en su ambientación. Edificante, trágica, esperanzadora. Es como viajar en un carrusel de emociones. Aquí también se mezcla lo dulce con lo amargo.

Pero a diferencia de la serie, la redención es como un bálsamo.

Animación: Batman Ninja. O cómo hacer algo más horrible que el Batman de Clooney en 1997 dirigida por Schumacher

Cuando mirás una entrega de Batman tenés que suspender muchos criterios y circuitos mentales. Suspender la incredulidad es solo el principio, sobre todo cuando hablamos de una animación. Y lo hacés de buena gana porque, bueno, es Batman.

Todo tiene un límite, sin embargo.

Batman Ninja parte de una premisa extraña y agarrada de los pelos, pero finalmente necesaria: al fin y al cabo de alguna forma hay que poner en marcha la historia.

Tiene 5 minutos, luego de esa premisa inicial extraña y endeble, que coinciden muy mucho con lo más emocionante que se ve en el trailer y en los que se puede albergar alguna esperanza y luego falla catastróficamente.

Deviene rápidamente en un delirio insufrible de tal magnitud que, por decirlo amablemente, los más locos e improbables momentos de Naruto Shippūden son una oda al sentido común, la plausibilidad y la coherencia.

El rejunte de héroes y villanos que vemos en Batman Ninja es tan ridícula en su concepción, ejecución e interacción que no puede ser descrita racionalmente. Más que una animación parece un atentado terrorista.

Al final terminamos con una especie de Voltron ridículo sin pies ni cabeza. O sea, sí tiene pies y cabeza o no podría compararlo con Voltron, pero es horrible, innecesario e inconcebible. O sea, sí fue concebido por alguien, pero ese alguien debería estar internado por hacerlo.

Ese Batman hecho de monos y murciélagos es inefable de la peor manera posible. Un guiño ridículo en el mejor de los casos, y una plagio descarado en el peor, a la combinación poderosa y legendaria de Kurama y Susanoo en Naruto.

Qué decepción, DC. Todavía estoy tratando de entender qué historia quisiste contar y por qué te esforzaste tanto en contarla de la peor manera posible.

Luego de mirar esta cagada me siento viejo y vencido.

Anónima: Desaparecer y ser olvidada

Las circunstancias y premisas de la nueva película de Netflix, Anon, son extremadamentes interesantes.

El mundo se ha rendido a la Realidad Aumentada: qué música suena en un auto que pasa, cómo se llaman las plantas que hay en los canteros, la procedencia de la vajilla en una filmación, la publiciad callejera, nombres de monumentos y edificios. Todo es inventariado. Todo es evaluado.

Las personas también.

Vemos una sociedad hiperconectada en donde la privacidad prácticamente no existe. Basta mirar a alguien para saber cómo se llama, cuántos años tiene y, cabe suponer, otra información relevante. Lo que ven los ojos se registra y puede ser recuperado al instante, reevaluado, transferido, juzgado. ¿Tu pareja no cree en lo que le decís que hiciste el fin de semana anterior? Te pide tus registros de esas horas. ¿Hay un asesinato? La policía puede entrar al Éter y recuperar los últimos minutos de la víctima, ver por sus ojos, y quizá descubrir quién lo asesinó. Pueden reconstruir tu rutina. Saber qué comiste hace dos días. Qué ocultás.

Es una especie de Gran Hermano que quizá no lo controla todo, pero potencialmente podría vigilarlo todo. El sueño de la Stasi en La Vida de los Otros: saber todo de todo el mundo.

Salvo que hay personas, hackers, desconectadas del sistema. No. No desconectadas, invisibles, anónimas. Un error. Una no-estadística. Los hackers pueden borrar los registros incómodos, suyos y ajenos. La falsificación de una pintura, una infidelidad, una transacción opaca. Las mejores mentes dentro de ese mundillo pueden no solo borrar tus registros, sino también los registros de vos que quedan en las otras personas involucradas.

La anulación de la privacidad alcanza niveles totales, hasta el punto de poder borrar tus registros, alterarlos o incluso crear nuevos.

Los hackers son los descastados del sistema. Quienes no quieren figurar o se niegan a mostrarle nada a nadie. No porque tengan cosas que ocultar, sino porque no soportan la obligación de tener que mostrar, de onda.

A PARTIR DE ESTE PUNTO HABITAN ESPOILERS.

Así llegamos a nuestra trama. Clive Owen se cruza con Amanda Seyfried y en lugar de su nombre ve un pequeño rótulo parpadeante sobre su cabeza: UNKNOWN – ERROR. El bueno de Sal (el personaje de Owen) la mira con extrañeza pero sigue su camino. Su camino, claro está, lo conduce a una comisaría ya que Sal es un detective. Allí lo espera un nuevo caso: alguien está matando gente. Solo que en los registros de las víctimas aparece que se matan a sí mismas. El asesino es, sí, adivinaste, un misterio, anónimo. Y ahí, cuando el bueno de Sal une los puntos, en ese punto ubicado aproximadamente en el minuto 15, es cuando la peli se empieza a ir a la mierda. Hasta el minuto 35 en que se va completamente a la mierda. Al carajo. Ya está. Es un bolazo. ¿Por qué? Porque el bueno de Sal logra, sin mucho esfuerzo (hey, 20 minutos de película no son tantos esfuerzos) reunirse con la principal sospechosa. Están en el mismo cuarto. En una apartamento con una sola entrada. En un piso desde cuyo balcón no resultaría para nada saludable saltar. Pero no la atrapan. No la agarran. No la aprehenden. No la arrestan. No.

La dejan ir porque… porque… blah. Si no la dejan ir se acaba la película. Así que tenés una hora extra de historia forzada y ridícula, con una preciosa escena de sexo y un vistazo a las preciosas tetas de la muchachita, eso sí.

Pero no da. No da ni un poco. Es tu sospechosa, no tenés lazos previos con ella, todo el puto Departamento de Policía te apoya (crearon una tapadera a base de meses de registros falsos, por si ella revisaba). La tenés en un lugar desde el que es literalmente imposible escapar salvo que sepas volar. Es llevar 4 milicos y ya está. Pero. Ladejan. Ir.

Al dejarla ir pueden desarrollar todo el resto de la historia de mierda que contaron, que tampoco es ninguna maravilla. Porque ya estás sabiendo que la muchachita no es la mala en esta historia. Mi novia, mi adorada María Luisa, que detesta cordialmente la ciencia ficción  y que casualmente paró a mirarla 3 minutos, con dos minutos de explicaciones y viendo dos escenas dedujo y redujo quién era el malo de verdad a una de dos personas. No lo adivinó antes, pero sí mejor que yo. Y no lo adivinó antes porque no había visto la película desde el principio, seguro.

El título de la entrada es lo que debería pasarle a esta película.

Andá bien a cagar.

 

Star Wars: The Last Jedi

Finalmente miré el Episodio VIII.

Debo confesar que se me hizo un nudo en la panza cuando vi a Leia. Y ahora mismo, mientras escribo, se me debe haber metido una basurita en el ojo que es lo que me hace lagrimear; nada que ver con Carrie Fisher. Por otro lado, verlo a Luke con esa estampa tipo Hemingway fue muy bueno. El conflicto de Kylo Ren y la fortaleza y fiereza de Rey también están bien representados.

La película, la historia en sí, parece el Uróboros, mordiéndose siempre la cola. Si en la primera fue “Ayúdame Obi Wan, eres nuestra única esperanza”, ahora es el turno de Luke. Donde antes estaba Solo, el personaje gigante de Ford, ahora encontramos una especie de escisión en Poe y Finn. Yo qué sé… no sentí la magia. Creo que la magia de la primera trilogía es inimitable e inalcanzable, pero en esta entrega en general no se me movió un pelo. Quizá es que se trazan tantos paralelismos que la escencia de la historia se desdibuja un poco.

Me encanta Laura Dern y no me convenció mucho su interpretación, pero el momento en que su Holdo se pone las botas es magnífico. Eso solo vale por toda la película. A decir verdad, siempre me intrigó la pregunta de qué pasaría de darse esa situación, sobre todo por estar acostumbrado a los libros de Asimov, en donde las reglas son muy claras en ese sentido. Creo que es de lo más alto que tiene la peli.

El personaje de Benicio del Toro, esa especie de nuevo Lando, me pareció totalmente prescindible. Es decir, no el personaje, Benicio. Está más para cartel que otra cosa. Cualquier actor de segunda línea podría haber remado ese arco, corto, choto y menos creíble que un 77 en hora.

Probablemente esa sea una de las fallas que veo: a muchos personajes no les creo nada. Muchas situaciones no son creíbles, verosímiles, emocionalmente hablando. A Snoke no le creo (ridículo como suena, me hacer acordar al Noob Noob de Rick & Morty: no lo puedo tomar en serio y me quedé esperando que gritara “God’daaamn!”. Sí, lo sé, estoy enfermo). A Kylo no le creo en sus ambiciones, pero debe ser porque no puedo disociarlo de su trabajo en Paterson, que me condiciona. A DJ no le creo, pero ni un poco. A Holdo no le creo. A Hux, malo acartonado, no le creo nada. Esa pelea con los guardias rojos es un chijete. Las intervenciones “técnicas” de DJ son un bolazo remachado. A los personajes secundarios con “fecha de vencimiento” no les creo.

En la primera trilogía uno CREÍA en el plan, en la esperanza, incluso en la Fuerza, pero también en la desesperación, en la inevitabilidad, en el sacrificio, en el secundario que va bien y en un momento se le viene la noche y el tipo reacciona a la altura del conflicto. Y vos vas y le creés. Pero acá no. ¿Taparse la cara mientras vas pilotando? ¡Me estás jodiendo, chabón! La Fuerza es más como un “Vaya con Dios” costumbrista a fuerza de manosearla tanto. Aparece, se despliega, pero no llena, no llega. Los personajes que dicen “que la Fuerza te acompañe”, no se la creen ni ellos; si hasta se turnan para desearse su compañía!

Se hace mucho énfasis en cortar con el pasado, matarlo, para que lo nuevo florezca… y eso tampoco lo creo ni un poco. Es decir, entiendo el mensaje, pero me da la impresión de que está entregado de forma imperfecta. Los sucesores no están a la altura del legado del que tienen que hacerse cargo.

En fin, está entretenida. Es una más que correcta entrega. Tiene momentos de guión muy buenos y momentos visuales extraordinarios, pero no puedo decir que me enloquezca. Que haya levantado más de 1300 millones de dólares en entradas es increíble y no sé si se deba a la calidad de la película o a las ganas de la gente de ver más Star Wars.