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Tempus fugit

Una conversación de sobremesa deja hebras de ideas colgando. Mediante una recorrida de siglos, haciendo volar el tiempo y apropiándome de las palabras de grandes pensadores, intento hilar algunas de ellas.

En muchos lugares, alejados de las grandes urbes y aislados del flujo de personas, el ritmo de la vida es mucho más lento que el de “la modernidad”. En los pueblos perdidos, a veces, es como si el tiempo se hubiera desentendido de ellos dejándolos atrás, con su andar pausado y a veces casi indolente, el cual hasta puede no ser nada más que hastío. En la aldea en que vivo, Colonia del Sacramento, ampliamente cosmopolita, cerca de Montevideo y aún más cerca de la gigante Buenos Aires, este ritmo de vida, aunque aparente ser similar resulta aún más extraño, ya que es como si el tiempo se demorara.

Quizá el árbol no me deje ver el bosque; a fin de cuentas, vivo aquí mismo. No descarto que mi propio ego embellezca lo que ven los ojos, ni tampoco que proyecte en la aldea mis propias creencias. Soy consciente de que a todos nos encantan nuestros sesgos, y como dijo un escritor bastante antes que yo: las personas son más fieles a sus ideas que a sus cónyuges. Así y todo, imaginemos por un momento que puedo ser perfectamente imparcial. En mi defensa digo que algunas de estas ideas son compartidas por algunos amigos y conocidos cuyo carácter es muy distinto al mío. Hey, incluso algunas ideas son compartidas por perfectos desconocidos, así que aquí vamos.

Epicuro, el gran filósofo ateniense del siglo IV A.C., sostenía el concepto de ataraxia, la ausencia de turbación. Él abogaba por la persecución y obtención de la felicidad desde la amistad y los afectos antes que con las cosas. Es importante diferenciar y ceñirse a lo necesario sin grandes despilfarros. Lo material es perecedero y requiere grandes esfuerzos para conseguirlo y mantenerlo. “Cuando ya se ha conseguido hasta cierto punto la seguridad frente a la gente mediante una sólida posición y abundancia de recursos, aparece la más nítida y pura, la seguridad que procede de la tranquilidad y del apartamiento de la muchedumbre”.

El filósofo estadounidense Henry David Thoreau afirma, en su libro Walden de 1854, que cuando compramos algo no estamos pagando con plata, sino con tiempo de vida; con el tiempo que pasamos trabajando para obtener esas cosas. Mientras menos bienes materiales necesitemos, menor será el tiempo de vida que tengamos que dedicar a la obtención de cosas. Volviendo al epicureísmo, mantener y conservar las cosas es causa de angustias y afanes. Mientras menos afanes suframos, más disfrutaremos de “nuestros imprevistos momentos de ocio”.

El maestro budista Zen Taisen Deshiumaru, en su libro La práctica del Zen de 1974, cuenta la historia de un maestro que se acercó a sus alumnos mientras practicaban za-zen y les preguntó: “¿qué hacen?”, a lo que ellos respondieron “nada”. “No”, dijo el maestro, “practican el no-hacer”.

El Zen se practica sentándose sin finalidad alguna, desinteresadamente, pero concentrados, decía el maestro Deshimaru. Así en Colonia, cuyos principales puntos de interés turístico pueden recorrerse en poco más de medio día, el mayor interés no radica en la Historia, sino en su dimensión espiritual, por llamarla de alguna manera.

Como dice Eduardo, un amigo brasileño que se enamoró de esta aldea hace ya varios años, nadie viene a vivir e instalarse en la ciudad por el encanto que despiertan los restos coloniales. Colonia respira un aire que está al menos 30 años en el pasado, probablemente bastante más. Colonia es, en cierta medida, un lugar Zen y a la vez epicúreo. No sus gentes; quienes vivimos aquí no tenemos ningún aura mística. Más bien contamos con las mismas inquietudes e inclinaciones que cualquier persona en cualquier lugar del mundo, pasamos por los mismos afanes, pero el lugar, Colonia en sí, tiene algunas de esas características. Y esas características repercuten en nosotros, como las vibraciones del tañido de una campana, sin que nos demos cuenta apenas y forman parte de nuestra idiosincracia.

¿Qué hacer una vez que se han agotado las vistas históricas? Es una pregunta habitual y recurrente entre quienes pasan más de un día aquí. La respuesta es sencilla, como dice la ilustradora Maco: relájese y disfrute. Siéntese en una de las bonitas plazas arboladas y sienta el discurrir del tiempo sin edad; pruebe de deambular por las peñas graníticas de la Punta de San Pedro y deje vagar su vista por el “río ancho como mar”; dirija sus pasos hacia la rambla costanera, festoneada de playas, y camine sus varios kilómetros adivinando formas en las nubes. El disfrute en Colonia no está en fastuosos paseos de compras, multitudinarios conciertos o los últimos estrenos cinematográficos; no hay glamour. El disfrute viene del no-hacer, de la falta de motivación y la ausencia de finalidad. Del momento, más que de las cosas. O quizá podamos decir algo ligeramente diferente. ¿Qué puede hacerse en Colonia? La respuesta, lejos de “no hay nada para hacer”, podría ser “pruebe de no-hacer y esté aquí, simplemente”. No hay azar, no es accidental, es deliberado.

Siguiendo la línea de pensamiento del maestro Deshimaru, este dice “no hay nada que obtener, nada que esperar, no hay que buscar la verdad, no hay que huir de la ilusión. Únicamente estar presentes aquí y ahora, en nuestro espíritu y nuestro cuerpo.”

Hace poco vi un impactante discurso pronunciado en julio de este año por el escritor israelí Amos Oz, del que en otra oportunidad hablaré con más detalle. Una de las frases que me quedó grabada es que “no puede buscarse en el espacio lo que se perdió en el tiempo”.

Si la aislamos de su contexto y la traemos a esta tierra, la frase puede darse vuelta. En Colonia, de alguna manera, sí es posible encontrar en el espacio lo que se perdió en el tiempo. Otro aire, otro ritmo, otras prioridades. Ese es el disfrute de esta Colonia por momentos tan alejada (casi como un embrujo) del discurrir moderno del tiempo: el reencuentro con nosotros mismos. Con nosotros mismos en un pasado más tranquilo. Si le das tiempo, si te das tiempo, tu vida se centra, la mente se aclara, las ideas aparecen, e incluso pueden madurar hasta que llegue el momento de pasar a la acción. Eso es posible en Colonia.

¿Por qué te cuento todo esto? Porque quiero preservarlo; porque tengo miedo. Miedo de que desaparezca, de que se diluya. Tantos de nosotros andamos absorbidos, absortos, como ausentes y hasta ajenos. Nos sentimos inclinados a ingresar en “la modernidad”, a veces. O a lo mejor nos dejamos arrastrar por ella, como si fuera tan grandiosa. Perdemos la frugalidad y tratamos de cambiarla por cosas que a la postre nos angustian. Dejamos de mirar hacia adentro y encontrarnos a nosotros mismos. Y temo que el tiempo despierte y empiece a correr igual que corre en la mayor parte de este mundo moderno; o peor aún, que se desentienda de nosotros y nos deje atrás.

Nuestra respiración es esta respiración, aquí y ahora.

Las letras de Colonia: ninguna buena acción quedará sin castigo

El 6 de abril vi una pequeña nota en el periódico digital local Coloniaya.com, en donde se hablaba de la colocación de un cartel en 3D con el nombre de nuestra ciudad.  Vi el titular al pasar buscando otra información y creí que estaban hablando de una idea, discutiéndola.  Grande fue mi sorpresa cuando a los pocos días vi el cartel, flamante, ya colocado en un punto de la rambla. Volví a la nota y vi que simplemente decía que se iba a inaugurar el siguiente sábado a las 18.30, que iba a estar la banda municipal, que habría un espectáculo de fuegos artificiales, quién realizó las letras, las medidas y que estaban buenísimas para sacarse fotos frente a ellas.  Nada más.

Demoré en escribir esta entrada porque quería ver si con el paso de los días cambiaba de idea, si le encontraba una onda, pero no.

Feo, pobremente ejecutado y en un lugar que a nuestra manera de ver, con Nacho, es bastante discutible. Lo discutimos.

La propaganda y comunicación del evento fue casi nula y la inauguración fue anodina, en una fecha sin trascendencia, a pesar de que pocos días después iba a darse uno de esos feriados que traen miles de turistas a Colonia.  Una oportunidad perfecta para promocionar el evento y el dichoso letrero: el Viernes Santo.  Miles de personas. Colonia estallaba de turistas.  Ya que tenés miedo de que la gente no se entere de dónde está, cosa que supongo es lo que te impulsa a colocar el cartel, podrías haber armado un espectáculo en toda regla, la banda municipal, sí, pero también tenías a la orquesta estudiantil, comparsas, murgas.  La nota dice que para Semana Santa se prepararon varios espectáculos gratuitos con variedad de artistas.  ¿Por qué no usar esa “infraestructura” ya presente para la inauguración?  Algo que destacara y quedara para el recuerdo.  Pero no.

Y tras cartón, la misma noche del evento se largó a llover y fue cancelado.  Triste augurio.

Colonia ha sido fotografiada por miles de personas.  Cientos de lugares captados desde cientos de ángulos, en todo tipo de clima y condiciones de iluminación. Es un archivo vasto y fantástico. Tenés un montón de fotógrafos de valía en el pueblo, pero no se te ocurrió encuestar a ninguno de ellos, parece. Llama la atención que a nadie se le haya ocurrido hacer un pequeño montaje, con Photoshop, por ejemplo, para ver cuál podría ser no solo el mejor lugar para colocar las letras, sino también para tener una idea de cómo se vería con los distintos tipos de luz. Se podría haber hecho, pero no.

Hay un montón de gente idónea a la que podrían haber consultado. En Montevideo tenés un cartel ya hecho y testeado. ¿No fuiste capaz de ir y preguntar allá? ¿No se te ocurrió aunque sea ir y fijarte cómo está resuelto?  ¿Cómo quedan los contraluces?

En los Juegos Olímpicos, en Río de Janeiro había uno que decía #CIDADEOLIMPICA.  Antes de la primera letra aparece la almohadilla, el símbolo del numeral #. ¡Hashtag instantáneo! ¡La foto es su propio hashtag, loco! Llega solo a las redes sociales. ¿No miraste otros ejemplos antes de largarte a hacer el invento?

Otro tema es la iluminación artificial. Pusieron una barra de hormigón delante de las letras para alojar las luces.  Lo que nunca se le ocurrió al ideólogo, es que esa barra de hormigón tapa completamente la parte inferior de las letras. ¿No podías elevar las letras para dejar todo al mismo nivel?

¿Y qué son esos pilotes flanqueando al cartel? ¿No se te ocurrió otra manera de evitar que se estacion frente al cartel que dejarlo preso? Quizá una pequeña plazoleta, en lugar de esa triste capa de pedregullo, algo con un poco de verde, o con adoquines y unos bancos.  Los adoquines son bien representativos de la ciudad  y su casco histórico, por lo que no habrían desentonado.  Y ya que hacías ese espacio, aprovechabas para colocar una iluminación adecuada y te ahorrabas esa barra de hormigón infame. Pero no.

La ciudad de Colonia gastó miles y miles de pesos en armar una marca.  Colonia Encuentro Mágico.  Con su propia tipografía.  ¿No se te ocurrió usar esa tipo, que buscás que te represente, en lugar de Arial Bold?  Arial Bold, loco.  ¿Por qué no en la maldita Comic Sans ya de paso?Lo que nos causa más impotencia, es que no se integró a la gente. A la población de la ciudad. ¿Por qué no largar una lista de lugares posibles, de diseños posibles, y que la gente eligiera? No tenés confianza en el criterio de la ciudadanía de a pie, perfecto, ¿por qué no consultar con diseñadores y artistas plásticos, de todo género y especialidad, que los hay y muchos y muy buenos?  Y de paso, ¿por qué no intervenir las propias letras con los trabajos de esos artistas?  Son lo suficientemente grandes.  Dos metros de alto. Once metros de largo total.  Pero no.  Las pintaste de blanco.  La cosa más sin gracia que pueda imaginarse.  ¡Las letras ni siquiera se ven claramente contra el fondo del cielo y el río!  No creo que diera tanto trabajo.  ¡Y prácticamente por la misma plata!

El título de la nota reza: “Todo lo que hay que saber sobre las nuevas letras que se inaugurarán en la Rambla”.  Me gusta la idea del cartel.  Me parece algo simpático y pintoresco con lo que los paseantes pueden identificarse; con el tiempo incluso podría ser representativo.  Pero así es una payasada.  ¿Quién planificó ese mamarracho? ¿Hizo algún estudio? ¿Qué otros lugares se barajaron a la hora de decidir dónde colocarlo? ¿Colaboró en el proyecto alguien que tuviera idea de lo que había que hacer?  ¿Por qué no tuvo mayor difusión? ¿O fue una empresa quijotesca porque a algún iluminado se le ocurrió figurar? ¿Y cuánto le costó a la Comuna? ¿Hubo licitación para adjudicar esos dineros públicos? Porque la así llamada nota se la hicieron al mismísimo Señor Director Departamental de Turismo, así que supongo que los gastos fueron asumidos por la Intendencia, es decir, nosotros.

Todo, desde la (supuesta) planificación a la ejecución, deja mucho que desear, por decir lo menos.  Como escriben las maestras en el boletín: Puede y debe mejorar.

Smells like…

El aire es denso y presagia lluvia. Luego de un día caluroso y estático, el viento empieza a soplar desde el norte. Trae directamente hacia la ventana abierta el perfume de los aromos florecidos que planté a unos cuarenta metros de distancia. Es un perfume dulce y vagamente embriagador, tan sutil que más se parece a un sentimiento que a un olor. Quizá lo ayuden los limoneros, que por primera vez están rompiendo a florecer con una carga increible de azahares.

La tarde fue una sinfonía de olores y colores. Los jazmines de Hungría compiten con los jazmines paraguayos. Los aromos están a punto de tirar sus flores de a puñados al aire, porque ya no saben cómo acomodarlas en sus ramas. Los citrus desbordan de blancura y el perfume es casi empalagoso de tan intenso. Los álamos lucen el pálido envés de sus hojas como si fueran trajes de plata. Todo explota. Todo vibra. Sería una experiencia de otro mundo para un sinestésico. Hay cuadras de la ciudad, con jardines pequeños y abarrotados, en donde podría realizarse turismo sensorial. Le vendás los ojos a los turistas y los llevás allí, solo para que respiren.

Nada huele como Colonia en primavera.

Negromate estrena sitio!

Naxto, Alvares, Claire y compañía estrenan sitio web y canal de Vimeo para Negromate!

Felicitaciones!

Los visitaremos a menudo, con ansias de ver cómo se van poblando los contenidos.

100 Años de Arte Nacional en Colonia

Veo, con agradabilísima sorpresa, que llegó a Colonia la exposición itinerante del Museo Nacional de Artes Visuales “100 años de Arte Nacional“.  La montaron en la Plaza 25 de agosto (de los sapitos).

Está formada por un muestrario [PDF] con 30 obras hermosas de un lote de nuestros artistas, algunos muy conocidos y hasta emblemáticos, como Manuel Espínola, Torres García, José Cúneo, Juan Manuel Blanes, Blanes Viale, Rafael Barradas o Pedro Figari, y otros no tanto, pero igual de disfrutables, como Costigliolo, Carlos María Herrera, Petronia Viera o Federico Sáez.

También veo, lamentablemente sin demasiada sorpresa, que algún imbécil laceró la reproducción de Cúneo.

José Cúneo - Luna con Dormilones

José Cúneo – Luna con Dormilones

Siempre hay algún mogólico con ansias de hacer daño gratuito.

Por lo demás, hay cuadros increibles, por ejemplo, un retrato de Sáez que se forma a partir de pinceladas sin mucha sustancia.

No sé hasta cuándo va a estar, porque en el sitio del MNAV se les chispoteó listar a Colonia, aunque supongo que estará por aquí unos 20 días.

Si no la viste, venite y te tomás unos mates mientras la disfrutás.  El carrito con las tortas fritas está a media cuadra, como para que hagas el tour gastronómico también.

Es un aporte de 42, para la difusión de la cultura.  Como dijo el famoso filósofo Clemente:  Un cacho de cultura, lará, lará, lará.

Llamado a la solidaridad: Atención Colonia del Sacramento!

perritosA ver, gente.  Para nuestros lectores y lectoras dentro del área de influencia de Colonia del Sacramento y aledaños… es decir que hasta Carmelo por el oeste y Nueva Helvecia por el este, los llevamos.  Es más, 42 tiene delivery de cachorros todo a lo largo de la Ruta Nacional # 1 Bgdier. Gral. Manuel Oribe, y en Montevideo.

Tenemos tres cachorritos, de pura raza perro, que necesitan casa.  No tienen ni un mes, por el tamaño;  estimamos que el hijo de puta que se los dejó a Nacho sin decir agua va, en la puerta de la casa, anoche con la tormenta, los destetó antes de tiempo.  Los que quedan son todos machos, una hembra ya encontró quien la reciba.  Como pueden observar en la foto, no tienen problema con el arroz con leche (sin canela).

Gracias!

P.D.: Hasta que todos los perrúnculos encuentren casa, esta entrada va a estar a la vista.   Las nuevas entradas aparecen debajo.

Actualización 21/5: Uno de los perritos va a ser bombero!  Albricias!  Todavía quedan dos! Como le dijo papá Tomate a Tomatito recién atropellado: A Pure Sé!

Acutalización 5/6: Misión cumplida!  Todo el cuzquismo tiene casa!

La destrucción detrás de la belleza

La noche del 4 de enero, el 2013 nos hizo saber, en este rincón del mundo, que no se necesitan profecías mayas para armar quilombo.

Tuvimos un temporal, de efectos muy localizados, precedido de una fantástica tormenta eléctrica, seguida de vientos casi huracanados, que dejó el paisaje de la ciudad como si fuera un campo de batalla… un campo de batalla en donde nos tocó la peor parte.

Uno de nuestros lectores… porque finalmente tenemos un lector en nuestra misma ciudad!!!  YEAH, baby!!!  El Propio Lector, maderfaquer! A la carga mi rocanrolnnn, nena!  Tenemos un lector en Colonia, vo!!

Como iba diciendo, uno de nuestros lectores, aficionado a la fotografía, captó con su cámara un lote de imágenes espectaculares de la tormenta de Padre y Señor Nuestro que vivimos.

Acá te dejo algunas, para que vayas viendo.

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Lindas, verdad?  No!  Son buenísimas!

Ramiro también salió a pasear por la Aldea, cámara en ristre, el día después.  El panorama no era tan divertido en esas primeras horas…

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Te invito a que pases a visitar su galería en flickr, con muchas más fotos del desbarajuste, así como su página web.

Gracias, Ramiro! Ya que estoy, te robo una de las fotos de la tormenta anterior… para la entrada anterior.  Todo joya! 😉