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Máquinas mortales

La película Máquinas Mortales pintaba bien en el trailer. El concepto es interesante, incluso hay quien ha explorado la viabilidad del concepto usando un poco de ciencia (e imaginación).

Una guerra cuántico/nuclear que duró 60 minutos destruyó el mundo. Las ciudades supervivientes se vieron sin recursos así que… las hicieron móviles. Pusieron unas ruedas y a rodar. Van alimentándose de otras ciudades y de los recursos que puedan encontrar en su camino, como depredadores.

La película se basa en la tetralogía de novelas escritas por un tal Philip Reeve. Como no podía encontrar la peli, busqué los libros.

Los libros resultaron bastante básicos, por decir lo mínimo. A pesar de la ingente cantidad de creatividad e inventiva necesaria para crear esta distopía posapocalíptica a la historia se le ven los hilos, varios de ellos a medio reventar. Hasta el último libro, donde se precipita una acción clave mediante una revelación crítica que hace uno de los personajes “buenos” a uno de los “malos”. Un recurso estúpido que debería llenar de furia a toda persona que se cruce, en particular donde Theo le cuenta a Pennyroyal que van a rescatar a la doctora Zero. O sea, cerrá la boca, mogólico. ¿A quién se le ocurre? No te voy a dar más detalles, por si sos lo suficientemente demente como para entrarle a esta mierda, pero es una imbecilidad. Es el equivalente a que Churchill le hubiera contado a Adolfo que iban a desembarcar en Normandía el 6 de junio de 1944… pero que no se preocupara, que todo iba a ser para bien. Te juro, de todos los delirios que hay repartidos por los cuatro libros, este se lleva la palma, el oso y el gramófono, todo junto. En la subjetiva y probablemente injusta escala de 42, los primeros tres libros se llevan una puntuación de alrededor de 6, y el cuarto un 5, quizá menos.

¡Y la película! La adaptación de algo a lo que se le ven los hilos es complicada en el mejor de los casos. Este caso, salvando los efectos especiales y visuales, es lamentable. Un guion lamentable, en donde no se respetan cosas básicas de la historia original, se une a personajes unidimensionales creados por alguien que sencillamente no entendió nada de lo que leyó en las novelas, si es que las leyó. Se simplifica algo de por sí básico, se recortan hilos argumentales y se omiten episodios importantes para hacer caber todo en un par de horas, y el resto… se inventa. En los libros se exploran, así sea someramente, temas como sociedad, comercio, prevalencia del más fuerte, esclavitud, lealtad, aprender de la Historia, sustentabilidad, etc. Todo eso se recortó casi por completo en la película. El final es simplemente lamentable. Sí, la palabra “lamentable” aparece tres veces en el mismo párrafo. Cero carácter. No hay un personaje que te mueva un pelo (ni siquiera Hugo Weaving, que ya es decir). Clichés a tope. Torpe y olvidable.

Sé que no debería ser así de lapidario. Escribir una novela es una tarea complejísima, más si luego tenés que seguir el impulso con otras tres novelas. Hacer una película es una tarea titánica que involucra el trabajo de cientos de personas. ¿Pero cómo pueden gastar esa plata haciendosemejantes cosas? ¿Qué criterio usa quien aprueba las ideas para pasar a ejecutarlas? ¿Se usa algún criterio? Ah, y sigo odiando fuerte a Peter Jackson.

Es todo muy horrible, lo siento.

Animación: Batman Ninja. O cómo hacer algo más horrible que el Batman de Clooney en 1997 dirigida por Schumacher

Cuando mirás una entrega de Batman tenés que suspender muchos criterios y circuitos mentales. Suspender la incredulidad es solo el principio, sobre todo cuando hablamos de una animación. Y lo hacés de buena gana porque, bueno, es Batman.

Todo tiene un límite, sin embargo.

Batman Ninja parte de una premisa extraña y agarrada de los pelos, pero finalmente necesaria: al fin y al cabo de alguna forma hay que poner en marcha la historia.

Tiene 5 minutos, luego de esa premisa inicial extraña y endeble, que coinciden muy mucho con lo más emocionante que se ve en el trailer y en los que se puede albergar alguna esperanza y luego falla catastróficamente.

Deviene rápidamente en un delirio insufrible de tal magnitud que, por decirlo amablemente, los más locos e improbables momentos de Naruto Shippūden son una oda al sentido común, la plausibilidad y la coherencia.

El rejunte de héroes y villanos que vemos en Batman Ninja es tan ridícula en su concepción, ejecución e interacción que no puede ser descrita racionalmente. Más que una animación parece un atentado terrorista.

Al final terminamos con una especie de Voltron ridículo sin pies ni cabeza. O sea, sí tiene pies y cabeza o no podría compararlo con Voltron, pero es horrible, innecesario e inconcebible. O sea, sí fue concebido por alguien, pero ese alguien debería estar internado por hacerlo.

Ese Batman hecho de monos y murciélagos es inefable de la peor manera posible. Un guiño ridículo en el mejor de los casos, y una plagio descarado en el peor, a la combinación poderosa y legendaria de Kurama y Susanoo en Naruto.

Qué decepción, DC. Todavía estoy tratando de entender qué historia quisiste contar y por qué te esforzaste tanto en contarla de la peor manera posible.

Luego de mirar esta cagada me siento viejo y vencido.

Anónima: Desaparecer y ser olvidada

Las circunstancias y premisas de la nueva película de Netflix, Anon, son extremadamentes interesantes.

El mundo se ha rendido a la Realidad Aumentada: qué música suena en un auto que pasa, cómo se llaman las plantas que hay en los canteros, la procedencia de la vajilla en una filmación, la publiciad callejera, nombres de monumentos y edificios. Todo es inventariado. Todo es evaluado.

Las personas también.

Vemos una sociedad hiperconectada en donde la privacidad prácticamente no existe. Basta mirar a alguien para saber cómo se llama, cuántos años tiene y, cabe suponer, otra información relevante. Lo que ven los ojos se registra y puede ser recuperado al instante, reevaluado, transferido, juzgado. ¿Tu pareja no cree en lo que le decís que hiciste el fin de semana anterior? Te pide tus registros de esas horas. ¿Hay un asesinato? La policía puede entrar al Éter y recuperar los últimos minutos de la víctima, ver por sus ojos, y quizá descubrir quién lo asesinó. Pueden reconstruir tu rutina. Saber qué comiste hace dos días. Qué ocultás.

Es una especie de Gran Hermano que quizá no lo controla todo, pero potencialmente podría vigilarlo todo. El sueño de la Stasi en La Vida de los Otros: saber todo de todo el mundo.

Salvo que hay personas, hackers, desconectadas del sistema. No. No desconectadas, invisibles, anónimas. Un error. Una no-estadística. Los hackers pueden borrar los registros incómodos, suyos y ajenos. La falsificación de una pintura, una infidelidad, una transacción opaca. Las mejores mentes dentro de ese mundillo pueden no solo borrar tus registros, sino también los registros de vos que quedan en las otras personas involucradas.

La anulación de la privacidad alcanza niveles totales, hasta el punto de poder borrar tus registros, alterarlos o incluso crear nuevos.

Los hackers son los descastados del sistema. Quienes no quieren figurar o se niegan a mostrarle nada a nadie. No porque tengan cosas que ocultar, sino porque no soportan la obligación de tener que mostrar, de onda.

A PARTIR DE ESTE PUNTO HABITAN ESPOILERS.

Así llegamos a nuestra trama. Clive Owen se cruza con Amanda Seyfried y en lugar de su nombre ve un pequeño rótulo parpadeante sobre su cabeza: UNKNOWN – ERROR. El bueno de Sal (el personaje de Owen) la mira con extrañeza pero sigue su camino. Su camino, claro está, lo conduce a una comisaría ya que Sal es un detective. Allí lo espera un nuevo caso: alguien está matando gente. Solo que en los registros de las víctimas aparece que se matan a sí mismas. El asesino es, sí, adivinaste, un misterio, anónimo. Y ahí, cuando el bueno de Sal une los puntos, en ese punto ubicado aproximadamente en el minuto 15, es cuando la peli se empieza a ir a la mierda. Hasta el minuto 35 en que se va completamente a la mierda. Al carajo. Ya está. Es un bolazo. ¿Por qué? Porque el bueno de Sal logra, sin mucho esfuerzo (hey, 20 minutos de película no son tantos esfuerzos) reunirse con la principal sospechosa. Están en el mismo cuarto. En una apartamento con una sola entrada. En un piso desde cuyo balcón no resultaría para nada saludable saltar. Pero no la atrapan. No la agarran. No la aprehenden. No la arrestan. No.

La dejan ir porque… porque… blah. Si no la dejan ir se acaba la película. Así que tenés una hora extra de historia forzada y ridícula, con una preciosa escena de sexo y un vistazo a las preciosas tetas de la muchachita, eso sí.

Pero no da. No da ni un poco. Es tu sospechosa, no tenés lazos previos con ella, todo el puto Departamento de Policía te apoya (crearon una tapadera a base de meses de registros falsos, por si ella revisaba). La tenés en un lugar desde el que es literalmente imposible escapar salvo que sepas volar. Es llevar 4 milicos y ya está. Pero. Ladejan. Ir.

Al dejarla ir pueden desarrollar todo el resto de la historia de mierda que contaron, que tampoco es ninguna maravilla. Porque ya estás sabiendo que la muchachita no es la mala en esta historia. Mi novia, mi adorada María Luisa, que detesta cordialmente la ciencia ficción  y que casualmente paró a mirarla 3 minutos, con dos minutos de explicaciones y viendo dos escenas dedujo y redujo quién era el malo de verdad a una de dos personas. No lo adivinó antes, pero sí mejor que yo. Y no lo adivinó antes porque no había visto la película desde el principio, seguro.

El título de la entrada es lo que debería pasarle a esta película.

Andá bien a cagar.

 

Cine: Dragon Blade

O Cómo Destruir Una Historia Por Nada.

¡Qué desperdicio! Ese sería más o menos la síntesis.

En el año 54 A.C., el triunviro Marco Licinio Craso, que compartía el poder de Roma con Pompeyo y Julio César se va a hacer la guerra al imperio Parto, que se extendía en lo que hoy sería Irán, Iraq, Siria, parte de Turquía, y Afganistán.

Es El famoso Craso. El de las riquezas. El que aplastó la rebelión de Espartaco. Pero el chabón quería más; esa gente siempre quiere más.  A veces lo consiguen. Con eso en mente y con un historial de victorias romanas en la zona parte hacia Partia Marco Licinio con su hijo Publio y un administrador, o cuestor para sus legiones: Cayo Casio Longino.

Craso tenía mucha riqueza material, pero como estratega militar tenía una pobreza proverbial. Todo lo que podía hacerse lo hizo mal. Más que mal. Lo hizo perfectamente mal.  Confió en un aparente aliado local contra el consejo de su círculo, se apartó del Éufrates y se internó en el desierto con 7 legiones (entre 30 y 45 mil soldados), no aceptó ayuda ni refuerzos, se acantonó durante meses dándole tiempo al enemigo a organizarse, se negó a reagruparse y desoyó los más sensatos consejos en cuanto a formaciones. El resultado es el que cabría esperarse: él, su hijo y unos 30 mil legionarios fueron masacrados, y otros varios miles, entre 8 y 15 mil, fueron tomados prisioneros o se dieron por desaparecidos. Esos desaparecidos se conocen como La Legión Perdida y la Historia tiene varias versiones para dar.  Algunos dicen que se establecieron en algunas ciudades de la Ruta de la Seda y contribuyeron a hacerlas inexpugnables.  Otros historiadores, que incluso cuentan con evidencias de ADN, piensan que deambularon hasta que el emperador chino los dejó instalarse en una localidad china de Sinkiang o quizá en la provincia de Gansu.

La Historia es rica en hechos y testimonios y leyendas. Las posibilidades son increíbles. La película, sin embargo, es una cagada.

Al encargado del casting tendrían que prohibirle trabajar en la industria del cine de por vida. Jackie Chan, haciendo de chino junto con otros 3000 chinos en China, está bien.  Adrien Brody, haciendo de un tal Tiberio, hermano de Publio, es un personaje demente que asesinó a su padre en un complot. Resulta lamentable.  Publio, presentado como un niño ciego es una estupidez.  John Cusack haciendo de un cuestor Casio devenido en general, trata de salvar a Publio y escapar con su legión “perdida” del complot de Tiberio. Todo esto con parlamentos y tonos de voz que parecen sacados de “Must Love Dogs”, es simplemente ridículo. Puta madre, solo falta Diane Lane.

La banda de sonido es bleh. La escena de los legionarios cantando como un coro de canto gregoriano es una risa (del tipo histérico). La photo es re-bleh y eso que había para lucirse.

El guion es más que ridículo; es horrible, sin sentido, sin lógica y va más allá de cualquier onomatopeya habida o por haber. Con unos hilos argumentales infames y sin razón de ser que encima quedan subexplotados. Los que intentan desarrollar son incoherentes. Y lo más básico está pasado por alto: porque lo menos que podés hacer, si te pasaste media película reconstruyendo las murallas de la ciudad, es cerrar la puta puerta principal para que no entren los malos. ¡Imbécil!

¡El pendejo ciego! Innecesario. ¡El ejército de 100’000 romanos! ¡Sin línea de abastecimiento! ¡Treinta y seis naciones convergiendo sobre ellos en pleno cuesta abajo, cual Gandalf al amanecer del tercer día! ¡Los partos aparecen al final y no hacen nada! Los arqueros partos a caballo eran soberbios y su caballería pesada casi inigualable en la época. En la batalla de Carras literalmente masacraron a los romanos. Sin embargo en la película se concentran en mostrar que a cada “nación” que pasa al ataque se les dan las órdenes de cargar con distintos instrumentos: trompas, cuernos, tambores, charangos, gongs, vuvuzelas. Con un Tiberio que se limita a decir “Ajh, llegaron los partos”, como quien dice “Uf, otra vez estos pesados”.

¿Me estás jodiendo, hijo de puta? Si no te gustaba la historia, no la hubieras filmado. No precisabas destruirla tan completamente. Tendrías que estar preso por atentado violento al espectador.

Quiere ser una película épica y resulta patética. ¡Cuánta plata tirada a la basura, por Gordjazz! Tenían todo para hacer y se mandaron la gran Craso: la cagaron a lo grande.

Lo más triste es que al principio se llenan la boca diciéndote y dejándote bien en claro que está basada en hechos reales.

Son flor de soretes.

Dos pelis feas y otra horrible

Hace unos días miré, en soledad, ya que a la mayoría de mis amigos no les llama ni un poco la atención el género, Avengers 2: Age of Ultrón.

Qué derroche de efectos especiales!  Qué torrente de efectos especiales!  Un tsunami!  Un cataclismo!  Un despropósito! La cantidad de efectos especiales presentes en la peli es casi un atentado terrorista!  Casi no hay historia, más allá de poder sostener la bruta cantidad de efectos especiales que no paran un minuto.  Desde el segundo uno al último es una seguidilla de secuencias de acción trepidante. La peli me resultó muy, muy fea, a pesar de su elenco multimillonario y su presupuesto multimillonario y sus multimillonarios efectos multimillonarios.  Muy fea, pero…  el MEV nos conserve los “Pero” salvadores! Pero, decía, gracias a ella descubrí Chittagong, el mayor desguazadero de barcos de gran tonelaje del mundo… La historia es trágica y trash e inhumana, como solo pueden serlo las historias que involucran a las grandes potencias junto a los países pobres.  Y las imágenes!  Las imágenes son bellísimas, tristísimas, desgarradoras y quitan el aliento.
Luego de algunas horas de revisar y leer páginas y sitios, había dado con tres o cuatro que podían dar una composición de imagen bastante completa, pero… el MEV destierre los “Pero” que nos trancan la vida! Pero, decía, por algún tipo de manipulación demoníaca, no puedo recuperar las pestañas, ni encontrlas más.  Afortunadamente y de manera muy oportuna me avivé y descargué un archivo PDF que habla del desguace de barcos en Bangladesh y Pakistán.  Es un texto un poco frio y está en inglés, pero con mucha información.

La otra peli la vimos con María Luisa y se llama Little Boy. Trata, como su nombre lo indica, de un niño pequeño cuyo padre va a pelear contra el Japón de la Segunda Guerra Mundial.  No es la cantidad de efectos especiales lo que asombra en esta peli, ya que casi no los hay; lo que deja pasmado es la cantidad increíble de lugares comunes y clichés que pueden encontrarse.  Están todos!  Todos! Como Karate Kid, pero con mucho, muchísimo Kid y nada, pero absolutamente nada de Karate.  Están todos: la mujer abnegada y fiel, el chabón patriota, el cura que no solo no se viola al pibe, sino que es un pilar de la sociedad, el joven pelotudo que parece malo pero luego se redime, el racismo hacia una etnia minoritaria (un único ciudadano de origen japonés en todo el pueblo), el que se convierte en maestro sin quererlo, el niño que emprende su quijotesca y épica tarea, los adultos mezquinos, los niños abusadores y una infinidad de otros lotes imposibles de detallar, como dicen los rematadores.  Pah, loco… y el final… ta, demasiado yankilandia de cuarta.

La tercera, fue Pixels. Cuando veas que en Rotten Tomatoes una película tiene una valoración de 17%, huye.  No mire atrás.  No te lamentes. No se te ocurra pensar que toda la gente puede equivocarse y que son unos amargos mala onda. Los extraterrestres atacan la tierra en la forma de… personajes de videojuegos de los ’80.  Donkey Kong, Tetris, Arkanoid, Centipede, Qbert, todo pixelado, de ahí el nombre.  Un chijete. Ta, vos me podrás preguntar qué carajo esperaba de una película de esas características y estarás en lo cierto.  La verdad es que yo esperaba algo como esto.

Y ta… no mucho más en cuanto a películas.  El MEV conserve los libros!

Tres pelis

Un muy buena.

Otra bastante mala.

Y otra ridículamente mala.

The Grand Budapest Hotel.  Con una estética similar a “Yo serví al rey de Inglaterra”.  Con una fotografía y una textura muy bella.  Con un gran reparto y unas divertidas actuaciones.

Man of Tai Chi.  Dirigida por Keanu Reeves, que también hace de malo.  Fea.  Algunas buenas coreografías, pero el “espíritu” de la peli, es muy, muy feo.  La premisa, es sencillante sin sentido, pies, ni cabeza.

Y finalmente Snowpiercer.  El mundo se acaba. Congelado. Los sobrevivientes viven en un tren autosuficiente.  Los del frente tienen todos los lujos.  Los del vagón final son los pobres descastados.  Lo de siempre: hay una revolución.  Como siempre: el final es un chijete.  Ed Harris, gran actor, viene desde hace rato haciendo papeles ridículos y ridículamente pequeños en donde interpreta a personas pequeñas y mezquinas y generalmente lunáticas.  No es justo.

 

Dos pelis para el olvido

Riddick. Es la tercera parte de la saga del personaje homónimo, comenzada con su presentación en sociedad en Pitch Black y seguida por The Chronicles of  Riddick, con una corta animación en medio llamada Dark Fury.

Es un refrito de los recursos usados en las otras dos entregas.  Aquí, como en la primera, el tipo queda varado en un planeta con predadores feroces pero contenidos en un ecosistema muy restringido… pero que una vez cada tanto se da a nivel planetario, con la consiguiente explosión demográfica y el quilombo asociado tipo “Sálvese quien pueda”.  También, como en la segunda, el tipo hace amistades animales, pelea contra otros mercenarios y pierde un ser querido.  Sigue siendo el más hijoeputa de toda la galaxia, no cabe duda, pero tampoco cabe duda de que es más de lo mismo.

Queda abierta la puerta para una cuarta peli, sin embargo, ya que la causa de que termine varado en ese planeta infecto es una traición de los Necromonger.  Así que estaría bueno verlo de vuelta a Riddick, destruyendo ese imperio mientras busca a Furya.  En realidad era eso lo que esperaba ver en esta tercera peli, en lugar del chijete que finalmente resultó.

La otra peli para el olvido es… cómo era?  Eeeehhh…

Ah, sí!  Jeje… me había olvidado!  R.I.P.D.   Es de esas pelis que alcanza con ver el trailer.