Archivo de la categoría: 42 perlas de sabiduría

Escritores de fantasía… ¿qué saben ellos?

El dinero está detrás de todas las guerras —continuó Au-nak—. La religión no es más que una excusa. O tal vez una justificación.

—¿Hay alguna diferencia? —preguntó el fervoroso, obviamente ofendido por el tono de Au-nak.

—Por supuesto. Una excusa es lo que haces una vez cometida la acción, mientras que una justificación es lo que ofreces antes.

Brandon Sanderson – El Camino de los Reyes

 

Apuntalando palabras desesperadas

También se encontraba lo bastante cerca del borde del camino para ver el valle allá abajo. Dio una chupada a la pipa y se atusó el bigote con el nudillo.

Alguien tenía que anotar esto. No podía pasarse todo el tiempo preocupado por ella. Así pues, buscó en su mente las palabras adecuadas para describir lo que veía. Desechó las palabras «épico» y «trascendental». Estaban desgastadas de tanto usarlas.

[…]

«¿Culminante? —pensó Thom, que mordisqueó la boquilla de la pipa—. No. Demasiado previsible». Si uno utilizaba las palabras que la gente esperaba oír, ésta acababa aburriéndose. Una gran balada tenía que ser inesperada.

Nunca como se preveía que fuera. Cuando la gente empezaba a saber lo que podía esperar de ti, cuando empezaba a prever tus florituras, a buscar la pelota que habías escondido con un juego de manos, o a sonreír antes de que recitaras la línea con doble sentido de tu relato… había llegado el momento de guardar la capa, hacer otra reverencia más, por añadidura, y marcharse.

[…]

«¿Peligroso?», pensó. No, ésa no era la palabra correcta. Crearía una balada de esto, seguro.

[…]

«Quizás… aterrador».

Ésa era una palabra adecuada, pero no la correcta. Puede que no fuera inesperada, pero sí era muy, muy cierta. Lo intuía. Su esposa luchando para seguir viva. Las fuerzas de la Luz acosadas casi al borde de la muerte. Luz, sí que estaba asustado. Por ella. Por todos.

Pero ese término era prosaico. Necesitaba algo mejor, algo perfecto.

[…]

Había heroísmo en cada línea de hombres, en cada movimiento de tensar la cuerda del arco y en cada mano que sostenía un arma. ¿Cómo transmitir eso? Pero, también, ¿cómo transmitir el miedo, la destrucción, el puro extrañamiento de todo ello? El día anterior —en una rara y sangrienta tregua— ambos bandos había hecho un alto para retirar cadáveres.

Necesitaba una palabra que hiciera sentir el caos, la muerte, la barahúnda, la valentía absoluta.

[…]

«Magno —pensó Thom—. Ésa es la palabra. Inesperada, pero cierta. Majestuosamente magno. No. Majestuoso no. Que la palabra se sostenga por sí misma. Si es la palabra correcta, funcionará sin ayuda. Si no lo es, añadir otras palabras sólo servirá para hacerla parecer desesperada».

Robert Jordan, Brandon Sanderson.  Un recuerdo de luz.

Palabras

María Luisa me pasó un enlace a un muy interseante artículo sobre transformaciones.   Cómo las palabras, cual cosas vivas, nos transforman a nosotros, lectores, a la vez que nosotros transformamos a quien las escribe; incluso podemos transformarlo en un Autor.

Eso me trajo a la memoria, refrescada muy recientemente, una lectura de, cuándo no, el Mundodisco, en una obra que parodia y rinde tributo a Macbeth y también a las palabras:

—En…, en el Gremio —explicó [el bufón], tartamudeando—, nos enseñan que las palabras pueden ser más poderosas que la magia.
—¡Payaso! —exclamó el duque—. Las palabras no son más que palabras. Sílabas breves. Palos y piedras me romperán los huesos… —Hizo una pausa, saboreando la idea—. Pero las palabras, no.
—Hay palabras que pueden hacer daño, señor —dijo el bufón—. ¡Mentiroso! ¡Usurpador! ¡Asesino!

El duque pegó un respingo y se agarró a los brazos del trono, parpadeando.

[…]

Parece que las palabras son muy poderosas —dijo la mujer.
—Cierto, señora.
—Sin duda has estudiado mucho.
El bufón asintió. El poder de las palabras lo había sostenido a través del infierno del Gremio. Los magos y las brujas usaban las palabras como si fueran instrumentos para hacer las cosas, pero el bufón creía que las palabras eran cosas por derecho propio.
—Las palabras pueden cambiar el mundo —dijo.
La duquesa entrecerró los ojos.
—Ya lo dijiste. Pero no estoy convencida. Los hombres fuertes pueden cambiar el mundo —dijo—. Los hombres fuertes y sus hazañas. Las palabras no son más que adornos en un pastel. Entiendo que pienses que las palabras son importantes. Eres débil, no tienes otra cosa.
—Te equivocas, señora.
La regordeta mano de la duquesa tamborileó impaciente sobre el brazo del trono.
—Más vale que puedas argumentar ese comentario.
—Señora, el duque desea talar los bosques, ¿no es así?
—Los árboles se pasan el día murmurando sobre mí —susurró Lord Felmet—. Los oigo susurrar cuando salgo a caballo. ¡Dicen mentiras acerca de mi persona!

La duquesa y el bufón intercambiaron miradas.

—Pero —siguió el bufón—, ese plan ha tropezado con una oposición fanática.—¿Qué?
—A la gente no le gusta.
La duquesa estalló.
—¿Y eso qué importa? —rugió—. ¡Somos los reyes! ¡Harán lo que digamos, o serán ejecutados sin piedad!
El bufón hizo una cabriola y una reverencia conciliadora.
—Pero, mi amor, nos quedaremos sin súbditos —señaló el duque.
—¡No es necesario, no es necesario! —intervino el bufón a la desesperada—. ¡No hace falta! Lo que tenéis que hacer es… —Se interrumpió un instante, moviendo los labios—, iniciar un ambicioso plan intensivo para mejorar la industria agrícola, proporcionando empleo a largo plazo, abriendo nuevas tierras para el desarrollo y dificultando las huidas de los salteadores.

El duque se quedó boquiabierto.
—¿Cómo haremos todo eso?
—Talando los bosques.
—Pero si has dicho…
—Cállate, Felmet —ordenó la duquesa.
Dedicó al bufón otra larga mirada pensativa.
—¿Cómo se hace para derribar las casas de la gente que no nos gusta? —preguntó al final.
—Reestructuración urbana —respondió el bufón.
—Yo había pensado en quemarlas.
—Reestructuración urbana dentro del plan de desinfección —puntualizó rápidamente el bufón.
—Y echar sal en las tierras.
—Eso es reestructuración urbana dentro de un programa de mejoras medioambientales. También sería buena idea plantar unos cuantos árboles.—¡Nada de árboles! —gritó el duque.
—No pasa nada, no sobrevivirán. Lo importante es que se hayan plantado.
—Pero también quiero subir los impuestos —dijo la duquesa.
—Vaya, tío…
—No soy ningún tío.
—¿Ni tía?
—Tampoco.
—Bueno, t…, pues…, necesitas financiar tu ambicioso programa de mejoras en pro del país.
—¿Qué? —dijo el duque, que se perdía otra vez.
—Quiere decir que cortar los árboles cuesta dinero —aclaró la duquesa.
Sonrió al bufón. Era la primera vez que lo miraba como si no fuera una cucaracha repugnante. En su mirada seguía habiendo un buen tanto por ciento de cucaracha, pero decía: cucaracha buena, has aprendido un truco.
—Muy interesante —dijo—. Pero ¿pueden tus palabras cambiar el pasado?
El bufón meditó un instante.
—Creo que es más fácil todavía —dijo—. Porque el pasado es lo que la gente recuerda, y los recuerdos son palabras. ¿Quién sabe qué hizo un rey hace mil años? Sólo quedan los recuerdos y las leyendas. Y las obras de teatro, claro.
—Ah, sí, una vez vi una obra de teatro —asintió Felmet—. Unos tipos muy graciosos, vestidos con leotardos. Gritaban mucho. La gente se divertía.
—¿Quieres decir que la historia es lo que la gente cree? —insistió la duquesa.

El bufón paseó la vista por la sala del trono, y encontró al rey Gruneberry el Bueno (906-967).
—¿Lo fue? —dijo, señalándolo—. ¿Quién lo sabe ahora? ¿En qué era bueno? Pero será Gruneberry el Bueno hasta el final de los tiempos.
El duque se inclinó hacia delante, con los ojos brillantes.
—Quiero ser un buen rey —dijo—. Quiero que mi pueblo me ame. Quiero que me recuerden con cariño.
—Supongamos —intervino la duquesa, hablando muy despacio—, supongamos que hubiera otros asuntos… controvertidos. Temas de índole histórica que hubiera que… ocultar.
—Yo no lo hice, de verdad —señaló el duque rápidamente—. Resbaló y cayó. Eso es. Resbaló y cayó. Yo ni siquiera estaba allí. Me atacó. Fue en defensa propia. Eso es. Resbaló y cayó sobre su propia daga en defensa propia.
Su voz se convirtió en un murmullo incoherente. Se frotó la mano de la daga, aunque la palabra empezaba a ser muy poco apropiada.

[…]

Yaya se giró lentamente y contempló al público. Todo el mundo contemplaba la actuación como en trance. Las palabras calaban en ellos, surcando el aire silencioso. Aquello era real. Aquello era más real que la realidad. Aquello era historia. Quizá no fuera la verdad, pero eso no importaba.

Yaya nunca había dedicado mucho tiempo a las palabras. Eran insustanciales. Ahora deseaba haberles prestado más atención. Eran suaves como el agua, pero también tan poderosas como el agua, inundaban al público, erosionaban los matices de la realidad y arrasaban el pasado en sus oleadas.

Ésas de ahí somos nosotras, pensó. Todo el mundo nos conoce en la realidad, pero lo que recordarán de verdad es lo que ven ahora…, tres viejas repugnantes y malvadas con gorros puntiagudos. Todo lo que hemos hecho, todo lo que hemos sido, dejará de existir.

[…]

—Palabras —dijo Yaya, casi para sí misma—. Es lo único que queda. Palabras.
—Y ahora viene un hombre con una trompeta. ¿Qué va a hacer? Oh. Fin del Primer Acto.

Nadie olvidará las palabras, pensó Tata. Tienen poder. Y son palabras condenadamente buenas.

 

 

Extractos de Brujerías, de Terry Pratchett.

Y recuerda, Pequeño Demente que lees 42, que la pluma puede ser más poderosa que la espada… siempre que la pluma esté muy, muy afilada, y la espada sea más bien pequeñitay bastante roma y que quien la empuña no sepa especialmente qué hacer con ella.

 

 

Mesías de ocasión

… tiempos difíciles hacen que la gente este dispuesta a aceptar a un hombre que predica el cambio.

Elantris – Brandon Sanderson

Invirtiendo tornas

Uno de los guachos de acá se está divorciando.  Se separó de la mujer en setiembre y desde octubre del año pasado está en vueltas de abogados, juzgados, papeles, trámites, llamadas, idas, venidas y dinero.  Bastante dinero.

Hay cosas que para mí son incomprensibles.  Por ejemplo, el divorcio más barato es el de común acuerdo… pero el proceso lleva casi un año, ya que la pareja tiene que ir a las llamadas “instancias de reconciliación”.  Y si una de las personas falta a una de las sesiones, el proceso se alarga aún más.

El divorcio más rápido, que lleva dos o tres meses, creo que es el de riñas y disputas, pero ahí ya hay que presentar testigos que indiquen que sí, que la pareja riñe y tiene disputas, con lo que involucrás a tus amigos en el puterío.  También es el más caro de todos.

Lo intermedio es por propia decisión del hombre o de la mujer, siendo lo más barato, cuando es por decisión del chabón.  Igual cuesta entre 15 y 25 lucas, según el abogado que te atienda.

También eso es una transa.  El chabón de acá tiene que ir 6 veces al juzgado a firmar actas y papeles, una vez al mes.  Cuál es el puto objeto de esto?  Si ya está.  Es inapelable.  Es cosa hecha y juzgada. Por qué es necesario dilatarlo durante más de medio año?  Al preguntarle a su abogada el por qué de semejante sinsentido, la respuesta de la abogada, previsible por demás fue: porque la Ley está hecha así.  Y ya.  No hay un solo razonamiento que avale semejante procedimiento.  Está hecho así.  Es así.

Entonces yo, reflexionando concienzudamente sobre el tema, concluyo que debería invertirse el orden de complejidad.  Si te fijás, cualquier imbécil se casa con cualquiera y a los 3 meses están divorciados y a las patadas.  Ni hablar de un casamiento por la Iglesia.  Eso de hasta que la muerte los separe es la paparrucha más infame de la Vida, el Universo y Todo Lo Demás… si no contamos eso de que lo que Dios une, no lo separe el Hombre, que dicho sea de paso, habla bastante bien de la omnipotencia del Señor, para que cualquier pelafustán separe de buenas a primeras lo que Él tan bien unió.  Como sea, lo medular es que cualquier boluda se casa con cualquier boludo casi sin requisito alguno y por menos de 500 mangos.

Una estupidez soberana.  Debería ser exactamente al revés: los requisitos máximos y la mayor trillada de gónadas deberían presentarse a la hora de contraer matrimonio.  Viste eso de que cada casa es un mundo?  Bueno, si para irse a otro país te hacen un chequeo de antecedentes brutal, para fundar tu nuevo mundo debería hacerse otro tanto.

Y por qué se quieren casar?
Cuánto hace que están de novios?
Ya están conviviendo?
Ella está embarazada?
Están seguros de casarse?
Por qué no siguen en pareja en lugar de casarse?
Cómo piensan resolver la cuestión económica?
Ambos son trabajadores?
Se quieren?
Dónde van a vivir?
Van a realizar separación de bienes?
Si sí, por qué sí?  Es que no confiás en tu pareja?
Si no, por qué no? Acaso tienen el convencimiento de que funcionará por siempre?
No les parece que necesitan más tiempo para conocerse antes de casarse?
Las familias respectivas se llevan bien con su yerno o nuera?
Conocen a las amistades de la otra parte?
Ellos y ellas, qué opinan de su plan de vida en común?  Ellos ven, ellas saben.  En serio.
Ya resolvieron cómo pagarán las cuentas?
Qué hacen con los sueldos?
Planean tener bebés?  El presupuesto alcanza?  Cuántos hijos o hijas pueden permitirse?
Practican alguna religión?  Son gente de Fe?
Qué opina el guía religioso de su Iglesia al respecto?
Cuáles son sus diferencias?  Las hay, en serio.
Pueden sobrellevar esas diferencias?
Cuáles son sus cosas en común?  Por favor, no me digan que los polvos son fantásticos; eso está muy bien y me alegro, pero les prometo que no alcanza.
Pueden sus cosas en común sobrepasar y anular el peso de sus diferencias?  Piénsenlo.  Esta parte es importante.
Se quieren?
Tienen un plan?  Tener un plan es importante.  No sean pelotillas.
Ah, no tienen un plan, pero se casan porque ya hace tiempo que están de novios?  Por el MEV!  Esa no es una razón para casarse!
Se casan por presiones sociales?  Por Gordjazz!  Eso tampoco es un motivo para casarse!
Se quieren?
Cómo ha sido su relación?
Ha sido puesta a prueba de alguna manera?  Cuál?  Cómo pasaron esa prueba?
Alguno de ustedes es profesional?
Pueden vivir con un solo salario ante la eventualidad de perder el otro?
Si una parte es profesional  y la otra no, sufre la relación por ello?  Piensen!  Quién gana más?  Cuánto más?  Hay celos ante el éxito ajeno?  Piensen!
De quién es la casa donde vivirán?
Van a alquilar?  Quién pone las garantías?
Tienen algún vehículo?  De quién es?
Hay cuentas hipotecarias o bancarias en común?
Se quieren?
Es suficiente con quererse?
Se quieren mucho?
Con seguridad?
Hay enfermedades de por medio?
Se van a cuidar mutuamente?  En una enfermedad larga también?  Vos sabés lo que es cuidar a alguien que no está bien de salud, ya sea física o mentalmente?
Se quieren?
Han sido infieles? Cómo superaron el tema? Lo superaron?
Ya pensaron qué van a hacer si resulta que el futuro bebé es down o tiene malformaciones o lo que sea?  No los juzgo, ni voy a decirles qué hacer o decidir… pero ya lo pensaron?  Lo discutieron?  Eso es parte de tener un plan, sabés?
Qué opinan del aborto?  Una vez más, no los juzgo ni voy a influir en sus opciones, pero eso también es parte de tener un plan.
Se quieren?
Doy por sentado que si se casan, en algún punto querrán tener hijos.  Es así?  Quieren tener hijos?  Si te casás pensando que eventualmente la otra parte cambiará de idea, que podrás cambiar su forma de ver las cosas, te estás equivocando.
Se quieren?
Quieren fiesta de casamiento?
No se plantearon hacer la fiesta porque sí, porque desean compartir su felicidad con la familia y los amigos y ya, en lugar de casarse? La gente la pasaría igual de bien y hasta se ahorrarían los regalos!
Se aman?
No prefieren comprarse una moto y salir a recorrer Uruguay y América, que es tan linda?  Piénsenlo!  Una buena moto para cada uno… eh?  Ta bueno, en serio.  Con las chaquetas reforzadas y los cascos haciendo juego.  Yo qué sé… parece divertido.
ESO es un plan, por ejemplo.

Y así los tenés a los casamenteros, tres o cuatro meses por lo menos.  Con todas las preguntas en distinto orden repetidas tres o cuatro veces por sesión, sin mala leche, pero sin apasaionamiento.  La idea es que la primera puesta a prueba del matrimonio sea la soberana y contundente rotura de huevos de tener que casarse, cuestión de que ese ESCOLLO, porque la intención es que sesa UN ESCOLLO, con mayúsculas y negritas, sea una prueba lo suficientemente dura como para que después no se divorcien por un minucia.  Es un filtro para los que se casan por casarse, porque son un par de pelotudos que piensan que puede estar bueno eso de tener otra libreta además de la del almacén.  La idea es confrontarlos con la realidad para que al menos piensen un poco antes de mandarse la cagada.

Porque si dejás casar así nomás a cuanta pareja ande en la vuelta, luego no está bien que les rompas las pelotas para dejarlos separarse.  Finalmente, la culpa no es del chancho, sino de quien le rasca el lomo.  Si los casás sin saber y sin que te importe lo que pase con esa pareja, la culpa es tuya.  Reconciliación?  Dejame de joder!  Si están gastando guita y tiempo y esfuerzo en divorciarse, es porque ya no queda más nada que reconciliar, ni arreglar, ni nada.  O acaso sabés más vos desde tu estrado que la pareja que ha pasado las mil y una en esta última temporada y ya no pueden más?  No pueden convivir más, se acabó el amor, ya no existe la pareja, ‘tendés?  Y eso en el mejor de los casos, lo más probable es que se odien hasta las tripas y se tiren las cosas a la cabeza, posiblemente acicateados por amigos y familias.

No sé qué más decirte, la verdad…

Vivan los novios?

La distancia infinita

Soy bastante mogólico en cuanto a los libros.  A la hora de comprar uno sin propósito ni deliberación, lo abro en un punto al azar y, si los dos o tres párrafos que leo me parecen interesantes,  lo compro sin más consideraciones.  Lo mismo sucede a la inversa.  Esto, claro está, es un método que está lejos de ser eficiente ni eficaz.  Porque y si justo enganchás con la única perla maravillosa o con la única página floja de un relato?

En fin, el tema es que hace un par de días, mientras hacía tiempo para que me viera el médico, me entretuve en la librería y revisando al azar me topé con esta maravilla:

Dos jornadas de viaje alejan al hombre […] de su universo cotidiano, de todo lo que él consideraba sus deberes, intereses, preocupaciones y esperanzas; le alejan infinitamente más de lo que pudo imaginar en el coche que le conducía a la estación. El espacio que, girando y huyendo, se interpone entre él y su punto de procedencia, desarrolla fuerzas que se cree reservadas al tiempo. Hora tras hora, el espacio determina transformaciones interiores muy semejantes a las que provoca el tiempo, pero de manera alguna las supera.

Igual que éste, crea el olvido; pero lo hace desprendiendo a la persona humana de sus contingencias para transportarla a un estado de libertad inicial; incluso del pedante y el burgués hace, de un solo golpe, una especie de vagabundo. El tiempo, según se dice, es el Leteo. Pero el aire de las lejanías es un brebaje semejante, y si su efecto es menos radical, es en cambio mucho más rápido.

No es precioso?  Como sea, así fue como La Montaña Mágica, de Thomas Mann, se las ingenió para entrar en mi biblioteca.  Luego te cuento qué tan efectivo fue el método, ya que el libro es más bien gigante; la prosa parece ser hermosa e invita a la degustación lenta.

Sobre los hijos… esas aterradoras criaturas

No quiero tener nada que ver con ellos.

Por tanto, no resulta sorprendente que cuando me casé no tuviera planes concretos para tener hijos. Tampoco los tenía Gertrude. Nos habríamos acostumbrado muy bien a una existencia sin hijos, ¿por qué no? El mayor problema con que se enfrenta la humanidad hoy en día es el aumento de población. No se puede resolver ningún problema medioambiental hasta que la población esté estabilizada y controlada. En estas circunstancias, se diría que cualquier pareja joven que se mostrara indiferente hacia los hijos y no estuviera dispuesta a aumentar la carga de la Tierra, debería ser animada y felicitada.

Sin embargo, la realidad es bastante diferente. El mundo no nos dejaría no tener hijos. Nuestros conocidos siempre nos preguntaban si teníamos hijos y cuando decíamos que no, nos miraban con desaprobación o con pena. Entre nuestras amistades, todas las parejas jóvenes iban teniendo hijos y después no hablaban más que de las alegrías de la paternidad. (En mis momentos de mayor cinismo, me preguntaba si no estarían tan aterrados por los gastos, el trabajo y las responsabilidades de la paternidad que se encolerizaban con nosotros por haber escapado de ello y, por tanto, hacían todo lo posible para hacernos caer en la trampa).

Yo, Asimov – Isaac Asimov