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Las niñas de Santa Clara

Una pequeña ciudad en la frontera con Brasil. El rumor de un caso de corrupción de menores. Un periodista de Montevideo, en la medianía de la vida, medio de vuelta de todo, que sale a investigar. Esa es la premisa.

El encuentro con la quietud típica del pueblo chico del interior del país, pero que a la vez está en la frontera con un gigante que simplemente le da la espalda, a un río de distancia. Un río indiferente que se menciona apenas tangencialmente y al que se presta atención solo cuando crece. Los nombres dichos a veces en susurros, pero que nadie ignora. El viejo y proverbial infierno grande del pueblo chico, donde todos se conocen entre sí para bien y para mal. La pobreza, el desamparo, la impunidad.

El libro de Grabriel Sosa de a ratos resulta extraño, porque parece hecho de contrastes. Es cortito y escrito sin vueltas, pero complejo. No pasa nada y pasa de todo. Por sus páginas desfilan muchos sentimientos: indiferencia, fatalismo, impotencia, curiosidad, tristeza, indignación, miedo, rabia. El autor te hace alternar entre las emociones casi a capricho. Te hace acompañar a Larrobla llevándote casi de la mano, para luego dejarte abandonado y que hagas lo que puedas.

En estos días en que los titulares de los diarios se llenan de portadas de vejestorios inmundos que abusan de nenas, el relato de Sosa resulta vigente y actual e incluso a veces parecería que se quedara corto a la hora de alcanzar a la realidad.

Muy buena novela. La única advertencia que puedo darte es que evites terminar de leerla justo antes de ir a dormir. Te vas a quedar rumiando largo rato y vas a terminar agotado, asqueado por la enfermedad y sus síntomas, preguntándote cómo es posible que eso exista, que exista acá, entre nosotros, por qué nadie hace nada, por qué vos no hacés nada.

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¿Hasta cuándo?

Otra vez, productores totalmente inescrupulosos, egoístas, y por qué no decirlo, completamente hijos de puta, han causado un perjuicio enorme con sus prácticas de mierda.

Entre 1500 y 3000 colmenas muertas en el departamento de Salto porque un productor citrícola aplicó de forma totalmente negligente un insecticida fosforado altamente tóxico para las abejas.

http://agrotemario.com/noticia/19040/estiman-en-us-200-000-perdidas-por-mortandad-de-abejas

Mil quinientas colmenas. Por lo menos 20 (probablemente 40 o más) millones de abejas que no van a estar para polinizar cultivos y plantas de todo tipo. Veinte millones de abejas que no producirán miel, ni recolectarán polen. Veinte millones de abejas que no colaborarán para parar la olla no sólo de los apicultores a los que servían de sustento, sino que tampoco incidirán en la producción agropecuaria y las cosechas que se benefician de ellas.

Son muertes caprichosas. Completamente evitables. Porque a un productor sorete se le ocurrió exportar mandarinas sin semillas a gringolandia. Un tipo de mierda que prefirió usar al barrer un insecticida restringido en lugar de colocar las mallas especiales para impedir que las abejas entren a polinizar las flores.

Los insecticidas fosforados atacan directamente el centro nervioso de los bichos. Las abejas ni siquera pueden llegar a sus colmenas. Las que lo hacen llevan el veneno con ellas y condenan al resto con su último esfuerzo por alimentar la colonia.

Vos tenés derecho a trabajar para que tus mandarinas no tengan semillas, pero no a costa de liquidar todo y a todos los que estén trabajando a tu alrededor.

El que usó ese veneno no tiene perdón.

 

Desobedeciendo, pero con orden

Desde hace varios días estoy leyendo El Libro de la Desobediencia, del uruguayo Rafael Courtoisie.

Voy por la página 43, al momento de iniciar esta entrada, pero llevo leídas más de 100. A la altura de la página 16 ya llevaba leídas unas 60, ya que lo empecé tres veces desde el principio y leo y releo ciertos pasajes una y otra vez, como quien come ambrosía. Me regodeo y relamo en las imágenes, frases y pequeños detalles.

Un uruguayo escribiendo una historia mágica japonesa es alucinante. ¡Y ya es el segundo ejemplo con el que tengo la gran fortuna de cruzarme! El primero, también comentado en 42, fue Nunca Acaricies a un Perro en Llamas, de Alberto Gallo.

Curiosamente aquí también se encuentran elementos similares: poesía, por supuesto, ya que el señor Courtoisie es poeta y casi me hace creer que este libro en prosa es solo un disfraz para sus poemas ambientados en Japón. También hay un humor inconfundible y juguetón. La tragedia, la aventura, la acción, el reposo.

Una gran diferencia con el de Gallo, y no es que los esté comparando, porque no hay manera de compararlos, está en el erotismo. Es otro tipo de magia. Hay un erotismo rampante, una sugestión permanente, y hasta cachetazos de brutalidad.

Este segundo hallazgo es, si cabe, incluso más increíble. Tanto, que voy a desobedecer las convenciones para comenzar una reseña incluso antes de terminarlo, cuando ni siquiera sé de qué trata o a dónde se dirije. La culpa es del propio autor que pone dudas en mí y me impulsa a aventurar respuestas.

El pequeño fragmento que sigue a este párrafo está protagonizado por Naoko, la de las largas uñas envenenadas. Naoko es estudiante de Miniki, la poeta que ama a las mujeres. Miniki quiere hacer suya a Tanoshi, la delicada y celosamente guardada favorita del Emperador. Naoko, junto a otras, está ayudando a su maestra a deshacerse de la caterva de guardias que custodian al apetecible blanco de sus deseos.Naoko 01

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Creo, humildemente, que un guerrero japonés no perdería el tiempo con semejantes adjetivos. Se limitaría a dar la orden, shine \∫iné\, imperativo (un tanto vulgar, es cierto, y por lo tanto quizá no apropiado para una poeta) de shinu, morir. ¡Muere! ¡Mueran!

Por el limitado conocimiento que poseo de las cuestiones japonesas, un rival que muere tan fácil e irremediablemente, sin oponer resistencia y sin representar un mínimo desafío no merece ni siquiera un insulto. Todos los insultos se contienen en el desprecio o desdén con que Naoko pueda cargar a esa simple orden.

Sepa, también, señor Courtoisie, que valiente o inconscientemente, desobedeciendo a la prudencia, probé de recitar las mágicas palabras “tan luá“, pero sin resultados visibles. No sé si mi dicción no es correcta, si mis carencias llegan a la hora de pronunciar las itálicas, si lo que falla son mis convicciones, o si Okoshi Oshura deliberadamente me ha engañado. Probablemente sea lo último, ya que siempre fui un alma cándida.

En fin, queridos dementes que deambulan por esta casa pastafari, suspendan la realidad y anímense a sumergirse en esta historia llena de desobediencia. Donde la magia desobedece a la realidad, la poesía desobedece a la prosa, el sexo desobedece a las convenciones y los absurdos desobedecen, deliciosamente, a la razón.

Aquí, la luz desobedece a la oscuridad, la mera presión de un dedo meñique puede matar o causar un orgasmo, y el leve movimiento de un abanico, como el aleteo de una mariosa, hace vacilar a un hormiga lejana y estremecerse envuelta en polvo rojo a una isla al otro lado del mundo.

Gracias, Daina, una vez más por la recomendación. Con cada página que avanzo, los agradecimientos aumentan un poquito.

Flashes de realidad /08.2

ridi Celulares. Miles y miles de celulares.  Cuando mirabas a las tribunas desde el campo, parecía un espectáculo de luciérnagas estáticas.  A nivel del campo, era enloquecedor.  Era imposible ver el escenario (cosa de por sí atronadoramente difícil) y ni siquiera alguna de las tres (gigantescas) pantallas, sin que algún sobnormal (o subnormala) tuviera su puto celular en alto.  Como si no supieran que el sonido registrado va a ser una mierda ininteligible, y las imágenes grabadas una maraña de pixeles hechos mierda, que solo con mucha imaginación podrían transformarse en un recital.

merc El merchandising es genial.  Conocés los posters diseñados para los distintos países?  Mirá: https://www.iorr.org/talk/read.php?1,2292768

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El de Santiago es, creo yo y por lejos, el mejor.

loqi Teníamos globos.  A María Luisa, o a La Paraguaya se le ocurrió la genial idea.  Los usábamos, de día, sosteniéndolos en alto para ubicarnos cuando alguien dejaba el grupo por algún motivo.  En un momento dado, me quedo con uno de ellos apoyado contra la panza.  Sensación fantástica!  La música que salía de las torres de sonido se transmitía al cuerpo en forma de las vibraciones de los globos tensos.  La física es maravillosa.

cnti En un principio pensé: Olé Tour… qué nombre tan ridículo para una gira por América.  Totalmente desubicado.  En España vaya y pase.  Pero en América?  Ridículo.  El día del concierto me encontré gritando desaforado, con otros 50 mil dementes “Oléeeeeeee olé olé oléeee, Sha-ggueeerrrrrr, Sha-ggueeeeerrrrr!!!”  Y después me cagué de risa, porque el ridículo, como de costumbre, terminé siendo yo.

harm La armónica de Jagger!  La puta madre, qué placer la harmónica de Jagger!

maki Ah! Midnight RamblerMidnight Rambler, por el MEV!! Yqué decir de Wild Horses?  Una delicia.  Un placer mayestático. Jumpin Jack Flash fue una fiesta dentro de la fiesta; alucinante. Sympathy for the Devil fue gigante. Siempre lo es.  Aunque la musicalizaran con bongós.  El solo de Richards fue tan maravilloso; tan potente!  Podría escucharlo una y mil veces.  Y la puesta en escena fue grandiosa.

bada No me convenció la canción pedida por el público.  She’s So Cold?  En serio? Me parece tan insulsa, de cierta manera. Quizá fue popular entre el público uruguayo antes de mi tiempo y por eso no me cierra.  Ruby TuesdayBetween a Rock and a Hard Place? Mixed Emotions? Emotional Rescue? Anybody seen my babySaint of Me? Sad Sad Sad? No, ninguna de esas. Fue She’s So Cold.  Irónicamente, el título de la canción es adecuado al público uruguayo, tan tibiecito por momentos.   Evidentemente, You Can’t Always Get What You Want, no? No hay con qué darle: el público argentino es una máquina feroz, mientras que nosotros somos unos pasteles, en comparación.

warr Así que ahí estaba yo. Enajenado del resto.  Casi al final de todo, que parecía el Final-De-Todas-Las-Cosas. Después de casi dos horas y media de rocanrol (sin contar a la banda Boomerang). Cansado y con la garganta ardiendo, pero rabiosamente deseando más, cuando empiezan los acordes de Satisfaction. Apoteósico.  Y en un momento, vuelvo a la otra realidad y me doy vuelta para ver a esa monstruo formado por la gente saltar y gritar como descosidos… y me encuentro filas y filas de gente parada y mano sobre mano.  Los hijos de puta parecían que estaban escuchando a Kenny G!  Qué otra cosa podía hacer que gritar un furioso “SALTEN PUTOS!”?  Me lo pueden reclamar?

infr Qué impresionante infraestructura!  El sonido y la iluminación fue bestial.  Y ellos en vivo?  Ufff!  Años esperándolos!  Décadas! Creo que era la única banda que necesitaba ver. Estuve con Jaime Roos.  Tuve la enorme bendición de ver a Los Redondos justo antes de su separación.  No me importa U2, ni Roger Waters, ni Pearl Jam, o ACDC. Divididos, Las Pelotas, Los Piojos.  Nada.  Me encantan, pero nunca experimenté con ellos lo que con los Rolling:  ese sentimiento visceral y urgente de tener que estar ahí.  Y no defraudaron.  Colmaron todas las expectativas y más.  Podría llorar de agradecimiento… bah, lo hice.

fies Qué mezcla! Adelante estaba una veterana de 60 y pico largos.  No paró en ningún momento.  Detrás estaban unos botijas de 10 o 12 años, que parecían el conejito de Duracell.  Todas las edades.  Todos mezclados.  Todos felices. Abuelos con sus nietos.  Padres con sus hijos pequeños, contando historias y anécdotas.  Porque quién no tiene una canción de los Stones como mojón e hito de algún momento importante de sus vidas?  Parejas de enamorados.  Grupos de amigos.  Gente sola.  Amistades de ocasión, de gente hermanda por la música. Poder compartirlo con amigos y familia fue fantástico.

best El mejor recital de mi vida.

 

Flashes de realidad /08

oldi Se les nota que están grandes.  Keith y Ron no pegaron mucha onda al principio, se pisaron, se molestaron, cero sintonía.  Ron parecía que le tenía rabia a su propia guitarra por momentos.  Luego encararon, gracias al MEV.

olde Igual, a nadie le importó un carajo.  No, a mí tampoco.

infu No te voy a perdonar nunca que por tu histeriqueada a la hora de comprar las entradas Nacho y yo hayamos quedado a medio estadio de distancia.  Sabés el tiempo que teníamos planeado este concierto?  Las veces que habíamos hablado y fantaseado con compartir un recital de los Stones?  Sos una conchuda.

yerr Subestimamos todo el invento.  Pensamos que al tomar distancia de la valla, íbamos a estar un poco apartados del pogo.  Resulta que calculamos tan bien la distancia, que quedamos justo al medio. Imaginate: pogo inicial de los Stones con Start me up…

lobe Sasha… dejame decirte algo: cincuenta y cinco mil uruguayos te aman. No podés estar tan buena y a la vez tener una voz tan bestial… debés haber violado al menos 42 leyes del universo.  Me alegro.

dese El chaboncito que estaba al lado nuestro se pasó desde la tarde temprano tratando de encontrarse con Ana Laura.  Llamó, gritó, se subió a caballo de su amigo para tratar de ubicarla, lo intentamos desde nuestros teléfonos.  Nada.  “Qué angustia!”, era su frase más repetida. Lo encontré más tarde, ya cerca del final, todavía sin noticias de su Ana Laura.

tict Son unos maestros.  La forman en que dosificaron el recital fue magistral.  Keith cantando mientras Jagger salía de escena, luego Jagger teniendo a la gente indefinidamente repitiendo boludeces mientras tomaban aire, Sasha Allen robándose el show, Jagger corriendo por todo el escenario mientras los guitarristas tocaban mansos y luego a la inversa.   Unos demonios.

sadi Me vi separado de María Luisa y no pude volver a encontrarla.  Una pena tremenda.  No impidió para nada el disfrute y el goce, pero le robó la perfección al recital.

mago Escuchando el pulso del estadio entre canción y canción, los rugidos, gritos, alaridos, risas, viendo las caras, risueñas, frenéticas, felices, desencajadas, riendo y llorando, comprendí que los Stones son vampiros emocionales.  Cada concierto les debe reportar 5 años de vida extra, mientras beben a borbotones esa masa gigantesca de energía y locura.  Es eso.  Seguro que es eso.  Tiene que ser eso.

Satori Stone

Los momentos más intensos de la vida hacen morir de vergüenza al lenguaje.  El tipo no llega, no le alcanza.  Las palabras no pueden ni siquiera hacer un boceto de la realidad.  No se aproximan.  Mucho menos se las ingenian para tan solo acercarse a abarcarla.

Cincuenta y cinco mil personas asistieron a ver a los Rolling Stones en el Estadio Centenario.  Un calor de cagarse se combinaba con una expectativa que por sí sola te calentaba el pecho como una fragua.  El bochorno tuvo su ventaja:  a la tarde temprano, las colas eran diminutas.  En 40 minutos, quizá menos, estábamos del otro lado del vallado.

La desesperación por lograr que toda tu gente llegara de una vez era como una nota intensa y permanente; como un tono de ajuste a 1600 Hz. De puro maniático, porque la gente llega cuando llega, no cuando a vos se te ocurre… por más que tus razones sean perfectamente lógicas mientras que todos los demás están equivocados.  Y mientras, vas buscando los lugares.  Evaluando ubicaciones, a ver cuál puede ser la mejor, dentro de la uniformidad.

Todos esos planes, sin embargo, luego van a irse a la misma mierd…  pero, qué estoy haciendo…?  Macanas.  Veo los (atronadoramente pobres) artículos en los diarios y me doy cuenta de que es imposible hacer un relato del recital.  No alcanza.  Las palabras no alcanzan.  Ni con las imágenes de un videito.  Los símiles y analogías y metáforas se vuelven insignificanes.  Mucho menos con las palabras escritas.  El relato oral, con su alto porcentaje de lenguaje corporal y las inflexiones de la voz, se acerca un poco más.  Pero tampoco alcanza.

Como cuando Mick Jagger dijo: Qué bueno es estar en Uruguay, ta!
Con su casi ininteligible acento inglés cerrado, lo más distintivo fue el ta!, y el estadio se vino abajo en medio de un rugido de júbilo.  Una reacción brutal, al unísono, instintiva y energética.  Podría contártelo de al menos cinco maneras distintas y no se acercaría a la verdad, aún siendo cierto.

Es que no estaba preparado, entendés?  No estaba preparado para lo gigantesco y grandioso.  No estaba preparado para perderme de vista con mi gente y no tenerlos cerca para gozar juntos.  Ni tampoco para entregarme tan completamente, que la presencia de quienes quedaban se difuminó hasta ser casi insustancial y solo quedó la música y tu vida y la masa inconmensurable de esas otras vidas desatadas.

Cómo explicar la limpieza interior que queda cuando termina la última nota y el último destello?  Todo lo que tenés dentro, el amor, el odio, la rabia, la alegría, los problemas, la paz, la risa y las lágrimas, todo, todo, todos tus pensamientos y emociones se consumen en una larga llamarada que dura, más o menos, dos horas y media.

Ze-ko-kuu-chuu-mu-shiki, en el vacío no hay forma, dice el sutra de los budistas.  Creo que estuve a punto de entenderlo.  Casi.  Tan, tan cerca.  Se purga todo.  Luego de esa llamarada solo queda algo que se parece a la persona que entró, pero no se mueve, está estática, llena de vacío, perfecta, sin miedo ni conciencia… completamente relajada e inmóvil, se siente beatífica.  Se absorbe  todo y se concentra en un punto diminuto.  Todo está en orden.  Con vos, con los que te rodean, con todo cuanto vive.  Todo es perfecto.  Sin mácula.

Es un instante perfecto de serenidad.

Resumiendo: fue un recital DELACON-CHADESUMADRE.

El Cielo, ya no necesita esperar.

Horario de verano… say no more!

Pequeños Dementes.
Hermanos.
Hermana.
Arrodilláos… o arrodillensén, como gusten.
Juntad las bendecidas manos.
Inclinad las piadosas cabezas.
Oremos al Monstruo Espaghetti Volador, que todo lo ve, todo lo oye, todo lo pondera, pero a nadie juzga.

Gracias, oh, MEV, por introducir tus tallarinescos apéndices en las cavidades… pensantes de nuestros políticos podridos bienamados líderes para insuflares una poca, tan necesaria, de puto sentido común.

Te alabamos, oh, MEV, por rozar sus nimbadas testas con tus generosas albóndigas, y hacer que estos energúmenos funcionarios buenos, honestos y trabajadores recapacitaran enmendando así una conducta reprobable, lo que seguramente, los llevará a una vida más luminosa bajo tu luz bienhechora.

Nos regocijamos en ti, oh, MEV, porque has escuchado nuestros ruegos y has atendido nuestras súplicas, haciendo que estos zánganos inmundos tomaran la primera decisión como la gente en lo que va del siglo XXI individuos abolieran una normativa estúpida impopular que nos cagaba la vida llenaba de sufrimientos y pesares.

Gracias, oh, MEV, porque Uruguay finalmente se deja de hinchar los huevos con el horario de verano y la puta que lo parió!  Vamos, todavía!  Uruguay, nomáh!

Listo.  Desbándense. Luego de este momento de recogimiento pastafari, pueden seguir con sus bellas y atareadas vidas, felices en el convencimiento de que el tipo existe, nos mira, y cada tanto nos toca con su (tallarinesco) apéndice.

Sean felices.  Quiéranse los unos a los otros… o a las otras… o a quien quieran.

Ah, y coman pasta!

Ramen!