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Cambio de paradigma

Hace unos días falleció John Hurt, el gran actor inglés.

Aproveché la ocasión para volver a ver la película 1984 donde interpeta al protagonista Winston Smith, quien decide enfrentar al Gran Hermano.

No fue hasta bastante rato después que me di cuenta de que años mas tarde interpretaría al Gran Líder Adam Sutler, en V de Vendetta. Un papel totalmente opuesto, llevado adelante con la misma convicción.

Yo qué sé.  Me llamó la atención, nada más.

 

Pilar Sordo es mortal

Para vos, María Luisa.  Esta es la conferencia completa.  El fragmento que me pasaste está al final de todo.

El miedo, esa fuerza incontenible

Hoy se cumplen dos años de la muerte de José Luis Sampedro, el escritor y economista español.  Con él se fue un humanista gigante.

Dejo este video que no conocía y que una amiga compartió hace unos días. Gracias, Cristina!

Así hablaba Sampedro a sus 84 u 85 años, con una lucidez y una erudición con la que solo puedo soñar. Medido en sus dichos, pero contundente más allá de toda duda, buscando provocar con todo cariño.  Hay que provocar en el que escucha, dice Sampedro en su libro Escribir es vivir, que piense por su cuenta… para que salte por encima de mi y lo haga mejor todavía.

Dejo el enlace a este libro, considerado una autobiografía, que consiste en una recopilación de conferencias. Escribir es vivir nos deja ver un poco de la cabeza y el alma de este viejazo. Tan grande. Tan grande.

Realmente una pérdida difícil de suplir.

Síganme los buenos!

Terminé de leer el primero de los dos tomos de Caudillos, del profesor y periodista Lincoln Raúl Maiztegui Casas.  Es un libro escrito en un estilo sencillo y ameno, que da breves biografías de 20 de los personajes históricos más influyentes de nuestra Historia Nacional.

Me resultó francamente apasionante. El autor muestra lo bueno y lo malo, lo mezquino y lo heroico, valorando sin juzgar y muchas veces contextualizando las decisiones tomadas por estos caudillos, para darnos una dimensión de las presiones y realidades en que estaban inmersos.  Fuera gente de armas o intelectuales, propios o ajenos, resultaron hombres y mujeres clave, que dieron forma a nuestra pequeña nación y fueron seguidos por amplios sectores de la población.  Modelaron un país pequeño que supo desafiar, y vencer… o casi vencer a los ponchazos, a los grandes imperios y potencias de la época: España, Portugal, el leopardo inglés, y a los brasileros y los porteños también.  Y luego, casi desgarrado por luchas internas en varias guerras civiles.  Una historia breve en el tiempo, pero turbulenta y fascinante.

Me gusta mucho el estilo del profesor Maiztegui.  Sin ambagues, sin rebusques, directo y hasta con alguna ocasional puteada.  Creo que es un libro muy útil para entender y conocer a personajes muchas veces ignorados y a veces ni siquiera nombrados en las clases de Historia que recibimos siendo estudiantes.

Esas clases de Historia, recibidas en primaria y secundaria, nos dejan con huecos difíciles de llenar.  Están muy detalladas las circunstancias que llevaron a nuestra independencia, pero son muy parcas a la hora de contarnos lo que pasó después; las divisiones y guerras de divisas, por lo que ciertas batallas y sucesos que se nombran en el libro nos dejan incógnitas que dificultan ubicar a los caudillos nombrados.

Con todo y a pesar de las carencias en cuanto a conocimientos que se pueda tener, el libro es un documento fenomenal.

Espero conseguir el segundo tomo, y quizás también los cinco que componen la obra Orientales, que recorre toda nuestra historia, desde el principio de La Banda Oriental, hasta el primer triunfo de la izquierda en 2005.

El corazón de Monty Python

Lo bueno de interpretar a un muerto en una obra, es que no podés olvidarte de tus líneas.

Eric Idle en una conversación imperdible con Jhon Cleese.

A veces, cuando se activa un gen retorcido que viene por linea materna directa, me da por pensar que un día estos dos gigantes no van a estar más y me da mucha tristeza por el mundo, que va a quedar tan vacío y desamparado.

Todo llega…

Este es el primer libro impreso que he leído del cual conozco personalmente a la autora, así que voy a presumir un poco y a hablar brevemente de ella antes de pasar al libro. En parte por presumir, pero sobre todo porque los dos son fascinantes.

Conocí a Ana Luisa Valdés hace poco más de dos años y medio, de manera accidental y poco ortodoxa.  En realidad el primer contacto que tuve con ella fue cuando me cagó a pedos (a mí y a otras personas) mientras decíamos boludeces y nos divertíamos como niños en una lista de correos.  Algunos se enojaron mucho con eso… porque quién se piensa que es esta mina para llamarnos la atención de esta manera?  Pero bueno, tampoco era para tanto; a mí, que aprendí mi primera y torpe esgrima a principios de los 2000 en un par de grupos de noticias y que pronto también aprendería que esa esgrima (e inquina) no sirve de nada, me dejó indiferente.  Todo hubiera quedado en esa nada si no hubiera sido por Alice.  Finalmente fue gracias a mi María Luisa, a quién también conocí en esa lista, que entablamos un diálogo más normal con Ana Luisa, que devino en un acercamiento paulatino y en un relacionamiento fluido, cordial, y ampliamente positivo y constructivo.

Lo primero que me impactó cuando entré por primera vez en su casa, fueron los libros; cada pared disponible estaba cubierta de estanterías llenas de libros, de piso a techo y en tres capas de profunidad, más pilas y estantes aislados que cubrían cada centímetro disponible; en inglés, español, alemán, sueco, francés; de Historia a Arte (todas ellas), pasando por política y cocina y ficciones y Economía.  Su biblioteca de referencia es abrumadora.  Lo segundo fue su amplio conocimiento, quizás decir erudición sería apropiado, sobre casi cualquier tema que se te ocurra; no es pedante y no te lo refriega, pero es parte de ella y se trasluce y aflora en cualquier conversación, enriqueciéndola, expandiendo horizontes, relacionando aconteceres y personas que a primera vista parecen inconexos.  Lo tercero fue su cocina; habiendo vivido tantos años en Europa y habiendo viajado tanto por tantos países y culturas, su gusto y conocimiento de los sabores y la especias es maravilloso; eso sí, por favor no le ofrezcas guiso de lentejas, ni, por el MEV bendito, pirón; no importa lo delicioso que creas prepararlo, no lo hagas.

Es difícil describirla.  Anarquista. Tupamara. Presa de nuestra dictadura.  Exiliada. Antropóloga.  Políglota.  Humanista. Activista.  Escritora.  Conversadora prolífica. Fantástica compañera de mesa.  Expansiva.  Generosa.  Aguda crítica.

Sus vivencias, algunas de las cuales ha compartido con nosotros mano a mano, van de lo trivial a lo trágico; en sus viajes ha conocido a algunos personajes clave de nuestra historia moderna y ha participado en acontecimientos no menos importantes como protagonista.  Su forma de relatar, y siempre tiene un relato en su vasto bagaje, magnetiza y maravilla, mientras te lleva de las risas a un horror profundo que ninguna ficción puede igualar.  Sin embargo la sensación es rara, porque hace de su relato algo casi lúdico, en su diálogo suaviza sus tristezas y dolores y los hace casi amenos para quienes no los hemos vivido, dejándonos entrever los monstruos, pero sin echarnos a la misma jaula.  Incluso cuando relata los extremos de depravación a los que llegan los hombres y mujeres que sumen en el dolor a sus semejantes, busca hacerlo sin odios ni rencores, casi con distancia y hasta con una pizca de humor.

No sé. Me falta empatía y vivencias y experiencia para poder explicar esto cabalmente, y me apena no ser capaz de transmitirlo como se merece.

Ayer me topé con su último libro, llamado Su tiempo llegará, en una de las librerías de la terminal de Tres Cruces.  Casi había desistido de encontrar algo y estaba por irme cuando vi su nombre de refilón.

El libro es bellísimo.  Entre sus páginas se encuentra una Ana Luisa que cobra nuevas dimensiones.  Siempre humana, sin rencores pero crítica, tiene una profundidad que por momentos quita el aliento, que matiza con imágenes poderosas y muy, muy hermosas.

En Su tiempo llegará, Ana Luisa cuenta su vida, en parte, pero según sus propias palabras no es una autobiografía.  Es un testimonio, pero también ficción y memoria imperfecta, tanto personal como colectiva, que se ve enmarcada y engloba una época oscura y trágica de nuestra Historia; un baile atroz en donde no pudo evitar bailar con la más fea, pero que llevó con toda la gracia y rebeldía de que era capaz. También encontramos su mirada y voluntad puesta en esa otra tierra torturada y oprimida que es Palestina, cuya historia traza extraños paralelismos.

Para quienes no conozcan a Ana Luisa, o para quienes no la conocemos tanto, es imposible decir o decidir qué partes son ficción.  Sí intuimos, en cambio, que las partes que más nos gustarían que fueran inventadas, son dolorosamente reales.

Si tenés la oportunidad, no te pierdas este libro. No vas a arrepentirte. No es un libro sobre política.  Es inevitable encontrarla en un libro que habla de las vivencias de una activista y militante de izquierda, pero no hay proselitismo, no hay superioridad, ni pregón. Solo Humanidad.  Esa es la palabra que estás buscando.

Libro: Yo, Asimov

Me fascina que me regalen libros.

Madre me regaló mi primer libro: El Nuevo Testamento, que todavía conservo. Lo conservo en mi “altar particular”, que consiste en una pila de libros que cuenta, en orden ascendente, con el I Ching, El Corán, un libro de física de cuando Padre estaba haciendo el bachillerato, El Nuevo Testamento, El Arte de la Guerra y encima de esa pila, Zen en el Arte de Escribir, de Bradbury. Eso da un pantallazo de mi filosofía de vida y mis creencias: resumidamente, el mundo es el que es aunque las religiones tironeen de él; estas a su vez tienen un poco de magia por debajo y astuta estrategia por encima… y Bradbury los tapa a todos, porque todos sabemos que finalmente todo es mentira y todo es puro cuento, por lo que no habría que tomarse las cosas tan a la tremenda.

Hermana me ha regalado varios libros fantásticos, entre ellos uno de Poe y uno de Bradbury. Naxto me regaló uno de mis libros más queridos: El Viejo y El Mar, de Hemingway, en una edición destartalada que me encanta, sobre todo porque antes fue suyo. Martín no me regaló mi primer Benedetti, Pedro y el Capitán, pero casi, ya que lo compré en un puesto callejero a precio de regalo y al abrirlo vi su nombre. Magia!

Mi mejor mitad, entre otras cosas, me regaló mi primera edición bilingüe: Hojas de Hierba, de Whitman; un libro bellísimo por el que voy avanzando laboriosamente.

Amigos y amigas me han regalado algunos de mis libros más preciados, tanto físicamente (como Anahí, Ruth, Alice y Leo que me regalaron una antología de literatura fantástica), como mediante recomendaciones (como Marcelo, que me habló de Bolaño, el genial chileno; o Nat, que me presentó al fabuloso Voltaire; o Hermana, que puso en mis manos a Galeano hace muchos años).

Todos esos libros tienen su lugar destacado, están a la altura de los ojos en la biblioteca principal, salvo el de Whitman, que está junto a mi cama.

Pero algunos libros nos marcan más que otros. Era un adolescente cuando mi tía Chola me regaló El Sol Desnudo, mi primer libro de Isaac Asimov; un libro que aún conservo con amoroso recuerdo, ya que, en rústica y con las páginas amarillentas y la cubierta ajada, está fechado y firmado por ella… y además fue mi primer Asimov.

Mi tía Chola. Tía abuela. Qué mujer. La quería mucho a la tía, pero nunca fui capaz de cultivar los lazos; no es que me intimidara, a otros quizás sí, porque tenía fama de severa, pero siempre fue muy buena, amable y hasta tierna conmigo, aunque en el trato se traslucía una inflexibilidad que, aunque no me estaba destinada, me hacía mantener las distancias. Ahora ya es tarde, obvio, y para acortar las distancias necesitaría, digámoslo escuetamente, hacer un largo viaje de ida.

Por qué cuento esto? De vuelta?

Primero, porque hay algo muy curioso. O por lo menos a mí me vuela la cabeza en 1000 pedazos: Asimov nació en 1920… cuando mi tía tenía 5 años. El Sol Desnudo es de 1957, cuando Asimov no era el gigante conocido a nivel mundial que es ahora, a décadas de distancia de Internet y las comunicaciones instantáneas, de la globalización, y por supuesto, de las ediciones simultáneas en varios idiomas. ¿Entendés el contexto, las implicaciones? Mi tía me regaló una edición en español de 1980, de un libro de 1957, impresa en 1986, que ella había conseguido en 1987, en un Uruguay que recién salía de una época de oscurantismo, a la edad de 73 años. Mi tía leía a Asimov a los 73 años y no había manera de que supiera mis preferencias. Es una maravilla. Es mágico.

Pero por qué saco este tema?

Bueno, porque estoy leyendo un libro fantabuloso en el que Isaac Asimov habla de uno de sus temas preferidos: Isaac Asimov.

Este libro de memorias, como una autobiografía no del todo lineal, es bellísimo. Asomarse a su cabeza, su sentir y su vida, es grandioso. Qué tipazo! Y qué cabeza! Oh, MEV! Asimov tenía una mezcla soberbia de agudeza, sensibilidad (pero no sensiblería), humor, sencillez, inocencia y, creo yo, una honestidad intelectual impresionante… además Asimov no se muerde la lengua y no le importa mucho ni poco ser políticamente correcto, lo que es francamente refrescante, aunque a veces puedan chocarnos sus opiniones.  Ah, y además poseía lo que yo llamo una humilde arrogancia, o una falta total de falsa modestia.  El tipo es uno de los autores más prolíficos de la historia, si no el más; versado hasta casi la erudición en una cantidad impresionante de temáticas; con un estilo sencillo, nada rebuscado y coloquial que hace que cada lectura se parezca a una charla entre viejos amigos; así que si el tipo te dice: soy el mejor, tenés que darle la razón.  Salvo que seas medio lelo, es imposible no gustar de sus escritos… alguno de ellos al menos.

Un humanista casi del calibre de Carl Sagan y, al igual que este, debería ser de lectura y estudio obligatorio en todas las etapas de la educación, ya que el tipo tiene cerca de 500 libros publicados de muy variadas temáticas, para todas las edades posibles.  Habla sobre la vida, la muerte, la religión, el racismo, los hijos, y por supuesto también sobre sus libros, la pasión, la escritura (que en su caso es indisoluble de la pasión), la ciencia, la ficción, los amigos, el indignarse frente a las estupideces, los imponentes personajes con los que trabajó y trabó amistad, y un largo etcétera.

No voy a transcribir ninguna cita ahora… porque ya tengo un montón preparadas para ir publicando más tarde. Al ser un autor tan prolífico y abarcativo, de la ciencia ficcion a comentarios sobre Shakespeare, pasando por sus libros de ciencia, historia y hasta sobre la Biblia, tiene algo que decir sobre cada tema que nos pueda rondar por la cabeza (menos sobre medicina). Algo interesante y casi siempre eminentemente positivo.

42 le da un re-contra 8.