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Una nota sobre espadas

Hace un tiempo empecé a pensar en espadas. Me llamaba la atención lo que veía en el cine y en algunos videos de recreación de combates, en donde el choque de espadas suele darse filo contra filo. Hojas afiladas chocando entre sí… no parece una idea especialmente brillante.

Las preguntas que me surgían eran muchas: ¿Es cierto lo que vemos en la ficción y las recreaciones de época? Si tenés en cuenta que con solo hachar una calabaza de forma descuidada podés mellar el filo de un cuchillo, ¿qué tan bueno debería ser el acero de las espadas para soportar el choque de filos? ¿Qué tanto se mellan los filos de una espada? ¿Quién los arregla? ¿Cómo se arreglan?

La información en español que pude encontrar es más bien escueta, pero di con un largo artículo en inglés que es realmente fantástico y esclarecedor.

La respuesta a mi primera pregunta es sencilla y esperable: No, ni en pedo, es todo mentira. Dependiendo de si hablamos de Europa u Oriente, el choque de filos es el último recurso. En Europa se trataba de desviar los golpes usando la espada de plano, o como alternativa el tercio inferior de la hoja, cercano a la guarnición. Este tramo de la hoja suele ser más grueso y menos afilado, diseñado específicamente para detener los golpes. Aunque los tratados de esgrima hablan de desviarlos. Esos choques de aceros perpendiculares detenidos y aplicados contra el centro de la longitud de la hoja, sencillamente solo se utilizaron como un recurso desesperado. En el Japón feudal iban más lejos: se trataba de esquivar por completo las estocadas del contrario (men-nuki-do) y si no había más remedio, se bloqueaba con el lomo de la espada, ancho y de un acero más blando. Los filos eran para cortar y, aunque duros, extremadamente frágiles.

En Europa una espada ligeramente mellada podría reafilarse y volver a pulirse. Una espada dentada, a la que directamente se le voló un cacho de hoja, está condenada. Eso de que se llevaban a un armero para reforjarla es altamente improbable. Destemplarla, soldar material para reponer el perdido, volver a hacer el forjado y tratamiento de calor, volver a pulirla y afilarla, bien podía llevar más trabajo que hacer una hoja nueva.

En Japón era aún más complicado. Por su construcción, con un exterior duro y un centro más blando (que aporta flexibilidad), volver a afilar una espada podía implicar desgastar ese exterior duro y acercarse peligrosamente al centro, más blando y no apto para mantener un buen filo.

Otro tema es que para deshacerse de mellas e indentaciones es necesario afilar toda la longitud de la hoja. Es decir, que con cada pasada cambiaba la geometría, peso y diseños originales, a la vez que cada vez quedaba menos material: la forma de manejar la espada cambiaba al tiempo que esta se volvía más débil.

Las espadas de buena calidad eran caras y no podías andar tirándolas por ser un boludo y no saber usarlas correctamente. Realmente era un arte, al parecer de una complejidad difícil de asimilar para un ignorante como yo. Cómo atacar, cómo defender, con tratados y manuales específicos para cada tipo de hoja y con recomendaciones para defenderse también específicas.

Si tenés ganas de leer un poco al respecto te dejo dos artículos muy interesantes:

Un artículo de ARMA (The Association for Renaissance Martial Arts)
Una discusión en el portal Quora sobre espadas japonesas

El primero, sobre todo, tiene una profundidad y un despliegue de recursos que da gusto. Es fascinante.

Algunas plantas tóxicas en Uruguay

Hace un tiempo empecé a interesarme (nuevamente) por la talla de cucharas y utensilios de madera. Hay un montón de cosas fascinantes y bellas para decir sobre ello, pero lo primero que hay que tener en cuenta cuando vas a hacer una cuchara, o lo que sea que vaya a entrar en contacto con alimentos (desde una tabla de picar hasta la madera que quemás para cocer esos alimentos), es la madera con que vas a trabajar. Lo obvio: no todas sirven. Algunas porque contienen taninos o resinas que pasan su sabor a la comida (ciertas variedades de ciprés, por ejemplo), otras tienen pigmentos, no precisamente tóxicos, pero “destiñen” (como el lapacho), algunas que debido a su estructura no son durables, ya sea para resistir el uso o el ataque de hongos e insectos. Y luego tenemos aquellas maderas y plantas que son tóxicas y hasta potencialmente letales.

En general miramos sin ver y nos quedamos solo con la belleza, con lo ornamental. No solemos pensar en la toxicidad de las plantas que nos rodean, pero es importante conocer algunas cosas básicas para evitar accidentes. En Uruguay hay una cantidad bastante importante (y para mí sorprendente) de plantas tóxicas. Desde árboles a arbustos, abarcando incluso yuyos, hierbas y hasta plantas florales que tenemos en el jardín. Esto último es importante si tenés niños pequeños en esa etapa en que todo se explora y cada descubrimiento se festeja llevándoselo a la boca.

También es importante si usás pétalos de flores en tus ensaladas (usar rosa o hibisco es una cosa totalmente inocua, pero la estrella federal y las azaleas te pueden dar una desagradable sorpresa).

Este pequeño artículo no pretende ser un tratado exhaustivo ni mucho menos, pero sí dar una idea de algunas especies comunes que nos rodean y con las que debemos ser cautos. Al menos que sirva como un llamado de atención para tener los ojos abiertos y averiguar un poco antes de usar algo solo porque está a mano.

Laurel de jardín o adelfa (Nerium Oleander). Florecidas en primavera son preciosas. Pero todas las partes de la planta tienen una alta toxicidad. Incluso su humo. Incluso las partículas de humo que puedan quedar en la comida si se te da por usar la madera y ramas para hacer un asado. No hagas quemas de su ramaje y hojas. No comas sus flores. No dejes que tus pibes coman las flores. Se mira y no se toca.

Tártago (Ricinus Communis). Planta muy común en bajíos, valdíos y humedales. De su fruto se obtiene el aceite de ricino luego de un procedimiento térmico. Consumidos sin destruir antes el ricino pueden ser mortales. No es broma; el ricino es una toxina muy potente y la ingestión de unas pocas semillas alcanza para que tengas el viaje de tu vida: el último.

Foto: tejeda.eu

Hortensia (género Hydrangea). Todas las partes de la planta contienen compuestos denominados glucósidos cianogénicos, que son precursores del cianuro, por decirlo de alguna manera. Si se quema, por ejemplo, el humo resultante puede contener ácido cianhídrico. Probablemente no tenga riesgo mortal, pero puede hacerte pasar un mal rato.

Foto: dcm-info.fr

Azalea (género Rhododendrom). De flores siempre bellas, existen muchas variedades, de múltiples colores y de distintos tamaños. Tanto sus hojas como su néctar es tóxico (incluso la miel que las abejas producen con él).

Foto: blackgold.bz

Visnaga (el nombre varía y puede encontrarse con B o Z) (Ammi Visnaga). Esta planta está en la lista casi por capricho. La visnaga es una plaga con un poder de propagación impresionante. En el terreno valdío al costado de casa campa a sus anchas y yo me paso todo el año arrancando retoños. Es tan prolífica que pensé que quizá pudiera usarla para algo. Quizá tenía el equivalente uruguayo del amaranto, una mina de oro en potencia. Cuando recién nace parece una planta de zanahoria, cuando se desarrolla su raíz parece una zanahoria pálida y si la partís incluso tiene olor a zanahoria… pero no es zanahoria. Resulta que la raíz de la visnaga es tóxica. Mina de oro no more.

Foto: luirig.altervista.org
Credit: Photo by Beppe Di Gregorio

Lantana (género Lantana). Hay gran variedad y suelen crecer en estado silvestre. Las flores son muy lindas y se desarrolla como un arbusto de mediano porte. Sus frutos son tóxicos cuando están verdes, y la planta es tóxica para el ganado. Me resulta llamativa y la incluyo en la lista porque a pesar de no ser especialmente peligrosa, tanto sus hojas como sus frutos recuerdan a los de las zarzamoras y siempre tengo que mirar dos veces cuando veo una planta.

Foto: https://www.todouruguay.net/plantas-toxicas-la-lantana/

Paraíso (Melia Azedarach). La madera es bellísima, la sombra exhuberante, y el perfume de sus flores es embriagador. Su fruto, sin embargo, es tóxico si se ingiere. A propósito de él, puede hacerse un efectivo insecticida orgánico, por decocción de los mismos o pulverizándolos en un fino polvo una vez seco.

Foto: en.wikipedia.org

Y eso es todo por ahora. Hay decenas de plantas cuya ingestión puede causar problemas, tanto para humanos, como para el ganado o las mascotas. Desde los bulbos de las lilas a los espatifilios y anturios, e incluso nuestro bello ceibo, montones de plantas que vemos a diario por todos lados (autóctonas o no) guardan sorpresas para el explorador incauto.

En 1977 se editó un libro llamado Guía de plantas tóxicas del Uruguay, escrito por un/a tal P. Moyna publicado originalmente por la División Publicaciones y Ediciones de la Universidad de la República. Y curiosamente Google Books me dice que fue digitalizado en 2008… por la Universidad de Texas. No he podido encontrar más que unos pocos fragmentos. Quizá en la Biblioteca Nacional.

Un comentario aparte se llevan las maderas de descarte de la construcción y el transporte. Aunque esta entrada se centra sobre todo en especies vegetales “vivas”, hay una tendencia cada vez mayor a usar estas maderas para construir muebles. Desde una vieja viga hasta las tablas con que están hechos los pallets, todo sirve. Son interesantes porque ya vienen preformateadas, son estables, ubicuas y bastante baratas de conseguir. Además están en sintonía con la cultura del reciclaje. Un mueble hecho de pallets no presenta mayores riesgos, pero puede ser no tan buena idea usarla para hacer la encimera de la cocina (si la madera se deja desnuda), una tabla de picar, un plato o una cuchara o pala para cocinar. La mayoría de estas maderas se someten a tratamientos químicos ya sea tanto para prolongar su vida útil como para atajar el ataque de insectos. La mayoría de esos químicos son nocivos y no deben ingerirse.

Y ya. No te doy más la tabarra.

Gutenberg

Título 2: Qué y por qué

Estoy probando Gutenberg, el nuevo editor de WP. Quería escribir algo “de verdad”, pero no se me ocurre nada, ya que las entradas previas las redacté usando el editor anterior.

Título 3: Este estilo de título es más chiquito

El texto puede extructurarse utilizando “bloques”. Los bloques corresponden a distintos “objetos” que pueden utilizarse en la edición de un artículo.
  • Un bloque para títulos
  • Un bloque para listas (como esta)
  • Un bloque de párrafos
  • Un boque para citas
  • Un bloque para imágenes (imagen, portada, galería)
  • Y más bloques.
El de arriba es un bloque correspondiente a la imagen de portada. La obra es la fantástica La Gran Ola de Kanagawa, en mediana resolución; por ningún motivo en particular, solo compartir algo bello contigo.

En cada párrafo puede cambiarse el tamaño de la fuente.

Muy interesante, la verdad. Porque cada vez que das un Salto de Párrafo, vuelve al tamaño estándar.

Así. Haciendo click en cada párrafo te da la opción de cambiar el tipo de párrafo que estás usando, así como opciones de centrado, creación de hiperenlaces, negritas, etc. Algo muy interesante es que haciendo click en un botón marcado con tres puntos verticales tenés seteos especiales que te permiten insertar el párrafo antes o después de otros. Muy interesante e intuitivo.

Como podés ver, también te permite arrancar con un Drop Cap, que se activa con un simple click en un panelcito a la derecha y es válido para párrafos individuales, aunque no te lo muestra al editar. Una vez más, al dar el salto de párrafo o cambiar de bloque, el seteo vuelve al estándar.

También podés aplicar colores de fuente y de fondo en cada párrafo.

No necesitás tags en HTML, ni andar cambiando entre las viejas ventanas de vista y edición para dar las órdenes. Es transparente y sencillo. Y al cambiar de bloque los seteos especiales quedan atrás y volvés al texto plano estándar. No necesitás definir bloques. Al dar el salto de párrafo se crea uno nuevo automáticamente. En la parte superior del panel de la derecha tenés dos botones que dicen “Document” y “Block”. Editás en Block, pero etiquetás, marcás categorías y fecha de publicación y otras opciones en Document . La verdad es que es PRECIOSO y SENCILLÍSIMO trabajar con él. Super intuitivo y muy, MUY flexible y potente. Si te quedan dudas, al pararte sobre cada opción te aparece el cartelito con una explicación de qué hace. Ah, y te pasa a pantalla completa por defecto, lo que tampoco está mal cuando querés escribir sin distracciones. Creo que es una de las pegadas más grandes de WordPress. Gracias, WP!

Un poco de ciencia…

…para terminar este 2016 como corresponde: con una explosión.

En realidad no es una explosión-explosión, con reacciones químicas y tal, sino una liberación repentina de energía mecánica latente (debido al stress de los materiales).

El video explora un objeto fascinante: Una Gota del Príncipe Ruperto.  Se le llama así a un gran gota de vidrio candente que es enfriada rápidamente en agua.

La cabeza de la gota es increíblemente dura y resistente, capaz no solo de soportar un disparo a quemarropa, sino de destruir la bala.  Pero si se fractura la cola, más delgada e infinitamente más frágil, se produce una reacción en cadena que literalmente hace estallar la gota entera.

Cuando el vidrio toma contacto con el agua, su superficie se solidifica al instante, mientras el interior sigue incandescente.  Cuando se va enfriando progresivamente, el interior intenta contraerse, pero el vidrio del exterior ya está sólido, por lo que su estructura se comprime (lo que le da su impresionante resistencia).  Al no poder contraer el exterior solidificado, el interior tira de sí mismo, enfriándose en esa posición de extrema tensión interna.  Cuando uno de los “eslabones” de esa cadena en tensión se rompe, la energía liberada hace explotar el resto.

El chabón de SmarterEveryDay ha capturado esta maravilla a 130’000 (sí, ciento treinta mil!) cuadros por segundo.

Imaginar que la PRD es el 2016, es bastante satisfactorio.  ¡Morite, 2016, año de mierda hijo de una gran puta!

Y como dijo Wolfgang Bogdanow: Happy Fucking New Year!

Magic Scroll: lector de EPUBs online, sin regristro ni instalación

Hoy no tenía mi PC y necesitaba acceder a ciertos archivos en formato EPUB desde otra máquina sin Calibre (el gestor de libros que incluye un visor para EPUBs).  Como no quería instalar nada en el PC ajeno, busqué una alternativa online: Magic Scroll

Es muy sencillo.  Podés leer cualquier EPUB al instante, sin instalar nada ni registrarte de ninguna manera, con solo indicar la ubicación del archivo en tu disco.  Se carga en la web y ya queda disponible.  La navegación es sencilla: flechas abajo y arriba para avanzar o retroceder páginas, flechas a los costados para saltar de capítulo hacia adelante o trás. También podés seleccionar y copiar texto.  Básico, práctico, sencillo.  También hay una función de scroll continuo que no he probado.

Si te registrás, con solo ingresar tu mail, podés ir armando tu biblioteca online con los títulos disponibles.

Comimos en: Crêpas

Hace unas semanas María Luisa me dice: “No sabés, Pan!” (Ella me dice Pan) “Encontramos un nuevo lugar, divino, para comer!  Se llama Crêpas.”  Muy emocionada, ella, y también las hijas después de probar.  Luego del descubrimiento fueron varias veces más, así que la propaganda daba un aval.

“Y qué sirven ahí?” le pregunté, más allá del nombre bastante obvio.  Son crepes, o panqueques como se le conocen popularmente, rellenos de diversas cosas dulces y saladas… pollo al wok, pollo grillado, quesos, frutas, vegetales, dulce de leche, chocolate, en fin, una variedad.  Para tomar?  Jugos, mayormente, en combinaciones poco habituales: naranja y zanahoria, pomelo y albahaca, no sé qué y remolacha, limonada con menta y pepino… en fin, jugos.

Después de varias idas y venidas, finalmente fuimos.  Nada más entrar me dije OMaPuMa! DoCaMEMe?  (Parece latín, como en “Quo Vadis, Domine?”, pero en realidad significa: Oh, Maldita Puta Madre! Dónde Carajo Me Estoy Metiendo?

El lugar es blanco.  Blanco el piso.  Blanco el techo.  Blancas las paredes.  Blancas las sillas, deliciosamente elegidas para ser todas distintas (esto es irónico, lo de deliciosamente), las mesitas blancas, los servilleteros hechos con latas viejas pintadas de blanco, un sillón grandote, también blanco y un revistero en una de las paredes, también blanco.  Una pintura de Lennon aporta colorines, y una serie de dibujos mostrando actores y actrices en la pared opuesta busca romper con un ambiente por lo demás aséptico.

Cuando me detuve a ver la propuesta del revistero, apenas me sorprendió: Gente, Pronto, Paula.  Literatura vacía y sin personalidad, para un lugar vacío y sin personalidad.  Atención correcta pero con cero calidez.  Luz blanca reventada por todo el lugar.  Es de esos lugares diseñados para ser cool, que al final quedan en simple pretensión.

OK, don´t panic, me dije. No te asustes!  Vamos a por la comida!  De última, si la comida está buena, igual comés sentado en una lata de pintura frente a un mostrador improvisado dentro de un edificio clausurado por peligro de derrumbe.  Lo he hecho!  ¿Quién se acuerda de los asaditos al paso en la proa de Justicia y Arenal Grande, en el barrio de los judíos?  Como sea, la oferta era relativamente variada pero no me convencía mucho hasta que vi algo que inmediatamente disparó mi gula: cordero y cebollas caramelizadas.  Eso quiero! Y para tomar?  Jugo… pomelo y albahaca, porque soy heavy y transgresor.

María Luisa, por su parte, pidió algo de queso azul con peras (esa combinación funciona y es fabulosa en multitud de preparaciones, me consta) y rúcula, que arremetió con ganas entre exclamaciones de satisfacción.

Muchacho!  El panqueque de “cordero” con cebollas caramelizadas… qué puedo decirte? No diré que era feo.  Es imposible que algo sin ningún tipo de sabor sea feo.  Mastiqué cada pedacito de carne con lentitud y atención, te lo juro, y no pude extraerle una sola pizca de sabor.  Me concentré.  Esperé la magia; la busqué; al final me resigné a no encontrarla; ni un hechizo para principiantes encontré; ni un truco de las manos mágicas encontré.  Nada, ni por putas. Lo mismo habría dado agarrar un cacho de marucha de vaca y hervirla hasta lograr que quedara más o menos tierno.  Ni una especia, ni sal, ni picante, ni aroma.  Y la cebolla “caramelizada”!  Dejame que te diga que echarle una cucharada de azúcar a la cebolla en la sartén no te carameliza nada, solo te deja cebolla con azúcar.

El jugo de pomelo y albahaca?  Ah, eso sí que es otra historia!  Dad a César lo que es de César.  Es una combinación genial.  El juguito era un poema, dulce justo, ácido justo y la albahaca fresca. Super bueno.

Quiero creer que justo yo pedí algo que sencillamente no es el punto fuerte del lugar, ya que el resto de la gente le entraba con ganas a sus panqueques.  María Luisa seguro que disfrutó como una enana de su menjunje y seguramente volverá, así que  debe ser eso.  Pongámosle que sea eso.

Lo que más me llamó la atención del lugar?  El olor.  Básicamente cocinan a la vista, porque hacen los panqueques ahí mismo, calientan los rellenos, los arman y te los sirven con solo una barra baja de separación.  Pero no hay olor a nada.  No hay olor.  No hay un perfume que te haga evocar la cocina de tu abuela, o de tu vieja, o del carrito de las fritangas, ya puestos.  Nada que te haga salivar, que dispare la emoción, que estimule tus sentidos.

Si lo hubieran nombrado “Anodino” nadie podría acusarlos de publicidad engañosa.

Básicamente y como comentábamos con María Luisa luego de salir, Crêpas es el McDonald’s de los panqueques.

En el sitio web del lugar la segunda frase dice “Es una historia contada a través de una larga secuencia de sabores.”  Bueno, a mí justo me tocó una hoja en blanco.  Hay que joderse.

Puntos de vista

Netflix se suma a la carrera con las grandes salas IMAX para los estrenos cinematográficos… y hace roncha.

Qué lástima, señor Nunley, que no se dé cuenta de algo tan simple: la manera de disfrutar realmente de una película magnífica, es la que elija el espectador…