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Fábulas en verso

Conseguí un pequeño libro de la escritora (entre otro cúmulo de facetas) española Concepción Arenal.  Son fábulas. En verso. Hay construcciones excelentes, con una musicaliad preciosa.

Si usted está en contacto con niños pequeños, no debe, ni puede, perderse la experiencia de compartir esta lectura con ellos.

El libro es de 1851, lo que quizá explique la curiosa ortografía; es todo un desafío, para los talibanes ortográficos, hacer caso omiso.

FABULA III

EL OSO Y EL LOBO.

En la cristalina fuente
Que tan pura el agua lleva
En su rápida corriente
Y se llama rio Deva
Cuando llega al mar potente.
Y de Julio caluroso
Como á las doce del dia,
Llegó á beber presuroso
De un lobo en la compañía
Grande y corpulento un oso.
El aura suave y pura,
Y la pradera florida,
Y la fuente que murmura,
Todo á descansar convida
Y paz ofrece y ventura.
Sentáronse á descansar
El lobo y el oso juntos
No viendo á nadie llegar,
Y después de otros asuntos
Pónense de este á tratar.
Ya me acerco á la vejez,
Dijo el lobo, y por mas traza
Que en ello pongo ¡pardiez!
Cada dia hay menos caza
Y mas hambre cada vez.
Pasan del Abril las flores,
Pasan las nieves de Enero
Sin que en estos alredores
Logre atrapar un cordero
A los malditos pastores.
—Te está muy bien empleado,
Respondióle grave el oso,
¿Por qué del hambre acosado
No has de tragar, melindroso,
De yerba un solo bocado?
¿Por qué no comes manzanas
Ni peras ni moscatel,
Que de nombrarle entro en ganas,
Ni maiz, ni rica miel,
Ni cerezas, ni avellanas?
¿Tiene de razón asomo
Tu carnicera manía?
Come de todo, cual como,
Que si no, por vida mia,
Flaco has de tener el lomo.
Si acaso de hambre te mueres
De mi cariño leal
Ni el menor auxilio esperes;
No es lo que te pasa un mal
Si no porque tu lo quieres.
Mas el lobo replicó:
—Si comer frutas no puedo. —
—Pues qué, no las como yo?
No auxiliaré, no ha va miedo
Al que la razón no oyó.
Así hallamos en la vida
Moralistas como el oso
Que intentan, cosa es sabida,
Con aire magestuoso
Cortarnos á su medida.
Poco es que la humanidad
Contra sus dogmas arguya,
No hay otra felicidad
Ni otra razón que la suya,
Ni tampoco otra verdad.
Sí de un pecho dolorido
No comprenden la amargura
Esclaman: ¡dolor fingido!
Y es necedad ó locura
La pasión que no han sentido.
Por no sé que facultad
Del mundo se juzgan dueños,
Y su grave necedad
Creced; dice á los pequeños,
Y á los grandes, acortad.
Años hace que le oí
Decir como regla á un viejo
Y la guardé para mi,
«Que el sabio al dar un consejo
»Se acuerda poco de sí.»

 

Escritores de fantasía… ¿qué saben ellos?

El dinero está detrás de todas las guerras —continuó Au-nak—. La religión no es más que una excusa. O tal vez una justificación.

—¿Hay alguna diferencia? —preguntó el fervoroso, obviamente ofendido por el tono de Au-nak.

—Por supuesto. Una excusa es lo que haces una vez cometida la acción, mientras que una justificación es lo que ofreces antes.

Brandon Sanderson – El Camino de los Reyes

 

Mario Levrero: Caza de Conejos

Es un libro extraño que demoré en decidirme a leer.  No sé por qué demoré, ya que es de Levrero. Y Levrero no falla.

Caza de Conejos está formado por relatos breves y brevísimos (desde no más de un par de páginas hasta una sola frase), y es un exponente maravilloso de lo que era capaz de hacer Mario con una idea.

Los conejos son víctimas y ejecutores. Presas y cazadores. Mansos y carniceros. A veces parecen salidos de la cabeza de Dalí, otras de la película Brazil. Las personas, por su parte, son extrañas, lejanas, incongruentes, idiotas, alucinadas, ancladas a la tierra o delirantes estratosféricas. El más normal es Evaristo el plomero, e incluso él caza conejos.  Con su soplete.

Levrero hace gala de su habilidad para transportarnos, emocionarnos, conmocionarnos, divertirnos, inquietarnos y hasta aterrorizarnos.  Oh, sí, los conejos pueden ser aterradores, sobre todo cuando se mezclan con los tigres.

Hace magia para transformar ambientes opresivos en un chiste, y un chiste en algo que deja una mueca crispada, mientras lo cotidiano se torna en un paisaje onírico cargado de imágenes perturbadoras.

A los conejos se los caza, se los casa, se los estudia, se los come, se los tortura de variadas formas y se los teme.  Y claro, los conejos a su vez tienen toda oportunidad de revancha. Probablemente mediten en sus venganzas mientras escuchan alguna obra de Schubert, su compositor preferido.

LV

Los cachorros de tigre que han perdido prematuramente a la madre son por lo general recogidos por conejas que han perdido a sus crías; de la simbiosis que se establece con el tiempo resultan esos ejemplares de conejas feroces y carniceras, y de tigres temerosos, saltarines y más bien amariconados.

L

La mayor dificultad que se presenta, aun para el cazador más avezado, es poder distinguir a primera vista la diferencia entre un conejo y una gallina. [extracto]

LXXIV

—Dígame una cosa, don —me dijo un conejo con gravedad, apoyando una pata sobre mi hombro—. ¿Por qué no se deja de joder con los conejos y escribe otra cosa?

LXXXVIII

—Lo nuestro es imposible —me dijo Laura—. Soy dueña de un castillo, estoy rodeada de joyas y sirvientes, mis dominios se extienden hasta donde puede alcanzar la vista, y más aún. Tú, en cambio, no eres más que un sucio y pobre conejo de los bosques.

XII

Los cazadores gustan de adornarse, y a menudo el colorido de estos adornos es su perdición: es fácil distinguirlos entre el follaje y tomarlos por sorpresa.

XVIII

“Creo haber atrapado un conejo”, dije, acariciando la suave vellosidad de Laura, que es tan joven. Ella ríe con una carcajada fresca y huye; yo recomienzo pacientemente la búsqueda.

LX

Poniendo un conejo contra el oído, se oye el ruido del mar.

 

¡Salud, Sokon!  Siempre me pregunto qué será de usted y sus raros conejos.

¿Avanzar hacia dónde?

Mientras que la civilización ha ido mejorando nuestro habitat, no ha hecho igual con los hombres que han de poblarlo

Henry Thoreau – Walden

Gente de maíz. Gente de petróleo.

Conocí el nombre de Michael Pollan gracias a una excelente serie documental de Netflix llamada Cooked.  Pollan es un escritor estadounidense (y activista y periodista y profesor) que ha publicado algunos libros sobre la comida (en uno de los cuales se basa la serie).  Cómo la conseguimos, cómo la combinamos con otros elementos, cómo la cocinamos y cómo la comemos. Es realmente fascinante.

Hace unos días, María Luisa cayó en casa con uno de sus libros de regalo. Se llama El Dilema del Omnívoro y por un momento temí que se arrepintiera, porque estaba tan entusiasmada con la lectura que pensé que iba a llevárselo a su casa sin dejarme tan siquiera abrirlo.

El libro se construye sobre la pregunta, engañosamente simple, de “¿qué vamos a comer hoy?” y se divide en tres secciones bien diferenciadas: producción industrial de comida, producción ecológica de comida, y el proyecto del autor de preparar una comida de la que él con sus propias manos ha conseguido todos los ingredientes. En este último capítulo arma una intensa discusión consigo mismo, explorando la muerte de los animales para consumo y los dilemas sociales, filosóficos y morales de los omnívoros (carnívoros) y los vegetarianos.

Estoy promediando la primera parte, que trata sobre la producción de alimentos a nivel industrial en EE.UU., país por excelencia en estas cuestiones.  Al igual que me pasó con Historia de los bombardeos, me siento por  igual aterrado y asqueado.

El maíz es un producto de la humanidad.  Librado a sus propios medios no podría sobrevivir, ya que perdió su capacidad de reproducirse a sí mismo cuando nosotros lo domesticamos.  El maíz es uno de los cereales de mayor rendimiento por lejos.  Un grano de maíz puede dar otros 150 a 200 granos, frente al trigo, por ejemplo, que por cada grano produce unos 30 o 40.  A su vez, nosotros somos un producto del maíz. Medramos gracias a él y dependemos de él, sobre todo los yankis y gran parte del mundo industrializado.  Más que del trigo, aunque es este cereal el que suele estar en el imaginario colectivo. El maíz depende del petróleo.  El maíz ES petróleo. Y no imaginarías todo lo que de él depende.

Pollan nos lleva de la mano por un camino plagado de horrores.  Nos cuenta cómo EEUU y gran parte del mundo, pasó de una agricultura sustentable, basada en rotaciones de cultivos, al monocultivo intensivo de unas pocas especies vegetales: básicamente maíz y soja, o incluso solo maíz. Nos cuenta de cómo un chabón llamado Fritz Haber, en 1909 descubre una manera revolucionaria de producir amoníaco (cuya base es el nitrógeno) y con él, nitrato de amonio. Nos cuenta de cómo los excedentes del nitrato de amonio usado para hacer explosivos al final de la Segunda Guerra Mundial sentaron las bases de la gigantesca industria de los fertilizantes químicos.  De cómo esos fertilizantes químicos por un lado desintegraron la agricultura sustentable, ya que el maíz de las granjas estaba asociado con otros cultivos, que nutrían la tierra y alimentaban al ganado, cuyos desechos orgánicos luego alimentaban una vez más, al cultivo. Los fertilizantes químicos permitieron que los agricultores pudieran sembrar enormes superficies de maíz, en densidades pocos años antes imposibles de imaginar, y se desconectaran totalmente de las rotaciones y la dependencia a la fertilización natural.  Claro que el proceso de obtención de los fertilizantes químicos consume cantidades gigantescas de energía, es decir, petróleo, sus derivados y gas.  Es decir que el maíz se sustenta en combustibles fósiles, en lugar de hacerlo en el sol, renovable y gratuito, pero lento.  Y como la producción de maíz se disparó, entonces el precio del maíz se fue a pique, lo que motivó la intervención del Tío Sam, que antes hacía préstamos, pero que luego pasó directamente a subsidiar a los granjeros.  Así que si lo que producían no valía nada, el gobierno los cubría, por lo que siguieron produciendo, y siguen, cada vez más, creando unos excedentes cada vez mayores y disparatados, con precios cada vez más ridículos, lo que los lleva a plantar más superficie para llegar con los números.  Sumado a esto, tenemos el hecho cierto de que prácticamente todos los productores fertilizan en demasía.  Ese fertilizante que no aprovechan las plantas es arrastrado por las lluvias hasta los ríos, alterando las condiciones ambientales, o encuentran su camino hasta las capas freáticas, donde está el agua que tomamos.  Es una espiral descendente, ya lo dije, aterradora.

El ganado se alimentaba de pasturas, pero las pasturas se cambiaron por maíz, así que el ganado se fue de las granjas.  Se fue a feedlots, corrales de engorde, en donde son alimentados con… maíz.  Hay que hacer algo con todo ese maíz, ¿no? El problema es que el ganado está diseñado para comer hierba, no maíz, así que al comer maíz, enferma, por lo que hay que darle antibióticos, y sumplementos proteínicos, y hormonas…

El ganado sigue teniendo desechos, pero como ya no está en las granjas, nadie necesita el estiércol, por lo que se acumula.  Y de todos modos no podría ser utilizado como fertilizante, porque está contaminado con hormonas y antibióticos y un montón de bacterias que cuando el ganado comía pasto no eran problema, pero que ahora sí lo son, razón por la que le dan antibióticos.  Así que el ganado come maíz, que es petróleo.  Así que la carne también es petróleo… junto con otro montón gigante de mierdas, entre la que están los restos de antibióticos, que también pasan a nosotros y son un riesgo potencial para la salud humana a largo plazo, ya que bajas dosis de antibióticos, crean resistencia bacteriana.

Y el maíz, además de alimentar al gando va al resto de la industria alimentaria: harina de maíz, claro, pero también las hojuelas del desayuno, el almidón de maíz, el jarabe de maíz de alta fructosa, la maltodextrosa, la goma xantana, los espesantes de alimentos, varios ácidos orgánicos, el aceite, los alcoholes que sirven tanto para elaborar bebidas, como para manufacturar combustibles que hacer funcionar vehículos, adhitivos varios y hasta plástico.  Porque descubrieron que si al maíz lo tenés unos días en ácido y luego lo molés, podés sacar el germen para aceite, la cáscara para suplementos vitamínicos y colorantes, y el gigantesco endospermo, puro almidón, para usarlo en un montón ENORME de otras cosas.  Ese almidón, formado por largas cadenas complejas de carbohidratos, luego de algunos procesos específicos, se puede romper en decenas y DECENAS, de otros compuestos. Muchos de esos compuestos, incluso mezclados entre sí, forman parte de mucha de la comida procesada.  Cuanto más procesada, más subproductos del maíz tendrá y menos reconocibles como tales serán.  Además, para lograr esos subproductos también son necesarias cantidades gigantescas de energía.  Por cada caloría de alimento que se produce, se necesitan unas 19 de energía.  Habitualmente esa energía también es petróleo.

Es un espanto, pero también es fascinante.  La pluma de Pollan es brillante.  Hila ideas, concatena procesos, desmenuza causas y efectos en una lectura que es tanto atrapante como un manifiesto a nuestra locura como especie, ya que al hacernos dependientes de un solo cultivo (maíz o soja es indistinto a estas alturas), que a su vez depende de combustibles fósiles, estamos abocados a un aterrizaje estrepitoso.  Liquidamos la diversidad, los ciclos naturales, el equilibrio ecológico, nuestra salud y sustentamos la potencial sobrevivencia de nuestra especie a un recurso escaso que, irónicamente, no es sustentable.  Porque esa sobre o super abundancia de alimentos, o materias primas, permitió que la población mundial explotara.  ¿Qué pasará cuando los combustibles fósiles que son las bases sobre las que asienta la producción mundial de alimentos, se agote? Una locura que fue propiciada por políticas públicas para favorecer a un puñado, un mero puñado, de corporaciones cuyo único interés es mantener y aumentar continuamente sus dividendos inmediatos.  Incluso si con eso nos vamos todos al carajo, ellos incluidos.

Somos unos imbéciles.  Y el mayor problema que tenemos, además de nuestra atronadora deficiencia mental como especie, es que somos un montón de personas en el mundo.  No me canso de repetirlo.  Nuestro “éxito” como especie es nuestra mayor debilidad.  La naturaleza tiene mecanismos para controlar la población de las especies que habitan en el planeta.  Si alguna se dispara, el método de control más efectivo es cuando la fuente de alimento que sustenta a esa especie se agota, o baja a límites mínimos. La población descontrolada se desploma y todo vuelve a encarrilarse… más o menos.  Pero nosotros no tenemos esa limitante, hasta ahora.  Los fertilizantes químicos han propiciado una producción casi ilimitada de alimentos, lo que ha permitido una explosión demográfica inaudita e imposible en condiciones normales.

Somos como un virus letal que en su paroxismo reproductivo mata al huésped en el que vive.

Descolgadas

Cinesito1: Paterson. Una recomendada. Un conductor de bus, poeta, en pareja con una pequeña demente (en el buen sentido 42sesco). Lindo color y foto.  Pequeños detalles, pequeños ruiditos, algunos planos casi oníricos. No pasa nada y pasa de todo.  Preciosa. Solo una pregunta: de ponerla ni hablamos, ¿no?

Cinesito2: Kung Fury. Es un poco más que un corto y un poco menos que un largo.  Treinta minutos de puro delirio. Artes marciales (por decirles de alguna manera), viajes en el tiempo, dinosaurios, Hitler y el Miami de los 80.  Tiene un guión tan básico que es digno de una película porno… quizá más básico todavía. Tributo al cine ochentero y a sacarse las ganas de hacer una peli, demente, quijotesca, ridícula, barroca, grotesca, tan fea y fuera de la realidad que no podés dejar de mirar. Podría, eso sí, servir de patrón medida para las pelis de acción por venir. Nada de gastarse con una historia. No.  Saltamos derecho a las escenas de acción, muerte, sangre y destrucción, y le encajamos el final sobre el pucho. Para pensarlo.

Cinesito3: Bernie. Con Jack Black, basada en una historia real. Un técnico mortuorio, religioso, con una voz melodiosa y de modales delicados llega a un pueblito y lo revitaliza. Prepara los muertos que llegan a la funeraria, pero también se encarga del servicio y de confortar a los deudos. Entra en el coro de la iglesia. Se involucra con la comunidad, que lo abraza. Traba amistad con una señora acaudalada, un personaje posesivo y mezquino que busca acapararlo. La señora es interpretada por Shirley MacLaine.  La peli está bien. Sobre todo la primera mitad, pero en un momento dado muy particular, el ritmo cambia y baja.  Es rara. El personaje construido por Black es genial. Creo que eso la salva.

Seriesita1: ¡Volvió Samurai Jack! La quinta temporada, 50 años más tarde, lo encuentra en un punto muerto en su lucha contra Aku. Es más oscura. Mucho más oscura. Perdió su espada. El tiempo pasa, pero él no envejece. No tiene esperanza. Y, por primera vez, lo hacen sangrar. Está muy bien.

Seriesita2: Legion. Es una serie extravagante. Cuando empecé a escuchar su nombre pensé en el personaje de Sanderson, el esquizofrénico que posee las habilidades de sus diversas personalidades; muy interesante, en realidad.  Pero no.  No tiene nada que ver con esta construcción.  Es una adaptación de un comic de Marvel, en el que el chabón también parece esquizofrénico, pero en realidad es un mutante. Está muy bien hecha, pero es psicodélicamente loca.

Seriesitasvarias: Taboo, Billions, This is us, The 100, Into the Badlands, van bien o han terminado sus temporadas.

Lecturitas: La lectura se resiente. Quizá después de la maratón del año pasado, necesitaba limpiar las ideas.  Voy retomando.  De momento lo más relevante ha sido el descubrimiento de Thoreau y la última edición de American Gods, de Gaiman. De paso, también estoy esperando la serie basada en este último libro.

Límites…itos: Esperando por la temporada siete de Juego de Tronos. Estoy llegando a un punto… no.  Ya llegué.  Pongo los capítulos 8, 9 y 10 de la sexta temporada y me pongo a hacer otra cosa.  Los uso como quien escucha la radio y solo lo miro en lugares puntuales. Extraño la continuación de los libros, esa es la verdad.

Cocinerito1: Me estoy largando a hacer bizcochuelos (el bizcocho de los españoles), con la receta de mi mamá, que no lleva aceite. Estoy en problemas. El tipo se resiste. Crece y crece y se dora… y cuando lo saco del horno, a pesar de que el palito sale seco cuando lo pincho, el muy hijo de huevo se desinfla.  Se desinfla y no hay más que hablar. Sigue quedando tierno y con buen sabor, pero se comprime a dos terceras partes de su altura máxima. Una cagada. Ya lo voy a agarrar.

Cocinerito2: Cerní la harina, ¿estamos? Cernila.  Si la receta te dice “Cerní la harina”, vos agarrás, la metés en un colador finito, y la cernís. Me importa un carajo que pienses que no es necesario. La cernís. Es un embole encontrar las pelotas de harina al cortar el bizcochuelo terminado.

Cocinerito3: Ya de paso, si la receta te dice que enmanteques el puto molde y lo enharines antes de volcar la mezcla, lo enmantecás y lo enharinás, rápido y de buen modo. Me importa un carajo que pienses que siendo antiadherente se va a desmoldar igual. Vos enmantecás y enharinás y no discutas más.  Es más, si podés cortá un disco de papel manteca, enmantecás y enharinás el papel con el que vas a forrar el fondo del molde y volcás la mezcla sobre él. Ta, no digas que no te lo advertí.

Cocinerito 4: Gran invento las pasas de arándanos remojadas en cognac. Sirven tanto para rellenar junto con almendras y dulce de leche el bizcochuelo, como para mezclar con maíz dulce y pasas rubias y tomates en una buena ensalada con trigo burgol.

Cocinerito 5: El cognac podés usarlo para mojar el bizcochuelo y emborracharlo, para flambear la carne de cerdo con la que vas a acompañar la ensalda de trigo burgol, para agregarle al café, o te lo podés tomar, como un hombrecito o una mujercita. Por Gordjaz, ¡no se te ocurra tirarlo!

Suficiente por ahora

Pregunta y respuesta

Unos meses atrás conseguí un par de libros de Henry Thoreau, el escritor y filósofo yanki del siglo XIX, pero solo había ojeado el Walden en relación a otra lectura.

Así que bien, ayer, gracias a una disposición particularmente buena, empecé a leer con calma un pequeño libro de ensayos llamado Desobediencia Civil y otros escritos, que resumen de forma clara y meridiana su pensamiento. A las pocas páginas no pude evitar preguntarme cómo podía ser que algo tan fantástico no estuviera contemplado en ninguno de los planes de estudio de educación secundaria… bah, si por mí fuera debería empezar a leerse desde jardinera, pero pongámosle secundaria.

A mí me llevó casi 40 años tan solo para llegar a escuchar su nombre, y otro montón de lecturas más para averiguar un poco de qué hablaba el chabón, antes de decidirme a leerlo. ¡Tanto tiempo perdido! Un desperdicio de años y letras.

Y luego, media página después, tuve la respuesta a mi propia pregunta. A ningún sistema educativo le interesa que los jóvenes alumnos lean a Thoreau demasiado pronto. A ningún sistema político o económico le interesa que a los jóvenes en su primera formación, maleables y con la cabeza como una esponja para nuevos conceptos, les lleguen esas ideas.  Ideas sobre no ser borregos, no plegarse al Sistema, no quemar la vida en tareas a lo Sísifo, no resignarse a subsistir, sino procurar amar lo que se hace.

Ideas peligrosas, sin duda.