Perfectos desconocidos

Tenés que ver la película italiana Perfetti sconosciuti, de Paolo Genovese.

La tenés que ver, entendés?  LA-TE-NÉS-QUE-VER

Unas actuaciones y un guión de la reputamadrequeloparió.

No mires reseña, no averigües nada.  Dejate sorprender, que no te vas a arrepentir.

Y no digo más.

Lo mismo que hacemos todas las noches, Pinky! /59

Horas de la tarde.  Oficina de una empresa de transportes.  Suena el teléfono.  Atiende D.

—Hola, buenas tardes… ¿Cómo le va…?  ¿Cómo dice…?  ¿Pero usté está segura de lo que me está preguntando…?  Espere un momento, por favor.

Pone el teléfono en espera y le habla a El Boss, con un tono de voz en el que conviven la sorpresa y la diversión:

—Es su esposa… quiere… ella quiere saber si conocemos algún comisionista que lleve encomiendas a Montevideo.

—¿QUÉ?

—Que si sabe de alguien que lleve paquetes a Montevideo…

El Boss le preguntó a su santa y amada esposa, con toda la delicadeza que pudo reunir en tan corto plazo, si no quería que le diera el teléfono de alguno de la competencia.

Temblando de ansiedad, sentí un grito

Es sencillo identificarse con “El Grito” de Munch.

El taller de Barravento, dictado por el profesor y autor Víctor Hugo Ortega C. abre el juego y los ojos a una realidad de potenciales excitantes.  Buenos tipos, Víctor Ortega y Alejandro Arístides.

La oportuna llamada de un amigo, al día siguiente, con la posiblidad de panes y pastelería y quién-sabe, me llena de un entusiasmo eléctrico.

¿Qué saldrá de todo esto?  ¿Seremos infelices o dichosos?, como dice la vieja canción.  El panorama es incierto pero el optimismo le gana, por una vez, al miedo.

Es lindo tener ganas.  Y proyectos nuevos.  Y miedo, ¿por qué no?  El miedo a veces es un aliado útil porque te hace esforzarte para no cagarla.

Quizá sea que empecé a practicar tai chi de nuevo.  La energía se mueve.  El cuerpo se mueve.  Y el movimento arrastra al mundo, cambiándolo.

Con dos a la vez es mejor

En fin, no sirve de nada hablar de los caminos que no tomamos.

Rhaegar – Festín de Cuervos, de GRR Martin.

Me olvidé de Preacher, Cleverman, Ripper Street, Mr. Robot y los estrenos de cine.  No me importan.  Al igual que no me mueven un pelo las carteleras de teatro, el auditorio del Sodre y el Solís.

Dejé en stand by a Cortázar (perdoname, Julio), a Murakami (el elefante no va a desaparecer, te lo prometo), a Chesterton (el hombre que fue Jueves no ha llegado ni al martes y ya lo dejé estacionado) y a Fukuoka (la revolución puede esperar).

Estoy leyendo en simultáneo Festín de Cuervos y Danza de Dragones, bitches!  Se van todos al carajo.

Qué viaje!

Infértil

20160706_150010Me interesan los porqué.  Los engranajes que mueven el mundo, o cómo llegaron ciertos engranajes a mover el mundo de la manera que lo hacen.  Me encantan la Física y la Química, por supuesto… también me gustarían las matemáticas si tuviera cabeza suficiente para entenderlas (en sus entresijos más íntimos), y también los engranajes que mueven a las personas, que las moldean.  Llamalo curiosidad.

Por esas cosas y vueltas que tiene la vida y las gentes, di con un libro llamado La Bolsa y la Vida [escaneado en Scrib], publicado en 1996 y escrito por el historiador francés Jacques Le Goff.

El libro trata de la tátara abuela del capitalismo, la usura, en los siglos de la baja Edad Media (XI y XII) en adelante y cómo los usureros eran considerados despreciables ladrones cuyo lugar final era el Infierno y el Fuego Eterno.  Podías tener la bolsa (de dineros ajenos mal habidos) pero perderías la Vida Eterna.  Salvo que alguien, algo, te salvara, permitiéndote conservar ambas cosas.

Recién comencé con la lectura y quiero comentar un par de pasajes:

Tomas de Aquino Desigualdad

Santo Tomás de Aquino lo dice: “¿Es un pecado recibir dinero en pago por dinero prestado, lo que se llama recibir una usura?” Respuesta: “Recibir una usura por dinero prestado es en sí injusto, pues se vende lo que no existe, con lo cual se instaura manifiestamente una desigualdad contraria a la justicia”.

Sin embargo, no toda actividad que conlleve un préstamo o una cesión de la que se espera recibir provecho es usura, como en el caso del alquiler de una propiedad o el arrendamiento de la tierra.

20160706_145840“De todos los mercaderes, el más maldito es el usurero, pues éste vende una cosa dada por Dios, no adquirida por los hombres [contrariamente a lo que hacen los comerciantes] y luego, en la usura, recupera la cosa con el bien ajeno, lo cual no hace el comerciante.  Se objetará: aquel que arrienda un campo para recibir una renta o alquila una casa para cobrar un alquiler, ¿no es semejante a quien presta su dinero a interés?  Ciertamente no.  En primer lugar, porque la única función del dinero consiste en pagar un precio de compra; luego el arrendatario hace fructificar la tierra que trabaja y el inquilino goza de la casa; en estos dos casos, el propietario parece dar el uso de su propiedad para recibir dinero y en cierto modo intercambiar ganancia por ganancia en tanto que del dinero adelantado no se puede hacer ningún uso; por fin la labranza agota poco a poco el campo, el uso deteriora la casa mientras que el dinero prestado no sufre disminución ni envejecimiento”.

El dinero es infecundo.  Ahora bien la usura quisiera hacerle tener hijos.  Santo Tomás de Aquino dijo después de haber leído a Aristóteles: “Nummus non paril nummus (el dinero no engendra dinero)”.

Al principio habla de que el usurero vende una cosa dada por Dios.  Y por un instante me rasqué la cabeza, hasta que luego di con ese bien del Cielo.  Cuanto más demores en pagar, más intereses cobrará el usurero.  Así, en esos intereses vos estás pagando un bien intangible y Divino: tiempo.  Por si fuera poco, es considerada lisa y llanamente como un robo, en flagrante violación del cuarto mandamiento.  Chupáte esa mandarina, usurero pecador mortal.

Los primeros prestadores a crédito fueron los monasterios, de donde viene el término mort-gage (promesa de muerte -más o menos- y del latín), algo parecido a nuestras hipotecas modernas: préstamos avalados por una propiedad; práctica que luego fue prohibida, tanto para clérigos como para los laicos.

Genial, eh?  Estamos hablando de alrededor del año 1200, así que imaginá el peso que tenía la religión, de cuyos preceptos deriva el derecho canónico, usado luego como base o referencia en las escuelas de derecho.  En ellos se basaban muchas leyes y los sermones dados en las iglesias eran los medios de comunicación masivos de la época.  Años en los que los infractores realmente tenían miedo y les importaba adónde fueran a parar sus almas inmortales para la próxima vida y supongo yo que, sobre todo, de qué manera terminaban la actual (garrote vil, hoguera, cárcel y vaya a saber qué otro castigo) .  Lo más parecido a una actualización de estado debía ser:  Arrepentíos, cabrones pecadores, o arderéis en el Infierno!

¿Por qué la Iglesia perseguía con tantas ganas a los usureros?  Porque a partir de esa época, cuando empieza a asentarse el uso de una economía monetaria, la usura pasó a convertirse en una actividad demasiado tentadora, al punto de que temían que un auge desproporcionado de usureros entre la burguesía de entonces o los dueños de tierras, hiciera desplomar la producción de alimentos y bienes.

Todo un palo, ya lo ves: la especulación no es propia del neoliberalismo ni mucho menos.  Aunque el neoliberalismo probablemente sea uno de sus descendientes más refinados y evolucionados en cuanto a lo letal que resulta.

Cómo, durante el correr de los siglos siguientes, cambió el discurso (al punto de que el usurero pasaba solo una temporada en el Purgatorio hasta que subía a disfrutar de la Dicha Eterna) y hasta la Iglesia llegó a prestar dinero a reyes y conquistadores, son interrogantes que espero se contesten al ir avanzando en la lectura.

Espero con ganas enterarme cómo, o al menos llegar a cazar las claves, en el nombre del MEV misericordioso, de que luego de tamaña censura y promesas de condenación eterna, llegamos al feudalismo primero y al capitalismo actual, tan salvaje; que esclaviza a personas y naciones enteras al pago de los intereses de los préstamos.  Porque a pesar de no poder engendrar, varios hijos se le hace parir a cada billete que prestan los bancos a las personas y países.

Parirás con dolor, dicen las Escrituras, y mierda que dolor es lo que lo sentimos.

Preacher

preacher-poster-amcGragry me recomendó la serie Preacher. Un predicador en un pueblo perdido en medio de Texas es poseído, o mejor dicho, invadido, por un ente sobrenatural que le da un poder extraño y aterrador, cuyo uso deja imprevisibles consecuencias.
El predicador es un ex delincuente con un pasado de violencia que quiere reformarse; hizo una promesa y ahora busca a Dios (con suerte bastante variable). A escena entra su ex novia que sigue por el “mal camino” y un… vampiro, a quien le gusta más el whisky y los opiáceos que la sangre.
Preacher comicPreacher está basada en el comic homónimo creado por el gigante Garth Ennis e ilustrado por Steve Dillon.
Hay un montón de esos personajes del sur profundo de EEUU a quienes nos tiene acostumbrado el cine y la TV, raros, fanáticos, estereotipados, pero que ganan en complejidad con los capítulos. El único industrial del pueblo, que lo tiene en un puño, los patovicas de turno, el sheriff medio inútil y medio fanático, el alcalde alcahuete del industrial, la flaquita religiosa de colita de caballo, la ex sexy y heavy, el gurí feito discriminado, los fanáticos y traumados religiosos o ateos, etc.
Joe GilgunEl vampiro es interpretado por Joe Gilgun, uno de los “enfermos” más geniales que ha dado el cine (junto con Sam Rockwell).
La banda de sonido y la photo son imponentes. Las actuaciones, oscuras y disparatadas son imponentes. La historia es tan extravagante y delirante que, también, resulta imponente.
Trasegué los 6 capítulos que van hasta ahora en un día y quedé pidiendo más.

Ombrofobia

Ayer, por momentos, parecía que iba a amainar.  Luego de cuatro días de lluvia ininterrupida, se veía una claridad esperanzadora en el horizonte.  Mirabas los pronósticos del tiempo y eran alentadores.

Luego chaparrones, lloviznas, aguaceros, chubascos, diluvios, se encargaban de desmentirlos.  Hora tras hora, la lluvia parece infinita.  A la madrugada me despertó el tabaleo intermitente sobre el techo de zinc.

No puedo dejar de pensar, de tratar de imaginar, el miedo que deben sentir las víctimas de las inundaciones recientes, que quizá hace pocas semanas volvieron a sus casas, o que quizá terminaron hace unos días nada más de arreglar los estropicios, o que con gran esfuerzo van recomponiendo y recuperando todo lo que perdieron.  La esperanza que se alza cuando para la lluvia y el temor que la pisotea cuando el agua vuelve a caer.

O tal vez lo predominante sea la resignación invencible, tipo “Vieja, parece que paró…”, seguido minutos después por el “Ay, no” propio del “lavate que vamos de vuelta”.