El Archivo de las Tormentas 3: Juramentada

Terminé de leer Juramentada, la tercera entrega de El Archivo de las Tormentas, de Brandon Sanderson. Es un libro largo, pero que casi no se nota. Como es usual en las novelas de Sanderson las piezas se van armando con mimo y paciencia,  con esporádicas explosiones de acción, hasta desembocar en un frenesí alucinante de situaciones simultáneas. De repente en ese armado de piezas a veces cae brevemente en un poco de tedio (quizá inevitable en un libraco de casi 1200 páginas), pero incluso ese tedio es fascinante, sobre todo porque esa información que a priori parece intrascendente o estirada finalmente se revela necesaria y relevante.

Está profusa y bellamente ilustrado, lo que siempre es un añadido que se agradece.

La narración de esta historia, aunque enmarcada en un ambiente de alta fantasía y épica es muy cercana. Los personajes, más allá del clásico mito del héroe, tienen una construcción muy agradable que va ganando en complejidad con las distintas entregas. Los dobleces, los conflictos, las encrucijadas, los errores que los quiebran y condicionan pero de los que, quizá, pueden levantarse. Redención y caída en lo abyecto. Fuerza e intelecto. Religión y ateísmo.Todo está ahí.

Y las pasiones. La guerra, los manejos políticos, las maquinaciones, la mentira, la codicia, la sed de poder, las traiciones, la crueldad disfrazada de deber y honor, la locura. También la solidaridad, la entrega, el amor, la superación, la lucha contra la adversidad, temas de sexo y género e inclusión, la cercanía con el otro, la aceptación de la “otredad”.

Muy interesante.

Lo único malo es que andá a saber cuándo llegará el próximo. En 2019 como mínimo, probablemente 2020, y no extrañaría a nadie que en el 2021.

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Porque se me da la gana. Y porque yo lo valgo.

“Y en este momento, loco, tengo ganas de hacer este tema!”, dice Daffunchio en pleno recital 5×5 y arranca con Capitán América. Y uno no puede más que amar estar vivo.

La joven durmiente y el huso, un cuento de Neil Gaiman

Neil Gaiman es uno de los escritores más queridos de esta casa, buena y pastafari.

Hace un par de días di con el cuento infantil de La Joven Durmiente y el Huso, bella, bellísimamente ilustrado por Chris Riddell.

¿Usted sabe qué pasó con la Bella Durmiente? ¿Se lo preguntó o dio por sentado que vivió feliz para siempre con el príncipe mongolo que la besó? No lo sabe, ¿verdad? Bueno, con este cuento, a lo mejor, se entera un poco.

Tiene un desarrollo fresco, un desenlace inesperado y un final regio y sorprendente que será la delicia del lectorado (el lectorado está compuesto por los y las lectores y lectoras). Ideal para arrancar de cuajo estereotipos y dar un ejemplo positivo a las generaciones venideras.

De repente no es especialmente apto para gurises impresionables porque a fin de cuentas es una historia de Gaiman, y Gaiman puede ser profundamente perturbador, pero es un cuento precioso.

Lo encuentra en Lectulandia. Con las ilustraciones pesa unos 15 MB

Si gusta colaborar con los creadores, hay sendas versiones en papel en Amazon, en rústica y tapa dura, a un precio realmente accesible.

Y recuerde: dicen los enanos que lo que hace de un regalo algo mágico es la distancia.  Así que si usté está, un suponer, en algún lugar del mundo y lo encarga a Amazon y manda que me lo entreguen en casa, acá en Uruguay, mínimo va a tener que viajar como 12’000 kilómetros, así que el contenido mágico va a ser bastante abundante. Después vemos la mejor manera de agradecérselo.

Memory flood

Qué difícil es lidiar con los tiempos modernos.

La sobreabundancia de información es imposible de digerir y su consumo es imposible de acompasar con las escalas humanas. Mis limitaciones nunca han sido tan patentes.

En la época del CD, que daba la mejor ecuación costo/beneficio, comprabas un disco y lo gastabas. Aprendías las letras al derecho y al revés y lo escuchabas tantas veces que incluso las canciones más pedorras terminaban por gustarte y luego prestabas atención a los ruiditos, los efectos, los arreglos. Vos tenías un disco, tu amigo tenía otro, de un release anterior, o un vivo frente a un estudio, o una nueva mezcla, o un cambio de sello, incluso una portada distinta debido a nuevos productores. La información era poca y podías exprimirle hasta la última gota. Compararla, sopesarla, discutirla, intercambiarla. No había plata para comprar todos los días. No había tanta oferta de los artistas que te interesaban.

Hace unos 10 años se volvió imposible asimilar toda la música que caía en mis manos. La masificación de internet, la democratización del ancho de banda y la popularización de los servicios P2P hicieron que bajar discografías completas del artista que se te antojara no demorara más de un par de horas. Es inconcebible poder evaluarla. Todos los vivos, todos los estudios, más las antologías, greatest hits y hasta  los covers hechos por otros artistas. Cincuenta discos (o más) en formato FLAC, con todas las versiones de todas las canciones al alcance de la mano de forma inmediata y obtenidas de una sola sentada. ¡Tu puta madre que vas a asimilar nada! Escuchás por arriba y hasta terminás asqueado con la avalancha.

Con los libros pasa algo similar. Lectores como el Kindle con su tinta electrónica mate, o la accesibilidad global de las tablets con sus apps que levantan cualquier formato electrónico le permitieron al lector empedernido despegarse del papel y del PC. Los servicios de bases de datos de libros ponen un mundo de lecturas a tres clicks de distancia, gratis. Amazon a veces tiene unos precios tan ridículamente bajos que ni siquiera te planteás no comprarlos. Y así volvemos a reeditar el problema de la música: sobreoferta. Al día de hoy tengo entre 200 y 250 libros pendientes solo en formato electrónico, más unos 10 en papel que fui comprando por impulso y ahí los tengo. De esas centenas de libros pendientes, por lo menos 15 los tengo a medias. La abundancia es tal que si lo que estás leyendo no es una real joya, es apenas tedioso, o si su nivel de complejidad te llama a prestar especial atención, los vas mechando con otras lecturas que no se hagan tan cuesta arriba. Algo casi impensable poquísimos años atrás. La lectura, el hábito y la exigencia sobre lo que se lee, se bastardea. Porque elegís cualquier cosa, o no cualquier cosa, pero sí de manera menos exquisita y específica.

No ser específico tiene sus grandes ventajas, porque podés explorar campos y temáticas de formas poderosas, exhaustivas. Filosofía e Historia, vistas desde distintos puntos de vista y autores se abren como frutas maduras, siempre que tengas la constancia y perseverancia suficiente. Narrativas de temáticas similares, tomadas de distintos períodos históricos (a veces a unos pocos años de distancia) te permiten descubrir mundos nuevos por entero, según cómo un autor u otro encaren el tema.

Irónicamente, esta facilidad para explorar y acometer nuevos frentes tiene la gran desventaja de que tu mente empieza o bien a dispersarse o bien a esforzarse menos. Y eso es una porquería. Porque ser constante y perseverar es un laburo. Cuando los libros eran pocos y caros, perseverancia y constancia era lo único que tenías.

A lo que voy es… me gustaría tener más vidas, todas encadenadas, para poder leer todo lo que me gustaría leer.

Si no fuera por la Z, todavía estarían vivos

Pensé que luego de tres entradas (i, ii y anexo) el tema estaría laudado, pero las personas siempre se las ingenian para sorprenderte.

Deambulando por las redes ( @iampepejandros ) me crucé con esto:

Es parte de una simpática historia donde un padre, al subir a un avión, entrega a los pasajeros de asientos cercanos esas bolsitas llenas de golosinas y tapones para los oídos, para suavizar la experiencia de que su bebé, una niña, hiciera escándalo durante el vuelo.

La historia me importa un bledo. Los bebés son siempre detestables. Sí me llamó la atención el nombre de la pobre, pobre, pobre pendeja: Lorenza. ¿Lo qué? Renza.

¿Qué tan hijo de puta tenés que ser para ponerle Lorenza a tu hija? Sí, ya sé, te morías de ganas de tener un varón. Es la única explicación. Sorete. Podrías haber solucionado el tema sacándole la zeta. Lorena es un nombre perfectamente aceptable, con el que cualquier persona puede sobrevivir a toda su infancia, su adolescencia y hasta su vida adulta, sin traumas ni humillaciones. Es más, será “la Lore”, y ser la Lore es genial, siempre.

Sé lo que estás pensando. A Lorenza también le pueden decir Lore. Pero no es lo mismo. Lore de Lorena es un diminutivo que se lleva con orgullo. Lore de Lorenza es un disfraz para ocultar la vergüenza y el oprobio.

Pero no le pusieron Lorena.

Lorenza. Lo único peor que llamarse Lorenza debe ser llamarse Heidi (que salvo que seas Klum, siempre te van a preguntar qué hiciste con el maldito chivo).

Se me ocurre que para ponerle Lorenza tenés que ser un provida. Claro, no les dieron los huevos para abortarla, así que se las ingeniaron para liquidarla de otra manera. ¡Qué decisión tan deleznable!

Ya me la imagino a la pobre gurisa. Toda una vida de ostracismo y vacío social. Porque en esta sociedad enferma y putrefacta, a las personas que asesinan a sus padres les hacen el vacío. No importa cuánta razón tenga.

Solo espero que antes de cobrarse su justa venganza, que más que venganza es justicia y hasta defensa propia, atine a cambiarse legalmente el nombre. A Lorena, por ejemplo.

Ah, sí, eso también me lo imagino: los chismes.

—¿Viste la Lore?  -con voz bajita y horrorizada.
—No. ¡Contame! ¿Qué pasó?
—¡Lo que temimos durante tanto tiempo! Electrocutó a la mogólica de la madre y decapitó al orate del padre. Que serán lo que hayan sido y se lo merecían, pero no así.

Y así sigue la conversación, durante horas, hablando de la Lore, nunca más Lorenza.

Star Wars: The Last Jedi

Finalmente miré el Episodio VIII.

Debo confesar que se me hizo un nudo en la panza cuando vi a Leia. Y ahora mismo, mientras escribo, se me debe haber metido una basurita en el ojo que es lo que me hace lagrimear; nada que ver con Carrie Fisher. Por otro lado, verlo a Luke con esa estampa tipo Hemingway fue muy bueno. El conflicto de Kylo Ren y la fortaleza y fiereza de Rey también están bien representados.

La película, la historia en sí, parece el Uróboros, mordiéndose siempre la cola. Si en la primera fue “Ayúdame Obi Wan, eres nuestra única esperanza”, ahora es el turno de Luke. Donde antes estaba Solo, el personaje gigante de Ford, ahora encontramos una especie de escisión en Poe y Finn. Yo qué sé… no sentí la magia. Creo que la magia de la primera trilogía es inimitable e inalcanzable, pero en esta entrega en general no se me movió un pelo. Quizá es que se trazan tantos paralelismos que la escencia de la historia se desdibuja un poco.

Me encanta Laura Dern y no me convenció mucho su interpretación, pero el momento en que su Holdo se pone las botas es magnífico. Eso solo vale por toda la película. A decir verdad, siempre me intrigó la pregunta de qué pasaría de darse esa situación, sobre todo por estar acostumbrado a los libros de Asimov, en donde las reglas son muy claras en ese sentido. Creo que es de lo más alto que tiene la peli.

El personaje de Benicio del Toro, esa especie de nuevo Lando, me pareció totalmente prescindible. Es decir, no el personaje, Benicio. Está más para cartel que otra cosa. Cualquier actor de segunda línea podría haber remado ese arco, corto, choto y menos creíble que un 77 en hora.

Probablemente esa sea una de las fallas que veo: a muchos personajes no les creo nada. Muchas situaciones no son creíbles, verosímiles, emocionalmente hablando. A Snoke no le creo (ridículo como suena, me hacer acordar al Noob Noob de Rick & Morty: no lo puedo tomar en serio y me quedé esperando que gritara “God’daaamn!”. Sí, lo sé, estoy enfermo). A Kylo no le creo en sus ambiciones, pero debe ser porque no puedo disociarlo de su trabajo en Paterson, que me condiciona. A DJ no le creo, pero ni un poco. A Holdo no le creo. A Hux, malo acartonado, no le creo nada. Esa pelea con los guardias rojos es un chijete. Las intervenciones “técnicas” de DJ son un bolazo remachado. A los personajes secundarios con “fecha de vencimiento” no les creo.

En la primera trilogía uno CREÍA en el plan, en la esperanza, incluso en la Fuerza, pero también en la desesperación, en la inevitabilidad, en el sacrificio, en el secundario que va bien y en un momento se le viene la noche y el tipo reacciona a la altura del conflicto. Y vos vas y le creés. Pero acá no. ¿Taparse la cara mientras vas pilotando? ¡Me estás jodiendo, chabón! La Fuerza es más como un “Vaya con Dios” costumbrista a fuerza de manosearla tanto. Aparece, se despliega, pero no llena, no llega. Los personajes que dicen “que la Fuerza te acompañe”, no se la creen ni ellos; si hasta se turnan para desearse su compañía!

Se hace mucho énfasis en cortar con el pasado, matarlo, para que lo nuevo florezca… y eso tampoco lo creo ni un poco. Es decir, entiendo el mensaje, pero me da la impresión de que está entregado de forma imperfecta. Los sucesores no están a la altura del legado del que tienen que hacerse cargo.

En fin, está entretenida. Es una más que correcta entrega. Tiene momentos de guión muy buenos y momentos visuales extraordinarios, pero no puedo decir que me enloquezca. Que haya levantado más de 1300 millones de dólares en entradas es increíble y no sé si se deba a la calidad de la película o a las ganas de la gente de ver más Star Wars.