Archivo de la etiqueta: Neil Gaiman

Muchas más de las que imaginamos

Las palabras nos salvan la vida, a veces.

Neil Gaiman, El Océano al Final del Camino.

El océano al final del camino

Neil Gaiman es maravilloso. En esta casa, buena y pastafari lo venimos siguiendo desde hace tiempo, aquí, aquí y aquí, aunque a una prudente distancia, eso sí; por las dudas de que se de vuelta de repente y… bueno, que lo veamos no sea lo que esperamos.

Esta corta historia mezcla la fantasía envuelta en los recuerdos de la infancia. La calidez con el miedo. La inocencia con la oscuridad. Lo cotidiano con el misterio. Las personificaciones desnudas del bien y el mal.

Me encantaban los mitos. No eran historias para adultos ni tampoco para niños. Eran mucho mejor que eso. Simplemente «eran».

Ah, sí. Casi parece seguir la estructura de un cuento infantil, pero la inquietud se siente real. Este relato simplemente es.

En un pasaje el protagonista piensa en su primer recuerdo, y al leerlo me pierdo en el mío: mi primo, de tres o cuatro años, buscando huevos de culito para arriba y hundido de cabeza en un alto cajón con paja que las gallinas usaban para anidar. Era una tarde cálida de verano, vestía unos shorts deslucidos que le quedaban un poco pequeños y estaba descalzo. Lo recuerdo sacudiendo las piernas flacas tratando de salir de la caja, pero sin soltar los huevos.

Aunque no tienen vínculo directo ninguno, al lado de ese recuerdo siempre que pienso en mi primito con los huevos de gallina en la mano, me viene a la mente la segunda imagen que tengo presente de esos nebulosos primeros años: la yegua zaina, vieja y mansa que usaba a veces para ir a lo de los abuelos maternos. Era tan vieja que casi no la usaban para los trabajos de la casa, y como no la usaban, nadie se molestaba demasiado en recortarle los vasos. Eso hacía que si la apurabas, tropezara. Era un seguro para que ningún gurí atropellado (yo, por ejemplo) sacara a la pobre vieja al galope. Lo bueno era que, como no la necesitaban, nunca había apuro en llegar o volver de ningún lado. A los efectos prácticos, era casi mía.

Mi primo de cabeza en un cajón buscando huevos y mi yegua de vasos sin recortar al paso manso, esos son mis primeros dos recuerdos.

Qué poderosos son a veces los escritores.

¿Cuál es tu primer recuerdo?

La joven durmiente y el huso, un cuento de Neil Gaiman

Neil Gaiman es uno de los escritores más queridos de esta casa, buena y pastafari.

Hace un par de días di con el cuento infantil de La Joven Durmiente y el Huso, bella, bellísimamente ilustrado por Chris Riddell.

¿Usted sabe qué pasó con la Bella Durmiente? ¿Se lo preguntó o dio por sentado que vivió feliz para siempre con el príncipe mongolo que la besó? No lo sabe, ¿verdad? Bueno, con este cuento, a lo mejor, se entera un poco.

Tiene un desarrollo fresco, un desenlace inesperado y un final regio y sorprendente que será la delicia del lectorado (el lectorado está compuesto por los y las lectores y lectoras). Ideal para arrancar de cuajo estereotipos y dar un ejemplo positivo a las generaciones venideras.

De repente no es especialmente apto para gurises impresionables porque a fin de cuentas es una historia de Gaiman, y Gaiman puede ser profundamente perturbador, pero es un cuento precioso.

Lo encuentra en Lectulandia. Con las ilustraciones pesa unos 15 MB

Si gusta colaborar con los creadores, hay sendas versiones en papel en Amazon, en rústica y tapa dura, a un precio realmente accesible.

Y recuerde: dicen los enanos que lo que hace de un regalo algo mágico es la distancia.  Así que si usté está, un suponer, en algún lugar del mundo y lo encarga a Amazon y manda que me lo entreguen en casa, acá en Uruguay, mínimo va a tener que viajar como 12’000 kilómetros, así que el contenido mágico va a ser bastante abundante. Después vemos la mejor manera de agradecérselo.

Conocimiento, no me esquives

Puerta sueña con su padre.

En su sueño, él le está enseñando a abrir cosas. Coge una naranja y hace un gesto con la mano: con un único y suave movimiento, la naranja se invierte y gira: la pulpa está ahora en el exterior y la piel en el centro, en el interior. «Siempre se debe mantener la paridad», le dice su padre, mientras pela un gajo invertido para ella. «Paridad, simetría, topología: esos son los temas que abordaremos en los próximos meses, Puerta. Pero lo más importante de todo, lo que debes entender, es lo siguiente: todas las cosas quieren abrirse.

Neil Gaiman, Neverwhere