Noticias desde el Reino /008

Contacto con el SiNaE en Uruguay

Por dudas o síntomas, si no podés contactar con un médico que vaya a tu domicilio, tenés estas opciones para comunicarte con el Sistema Nacional de Emergencias.

Recordá llamar por teléfono antes de ir directamente a un centro de salud.

Al oeste

El fin de semana salimos a pasear con María Luisa. Ella tenía nostalgia de las playas que visitaba cuando era niña y yo mucha curiosadad por visitar una zona de Montevideo a la que nunca había ido. Así que el domingo, luego de almorzar y aprovechando la tarde soleada, arrancamos para las playas del oeste.

Vas por la Ruta 1 y a la altura de la curva del Km 18 tenés una estación de servicio. Hacés una cuadra por la calle que pasa por el costado de la estación y doblás a la izquierda: esa calle se llama Camino Sanguinetti y si la seguís todo derecho, pasando frente a las casas que lo van jalonando en toda su extensión, te lleva hasta el agua y la playa La Colorada.

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La Colorada es una media luna de arena, cortita y festoneada de barcas de pesca. Las barcas, con gente aprontando sus redes, dan un contraste marcado entre su color rojo y apariencia vetusta y los semejantes y relucientes motores fuera de borda que las impulsan. Se ven familias de picnic y señoras tejiendo al sol en sus reposeras. Es Montevideo pero no es Montevideo. Es un contraste interesante, el de la vida lenta tan cerca de la vida bullente.

Desandamos un poco el camino y tomamos el Camino Pajas Blancas que nos lleva hasta el cercano barrio idem.

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Pajas Blancas tiene pinta de balneario. Un balneario lindo y tranquilo, con casas con cercos y jardines cuidados y plazas con gurises jugando. Al oeste se ven torres de lo que parecen ser torres de grúa sobresaliendo sobre los médanos, probablemente del cercano Muelle Punta Yegua, cosa que acabo de revisar en este momento; ayer me daban ganas de salir caminando a ver a qué misteriosos restos pertenecerían esas altas estructuras que semejan viejos esqueletos. No hay caso, la tecnología mata la fantasía. Hacia el este, por la calle principal que luego dobla y bordea el agua, se pueden ver más barcas de pesca durante varias cuadras.

De allí volvimos al Camino Pajas Blancas, empalmamos con la calle Cap. Juan de Medina Torres y finalmente con el Camino Antártida Uruguaya para llegar a un lugar bastante desierto llamado Punta Yeguas, que tiene una larga playa y una vista hermosa y bastante poco conocida del Cerro y la Fortaleza de Montevideo.

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El barrio que se ve al fondo se llama Santa Catalina, la última parada de nuestra pequeña excursión. Saliendo de Punta Yeguas tomás el Camino Burdeos y a un par de kilómetros llegás al barrio, humilde y muy poblado, que en algunas partes parece que creciese sobre sí mismo. Un contraste bien marcado que no le pasó desapercibido a María Luisa, que para comparar solo tenía sus recuerdos de la infancia.

Lindo paseo. La zona puede recorrerse en dos o tres horas, es muy interesante, con lindas propiedades parquizadas, invernáculos y huertas, depósitos de industrias ignotas y las infaltables barcas pesqueras.

Lo mismo que hacemos todas las noches, Pinky! /70

Oficina. Horas de la tarde.

El Boss habla con un cliente de vieja data. El cliente quiere llevar una mercadería a una localidad costera a la que no llegamos.

—Cómo le va, tanto tiempo, don Carlos? —saluda El Boss.

—No, a esa ciudad no vamos, pero le busco el teléfono de un colega de allí. Espéreme un segundo. —pide El Boss, solícito.

El Boss me mira y me pide que busque el contacto en la computadora, porque no lo encuentra entre sus 7 agendas de papel. Mientras tanto sigue conversando con el cliente.

—Ya le paso el teléfono. No va a tener problema con Hernández (1).

Luego sin venir a cuento de nada le larga una de sus perlas comunicacionales marca registrada:

—Hernández eran tan bagayero (2) que era famoso por tener las bolas picadas por las mojarras (3)

En el medio de esa fundamental pieza de información yo encuentro los teléfonos y se los paso.

—Llámelo tranquilo a Hernández, don Carlos, que hace añares que somos amigos y es recontra buena gente. Igual para usted, que ande bien.

1: nombre ficticio
2: contrabandista
3: presuntamente de tanto meterse al río a descargar las lanchas con contrabando

Nani desu ka

Lo qué?

Confesión: me gustan los animes. No, mentira; a mis 46 años debo decir que me encantan. Son uno de mis principales placeres culpables. Sobre todo japoneses y en su idioma original. No, no sé japonés, del que entiendo alguna palabra de cada 20 o 50, pero me resulta una lengua hermosa. Algunos donghua chinos también están buenos, aunque a veces tienen una forma de contar historias que me resulta totalmente incomprensible (igual que el cine), mientras que otras veces son casi copias del estilo japonés de hacer las cosas.

Históricamente no tuve muchas chances de consumir animes hasta que en tiempos recientes llegó una oferta limitada a Netflix, pero al principio de la pandemia me decidí y creé una cuenta gratuita en Crunchyroll que 10 días más tarde hice de pago. También sigo otros 4 o 5 sitios de streaming, para animes que no están en el catálogo de Crunchyroll. La mayor parte (más del 95% probablemente) de los contenidos que estoy consumiendo desde abril de 2020 son animes.

Consumo prácticamente todo tipo de géneros, salvo dos o tres (los NTR y hentais violentos me causan un rechazo vehemente, y los animes para muy gurises no me aportan nada). Qué decirte? Son el escape perfecto, aunque tengo que recordarle a mi mente de 46 años (cronológicos) que no puede juzgar relaciones entre, ni reacciones de, personajes destinados a un público adolescente de una cultura totalmente distinta.

Esa parte es difícil, hasta que me obligo a recordar que a los 15 años era un palomo absoluto y se me pasa. De todos modos me indignan bastante las historias en las que el muchachito y la muchachita terminan juntos como es esperable recién en el último capítulo. Digo chito y chita porque los japos son bastante “tradicionalistas”, por no decir machistas y sexistas y se ven pocas parejas lésbicas y aún menos homosexuales.

En el 95% de las historias es como si los guionistas no supieran qué hacer una vez que los personajes están juntos y por eso alargan y complican las diversas situaciones hasta extremos ridículos con tal de demorar el desenlace hasta el último minuto del último capítulo.

Sin embargo siempre hay alguna excepción que rompe con la forma habitual de hacer las cosas, con los esquemas preestablecidos, y resultan refrescantes. Una de las parejas que rompen completamente con todos esos estereotipos de mierda es la de Kirito y Asuna en Sword Art Online. Lo que a su vez transforma a SAO en una de las mejores historias que he visto, a pesar de que no es especialmente innovadora dentro del género.

Él es un solitario en parte por elección, pero no tiene miedo de las mujeres, ni de hablar con ellas, ni convulsiona si tiene que tocarlas, a diferencia del princeso histeriquito pusilánime que parece ser la norma. Ella es capaz, fuerte, sabe lo que hace, lo que quiere, no histeriquea, ni se esconde, ni se miente, lo que la despega con fuerza del patrón habitual.

La primera temporada tiene 25 capítulos divididos en dos grandes arcos. Kirito y Asuna se conocen en el capítulo 2 y se separan hasta el 5, donde vuelven a encontrarse. En el 9 ya se han acercado y están a punto caramelo, para el 10 están juntos y para el 11 son monolíticos.

Una pareja sólida, sin dudas, sin fisuras, luchando a la par, cuidándose y nutriéndose mutuamente, incluso cuando les toca estar separados. Así a través de todo el resto de esa temporada y las siguientes. Ese foco no se pierde nunca… al menos relativizando el par de arcos de Alicization en que todo se matiza por la escalada del FC o Factor Chijete.

El FC es algo que se da de forma harto recurrente en los animes de acción, aventura, isekai, magia y fantasía y puede resumirse como una vergonzosa falta de límites que convierte todo conflicto en un chijete remachado.

No hablo de la temática. En general, salvo los dramas históricos o de época, por ejemplo Onihei, los escolares y slice of life, todas las historias, personajes y situaciones son irreales a más no poder. Se mueven dentro de un gran chijete. Uno lo acepta y lo abraza. Las leyes de la Física son sodomizadas, la lógica es encadenada y guardada en una dama de hierro en la mazmorra más profunda y la incredulidad se suspende total y absolutamente hasta nuevo aviso. El Factor Chijete no se aplica a la historia en sí, sino a lo que sucede en la historia cuando no se respetan la lógica o leyes internas inherentes al universo donde la historia transcurre. Si bien es cierto que el FC es parte esencial de ciertos animes, como en One Piece o One Punch Man, que los mueve el absurdo, en general el FC es lo que sucede cuando se sobrepasa sin miramientos el nivel de chijete inicial: el deus ex machina hiperbólico.

Un ejemplo clásico es cuando el PP (Personaje Principal) ataca y el contrario se defiende y responde con una técnica/golpe/hechizo/arma superior y sacada de la galera que obliga al PP a hacer lo propio, una y otra vez, en un ida y vuelta cada vez más bestia, cada vez con menos sentido (Black Clover), cada vez más extravagante (Bleach)… hasta que alguien grita. Ah, sí, los gritos son fundamentales. No importa qué tan cagado a palos, qué tan roto, aplastado o mutilado esté el PP (y el malo también), que haciendo acopio de coraje el tipo va y grita y puede pararse y seguir peleando, o junta toda la fuerza necesaria para dar el golpe definitivo que no fue capaz de dar al principio del combate cuando estaba con todas las energías. No hay nada que un buen grito bien dramático no pueda conseguir. Hasta que finalmente los guionistas se aburren, hacen que el PP largue su grito más desgarrador y lo dejan ganar de forma apoteósica. Doy un ejemplo más detallado en la entrada sobre Naruto, el anime que probablemente tenga el FC más estúpidamente alto del universo (de repente compartiendo podio con Black Clover, que riza el rizo).

Otros ejemplos de buenas parejas podrían ser Hajime y Yue en Arifureta, Naofumi y Raphtalia en El Ascenso del Héroe del Escudo por nombrar un par reciente. También Hiro y Zero Two en Darling in the Franxx de 2018; él es medio imbécil pero termina encarando. El FC de este anime es bastante importante, pero la historia subyacente está buena. También, aunque no son pareja sexo-afectiva, la relación de Yūji y Nobara en Jujutsu Kaisen está súper bien armada. A propósito, Jujutsu Kaisen es muy buen anime… bah, es un anime de puta madre. La animación en sí roza la excelencia absoluta; sakuga de alto nivel. Tiene una factura técnica alucinante. La historia es rara, el FC es grandioso, pero curiosamente tiene sentido y se equilibra. Los personajes en general tienen límites, y si bien los pueden sobrepasar, es parte de su desarrollo, hay pautas, es gradual. Si te curten a palos, entonces te curten a palos, entrená y volvé más tarde… siempre que no te maten al menos. También están Takeo y Yamato en Ore Monogatari! de 2015, que encaran desde el capítulo tres. OK, son unos palomos de campeonato, pero es una linda historia, de exploración y descubrimiento. Y la más nueva Higehiro, con Yoshida y Sayu, está rara al punto de que el FC es lo que da la pauta inicial para la historia, pero es buena.

Hablando de Higehiro, el Factor Chijete no es privativo de los animes de acción. A veces se da un estallido casi sobrenatural de FC que sirve de puntapié inicial. Por ejemplo, en Tonikawa. El mucha-chito, Nasa, ve a la mucha-chita, Tsukasa, en la acera de enfrente y se enamora al instante. Cuando va a cruzar la calle para acercarse a la gurisa casi muere atropellado por un camión. No muere solo porque es salvado por la chita que le dice que para salir con ella tienen que casarse, what the fuck!, cosa con la que él está de acuerdo. Luego ella DESAPARECE completamente de su vida.

El chito pierde ese período de exámenes por la recuperación y rehabilitación del accidente, así que pasa un año entero. Salva los exámenes con la mayor puntuación pero no continúa sus estudios. No continúa sus estudios, deja atrás los planes cuidadosamente elaborados y por los que ha trabajado desde NIÑO. En lugar de seguir con sus planes larga todo y se consigue un laburo de porquería en un almacén POR SI SE DA EL CASO de que la gurisa vuelva a aparecer. ¿Qué tipo de noción de mierda del amor es esa? Frívola y ridícula incluso para los estándares que se manejan en los animes. Semejante estupidez.

Como sea, Nasa se muda solo. Sigue laburando. Siempre pensando en la chita de la que ni siquiera sabe el nombre. Hasta que cumple 18 años. Cuando Nasa cumple los 18, la edad legal para casarse, en plena noche tocan el timbre ¿y con quién se encuentra cuando va a atender? Con la flaca que llega para casarse. Ya con los papeles prontos! Y no solo el calenturiento joven le dice que sí en el acto, cosa que no es extraña porque de alguna manera hay que ponerla, no?, sino que NO LE PREGUNTA ABSOLUTAMENTE NADA. ¿Por qué desapareció completamente por dos (o tres) años? ¿Cómo sabía que él ya era mayor de edad? ¿Cómo sabía dónde vivía? Y todo eso solo en el PRIMER CAPÍTULO! Me quiero matar! Encima de todo, cuando él le pregunta por qué de la nada se ofreció y luego efectivamente se casó con él, ella dice que es un secreto y él lo deja pasar sin dedicarle un solo pensamiento! Me estás jodiendo?

Tsukasa menciona que a partir de ese día van a vivir juntos y que no tiene hogar al que volver, sin embargo al presentar los papeles del casorio en el registro civil salta que ella es menor de edad, pero a su vez tiene un sobre con el consentimiento firmado por sus padres. ¿Dónde vivía antes de aparecerse en la casa de Nasa? ¿Por qué si fue a buscar la valija con su ropa no tenía ni siquiera una muda de ropa interior en ella? Basta, gurises! Como en el chiste de los pescadores mentirosos, achiquen el ojo del pescado o saquen del agua el farol apagado, por favor, porque semejante disparate no tiene ni sentido. A pesar de que luego resulta que hacen una buena pareja, o al menos una pareja que resulta simpática de ver, ese estallido de FC de magnitud mayor al Big Bang se hace casi imposible de soportar. Me hacen calentar, mirá. Entendámonos: el FC no está en las circunstancias, que como en cualquier historia no te las pueden dar masticadas, porque si no qué gracia tiene, sino en que NADIE, ABSOLUTAMENTE NADIE, SE HACE NINGUNA MALDITA PREGUNTA! En diversos capítulos se van tirando puntas e insinuaciones y NADIE SE CUESTIONA NADA. Son unos hijos de puta.

Resumiendo: No voy a spoilear, y resulta más claro en el manga de donde sale el anime y al final se resuelven los interrogantes, pero el inicio es… molesto. Tan molesto. De esas molestias que son como una picazón en todo el cuerpo que no te podés rascar.

Y ya. Basta. Al final terminé escribiendo sobre parejas en el anime porque últimamente estoy menos centrado en la acción y el rompe y raje mientras busco un poco más en las relaciones interpersonales. Vengo asqueado de esta realidad pandémica y necesito que mis escapes cumplan dos condiciones: que sean irreales, cuanto más irreales mejor, y que sean hacia lugares con un poco (o mucho) de amabilidad y tibieza.

Derivación sobre el interrogante hipotético materno por antonomasia: ¿Si tus amigos se tiran de un puente vos vas atrás d’ellos?

Nunca le pidas a alguien que haga algo que no estés dispuesto a hacer vos mismo.

Micro

Con mirada incrédula vio cómo bajaba el hacha; veloz, fuerte, con deliberación. Definitiva. Se hundió en la tierra como si no hubiese atravesado nada. Nada.

Es muy bella mi bandera

Mi bandera hoy es la de la República de María Luisa.

Hay un pampero que sopla. Una ventolera que amenaza sacarme la moto de abajo cuando me agarra cruzado. Un pampero inclinado del sur que lo vuelve filoso como una cuchilla. Helado. Inclemente. Pero hoy es como una caricia. El pampero me acaricia. Una caricia que anticipa el encuentro y anima el batallar, el batallar.

Hoy tengo viento de cola y no podría haber pedido nada mejor.