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El Rey ha vuelto! Viva el Rey!

Por motivos ajenos a mi voluntad, tuve que posponer mi almuerzo de ayer hasta las 5 de la tarde.

La hora de la cena, claro está, llegó cuando estaba bajando la comida previa, así que me dije: almuerza como príncipe y cena como mendigo, Panchito.  Y aplicándome el cuento, cené como un mendigo que hubiera logrado mendigar fruta.  Un par de bananas pequeñas, una naranja, unas uvas.  Satisfecho, verdad?  Liviano, sin grasas, fácil de digerir, bajo en calorías.  Joya.

Bien, leamos un rato, démonos un baño y acostémonos.  Fin del día, verdad?  Un día largo y la cama como recompensa.  Claro, no puede fallar.

No puede fallar.  Salvo que justo antes de dormir decidí vichar qué había de interesante en YouTube, en el canal de Gennaro Contaldo.

Ponés el agua con sal a calentar mientras picás un tomate bien maduro, laminás unos ajos, unas rodajitas de ají picante, y sacás, lavás y escurrís del exceso de sal a unas alcaparras o aceitunas.  Media cucharada de alcaparras, o 4 o 5 aceitunas, como te cuadre.  Unas hojas de albahaca, si tenés; no más de 3 o 4 para perfumar.

Es todo al momento.  Con lo que tengas a mano.  Si solo tenés ajo y aceite, que sea aglio e olio y también va a quedar soñada.

Cuando hierve el agua echás la pasta y ponés a calentar a fuego medio fuerte una sartén con aceite de oliva, agregá el ajo y el ají, en cuanto empieza a dorarse echá las alcaparras o aceitunas y un filetito de anchoa si tenés ganas, dales 10 segundos y volcá el tomate.  Salteá todo.  Agregá la albahaca picada. A fuego fuerte el tomate se deshace en pocos minutos. No necesita sal más que para el agua de la pasta.  Puede ser un poco de pimienta negra.  Si ves que la salsa se seca mucho, agregale un cucharón pequeño del agua de la pasta.

Cuando la pasta está lista, va para la sartén, se revuelve todo, se esparce maravilloso queso parmesano recién rallado, como una blanca lluvia que alegra el espíritu, se apaga el fuego, se deja reposar un mintuo y luego te partís la boca.

Es hermoso hacer todo sobre la marcha y que todo quede listo a la vez.

Pasta a la medianoche.  Si empezás a cocinar a las 23.45 y comés a las 00.05 entonces ya no es cena, es un desayuno temprano.

Morite, mendigo.  Ha llegado el Rey.

Fusilli con champiñones e hinojo

El domingo amaneció lloviendo en Montevideo.  Nos levantamos a las mil, sin apremios, desayunamos sin apuros y fuimos a la feria sin tener claro qué íbamos a almorzar.  Mientras Alice hacía la compra para la semana me fui a otro puesto que suele tener cositas interesantes.

Allí me di de bruces contra un bolsón lleno de champiñones frescos, grandotes y blanquísimos… a 45 mangos!  No es que sean baratos, pero comparados con los 85 pesos de acá, la diferencia es abismal.  También vi unos bulbos de hinojo E-normes, a 30 mangos.

Así que bien, un buen puñado de hongos y un bulbo de hinojo más tarde, ya tenía la comida armada… aunque sin tener ni idea de cómo resultaría tal combinación.

Entonces, ingredientes para cuatro porciones: 200 gramos de champiñones; 1 bulbo grandecito de hinojo; dos dientes de ajo; unos 30 ml de vino tinto; un poco de picante que sea de tu gusto (tipo media guindilla picada bien finita, o una cucharada de salsa roja mexicana, o un chorrito de tabasco); aceite de oliva; pimienta negra recién molida; sal; cuatro o cinco hojitas de albahaca; 250 gramos de fusilli de espinaca; jugo de un limón pequeño.

Elaboración:

Fácil, fácil, requete fácil.  Y rápido.  Poné una olla con agua a calentar para la pasta.

Mientras se calienta el agua, tomá otra cacerola, ponele un poco de agua fría, agregale el jugo de limón, picá el hinojo en rodajas y ponelo en remojo en esa agua acidulada.

Laminá los dos dientitos de ajo y los champiñones.

Cuando rompa a hervir el agua, escaldá el hinojo por unos cuatro minutos, o hasta que ablanden.  Retiralos, escurrilos bien, y cuando se enfríen un poco, cortalos en tiras de dos o tres centímetros de largo.  Seguí con el agua al fuego, pero con el fuego bajo y la olla tapada.

Poné una sartén al fuego con un chorro de aceite de oliva.  Cuando esté bien caliente, agregá los ajos.  Un minuto después agregá el hinojo.  Dos minutos después, agregá los champiñones y remové con frecuencia hasta que expulsen toda el agua y ésta se evapore.

A medio camino de este proceso agregá un poco de sal al agua donde escaldaste los hinojos y que está hirviendo, y poné a cocinar la pasta.  Subí el fuego.

Agregá el vino a la sartén una vez que el agua de los hongos se haya reducido, y en cuanto se evapore agregá el picante (no mucho, para que no mate los sabores del hinojo y los hongos).  Cuando la pasta esté al dente, sacala de la olla y agregala a la sartén.  Remové un minuto.  Apagá el fuego.  Picá la albahaca en chifonade, agregala a la pasta y remové.  A la hora de servir cada comensal puede agregar un poco de pimienta negra recién molida.

Es una receta muy rápida y sencilla de hacer, con el sabor fresco y anisado del hinojo mezclado con el terroso y suave de los hongos, completado con el perfume de la albahaca.

Ya.  Cocina con alegría y buen provecho!

Tentempié de fritatta de ricota y pollo a la plancha

Cómo matar el hambre de lobo que llega a eso de las 4 de la tarde de un día en el que desayunaste tarde y te salteaste el almuerzo?

Rico, sabroso y rápido? Bien, atendeme entonces.

Estos son los ingredientes para cuatro tentempiés: Unos 200 g de ricota, un par de huevos, un pellizco generoso de tomillo, un diente de ajo, un par de filetes delgados de pechuga de pollo, cuatro rebanadas de un rico pan de campaña (o pan de molde si no tenés pan casero), sal, pimienta negra, alguna mezcla rica de especias como por ejemplo tandoori, y un poco de aceite de oliva.

Primero, desmenuzá la ricota en un bol, cascale los huevos dentro, agregá el tomillo, la sal y la pimienta. Revolvé y mezclá bien todo y dejalo reposar para que se mezclen los sabores mientras seguís con lo otro.

Hacé la carne de pollo a la plancha, con un chorrito de aceite de oliva. Dos o tres minutos de un lado, o hasta que esté bien dorada, y otro tanto del otro. Al dar vuelta los filetes, sazoná con sal y la mezcla de especias. Reservá.

En este caso hice un poco de trampa, porque tenía la pechuga de un pollo a las brasas ya lista, pero igual le di una pasada por la plancha, para que tomara temperatura.

Poné una sartén a fuego bajo con un chorro de aceite de oliva, y con un cucharón pequeño tomá una porción de la mezcla de huevo y ricota y volcala en el centro de la sartén, formando un montoncito de no más de 10 centímetros de diámetro y algo menos de un centímetro de espesor.  Hacelo de un lado hasta que se dore y da vuelta la minifritatta para que se haga por el otro lado.

Mientras tanto, tostá las rebanadas de pan, frotalas con el diente de ajo y untalas con un poco de aceite de oliva.

Serví el pan, con la fritatta de ricota y medio filete de pollo por encima. Voilá!

Penne con calabaza

Cambiamos de colores!  Del verde nos vamos al amarillo, para ir equilibrando colores y sabores.  Es una receta a la vez sencilla, barata y, lo mejor de todo, casi no se ensucia nada: una olla, una sartén, una cuchilla y una cuchara.  Si sos varón y vivís solo, ni siquiera precisás plato!  No es fantástico?

Penne con la zucca

Ingredientes (para 4 personas): 5 cucharadas de aceite de oliva; 1 cebolla morada pequeña (o una chalota… que ya comenté que no es más que una cebolla con pretensiones), picada; 50 gr de panceta en dados pequeños; 500 gr de calabaza, pelada, sin semillas y picada en dados pequeños; 3 cucharadas de concentrado de tomate; 200 ml de vino blanco, seco (en lo posible); 350 gr de penne rigate; perejil picado; 40 gr de parmesano rallado; sal, pimienta y una pizca de eneldo.

Elaboración: Calentá dos cucharadas de aceite de oliva en una sartén alta o una cazuela y rehogá la cebolla de 5 a 8 minutos a fuego lento, removiendo, hasta que empiece a dorarse.  Añadí la panceta y sofreíla unos 5 minutos a fuego medio. Agregá a la sartén una cucharada de aceite, incorporá la calabaza y bajá un poco el fuego.  Salpimentá a gusto, aunque con poquita pimienta alcanza.  Dale unas vueltas durante dos o tres minutos, para que empiece a tomar el aceite y el calor y empiece a cocinarse.  Agregá el vino blanco de a poco, a medida que se vaya evaporando, y cociná todo unos 20 minutos, o hasta que la calabaza esté tierna.   A media cocción de la calabaza añadí el concentrado de tomate (i) y una pizca de eneldo.  Si los dados son lo suficientmente pequeños (digamos medio cm de lado), el tiempo de cocción se reduce bastante.  Como cosa mía pisé un poco de la calabaza con la cuchara, dentro de la misma sartén, de modo de tener tanto los dados como también una especie de puré y obtener así una textura más variada.  Además así se puede aprovechar la forma de la pasta…  S’iscurre por los aujeros, viteh?

Mientras se va haciendo la calabaza, cocé los penne en abundante agua hirviendo con sal hasta que estén al dente.  Escurrilos bien y mezclalos con la salsa en la sartén junto con las otras dos cucharadas de aceite (ii).

Serví en una fuente caliente y esparcí el perejil picado y el parmesano rayado por encima.  Si estás cocinando para vos solo, la parte de la fuente es totalmente innecesaria; la sartén es una fuente lo suficientemente buena y lo suficientemente caliente 🙂

Notas:
(i) De repente le vendría bien una pizquita de azúcar, para equilibrar un poco la acidez combinada del tomate y el vino.  La calabaza aporta dulzor, pero no mata el ácido, así que el contraste de sabores se nota bastante.  Si te gusta el punto ácido, entonces que sea sin azúcar.
(ii) La receta original usa manteca para esta parte, pero a mí me destroza (lo he comprobado amargamente en los últimos días).  Así que como dice un conocido cocinero de la tele: no hay receta que use manteca que no pueda prepararse con aceite de oliva.  Como me viene más que bien, lo he hecho profesión de fe y limito la manteca a las tostadas del desayuno.  Como siempre, eso va en gustos y lo dejo a tu entera discreción.

Cocina con alegría y buen provecho!

Arbolitos para todos!

Vengo bastante cargado de especias estos días, así que siguiendo el sabio consejo de mi Travelin’ Warrior Sister, hoy traigo una receta de sabor suave y sumamente digestible y digerible.

Finalmente conseguí linguine!  Yeah, baby!  Acá en Colonia, los trae Ta-Ta, importados de la marca Agnesi.  Mirá qué preciosidad de fideos!

Decime si no te dan ganas de tirarlos ya mismo de cabeza a una olla con agua hirviendo? A que sí?  Finalmente es precisamente eso lo que hay que hacer con ellos, pero nos nos precipitemos, como dijo Homero Simpson poco antes de caer por un precipicio.

La idea es consumir un poco de vegetales verdes, o pasto, como se lo denomina comúnmente.  Esta vez, en la forma de brócolis, de ahí el título de esta entrada.

Linguine con brócoli y panceta (Linguine broccoletti e pancetta)

Ingredientes (para 4 personas): 3 cucharadas de aceite de oliva, 120 a 150 g de panceta en dados pequeños, 2 dientes de ajo picado, 600 gr de brócolis en arbolitos, 1 o 2 cucharadas de concentrado de tomate, 150 ml de caldo de verduras, 350 gr de linguine, 40 g de parmesano rallado, sal.

Elaboración: Calentá dos cucharadas de aceite en una cazuela.  Freí la panceta a fuego medio-bajo unos 5 minutos, removiendo.  Añadí la mitad del brócoli y sofreílo unos 5 minutos más, removiendo.  A los 3 o 4 minutos, agregá el ajo.  Agregá el concentrado de tomate y el caldo, bajá el fuego, y dejá que se siga cocinando unos 10 minutos, hasta que el brócoli esté firme pero tierno.

Cociná la pasta con la otra mitad de los brócolis en abundante agua hirviendo con sal.  Esta pasta específica, de sémola de trigo duro, demora 8 o 9 minutos en hacerse, que es tiempo suficiente para que se cuezan los brócolis sin ningún tipo de inconveniente.  Cuando esté al dente, escurrí bien todo y pasalo a la cazuela con la salsa.  Mezclá todo y calentá todo junto unos minutos.

Serví en seguida en una fuente caliente, con el parmesano rallado por encima.

No le tenía mucha fe a esta receta, la verdad.   El brócoli me parece una verdura bastante sin gracia, pero la panceta le da un aroma y un saborcito de no creer.  Además, tanto la hortaliza, como la pasta son livianas y fáciles de digerir, a la vez que como la panceta no tiene un papel tan preponderante, no molesta para nada.  No hay especias y la única sal añadida está en el agua de cocción de la pasta.

Una maravilla que mi castigado aparato digestivo agradeció con vítores varios.

Cocina con alegría y buen provecho!

Tapequé? Ta, Pe, Nade, loquito.

Tapenade.  Del provenzal tapéno, que significa “alcaparra”.  También referido como “paté de aceitunas”… pero eso es demasiado simplista y no le hace nada de justicia a lo que probé anoche, gracias a la suerte y a dos sitios maravillosos.

El primero se llama Smitten Kitchen, una cocina (diminuta según ella, pero que me encantaría tener a mí) regenteada amorosamente por Deb, en Nueva York.  Tiene una filosofía, por llamarla de alguna manera, muy similar a la de 42: comidas no muy rebuscadas, con ingredientes sencillos de encontrar (al menos localmente), y que de preferencia sean baratas.  Pero vamos a la historia.

Estaba yo con mucha curiosidad luego de ver V de Vendetta por trigésima cuarta vez, por saber cómo se preparaban las tostadas fritas con un huevo al medio… que es una estupidez y no sé por qué la minita hace tanto escándalo, ni por qué me dio tanta curiosidad, porque ni es tan rico, ni tan agradable de hacer, aparte de que te quedan todos los centros de los panes al pedo, salvo que hagas torrejas, pero quién va a ponerse a hacer torrejas por un par de centros de morondanga?  Mierda… me voy por las ramas!!!  Maldita vejez!

El caso es que ingresé una pequeña búsqueda con los términos “egg”, “toast” y “butter” en nuestro oráculo de costumbre, Google, y entre otros enlaces encuentro este.  Es una receta para hacer  huevos revueltos.  Me llamó mucho la atención la estética y el diseño del sitio, pero sobre todo el encare de algo tan simple, lleno de fotos hechas con esmero.  Así que me fui a la página principal, en donde en ese exacto momento aparecía esta maravillosa receta, puerta de entrada a un deleite para los sentidos.  Chuletas de cordero con tapenade de pistacho, que de sólo ver las fotos se hace agua la boca.

Acá empieza a ponerse interesante el tema, porque entre curiosidad y curiosidad no podía dejar de preguntarme qué carajo sería el tapenade… lo que, nueva búsqueda de Google mediante, me llevó al segundo sitio maravilloso: Gastronomía & Cía, en donde aparece una receta de tapenade tradicional, según pude averiguar más tarde.  En Gastronomía & Cía es la historia de nunca acabar. No terminás nunca de leer una receta porque hay enlaces a otras recetas todo el tiempo, para todos lados.  Capaz de estar días y días chusmeando y saltando de una comida a otra, descubriendo ingredientes a cada instante.  Un placer, la verdad.

Y al final, terminé haciendo un “tapenade a lo Pancho”, juntando ambas recetas, agregándole lo que tenía, sacándole lo que me faltaba, pero usando lo que calculé que era más parecido.  Es así que mi pseudo tapenade, o tapenade Pancho, sería algo más o menos así:

  • Media taza de pistachos (joroba un poco tener que andar sacando tanta cascarita, pero bueh…)
  • Media taza de aceitunas verdes sin carozo.
  • Una buena cucharada de alcaparras (la taza era realmente pequeña).
  • Un puñadito de perejil fresco.
  • Dos ramitas de cilantro fresco (primer agregado propio).
  • Tres dientes de ajo (la original dice uno, pero mi ajo era pequeño tirando a diminuto).
  • Un poco de orégano (seco porque no tenía fresco a mano y no me daban las bolas para salir a la mini mini-huerta).
  • Un poco de romero y tomillo (idem anterior)
  • No tenía ganas de cortar un limón, y tampoco tenía brandy (según la receta que aparece en la Wikipedia), así que le emboqué un chorrito mínimo de whisky.
  • Sin anchoas.  Ni me gustan demasiado, ni tenía, ni me interesaba conseguir.
  • Aceite de oliva, super casero, con un sabor de cagarse de gusto.
  • No necesita sal.  Las aceitunas, los pistachos y las alcaparras ya tienen en abundancia.
  • Y, a modo de ingrediente fantástico y a falta de pimienta negra… Pimienta de Jamaica recién molida!

La idea es mezclar todo y pasarlo por la procesadora de manera que la consistencia y la textura sea similar a una pasta fina.  La consistencia se la da el aceite de oliva, que se agrega al final hasta darle el punto deseado.  Sin embargo, si no tenés procesadora, pero sí tenés un blender, pero tampoco tenés blender porque se lo prestaste a tu hermano, no vas a tener otra que hacer las cosas como en el siglo XIX: picá todo bien finito, agarrá la parte fálica de un mortero (eso que parece un badajo, pero que nadie sabe cómo se llama) y empezá a machacar.  Machacá y machacá y seguí machacando.  Dale y dale y machacá todo hasta que las alcaparras griten de dolor y las aceitunas pidan piedad; hasta que los pistachos queden reducidos a harina y los dientitos de ajo a una especie de líquido blancuzco.  Machacá con furia, viteh? 🙂  Bueno, por más que machaques nada va a quedar tan reducido, pero al menos vas a sacarte el frío a base de un machaqueo vigoroso.  Además, es toda una aventura cuando te topás con algún pedacito un poco más grande algo.

Y ya está el tapenade!  Taráaaan!   Si no tenés procesadora y los pistachos vienen con cáscara, lleva media hora.  Si tenés procesadora, demorás 2o minutos.  Si tenés procesadora y podés conseguir pistachos ya descascarados, demorás 5 minutos.  Listo.  Eso untalo sobre tostadas, o para acompañar carnes (daaahhhh… corderooooo), o en lugar del pesto en las pastas, o acompañando alguna ensalada fresca, o con papas fritas, como acompañamiento de verduras cortadas en bastones, o… bueno, a cucharadas.

El sabor que se consigue es indescriptible.  Algo tan ajeno a todo lo que estamos acostumbrados, que te toma totalmente por sorpresa y te hace abrir los ojos de esta manera o_o… no, así… O_O… casi la misma expresión que te quedaría grabada en la cara si te agarraras las bolas con la puerta al momento de cerrarla, pero debido al placer, no a un dolor agónico.

Imponente!  Increíble!  Una experiencia extática! Un Vovlo, gomo dijo el durco!

Nota para Bella:  En Smitten Kitchen, vas a disfrutar como una enana con tantas recetas para postres y dulzuras varias!!!

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Jengibre y Pimienta de Jamaica /02

El objetivo de esta receta es mezclar por un lado y probar por el otro.  Una especie de experimento muy sencillo.

Ingredientes:

Carne de cerdo, arroz, huevo, aceite de oliva, sal, jengibre y pimienta de jamaica.

Cantidades:

Como tengas ganas.  Yo te digo lo que hice, vos adaptalo como quieras.

Preparación

Una taza de arroz para una ensaladita sencilla.  Agua, sal, aceite.

Mientras el agua se calienta, armate unos filetes pequeños y finitos con el cerdo.  Como para hacer rápidamente en la plancha. Usé cerca de medio kilo de carne, sin hueso para no desperdiciar nada.

Cuando el agua rompa el hervor y antes de volcar el arroz, agregale una cucharadita cargada, o media cucharada, de jengibre rallado.  Dejá que hierva unos segundos, hasta que el agua tome una ligera coloración y luego sí, cociná el arroz.

Mientras el arroz se cuece, calentamos la plancha con un mínimo de aceite y saltamos los filetes.  Si no querés hacerlos a la plancha, podés trocear la carne en dados y hacerlos en el wok, por ejemplo.  No condimentes  la carne.  Cocinala sin sal ni nada, luego te explico por qué.

Con un poco de suerte, va a estar pronto todo junto.  Colás el arroz y lo colocás prolijamente en el centro de una fuente y le das una rociadita de aceite de oliva.  El cerdo va a su alrededor.  Recién ahí se sala y se condimenta con la pimienta de Jamaica recién molida.  Cantidades a gusto del consumidor.

Si querés podés aprovechar la plancha caliente y hacer un par de huevitos fritos para montar sobre el arroz.

Luego de la comida, a modo de bajativo y relax: té verde con jazmín, el cuarto hallazgo del Barrio Chino.  Hace mucho tiempo que escucho hablar de esa infusión en Oriente.  Tiene un perfume alucinante y el sabor es toda una experiencia, en mi humilde opinión.  Entiendo perfectamente que se lo alabe tanto.  Tal vez habría que probarlo sin el regusto de la comida en la boca, para apreciarlo con justeza.

Notas

  • Las carnes en general, sean a la plancha o a la parrilla, se salan luego de cocidas, para que no pierdan agua.
  • La pimienta, por otro lado, se agrega al final para que no se queme con el calor de la plancha, así se puede sentir su aroma y sabor sin “distorsiones”.  También es de destacar que no es especialmente barata, cada granito cuenta, así que para qué dejarla sobre la plancha, donde no puede ser aprovechada?
  • Puede ser puré en lugar de arroz, pero el arroz toma muy bien el sabor del jengibre, amén de que la combinación con el aceite de oliva queda bastante redondita.
  • La elección de la carne de cerdo se debe a que su sabor es de por sí muy suave, lo que permite que la pimienta de Jamaica tenga más protagonismo.
  • Sí, estoy hecho un mariconazo en toda regla, qué se le va hacer? 😀

Con estas cantidades comen dos personas… o una muy, muy hambrienta.  Como decía antes, no hay misterios acá.  Sólo ganas de experimentar con algunos sabores.  Espero que te guste.

Cocina con alegría y buen provecho!

Foto vista en Hugo.