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Siento, luego existo

Cada vez me reafirmo más en cambiarle a Descartes su famosa frase «pienso, luego existo» y dejarla en «siento, luego existo». Sentir es antes que pensar. El niño recién nacido todavía es incapaz de construir pensamientos, de razonar, deducir o inducir, sin embargo siente, no sólo siente, su vida depende del pecho de la madre, de la voz del padre, de la mano del hermano. Yo creo que, en el fondo, todos nos movemos más por las emociones que por los pensamientos e intelecciones. Uno ve a una persona y de entrada le gusta o le disgusta, luego razona acerca de sus cualidades y defectos; uno se esfuerza y, aunque ese esfuerzo le lleve a ser ministro, antes que eso está la emoción, el estímulo de la conquista, de avanzar y superarse. Por eso, como escritor, persigo la emoción del lector mucho más que la admiración.

Escribir es vivir - José Luis Sampedro

El miedo, esa fuerza incontenible

Hoy se cumplen dos años de la muerte de José Luis Sampedro, el escritor y economista español.  Con él se fue un humanista gigante.

Dejo este video que no conocía y que una amiga compartió hace unos días. Gracias, Cristina!

Así hablaba Sampedro a sus 84 u 85 años, con una lucidez y una erudición con la que solo puedo soñar. Medido en sus dichos, pero contundente más allá de toda duda, buscando provocar con todo cariño.  Hay que provocar en el que escucha, dice Sampedro en su libro Escribir es vivir, que piense por su cuenta… para que salte por encima de mi y lo haga mejor todavía.

Dejo el enlace a este libro, considerado una autobiografía, que consiste en una recopilación de conferencias. Escribir es vivir nos deja ver un poco de la cabeza y el alma de este viejazo. Tan grande. Tan grande.

Realmente una pérdida difícil de suplir.

Mercantilizar la vida

El mundo está hecho de lo que percibimos y con eso hacemos, como he dicho tantas veces, nuestro propio mundo. Y eso queda muy bien expresado en la idea «El hombre es la medida de todas las cosas». Pero cuando decimos «el tiempo es oro», que es como decir «el dinero es la medida de todas las cosas», estamos reduciendo todo a lo que da el oro, al dinero, a términos económicos. El tiempo no es oro, el tiempo es vida. Cuando yo me muera, se acabó mi tiempo. El tiempo que yo he tenido es la vida que yo he desarrollado desde el momento de nacer hasta el de morir. Los demás tendrán otro tiempo, la Tierra seguirá dando vueltas durante miles de años, pero mi tiempo vital, el tiempo que a mí me importa, es la vida, mi propia vida. Y reducir el tiempo a dinero, es reducir la vida a dinero. Equivale a decir «lo que no da dinero, lo que no vale dinero, no importa, no es vida», lo cual es un reduccionismo economicista absolutamente aberrante; es confundir una economía de mercado con una sociedad de mercado. Vivimos en una sociedad que da valor a lo que tiene precio en el mercado y no valora lo que no lo tiene. Decía Antonio Machado: «Cualquier necio confunde valor y precio», que es la expresión poética de la diferencia entre economía y sociedad de mercado. Ciertamente, el precio es una cosa y el valor es otra, pero una sociedad de mercado que se funda solamente en el mercado, sólo valora lo que tiene precio. Lo que tiene valor, si no tiene precio, no importa. Veamos: los sentimientos, los afectos si no se pueden comprar y vender, no interesan, pero si se compran y se venden dejan de ser lo que eran. El amor, por ejemplo, si no se compra ni se vende es amor, pero si se vende es otra cosa.

Escribir es vivir - José Luis Sampedro

El buen envejecer

Leer a la luz del día mientras se viaja en bus es maravilloso.  El dejar descansar la vista, discurriendo sin aferrarse por el paisaje de un domingo temprano, de alguna manera complementa la lectura, incluso cuando no hay asociación directa alguna.

Leo divertido este párrafo de Sampedro, en su libro Escribir es vivir:

Ese mismo amor por los objetos me lleva a no querer cambiarme de ropa: prefiero la ropa vieja a la nueva, cuando estoy a gusto con una prenda la llevo hasta que me la tiran o esconden. A veces me hacen la trampa de sustituírmela por otra igual, pero no cuela, prefiero la que lleva meses o años conmigo, aunque se le hayan hecho bolitas. ¡Qué más da! También a mí me han salido canas y arrugas.

Con una sonrisa dejo de leer y paseo la mirada por la campiña ondulada y somnolienta, a fin de dejar que las palabras se asienten.  En ese momento pasamos sobre un puente y abajo, cerca de la orilla, se pasea un perrito bayo con ese trotecito propio de los perros pequeños, ágil y grácil que parece carente de peso.  La imagen es perfecta en su fugacidad y, sin tener nada que ver, calza como un guante con lo leído.

Angustia

Avanzando por la provincia de Lérida, llegamos a una aldea cuya escuela había sido alcanzada por un proyectil. ¡Hay que ver lo que puede hacer un proyectil en una escuelita! Naturalmente, destrozarla, pero me refiero al contenido: los dibujos de los niños, los cuadernos escolares abiertos por las páginas de caligrafía, los ejercicios… todo tirado, esparcido por el suelo y parcialmente tapado por escombros formaban un cuadro sobrecogedor, un grito de denuncia contra la barbarie.

Escribir es vivir - José Luis Sampedro