Game of Thrones: S07E01

Por supuesto, miré por segunda vez el primer capítulo de la nueva temporada de GoT. Esta séptima temporada arranca con una escena inmejorable. Comienza de una manera que confunde durante unos segundos, porque no terminás de saber si es una retrospectiva o qué, y en un momento sentís una voz interior que grita alborozada, salta, llora y se abraza a sí misma. Es la justicia máxima, es venganza, y es bella.

El primer detalle curioso y placentero que trae esta segunda visualización, es que esa grandiosa escena de apertura termina con lo que parece ser el sello feroz de las feroces mujeres de esta serie: justo antes de salir de cuadro, luego de esquivar cuidadosamente a los muñecos, Arya sonríe.

Esa escena y esa sonrisa sirven de salvoconducto para un capítulo que aunque tiene momentos muy buenos, como la pendeja Mormont encarando a Glover, o un Greyjoy demente y provocador con sus dos manos, fue bastante cauteloso, una mera preparación. Incluso hay momentos bajos, como la discusión entre Sansa y Jon. Hay algo sin abrochar, ahí. Se sintió como la semilla del disenso, pero el intercambio se instrumentó de manera chapucera, casi torpe, y se dejó trunco y sin explorar; como un relleno que no nos condujo a ningún lado. Desprolijo.

Conferencias

Me encontré con una pequeña publicación de Fernando Santullo donde vi un Generador Aleatorio de Nombres de Ponencias y conferencias.  Es para darle un nombre rimbombante, que suene impresionante, con gancho y del que nadie tenga ni pajolera idea de qué significa. Sin embargo, entre todos los delirios que allí se encuentran, como por ejemplo relacionar la pipa de Gandalf con la revolución y la ecología, me encuentro con esta pequeña maravilla:

La yuxtaposición religiosa tras los Fetuccini de espinacas: ¿una reflexión neoreligiosa?

Y se me ocurre que perfectamente podría armar una conferencia con este título:

Trataremos sobre la relación entre los fetuccini de espinacas y el auge del pastafarianismo. También estudiaremos cómo esta pasta ha influido en la creación de sectas y corrientes religiosas que se apartan de los tradicionales y más ortodoxos spaghetti sin por ello renegar de la Fe.
En un punto subsidiario, pero no menos importante, trataremos del camino de vida emprendido por el creador de pesto de pistachos, su convergencia con la salsa de tomates cherry y el añadido de pasta corta seca, de preferencia rigatoni. Exploraremos cómo el pesto de pistachos puede ayudarnos a alcanzar el paraíso pastafari del volcán de cerveza y strippers. Como punto final, y a modo de corolario, contaremos con la visita del más afamado e importante sommelier que podamos contratar para ver con cuál vino podemos marinar semejante receta.

R’amen.

Por más información llamar al 091 111 111 y preguntar por Atila.

Un solo golpe le alcanza

Estoy para el anime esta temporada, mientras espero por GoT. Reviendo Death Note y sacándome las ganas con Naruto, después de tanto tiempo.

Y también empecé a ver One-Punch Man.

Conozcan a Saitama. Joven, calvo como un huevo, flaquito, parece medio caído del catre y usa un traje amarillo con guantes rojos y capa blanca. Luce ridículo y es fácil subestimarlo. Sin embargo, es abrumadoramente fuerte, inconcebiblemente rápido, e invulnerable, por lo que se ve. Y solo necesita un solo golpe para deshacerse de cualquiera de sus oponentes. Uno solo. No importa la fuerza, cantidad, poder, astucia o estrategia de su enemigo, Saitama lo vence de un solo golpe, sin un sudor y sin sufrir ni un rasguño. ¿Impresionante, no?

Sí, es impresionante.  Y deprimente. Cuando tenés que combatir contra seres que no tienen oportunidad, que no representan un mínimo desafío, te deprimís. ¿Porque quién podrá ponerte a prueba?

One-Punch Man es la historia, mezcla de comedia y sátira, del más grande de los superéwes, con un caso agudo de depresión, apático y no demasiado brillante. Es humilde, tiene pinta de imbécil, no tiene maldad, y va a tratar de que no seas pendejo mientras busca a alguien con quien valga la pena pelear.

A su lado está Genos, un ciborg superpoderoso que lo considera su maestro y que no puede creer que Saitama haya conseguido sus poderes haciendo 100 sentadillas, 100 abdominales, 100 lagartijas y corriendo 10 km todos los días durante tres años. Ah, y comiendo solo una banana para el desayuno.

Está en Netflix y si no mirás aunque sea los dos primeros capítulos, estás mal.

Cine: Dragon Blade

O Cómo Destruir Una Historia Por Nada.

¡Qué desperdicio! Ese sería más o menos la síntesis.

En el año 54 A.C., el triunviro Marco Licinio Craso, que compartía el poder de Roma con Pompeyo y Julio César se va a hacer la guerra al imperio Parto, que se extendía en lo que hoy sería Irán, Iraq, Siria, parte de Turquía, y Afganistán.

Es El famoso Craso. El de las riquezas. El que aplastó la rebelión de Espartaco. Pero el chabón quería más; esa gente siempre quiere más.  A veces lo consiguen. Con eso en mente y con un historial de victorias romanas en la zona parte hacia Partia Marco Licinio con su hijo Publio y un administrador, o cuestor para sus legiones: Cayo Casio Longino.

Craso tenía mucha riqueza material, pero como estratega militar tenía una pobreza proverbial. Todo lo que podía hacerse lo hizo mal. Más que mal. Lo hizo perfectamente mal.  Confió en un aparente aliado local contra el consejo de su círculo, se apartó del Éufrates y se internó en el desierto con 7 legiones (entre 30 y 45 mil soldados), no aceptó ayuda ni refuerzos, se acantonó durante meses dándole tiempo al enemigo a organizarse, se negó a reagruparse y desoyó los más sensatos consejos en cuanto a formaciones. El resultado es el que cabría esperarse: él, su hijo y unos 30 mil legionarios fueron masacrados, y otros varios miles, entre 8 y 15 mil, fueron tomados prisioneros o se dieron por desaparecidos. Esos desaparecidos se conocen como La Legión Perdida y la Historia tiene varias versiones para dar.  Algunos dicen que se establecieron en algunas ciudades de la Ruta de la Seda y contribuyeron a hacerlas inexpugnables.  Otros historiadores, que incluso cuentan con evidencias de ADN, piensan que deambularon hasta que el emperador chino los dejó instalarse en una localidad china de Sinkiang o quizá en la provincia de Gansu.

La Historia es rica en hechos y testimonios y leyendas. Las posibilidades son increíbles. La película, sin embargo, es una cagada.

Al encargado del casting tendrían que prohibirle trabajar en la industria del cine de por vida. Jackie Chan, haciendo de chino junto con otros 3000 chinos en China, está bien.  Adrien Brody, haciendo de un tal Tiberio, hermano de Publio, es un personaje demente que asesinó a su padre en un complot. Resulta lamentable.  Publio, presentado como un niño ciego es una estupidez.  John Cusack haciendo de un cuestor Casio devenido en general, trata de salvar a Publio y escapar con su legión “perdida” del complot de Tiberio. Todo esto con parlamentos y tonos de voz que parecen sacados de “Must Love Dogs”, es simplemente ridículo. Puta madre, solo falta Diane Lane.

La banda de sonido es bleh. La escena de los legionarios cantando como un coro de canto gregoriano es una risa (del tipo histérico). La photo es re-bleh y eso que había para lucirse.

El guion es más que ridículo; es horrible, sin sentido, sin lógica y va más allá de cualquier onomatopeya habida o por haber. Con unos hilos argumentales infames y sin razón de ser que encima quedan subexplotados. Los que intentan desarrollar son incoherentes. Y lo más básico está pasado por alto: porque lo menos que podés hacer, si te pasaste media película reconstruyendo las murallas de la ciudad, es cerrar la puta puerta principal para que no entren los malos. ¡Imbécil!

¡El pendejo ciego! Innecesario. ¡El ejército de 100’000 romanos! ¡Sin línea de abastecimiento! ¡Treinta y seis naciones convergiendo sobre ellos en pleno cuesta abajo, cual Gandalf al amanecer del tercer día! ¡Los partos aparecen al final y no hacen nada! Los arqueros partos a caballo eran soberbios y su caballería pesada casi inigualable en la época. En la batalla de Carras literalmente masacraron a los romanos. Sin embargo en la película se concentran en mostrar que a cada “nación” que pasa al ataque se les dan las órdenes de cargar con distintos instrumentos: trompas, cuernos, tambores, charangos, gongs, vuvuzelas. Con un Tiberio que se limita a decir “Ajh, llegaron los partos”, como quien dice “Uf, otra vez estos pesados”.

¿Me estás jodiendo, hijo de puta? Si no te gustaba la historia, no la hubieras filmado. No precisabas destruirla tan completamente. Tendrías que estar preso por atentado violento al espectador.

Quiere ser una película épica y resulta patética. ¡Cuánta plata tirada a la basura, por Gordjazz! Tenían todo para hacer y se mandaron la gran Craso: la cagaron a lo grande.

Lo más triste es que al principio se llenan la boca diciéndote y dejándote bien en claro que está basada en hechos reales.

Son flor de soretes.

Presencia

A pesar de que no estás desde hace años, tu voz es lo primero que nos recibe. Siempre. Indefectiblemente.

Es curioso. Irónico. Triste incluso.

Cuando ya no quede nadie, cuando los salones estén silenciosos y los armarios vacíos, lo último que se escuchará será tu voz, sosegada y cantarina, que nos sigue dando la bienvenida, invitándonos a dejar un fax o un mensaje.

El contestador siempre es lo último que se retira.

Tragicomedia en un solo acto

[Se abre el telón y vemos un puesto de venta de pescado fresco con 4 personas haciendo fila para ser atendidos.

Los dos últimos son conocidos que hace tiempo no se ven.]

—Hola, Samuel, ¿cómo estás?

—Bien, ¿y vos? ¿Todo en orden?

—Ahí vamos, Samuel.  Bastante bien.

—Ah, sí, está complicada la cosa, pero yo siempre digo que respirando y pudiendo pagar las cuentas, es suficiente.

—Bien. Yo problemas respiratorios no tengo ninguno.

[¡Chan! Suenan risas. Baja el telón.]

Fábulas en verso

Conseguí un pequeño libro de la escritora (entre otro cúmulo de facetas) española Concepción Arenal.  Son fábulas. En verso. Hay construcciones excelentes, con una musicaliad preciosa.

Si usted está en contacto con niños pequeños, no debe, ni puede, perderse la experiencia de compartir esta lectura con ellos.

El libro es de 1851, lo que quizá explique la curiosa ortografía; es todo un desafío, para los talibanes ortográficos, hacer caso omiso.

FABULA III

EL OSO Y EL LOBO.

En la cristalina fuente
Que tan pura el agua lleva
En su rápida corriente
Y se llama rio Deva
Cuando llega al mar potente.
Y de Julio caluroso
Como á las doce del dia,
Llegó á beber presuroso
De un lobo en la compañía
Grande y corpulento un oso.
El aura suave y pura,
Y la pradera florida,
Y la fuente que murmura,
Todo á descansar convida
Y paz ofrece y ventura.
Sentáronse á descansar
El lobo y el oso juntos
No viendo á nadie llegar,
Y después de otros asuntos
Pónense de este á tratar.
Ya me acerco á la vejez,
Dijo el lobo, y por mas traza
Que en ello pongo ¡pardiez!
Cada dia hay menos caza
Y mas hambre cada vez.
Pasan del Abril las flores,
Pasan las nieves de Enero
Sin que en estos alredores
Logre atrapar un cordero
A los malditos pastores.
—Te está muy bien empleado,
Respondióle grave el oso,
¿Por qué del hambre acosado
No has de tragar, melindroso,
De yerba un solo bocado?
¿Por qué no comes manzanas
Ni peras ni moscatel,
Que de nombrarle entro en ganas,
Ni maiz, ni rica miel,
Ni cerezas, ni avellanas?
¿Tiene de razón asomo
Tu carnicera manía?
Come de todo, cual como,
Que si no, por vida mia,
Flaco has de tener el lomo.
Si acaso de hambre te mueres
De mi cariño leal
Ni el menor auxilio esperes;
No es lo que te pasa un mal
Si no porque tu lo quieres.
Mas el lobo replicó:
—Si comer frutas no puedo. —
—Pues qué, no las como yo?
No auxiliaré, no ha va miedo
Al que la razón no oyó.
Así hallamos en la vida
Moralistas como el oso
Que intentan, cosa es sabida,
Con aire magestuoso
Cortarnos á su medida.
Poco es que la humanidad
Contra sus dogmas arguya,
No hay otra felicidad
Ni otra razón que la suya,
Ni tampoco otra verdad.
Sí de un pecho dolorido
No comprenden la amargura
Esclaman: ¡dolor fingido!
Y es necedad ó locura
La pasión que no han sentido.
Por no sé que facultad
Del mundo se juzgan dueños,
Y su grave necedad
Creced; dice á los pequeños,
Y á los grandes, acortad.
Años hace que le oí
Decir como regla á un viejo
Y la guardé para mi,
«Que el sabio al dar un consejo
»Se acuerda poco de sí.»