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Visualización

En la época en que practicaba artes marciales a diario teníamos una técnica de entrenamiento muy peculiar. Era una especie de meditación en donde con los ojos cerrados y completamente inmóviles nos concentrábamos en una forma específica y la llevábamos a cabo en nuestra mente. Las formas son el equivalente del kuoshu de los kata del karate y son colecciones de movimientos que es más o menos como si pelearas contra adversarios invisibles. La complejidad varía, así como el tipo y estilo de movimientos.

El proceso para llegar a visualizar toda una forma es lento y para nada sencillo de dominar, al menos para mí. La mente tiene tendencia a ir para cualquier lado, las ideas tienen la costumbre de irrumpir sin pedir permiso, y para poder visualizar los movimientos que tenés que hacer, antes tenés que dominar la mecánica de esos movimientos. La visualización sirve para dominar esas formas de manera que luego puedas hacerlas sin pensar, con lo que ganás en velocidad y precisión. Internalizás los movimientos, la postura y posición del cuerpo y la respiración asociada a ellos. Una vez que lográs que te salga es increíblemente efectivo y muy, muy placentero.  Curiosamente, para visualizar cada movimiento tenés que concentrarte y pensar como un enfermo. Recrear en tu mente a tu propio cuerpo moviéndose de formas en las que habitualmente no se mueve, a la vez que tratás de prestar atención al detalle de las posturas de pies, manos y articulaciones no es tan trivial como parece.

De toda esa disciplina y habilidad adquirida me van quedando solamente retazos, ya que hace años que mi práctica es errática en el mejor de los casos.  Esos retazos de conocimiento los utilizo a la hora de hacer una lista de compras, sobre todo cuando no tengo receta.  Es una bobada, lo sé, pero imaginarme los pasos que tengo que dar para hacer una comida me ayuda a identificar todos los ingredientes, a la vez que me voy haciendo una composición de qué cocinar primero en qué tiempo. Aun a esta escala tan limitada sigue siendo un ejercicio mental muy bueno.

¿A qué viene todo esto? Lo que a mí me parecía una técnica tan peculiar y compleja ya la usaba Nikola Tesla en las últimas décadas del siglo XIX para imaginar sus inventos. No sus inventos, sino el funcionamiento de sus inventos. O sea, el tipo ponía a funcionar todo, y por todo quiero decir máquinas con decenas o cientos de partes móviles, dentro de su cabeza antes siquiera de armar los planos. Para cuando fabricaba el prototipo, ya era casi el modelo final. Tesla solucionaba todos los problemas tempranos de diseño antes de poner un solo tornillo. ¿Qué tan genial es eso? De solo pensar en la capacidad necesaria para hacerlo se me vuela la peluca.

Hay un documental en Netflix sobre él llamado, muy astutamente: Tesla.