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No son pasas lo que quiere el corazón

El tendero señaló a su hijo y le dijo al hombre:
Mandsanas —dijo el tendero—, narranjas, chocolatinas y plátanos, pero no galietas. Éste es mi hijo. Tiene tres años. No está enfermo. Quierre muchas codsas. Yo no sé qué quierre. Nadie sabe lo que quierre. Simplemente quierre. Mirra a Dios y didse: dame esto, dame aquello, pero nunca está satisfecho. Siempre quierre más. Nunca está contento. Y el pobre Dios no tiene nada parra una tristedsa así. Nos lo da todo: el mundo, la luz del sol, la madre, el padre, el hermano, la hermana, los tíos, los primos, la cadsa, la granja, la codsina, la medsa, la cama… El pobre Dios lo da todo, perro nadie está feliz. Todo el mundo es como edse niño enfermo de gripe. Todo el mundo me pide galietas, y con padsas dentro. —El tendero se interrumpió un momento para suspirar profundamente. Cuando soltó el aire, dijo al cliente en voz muy alta—: No hay galietas con padsas dentro.

El sábado fui hasta la tienda de comida armenia de la esquina. Allí me atendió una muchacha muy macanuda, esposa del dueño de ascendencia armenia. En las paredes, un texto impresionante le decía al lector, que no podrían con Armenia. Que a pesar de los intentos del mundo y la Historia por vencerlos y aniquilarlos, allí donde se encontraran dos armenios, la cultura sería reconstruida.
El poema se llama “Armenia” y su autor es William Saroyan.  Quién es, o fue, Saroyan, le pregunto, intrigado por la fuerza y sencillez de las letras.  Es un autor armenio que creció y vivió en Estados Unidos, no es muy conocido, pero sí muy bueno.

Así que una de las primeras cosas que hice luego de volver a casa y comerme los ricos lehmeyunes, fue buscar algo de William Saroyan; y encontré un libro llamado “La comedia humana”.  Basada en los Estados Unidos de la Segunda Guerra mundial, esta novela muestra la vida vista desde los ojos de un par de niños que viven en un pequeño pueblo de California: Homero, de 14 años que va a la escuela y luego trabaja como mensajero para el telégrafo y su hermano Ulysses, de 4 años, lleno de una curiosidad maravillosa e inagotable.

Escrita en un lenguaje directo, sencillo y sin pretensiones, la belleza de la historia es abrumadora.  En ella encontramos unos colores brillantes, unas imágenes tibias como un sueño de la infancia y un candor como no he visto desde el Cándido de Voltaire, pero mejor, porque no hay sátira, pesimismo, o ironía.  O tal vez la haya, pero sutil al extremo.  Es como una filigrana de cristal, preservada en el tiempo.

Ulysses nos captura desde su visión, con su percepción del mundo y sus interrogantes, a cada paso haciendo un descubrimiento más portentoso que el anterior.  Homero, por otra parte, se va abriendo al mundo adulto y sus complejidades, los miedos y las angustias.  Como mensajero del telégrafo en tiempos de guerra, le toca llevar las noticias de las muertes en el campo de batalla a los familiares, y eso lo cambia en un nivel profundo.

Todas estas estampas están permeadas de las realidades de la época, varias de las cuales aún están vigentes.

—El mundo se ha vuelto loco —dijo—. Solamente en Rusia, muy cerca de nuestra tierra, nuestro hermoso y pequeño país, millones de personas, millones de niños pasan hambre todos los días. Pasan frío, viven de forma patética, descalzos. Van por ahí, sin un sitio para dormir. Rezando por un trozo de pan seco, por un sitio donde acostarse para descansar, por una noche de sueño tranquilo. ¿Y nosotros qué? ¿Qué hacemos nosotros? Aquí estamos en Ithaca, California, en este país maravilloso, América. ¿Y qué hacemos? Llevamos ropa buena. Nos ponemos zapatos buenos todos los días cuando nos levantamos de la cama. Caminamos por la calle sin que venga nadie armado ni nadie se dedique a quemar nuestras casas ni a asesinar a nuestros hijos, a nuestros hermanos ni a nuestros padres. Vamos de excursión al campo en automóvil. Comemos la mejor comida. Todas las noches nos vamos a la cama y dormimos, ¿y cómo nos sentimos? Descontentos. A pesar de todo estamos descontentos —el tendero le gritó aquella asombrosa verdad a su hijo, lleno de un amor terrible hacia el niño—. Manzanas —dijo—, naranjas, chocolatinas, plátanos… Por el amor de Dios, hijo, ¡no hagas eso! Aunque yo lo haga, tú eres mi hijo y por tanto eres mejor que yo y no tienes que hacerlo. ¡Sé feliz! ¡Sé feliz!

Es un libro de tiempos de guerra, pero de ella, el odio y la estupidez, se habla tangencialmente, como pidiendo disculpas por meter justo ese tema entre lo importante. Hasta la muerte, esa perra inevitable, aparece envuelta en otra cosa, más liviana, amarga y dulce a la vez.

Es, en definitiva, un libro precioso.

Todo es mentira, quizá

durero-crucifixion

La Crucifixión, de Albrecht Dürer (Alberto Durero es una castellanización infame que me da ganas de dar de garrotazos al que tuvo la idea de hacer semejante traducción)

El sol se muestra en uno de los ángulos superiores del rectángulo, el que está a la izquierda de quien mira, representando el astro rey una cabeza de hombre de la que surgen rayos de aguda luz y sinuosas llamaradas, como una rosa de los vientos indecisa sobre la dirección de los lugares hacia los que quiere apuntar, y esa cabeza tiene un rostro que llora, crispado en un dolor que no cesa, lanzando por la boca abierta un grito que no podemos oír, pues ninguna de estas cosas es real, lo que tenemos ante nosotros es papel y tinta, nada más.

Así comienza El Evangelio Según Jesucristo, de José Saramago.  A esta frase-párrafo inicial de 102 palabras sigue la descripción más impactante que he leído en mi vida.  Bien, es verdad que no he leído tanto, ni tantas descripciones, pero esta es la más impresionante de todas.    Precisa, con alma, metódica, detallista, con un flujo acompasado; es realmente una construcción muy hermosa.  Vale la pena, por lo que dejo un pequeño PDF con la descripción completa.  El PDF lo encontré acá.

El resto del libro sigue con ese estilo y esa intención, parece, logrando una complejidad que a pesar de su densidad, al menos hasta ahora, invita a seguir. Veremos qué nos depara.

El miedo, esa fuerza incontenible

Hoy se cumplen dos años de la muerte de José Luis Sampedro, el escritor y economista español.  Con él se fue un humanista gigante.

Dejo este video que no conocía y que una amiga compartió hace unos días. Gracias, Cristina!

Así hablaba Sampedro a sus 84 u 85 años, con una lucidez y una erudición con la que solo puedo soñar. Medido en sus dichos, pero contundente más allá de toda duda, buscando provocar con todo cariño.  Hay que provocar en el que escucha, dice Sampedro en su libro Escribir es vivir, que piense por su cuenta… para que salte por encima de mi y lo haga mejor todavía.

Dejo el enlace a este libro, considerado una autobiografía, que consiste en una recopilación de conferencias. Escribir es vivir nos deja ver un poco de la cabeza y el alma de este viejazo. Tan grande. Tan grande.

Realmente una pérdida difícil de suplir.

La distancia infinita

Soy bastante mogólico en cuanto a los libros.  A la hora de comprar uno sin propósito ni deliberación, lo abro en un punto al azar y, si los dos o tres párrafos que leo me parecen interesantes,  lo compro sin más consideraciones.  Lo mismo sucede a la inversa.  Esto, claro está, es un método que está lejos de ser eficiente ni eficaz.  Porque y si justo enganchás con la única perla maravillosa o con la única página floja de un relato?

En fin, el tema es que hace un par de días, mientras hacía tiempo para que me viera el médico, me entretuve en la librería y revisando al azar me topé con esta maravilla:

Dos jornadas de viaje alejan al hombre […] de su universo cotidiano, de todo lo que él consideraba sus deberes, intereses, preocupaciones y esperanzas; le alejan infinitamente más de lo que pudo imaginar en el coche que le conducía a la estación. El espacio que, girando y huyendo, se interpone entre él y su punto de procedencia, desarrolla fuerzas que se cree reservadas al tiempo. Hora tras hora, el espacio determina transformaciones interiores muy semejantes a las que provoca el tiempo, pero de manera alguna las supera.

Igual que éste, crea el olvido; pero lo hace desprendiendo a la persona humana de sus contingencias para transportarla a un estado de libertad inicial; incluso del pedante y el burgués hace, de un solo golpe, una especie de vagabundo. El tiempo, según se dice, es el Leteo. Pero el aire de las lejanías es un brebaje semejante, y si su efecto es menos radical, es en cambio mucho más rápido.

No es precioso?  Como sea, así fue como La Montaña Mágica, de Thomas Mann, se las ingenió para entrar en mi biblioteca.  Luego te cuento qué tan efectivo fue el método, ya que el libro es más bien gigante; la prosa parece ser hermosa e invita a la degustación lenta.

Cuernos, de Joe Hill

El libro podría ser una más de esas historias de amor que derivan en un crimen pasional, si no fuera por un detalle: cuando Ig (ese es el nombre del protagonista) despierta luego de una borrachera, se da cuenta de que tiene cuernos; rojos, pequeños, puntiagudos.  Y con los cuernos, Ig descubre que viene un kit de extraños poderes: por un lado, impulsan a la gente a contarle sus más reprimidos deseos, a la vez que los hace influenciables, y también a contarle sus pensamientos y sentimientos más escondidos, lo que no siempre es tan bueno, en especial cuando todo el pueblo cree que mató a su novia, Merrin, luego de violarla…

Así comienza, trepidante, raro.  El concepto es fascinante.  Y la idea da un poco de miedo… ¿porque quién, en algún momento, no ha deseado saber REALMENTE lo que piensa la persona que tiene enfrente? ¿Qué se oculta tras una sonrisa, un gesto, una mirada?  ¿Cuál es la verdad?

Sin embargo, la historia luego decae un poco, mientras nos da un recorrido no lineal por su vida y la de sus amigos y su novia, violada y asesinada mientras él dormía la mona.

Los capítulos se suceden, yendo y viniendo, del pasado al presente, donde Ig va explorando sus dones, descubriendo qué más puede hacerse… y disfrutándolo, en ocasiones.  Aparecen algunas disquisiciones fantásticas sobre el Bien y el Mal, Dios y el Diablo, a fin de cuentas, Ig parece más un demonio a cada instante que pasa.

Ah, y también, entre tanta gente que no puede evitar soltar la lengua, da por accidente con el verdadero asesino de Merrin.

El detonante, que aparece tarde en el libro, es un cliché que aunque inesperado, no deja de ser un poco frustrante.  Te digo más, me sentí insultado.  Luego el libro se termina de ir al carajo y, además de insultado, te sentís estafado.

El estilo es claro y directo, la narración es ágil y el movimiento por las distintas líneas temporales está bien llevado, pero la historia es decepcionante.  Dicen de Hill que es el “príncipe del terror”, pero la verdad, en este primer encuentro con él, me quedé con gusto a poco. Vamos a entendernos, dada la premisa inicial, no se puede pedir verosimilitud, pero el concepto, aunque con muchísimo potencial, queda subdesarrollado, lo que es una lástima.

Se lleva un 6, en la poco autorizada y por demás arbitaria escala de 42, pero nada más que porque la idea de los cuernos no-basados-en-infidelidades es francamente fantástica.

Hay una peli muy reciente, con Radcliffe, el chabón de Hary Potter, en el papel de Ig, a la que en Rotten Tomatoes destrozaron bastante (42%).  Imagino un poco por qué: en primer lugar, adaptaron la historia de forma bastante grotesca, según el trailer que allí puede verse; segundo, hay bastantes “pensamientos” en el libro, y mientras un libro puede decirte lo que piensa un personaje y regodearse varias páginas con ello, en las pelis eso no puede hacerse.  Cuanto más pensamiento haya en un libro, más difícil es hacer una adaptación como la gente.  Luego de ver los avances, en realidad no sé si quiero verla.

Todo llega…

Este es el primer libro impreso que he leído del cual conozco personalmente a la autora, así que voy a presumir un poco y a hablar brevemente de ella antes de pasar al libro. En parte por presumir, pero sobre todo porque los dos son fascinantes.

Conocí a Ana Luisa Valdés hace poco más de dos años y medio, de manera accidental y poco ortodoxa.  En realidad el primer contacto que tuve con ella fue cuando me cagó a pedos (a mí y a otras personas) mientras decíamos boludeces y nos divertíamos como niños en una lista de correos.  Algunos se enojaron mucho con eso… porque quién se piensa que es esta mina para llamarnos la atención de esta manera?  Pero bueno, tampoco era para tanto; a mí, que aprendí mi primera y torpe esgrima a principios de los 2000 en un par de grupos de noticias y que pronto también aprendería que esa esgrima (e inquina) no sirve de nada, me dejó indiferente.  Todo hubiera quedado en esa nada si no hubiera sido por Alice.  Finalmente fue gracias a mi María Luisa, a quién también conocí en esa lista, que entablamos un diálogo más normal con Ana Luisa, que devino en un acercamiento paulatino y en un relacionamiento fluido, cordial, y ampliamente positivo y constructivo.

Lo primero que me impactó cuando entré por primera vez en su casa, fueron los libros; cada pared disponible estaba cubierta de estanterías llenas de libros, de piso a techo y en tres capas de profunidad, más pilas y estantes aislados que cubrían cada centímetro disponible; en inglés, español, alemán, sueco, francés; de Historia a Arte (todas ellas), pasando por política y cocina y ficciones y Economía.  Su biblioteca de referencia es abrumadora.  Lo segundo fue su amplio conocimiento, quizás decir erudición sería apropiado, sobre casi cualquier tema que se te ocurra; no es pedante y no te lo refriega, pero es parte de ella y se trasluce y aflora en cualquier conversación, enriqueciéndola, expandiendo horizontes, relacionando aconteceres y personas que a primera vista parecen inconexos.  Lo tercero fue su cocina; habiendo vivido tantos años en Europa y habiendo viajado tanto por tantos países y culturas, su gusto y conocimiento de los sabores y la especias es maravilloso; eso sí, por favor no le ofrezcas guiso de lentejas, ni, por el MEV bendito, pirón; no importa lo delicioso que creas prepararlo, no lo hagas.

Es difícil describirla.  Anarquista. Tupamara. Presa de nuestra dictadura.  Exiliada. Antropóloga.  Políglota.  Humanista. Activista.  Escritora.  Conversadora prolífica. Fantástica compañera de mesa.  Expansiva.  Generosa.  Aguda crítica.

Sus vivencias, algunas de las cuales ha compartido con nosotros mano a mano, van de lo trivial a lo trágico; en sus viajes ha conocido a algunos personajes clave de nuestra historia moderna y ha participado en acontecimientos no menos importantes como protagonista.  Su forma de relatar, y siempre tiene un relato en su vasto bagaje, magnetiza y maravilla, mientras te lleva de las risas a un horror profundo que ninguna ficción puede igualar.  Sin embargo la sensación es rara, porque hace de su relato algo casi lúdico, en su diálogo suaviza sus tristezas y dolores y los hace casi amenos para quienes no los hemos vivido, dejándonos entrever los monstruos, pero sin echarnos a la misma jaula.  Incluso cuando relata los extremos de depravación a los que llegan los hombres y mujeres que sumen en el dolor a sus semejantes, busca hacerlo sin odios ni rencores, casi con distancia y hasta con una pizca de humor.

No sé. Me falta empatía y vivencias y experiencia para poder explicar esto cabalmente, y me apena no ser capaz de transmitirlo como se merece.

Ayer me topé con su último libro, llamado Su tiempo llegará, en una de las librerías de la terminal de Tres Cruces.  Casi había desistido de encontrar algo y estaba por irme cuando vi su nombre de refilón.

El libro es bellísimo.  Entre sus páginas se encuentra una Ana Luisa que cobra nuevas dimensiones.  Siempre humana, sin rencores pero crítica, tiene una profundidad que por momentos quita el aliento, que matiza con imágenes poderosas y muy, muy hermosas.

En Su tiempo llegará, Ana Luisa cuenta su vida, en parte, pero según sus propias palabras no es una autobiografía.  Es un testimonio, pero también ficción y memoria imperfecta, tanto personal como colectiva, que se ve enmarcada y engloba una época oscura y trágica de nuestra Historia; un baile atroz en donde no pudo evitar bailar con la más fea, pero que llevó con toda la gracia y rebeldía de que era capaz. También encontramos su mirada y voluntad puesta en esa otra tierra torturada y oprimida que es Palestina, cuya historia traza extraños paralelismos.

Para quienes no conozcan a Ana Luisa, o para quienes no la conocemos tanto, es imposible decir o decidir qué partes son ficción.  Sí intuimos, en cambio, que las partes que más nos gustarían que fueran inventadas, son dolorosamente reales.

Si tenés la oportunidad, no te pierdas este libro. No vas a arrepentirte. No es un libro sobre política.  Es inevitable encontrarla en un libro que habla de las vivencias de una activista y militante de izquierda, pero no hay proselitismo, no hay superioridad, ni pregón. Solo Humanidad.  Esa es la palabra que estás buscando.

Libro: Yo, Asimov

Me fascina que me regalen libros.

Madre me regaló mi primer libro: El Nuevo Testamento, que todavía conservo. Lo conservo en mi “altar particular”, que consiste en una pila de libros que cuenta, en orden ascendente, con el I Ching, El Corán, un libro de física de cuando Padre estaba haciendo el bachillerato, El Nuevo Testamento, El Arte de la Guerra y encima de esa pila, Zen en el Arte de Escribir, de Bradbury. Eso da un pantallazo de mi filosofía de vida y mis creencias: resumidamente, el mundo es el que es aunque las religiones tironeen de él; estas a su vez tienen un poco de magia por debajo y astuta estrategia por encima… y Bradbury los tapa a todos, porque todos sabemos que finalmente todo es mentira y todo es puro cuento, por lo que no habría que tomarse las cosas tan a la tremenda.

Hermana me ha regalado varios libros fantásticos, entre ellos uno de Poe y uno de Bradbury. Naxto me regaló uno de mis libros más queridos: El Viejo y El Mar, de Hemingway, en una edición destartalada que me encanta, sobre todo porque antes fue suyo. Martín no me regaló mi primer Benedetti, Pedro y el Capitán, pero casi, ya que lo compré en un puesto callejero a precio de regalo y al abrirlo vi su nombre. Magia!

Mi mejor mitad, entre otras cosas, me regaló mi primera edición bilingüe: Hojas de Hierba, de Whitman; un libro bellísimo por el que voy avanzando laboriosamente.

Amigos y amigas me han regalado algunos de mis libros más preciados, tanto físicamente (como Anahí, Ruth, Alice y Leo que me regalaron una antología de literatura fantástica), como mediante recomendaciones (como Marcelo, que me habló de Bolaño, el genial chileno; o Nat, que me presentó al fabuloso Voltaire; o Hermana, que puso en mis manos a Galeano hace muchos años).

Todos esos libros tienen su lugar destacado, están a la altura de los ojos en la biblioteca principal, salvo el de Whitman, que está junto a mi cama.

Pero algunos libros nos marcan más que otros. Era un adolescente cuando mi tía Chola me regaló El Sol Desnudo, mi primer libro de Isaac Asimov; un libro que aún conservo con amoroso recuerdo, ya que, en rústica y con las páginas amarillentas y la cubierta ajada, está fechado y firmado por ella… y además fue mi primer Asimov.

Mi tía Chola. Tía abuela. Qué mujer. La quería mucho a la tía, pero nunca fui capaz de cultivar los lazos; no es que me intimidara, a otros quizás sí, porque tenía fama de severa, pero siempre fue muy buena, amable y hasta tierna conmigo, aunque en el trato se traslucía una inflexibilidad que, aunque no me estaba destinada, me hacía mantener las distancias. Ahora ya es tarde, obvio, y para acortar las distancias necesitaría, digámoslo escuetamente, hacer un largo viaje de ida.

Por qué cuento esto? De vuelta?

Primero, porque hay algo muy curioso. O por lo menos a mí me vuela la cabeza en 1000 pedazos: Asimov nació en 1920… cuando mi tía tenía 5 años. El Sol Desnudo es de 1957, cuando Asimov no era el gigante conocido a nivel mundial que es ahora, a décadas de distancia de Internet y las comunicaciones instantáneas, de la globalización, y por supuesto, de las ediciones simultáneas en varios idiomas. ¿Entendés el contexto, las implicaciones? Mi tía me regaló una edición en español de 1980, de un libro de 1957, impresa en 1986, que ella había conseguido en 1987, en un Uruguay que recién salía de una época de oscurantismo, a la edad de 73 años. Mi tía leía a Asimov a los 73 años y no había manera de que supiera mis preferencias. Es una maravilla. Es mágico.

Pero por qué saco este tema?

Bueno, porque estoy leyendo un libro fantabuloso en el que Isaac Asimov habla de uno de sus temas preferidos: Isaac Asimov.

Este libro de memorias, como una autobiografía no del todo lineal, es bellísimo. Asomarse a su cabeza, su sentir y su vida, es grandioso. Qué tipazo! Y qué cabeza! Oh, MEV! Asimov tenía una mezcla soberbia de agudeza, sensibilidad (pero no sensiblería), humor, sencillez, inocencia y, creo yo, una honestidad intelectual impresionante… además Asimov no se muerde la lengua y no le importa mucho ni poco ser políticamente correcto, lo que es francamente refrescante, aunque a veces puedan chocarnos sus opiniones.  Ah, y además poseía lo que yo llamo una humilde arrogancia, o una falta total de falsa modestia.  El tipo es uno de los autores más prolíficos de la historia, si no el más; versado hasta casi la erudición en una cantidad impresionante de temáticas; con un estilo sencillo, nada rebuscado y coloquial que hace que cada lectura se parezca a una charla entre viejos amigos; así que si el tipo te dice: soy el mejor, tenés que darle la razón.  Salvo que seas medio lelo, es imposible no gustar de sus escritos… alguno de ellos al menos.

Un humanista casi del calibre de Carl Sagan y, al igual que este, debería ser de lectura y estudio obligatorio en todas las etapas de la educación, ya que el tipo tiene cerca de 500 libros publicados de muy variadas temáticas, para todas las edades posibles.  Habla sobre la vida, la muerte, la religión, el racismo, los hijos, y por supuesto también sobre sus libros, la pasión, la escritura (que en su caso es indisoluble de la pasión), la ciencia, la ficción, los amigos, el indignarse frente a las estupideces, los imponentes personajes con los que trabajó y trabó amistad, y un largo etcétera.

No voy a transcribir ninguna cita ahora… porque ya tengo un montón preparadas para ir publicando más tarde. Al ser un autor tan prolífico y abarcativo, de la ciencia ficcion a comentarios sobre Shakespeare, pasando por sus libros de ciencia, historia y hasta sobre la Biblia, tiene algo que decir sobre cada tema que nos pueda rondar por la cabeza (menos sobre medicina). Algo interesante y casi siempre eminentemente positivo.

42 le da un re-contra 8.