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Cine: Dragon Blade

O Cómo Destruir Una Historia Por Nada.

¡Qué desperdicio! Ese sería más o menos la síntesis.

En el año 54 A.C., el triunviro Marco Licinio Craso, que compartía el poder de Roma con Pompeyo y Julio César se va a hacer la guerra al imperio Parto, que se extendía en lo que hoy sería Irán, Iraq, Siria, parte de Turquía, y Afganistán.

Es El famoso Craso. El de las riquezas. El que aplastó la rebelión de Espartaco. Pero el chabón quería más; esa gente siempre quiere más.  A veces lo consiguen. Con eso en mente, y con un historial de victorias romanas en la zona, parte para hacia Partia Marco Licinio con su hijo Publio y un administrador, o cuestor para sus legiones: Cayo Casio Longino.

Craso tenía mucha riqueza material, pero como estratega militar tenía una pobreza proverbial. Todo lo que podía hacerse, lo hizo mal. Más que mal. Lo hizo perfectamente mal.  Confió en un aparente aliado local contra el consejo de su círculo, se apartó del Éufrates y se internó en el desierto con 7 legiones (entre 30 y 45 mil soldados), no aceptó ayuda ni refuerzos, se acantonó durante meses dándole tiempo al enemigo a organizarse, se negó a reagruparse y desoyó los más sensatos consejos en cuanto a formaciones. El resultado es el que cabría esperarse: él, su hijo, y unos 30 mil legionarios fueron masacrados, y otros varios miles, entre 8 y 15 mil, fueron tomados prisioneros o se dieron por desaparecidos. Esos desaparecidos se conocen como La Legión Perdida y la Historia tiene varias versiones para dar.  Algunos dicen que se establecieron en algunas ciudades de la Ruta de la Seda y contribuyeron a hacerlas inexpugnables.  Otros historiadores, que incluso cuentan con evidencias de ADN, piensan que deambularon hasta que el emperador chino los dejó instalarse en una localidad china de Sinkiang o quizá en la provincia de Gansu.

La Historia es rica en hechos y testimonios y leyendas. Las posibilidades son increíbles. La película, sin embargo, es una cagada.

Al encargado del casting tendrían que prohibirle trabajar en la industria del cine de por vida. Jackie Chan, haciendo de chino, junto con otros 3000 chinos, en China, está bien.  Adrien Brody, haciendo de un tal Tiberio, hermano de Publio, es un personaje demente que asesinó a su padre en un complot, es lamentable.  Publio, presentado como un niño ciego es una estupidez.  John Cusack haciendo de un cuestor Casio, devenido en general que busca escapar con su legión “perdida” del complot de Tiberio para salvar a Publio, con parlamentos y tonos de voz que parecen sacados de “Must Love Dogs”, es simplemente ridículo. Puta madre, falta Diane Lane, solamente.

La banda de sonido es bleh. La escena de los legionarios cantando como un coro de canto gregoriano es una risa (del tipo histérico). La photo es re-bleh, y eso que había para lucirse.

El guion es más que ridículo; es horrible, sin sentido, sin lógica y va más allá de cualquier onomatopeya habida o por haber. Con unos hilos argumentales infames y sin razón de ser, que encima quedan subexplotados. Los que intentan desarrollar son incoherentes. Y lo más básico está pasado por alto: porque lo menos que podés hacer, si te pasaste media película reconstruyendo las murallas de la ciudad, es cerrar la puta puerta principal para que no entren los malos. ¡Imbécil!

¡El pendejo ciego! Innecesario. ¡El ejército de 100’000 romanos! ¡Sin línea de abastecimiento! ¡Treinta y seis naciones convergiendo sobre ellos en pleno cuesta abajo, cual Gandalf al amanecer del tercer día! ¡Los partos aparecen al final y no hacen nada! Los arqueros partos a caballo eran soberbios y su caballería pesada casi inigualable en la época. En la batalla de Carras literalmente masacraron a los romanos. Sin embargo en la película se concentran en mostrar que a cada “nación” que pasa al ataque se les dan las órdenes de cargar con distintos instrumentos: trompas, cuernos, tambores, charangos, gongs, vuvuzelas. Con un Tiberio que se limita a decir “Ajh, llegaron los partos”, como quien dice “Uf, otra vez estos pesados”.

¿Me estás jodiendo, hijo de puta? Si no te gustaba la historia, no la hubieras filmado. No precisabas destruirla tan completamente. Tendrías que estar preso por atentado violento al espectador.

Quiere ser una película épica y resulta patética. ¡Cuánta plata tirada a la basura, por Gordjazz! Tenían todo para hacer y se mandaron la gran Craso: la cagaron a lo grande.

Lo más triste es que al principio se llenan la boca diciéndote y dejándote bien en claro que está basada en hechos reales.

Son flor de soretes.

Dos pelis feas y otra horrible

Hace unos días miré, en soledad, ya que a la mayoría de mis amigos no les llama ni un poco la atención el género, Avengers 2: Age of Ultrón.

Qué derroche de efectos especiales!  Qué torrente de efectos especiales!  Un tsunami!  Un cataclismo!  Un despropósito! La cantidad de efectos especiales presentes en la peli es casi un atentado terrorista!  Casi no hay historia, más allá de poder sostener la bruta cantidad de efectos especiales que no paran un minuto.  Desde el segundo uno al último es una seguidilla de secuencias de acción trepidante. La peli me resultó muy, muy fea, a pesar de su elenco multimillonario y su presupuesto multimillonario y sus multimillonarios efectos multimillonarios.  Muy fea, pero…  el MEV nos conserve los “Pero” salvadores! Pero, decía, gracias a ella descubrí Chittagong, el mayor desguazadero de barcos de gran tonelaje del mundo… La historia es trágica y trash e inhumana, como solo pueden serlo las historias que involucran a las grandes potencias junto a los países pobres.  Y las imágenes!  Las imágenes son bellísimas, tristísimas, desgarradoras y quitan el aliento.
Luego de algunas horas de revisar y leer páginas y sitios, había dado con tres o cuatro que podían dar una composición de imagen bastante completa, pero… el MEV destierre los “Pero” que nos trancan la vida! Pero, decía, por algún tipo de manipulación demoníaca, no puedo recuperar las pestañas, ni encontrlas más.  Afortunadamente y de manera muy oportuna me avivé y descargué un archivo PDF que habla del desguace de barcos en Bangladesh y Pakistán.  Es un texto un poco frio y está en inglés, pero con mucha información.

La otra peli la vimos con María Luisa y se llama Little Boy. Trata, como su nombre lo indica, de un niño pequeño cuyo padre va a pelear contra el Japón de la Segunda Guerra Mundial.  No es la cantidad de efectos especiales lo que asombra en esta peli, ya que casi no los hay; lo que deja pasmado es la cantidad increíble de lugares comunes y clichés que pueden encontrarse.  Están todos!  Todos! Como Karate Kid, pero con mucho, muchísimo Kid y nada, pero absolutamente nada de Karate.  Están todos: la mujer abnegada y fiel, el chabón patriota, el cura que no solo no se viola al pibe, sino que es un pilar de la sociedad, el joven pelotudo que parece malo pero luego se redime, el racismo hacia una etnia minoritaria (un único ciudadano de origen japonés en todo el pueblo), el que se convierte en maestro sin quererlo, el niño que emprende su quijotesca y épica tarea, los adultos mezquinos, los niños abusadores y una infinidad de otros lotes imposibles de detallar, como dicen los rematadores.  Pah, loco… y el final… ta, demasiado yankilandia de cuarta.

La tercera, fue Pixels. Cuando veas que en Rotten Tomatoes una película tiene una valoración de 17%, huye.  No mire atrás.  No te lamentes. No se te ocurra pensar que toda la gente puede equivocarse y que son unos amargos mala onda. Los extraterrestres atacan la tierra en la forma de… personajes de videojuegos de los ’80.  Donkey Kong, Tetris, Arkanoid, Centipede, Qbert, todo pixelado, de ahí el nombre.  Un chijete. Ta, vos me podrás preguntar qué carajo esperaba de una película de esas características y estarás en lo cierto.  La verdad es que yo esperaba algo como esto.

Y ta… no mucho más en cuanto a películas.  El MEV conserve los libros!

Tres pelis

Un muy buena.

Otra bastante mala.

Y otra ridículamente mala.

The Grand Budapest Hotel.  Con una estética similar a “Yo serví al rey de Inglaterra”.  Con una fotografía y una textura muy bella.  Con un gran reparto y unas divertidas actuaciones.

Man of Tai Chi.  Dirigida por Keanu Reeves, que también hace de malo.  Fea.  Algunas buenas coreografías, pero el “espíritu” de la peli, es muy, muy feo.  La premisa, es sencillante sin sentido, pies, ni cabeza.

Y finalmente Snowpiercer.  El mundo se acaba. Congelado. Los sobrevivientes viven en un tren autosuficiente.  Los del frente tienen todos los lujos.  Los del vagón final son los pobres descastados.  Lo de siempre: hay una revolución.  Como siempre: el final es un chijete.  Ed Harris, gran actor, viene desde hace rato haciendo papeles ridículos y ridículamente pequeños en donde interpreta a personas pequeñas y mezquinas y generalmente lunáticas.  No es justo.

 

Dos pelis para el olvido

Riddick. Es la tercera parte de la saga del personaje homónimo, comenzada con su presentación en sociedad en Pitch Black y seguida por The Chronicles of  Riddick, con una corta animación en medio llamada Dark Fury.

Es un refrito de los recursos usados en las otras dos entregas.  Aquí, como en la primera, el tipo queda varado en un planeta con predadores feroces pero contenidos en un ecosistema muy restringido… pero que una vez cada tanto se da a nivel planetario, con la consiguiente explosión demográfica y el quilombo asociado tipo “Sálvese quien pueda”.  También, como en la segunda, el tipo hace amistades animales, pelea contra otros mercenarios y pierde un ser querido.  Sigue siendo el más hijoeputa de toda la galaxia, no cabe duda, pero tampoco cabe duda de que es más de lo mismo.

Queda abierta la puerta para una cuarta peli, sin embargo, ya que la causa de que termine varado en ese planeta infecto es una traición de los Necromonger.  Así que estaría bueno verlo de vuelta a Riddick, destruyendo ese imperio mientras busca a Furya.  En realidad era eso lo que esperaba ver en esta tercera peli, en lugar del chijete que finalmente resultó.

La otra peli para el olvido es… cómo era?  Eeeehhh…

Ah, sí!  Jeje… me había olvidado!  R.I.P.D.   Es de esas pelis que alcanza con ver el trailer.

The Horror!

Me encanta Bruce Willis.  Y siempre sentí un placer morboso por Duro de Matar.  Incluso por la cuarta entrega.  Sí, lo confieso.  Chijete y todo como es, ridícula hasta límites inhumanos, la miré casi tres veces.

Pero la última es demasiado.  Demasiado.

Un tipo se está escapando de un juzgado.  En Rusia!  Se lleva con él a otro ruso, que tiene algo que quiere todo el mundo (obvio!).  Hay tiros, explosiones.  Tipos malos, armados desde los pies hasta la cera de las orejas, por todos lados.  No hay un solo bueno a la vista.  El tipo logra hacerse con una camioneta e intenta irse chiflando bajito y sin llamar la atención.  Y qué pasa?  Llega Bruce Willis, nuestro querido pero lamentabemente chocho y gagá John McClane, se para frente a la camioneta, justo a la vista de los malos (que recordamos están armados hasta las pelotas) y qué hace?  Empieza a los gritos!  Y ese es el disparador de toda la acción.  Porque el tipo no es otro que su hijo, que parece que anda en malos pasos, pero no.  Es un agente de la CIA y culpa de papi McClane, se retrasa y no lo pueden rescatar, así que los malos lo persiguen en una especie de tanque de guerra casi indestructible… salvo que los peche McClane en una motoneta, momento en el que vuelan al carajo.  Qué idiotez.

Me como un sor@#€ en papillote!  Es horrenda, inmirable, ridícula, inconexa e incoherente, no tiene pies ni cabeza, es… una imbecilidad.   No pude llegar al minuto 25!  Me resulta increíble!  Es una experiencia que casi te hace pedir a gritos una lobotomía.

Hijos de una gran puta!  Es la cosa más estúpida que he visto en mi vida! Y mirá que he visto cosas estúpidas!  De principio a fin!  Miles!  Hasta Ren & Stimpy tienen más sentido que esta mierda (tampoco es que te recomiende que veas Ren & Stimpy… en serio, nadie necesita ver eso, es solo una lamentable comparación).

Ya.  Tengo ganas de llorar…

Punisher: War Zone

Punisher 2.  Quién lo diría?  Y en el protagónico, nuestro muy apreciado Titus Pullo!  Sí, Ray Stevenson, el duro legionario de la serie Roma, grandemente disfrutada en 42.

El argumento es el de siempre.  Frank Castle es un policía, en este caso un instructor de las Fuerzas Especiales, al que unos mafiosos le matan la familia.  El, dolido porque le mataron a la mujer (que probablemente era una histérica) y los pibes (que probablemente fueran insoportables), incomprensiblemente enloquece y decide liquidar a cuanto malo maloso se le cruce.  Y ya.  El resto es un montón de acción sin muchos pies y sin muchas cabezas (sanas).

La historia transcurre envuelta en una colección cacofónica de SPLUTS, SPLATS, CRACKS, SHACKS, cuchilladas, tiros, ruidos a quebraduras y salpicaduras de líquidos viscosos (como cuando metés el pie de lleno en un gran charco de barro, con ese ruido a succión y humedad que se contrae)… bastante grotesco todo.  Caótico.  Cargado.  De mal gusto.  Aunque, como dijo Hannibal Lecter:

Demasiado es demasiado, pero más que demasiado está bien.

En este caso, sin embargo, no está bien; es simplemente demasiado.

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