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El ridículo, esa herramienta

Ningún Dios o religión puede sobrevivir al ridículo. No hay iglesia política, ni nobleza, ni realeza, o cualquier otro fraude, que pueda enfrentarse al ridículo con justeza y vivir.

Mark Twain.

No son pasas lo que quiere el corazón

El tendero señaló a su hijo y le dijo al hombre:
Mandsanas —dijo el tendero—, narranjas, chocolatinas y plátanos, pero no galietas. Éste es mi hijo. Tiene tres años. No está enfermo. Quierre muchas codsas. Yo no sé qué quierre. Nadie sabe lo que quierre. Simplemente quierre. Mirra a Dios y didse: dame esto, dame aquello, pero nunca está satisfecho. Siempre quierre más. Nunca está contento. Y el pobre Dios no tiene nada parra una tristedsa así. Nos lo da todo: el mundo, la luz del sol, la madre, el padre, el hermano, la hermana, los tíos, los primos, la cadsa, la granja, la codsina, la medsa, la cama… El pobre Dios lo da todo, perro nadie está feliz. Todo el mundo es como edse niño enfermo de gripe. Todo el mundo me pide galietas, y con padsas dentro. —El tendero se interrumpió un momento para suspirar profundamente. Cuando soltó el aire, dijo al cliente en voz muy alta—: No hay galietas con padsas dentro.

El sábado fui hasta la tienda de comida armenia de la esquina. Allí me atendió una muchacha muy macanuda, esposa del dueño de ascendencia armenia. En las paredes, un texto impresionante le decía al lector, que no podrían con Armenia. Que a pesar de los intentos del mundo y la Historia por vencerlos y aniquilarlos, allí donde se encontraran dos armenios, la cultura sería reconstruida.
El poema se llama “Armenia” y su autor es William Saroyan.  Quién es, o fue, Saroyan, le pregunto, intrigado por la fuerza y sencillez de las letras.  Es un autor armenio que creció y vivió en Estados Unidos, no es muy conocido, pero sí muy bueno.

Así que una de las primeras cosas que hice luego de volver a casa y comerme los ricos lehmeyunes, fue buscar algo de William Saroyan; y encontré un libro llamado “La comedia humana”.  Basada en los Estados Unidos de la Segunda Guerra mundial, esta novela muestra la vida vista desde los ojos de un par de niños que viven en un pequeño pueblo de California: Homero, de 14 años que va a la escuela y luego trabaja como mensajero para el telégrafo y su hermano Ulysses, de 4 años, lleno de una curiosidad maravillosa e inagotable.

Escrita en un lenguaje directo, sencillo y sin pretensiones, la belleza de la historia es abrumadora.  En ella encontramos unos colores brillantes, unas imágenes tibias como un sueño de la infancia y un candor como no he visto desde el Cándido de Voltaire, pero mejor, porque no hay sátira, pesimismo, o ironía.  O tal vez la haya, pero sutil al extremo.  Es como una filigrana de cristal, preservada en el tiempo.

Ulysses nos captura desde su visión, con su percepción del mundo y sus interrogantes, a cada paso haciendo un descubrimiento más portentoso que el anterior.  Homero, por otra parte, se va abriendo al mundo adulto y sus complejidades, los miedos y las angustias.  Como mensajero del telégrafo en tiempos de guerra, le toca llevar las noticias de las muertes en el campo de batalla a los familiares, y eso lo cambia en un nivel profundo.

Todas estas estampas están permeadas de las realidades de la época, varias de las cuales aún están vigentes.

—El mundo se ha vuelto loco —dijo—. Solamente en Rusia, muy cerca de nuestra tierra, nuestro hermoso y pequeño país, millones de personas, millones de niños pasan hambre todos los días. Pasan frío, viven de forma patética, descalzos. Van por ahí, sin un sitio para dormir. Rezando por un trozo de pan seco, por un sitio donde acostarse para descansar, por una noche de sueño tranquilo. ¿Y nosotros qué? ¿Qué hacemos nosotros? Aquí estamos en Ithaca, California, en este país maravilloso, América. ¿Y qué hacemos? Llevamos ropa buena. Nos ponemos zapatos buenos todos los días cuando nos levantamos de la cama. Caminamos por la calle sin que venga nadie armado ni nadie se dedique a quemar nuestras casas ni a asesinar a nuestros hijos, a nuestros hermanos ni a nuestros padres. Vamos de excursión al campo en automóvil. Comemos la mejor comida. Todas las noches nos vamos a la cama y dormimos, ¿y cómo nos sentimos? Descontentos. A pesar de todo estamos descontentos —el tendero le gritó aquella asombrosa verdad a su hijo, lleno de un amor terrible hacia el niño—. Manzanas —dijo—, naranjas, chocolatinas, plátanos… Por el amor de Dios, hijo, ¡no hagas eso! Aunque yo lo haga, tú eres mi hijo y por tanto eres mejor que yo y no tienes que hacerlo. ¡Sé feliz! ¡Sé feliz!

Es un libro de tiempos de guerra, pero de ella, el odio y la estupidez, se habla tangencialmente, como pidiendo disculpas por meter justo ese tema entre lo importante. Hasta la muerte, esa perra inevitable, aparece envuelta en otra cosa, más liviana, amarga y dulce a la vez.

Es, en definitiva, un libro precioso.

Con dos a la vez es mejor

En fin, no sirve de nada hablar de los caminos que no tomamos.

Rhaegar – Festín de Cuervos, de GRR Martin.

Me olvidé de Preacher, Cleverman, Ripper Street, Mr. Robot y los estrenos de cine.  No me importan.  Al igual que no me mueven un pelo las carteleras de teatro, el auditorio del Sodre y el Solís.

Dejé en stand by a Cortázar (perdoname, Julio), a Murakami (el elefante no va a desaparecer, te lo prometo), a Chesterton (el hombre que fue Jueves no ha llegado ni al martes y ya lo dejé estacionado) y a Fukuoka (la revolución puede esperar).

Estoy leyendo en simultáneo Festín de Cuervos y Danza de Dragones, bitches!  Se van todos al carajo.

Qué viaje!

Monstruo

La venganza del conocedor del secreto (fotográfico) es ser un monstruo capaz de grabar subrepticiamente aquello que, a simple vista, parece no dejar ninguna huella.

Aquí Kubrick – Frederic Raphael

Todo es mentira, quizá

durero-crucifixion

La Crucifixión, de Albrecht Dürer (Alberto Durero es una castellanización infame que me da ganas de dar de garrotazos al que tuvo la idea de hacer semejante traducción)

El sol se muestra en uno de los ángulos superiores del rectángulo, el que está a la izquierda de quien mira, representando el astro rey una cabeza de hombre de la que surgen rayos de aguda luz y sinuosas llamaradas, como una rosa de los vientos indecisa sobre la dirección de los lugares hacia los que quiere apuntar, y esa cabeza tiene un rostro que llora, crispado en un dolor que no cesa, lanzando por la boca abierta un grito que no podemos oír, pues ninguna de estas cosas es real, lo que tenemos ante nosotros es papel y tinta, nada más.

Así comienza El Evangelio Según Jesucristo, de José Saramago.  A esta frase-párrafo inicial de 102 palabras sigue la descripción más impactante que he leído en mi vida.  Bien, es verdad que no he leído tanto, ni tantas descripciones, pero esta es la más impresionante de todas.    Precisa, con alma, metódica, detallista, con un flujo acompasado; es realmente una construcción muy hermosa.  Vale la pena, por lo que dejo un pequeño PDF con la descripción completa.  El PDF lo encontré acá.

El resto del libro sigue con ese estilo y esa intención, parece, logrando una complejidad que a pesar de su densidad, al menos hasta ahora, invita a seguir. Veremos qué nos depara.

Pasatiempo masculino

Los filatélicos son gente extraña, callada, como los peces; son de todas las edades, pero sólo de género masculino; las mujeres, a lo que se ve, no han logrado captar el peculiar encanto que tiene el engomar unos pedacitos de papel coloreado para pegarlos en un álbum.

George Orwell – Recuerdos de un librero

Hay que tener en cuenta un detalle

En la mayoría de los casos, un hombre que trata de cambiar al mundo falla por la más simple e inevitable de las razones: todos los demás.

Empezó la segunda temporada de Black Sails.