Declaración de amor

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Photo: Naxto

Buena suerte para vos

¿Qué tienen en común Stan Lee, AMC, el anormal de James Nesbitt e Inglaterra?

Si los mezclás cuidadosamente y los ponés a horno suave, te dan una serie del carajo!  Se llama Lucky Man, la serie inglesa de Stan Leen para AMC, con James Nesbitt.

Qué pasaría si pudieras poseer la suerte?

El torrent

Y los subs

Feo y caro

El fin de semana tuvimos “excursión familiar”, como la kermés de los sábados, pero distinto.  Terminamos cerca de Punta del Este, visitando a la hija de María Luisa que está laburando allí por la temporada.  Cuando llegamos a ver a la flaca ya era bien pasado el mediodía, así que era buena idea pensar dónde comer.

En Punta del Este y aledaños, más específicamente en la Barra de Maldonado, encontrar un lugar dónde comer no es trivial.  Es decir, lugares hay a montones, pero la idea es lograr comer sin tener que volverte a Montevideo en bondi porque tuviste que vender el auto para pagar la comida.

Buscamos, buscamos, buscamos… no podíamos ir a la más razonable Maldonado porque Ce tenía que entrar a trabajar, así que tenía que ser algo por ahí nomás. Bueno, encontramos un lugar llamado La Linda, en Manantiales.  Es una panadería y anexo tiene un salón con un patio super lindo; chusmeando un poco, veo que la panadería y la cocina también están requetebien; la merca (budines, bizochos, panes) tenían una pinta de muerte por delicia; la cerveza estaba bien fresquita (aunque no helada)… pero la comida, che.  Poco, feo y caro.  El pan de la mila al pan era un delirio de bueno, pero la mila… por 360 mangos (no, yo tampoco puedo creerlo) esperaba otra cosa; ciertamente no esperaba algo diminuto, duro, y de apariencia recalentada.  A la gente que iba conmigo no le fue mucho mejor con sus órdenes.  Sé que estás pagando “la exclusividad” del balneario, pero lo mínimo que pueden hacer es servir unos platos mínimamente decentes.  Fijate que ni siquiera pretendo que sea abundante, pero sí rico.  Porque si no, por qué mierda me estás cobrando?  Por sentarme?  Así que ta.  Decepción total en La Linda.

Despedimos a la flaquita y desandamos nuestro camino, felices del reencuentro con los afectos, más allá del debe gastronómico.  Llegamos a Montevideo sin incidentes y me apresuré a llamar a Hermana.  “Che, Hermana, cenamos juntos?  Nos pasó algo horrible y tenemos ganas de comer rico”.  Nuestras dos primeras opciones estaban cerradas por licencia, así que nos dirigimos hacia un restaurante de pastas que está sobre Benito Blanco y Martí.  Ni María Luisa ni yo lo conocíamos, pero pintaba lindo y Hermana lo tiene bien calado.  Allá fuimos, con otra gente amiga, disfrutando de la noche fresca… hasta que entramos al lugar.  El salón es muy amigable, muy lindo, pero el ambiente era sofocante a pesar de los tres equipos de aire acondicionado encendidos.  De los cinco, dos pidieron carnes y los otros tres, pasta.

No voy a hablar mal del lugar porque para balancear la ecuación, Hermana comió unos agnolotti de calabaza con salsa de gorgonzola que estaban, esos sí, de muerte por rechupete.  Realmente increíbles.  El pesto, no.

Voy a hablarte de mi pesto.  Sí, pedí un pesto, aunque mueva a risa.  Es de esas recetas que sirven de baremo: son sencillas, te dan la oportunidad de ver cómo cocinan la pasta, la salsa lleva pocos ingredientes bien definidos, todo el mundo más o menos sabe cómo tiene que ser y bueno… tenés que ser muy, pero muy  hijoeputa para arruinar un pesto.

Eppur si muove, como dijo Galileo.  Sin embargo, lo hicieron.  La pasta sin sal (imperdonable) y el pesto, una cucharadita de nueces con dos pedacitos de alguna hoja verde, y un fondo de un aceite que se presume era oliva, pero que no tenía gusto a nada.  Impresentable.  No sé, nunca se me hubiera ocurrido que podían hacer mierda tan a consciencia un pesto, salsa de batalla y noble si las hay.  Hasta ese momento pensaba que era literalmente imposible.

Comer rico y bien no es tan díficil, o no debería serlo.  Yo creo que los restoranes se aprovechan mal de la gente, que por no cocinar, o por pretender darse un gusto, se traga cualquier mierda a precios de escándalo.  Porque si me cobrás tres mangos, entonces de repente me podés decir: “Y para lo que estás pagando, qué más querés?”  Pero no es ese el caso, lejos de eso.

Así que bien, el sábado quedó para el olvido en lo que a comidas se refiere, porque la carne que pidió María Luisa fue de dos tercios de lo mismo.  El domingo nos tomamos la revancha cocinando nosotros, con un cous cous con verduras salteadas y carne de cerdo que nos sacó, finalmente, el mal sabor de boca de una buena vez, dejándonos suspirar satisfechos y felices.

Indignación en polvo

Hoy fui a la tienda de productos naturales a buscar harina integral para hacer un poco de pan.  En general no suelo usar la harina integral comprada, sino que hago mi propia mezcla, con harina 000 para panadería, salvado de trigo y avena (15 a 20 % de la cantidad de harina), germen de trigo (un 3% de la cantidad de harina) y cuando hago pan integral, suelo añadir algunos puñados de semillas diversas (sésamo, lino, girasol, chía, amaranto).  A propósito de esto, el salvado de avena le da al pan una dulzura y un aroma sutil y delicioso a partes iguales.

Por qué me molesto en hacer esa mezcla en lugar de comprar la harina integral ya lista?  Porque a veces parece harina integral, pero otras parece que le hubieran echado un puñado de salvado a la harina, y en el peor de los casos, el salvado realmente parece paja, cosa que me llena de suspicacia; con este auge en la alimentación sana y los productos orgánicos y qué sé yo cuántas boludeces más, la gente compra porque cree que se está cuidando, y muchas veces es estafada sin escrúpulos por gente que se aprovecha de la ignorancia del consumidor desprevenido.

Hoy llegó al colmo, cuando al tomar el paquete y leer la etiqueta (una actividad tan deprimente como leer las noticias del diario), veo que la harina integral decía, como primera línea de la etiqueta: Producto chino.

Chino.  Harina integral china.  En un país famoso por sus dorados trigales ondulantes, parte de la fértil región conocida como el Granero del Mundo, traemos harina integral china, un país famoso por el arroz. ¿Vos has visto un trigal, alguna vez, aunque fuera de rebote, en China?  Bosques de bambú, sí.  Arrozales, sí.  Montones y montones de gente a cagarse, sí.  Pero trigales? No.  Ni en pedo.

Es como con los tomates enlatados: producidos en Italia.  En un país donde en plena temporada los productores a veces tiran literalmente los tomates porque no compensan los gastos, nuestro país importa los tomates perita, pelados y despepitados, desde Italia.

O los duraznos en almíbar, que vienen de Grecia.

Estamos mal, loco.  Hay algo fundamentalmente erróneo en estas cosas.  Traer algo que está a 20’000 kilómetros de distancia, con el flete marítimo, más el terrestre, y los impuestos y los costos de Aduanas y los intermediarios y qué sé yo, te sale más barato que cultivarlo acá y darle vida al campo.  Aberrante.

Lo del trigo, sobre todo, me resulta tan, tan incomprensible e ilógico.  Porque veamos, el procesado de la harina de trigo se lleva a cabo separando el pericarpio (el salvado) y el germen (de donde saldría el brote de la nueva planta si enterraras la semilla), del endospermo, que es la parte interna, blanca, con mucho almidón y proteínas  (como la glutenina, de la que se forma el glúten necesario para la fermentación y leudado).  A su vez, el endospermo es tratado con productos químicos (a menudo compuestos clorados) para blanquear la harina, porque… bueno, porque la gente es bastante estúpida y prefiere una harina blanquísima pero hecha mierda, que una harina un poco más oscura pero mejor y nutricionalmente más equilibrada.

Pero a lo que voy es: para hacer la harina integral no se necesitaría ninguno de los pasos intermedios.  Agarrás el grano.  Lo molés.  Lo molés otra vez, más finamente.  Ahí tenés.  Harina integral.  Ni separación de pericarpio y gérmen, ni blanqueado, nada de eso.  Final feliz del tipo de comer perdices con un rico pan integral.  Pero no.  Traemos la harina integral de otro lado.  De las antípodas.  Desde China.  Imbéciles de mierda.

Un chijete.

Murakami y las ganas de correr y el kung fu

Terminé de leer el fantástico libro de Haruki Murakami, “De qué hablo cuando hablo de correr”.

Es muy coloquial, pero salpicado de poesía aquí y allá, a fin de cuentas, Murakami es japonés. Podría decirse, bah, él lo dice, que este libro está compuesto por sus memorias, pero centradas en su faceta de corredor. El tipo lleva corriendo unos 23 años, por necesidad al principio, ya que comenzó a correr a fin de mantenerse en forma cuando empezó a escribir novelas en serio, y luego por placer. Murakami es bastante antisocial y la soledad inherente a este deporte le viene de perlas: no se necesita un equipo, no tenés un contrincante más allá de vos mismo, no hay nadie que te hable, no necesitás equipamiento de ningún tipo y podés practicarlo donde quieras, cuando quieras, como quieras. Y como gran plus, es una manera de disfrutar de la soledad.

Es también un viaje introspectivo, permeado con el resto de su vida, sus escritos, trabajo, viajes, un humor sutil, mucha sencillez y una gran delicadeza. Y como viaje introspectivo, es también una invitación a mirar hacia adentro. Cuando habla de sus motivaciones, sus observaciones, es inevitable terminar ponderando y buceando en las propias.

Gracias a este libro, quizás fue el detonante, o el golpecito que hace caer las piezas en su lugar, descubrí, o llegué a vislumbrar, varias cosas que me tenían preocupado.

Hace unos seis o siete años comencé a practicar artes marciales. Empecé con Tai Chi, ese gran viaje interior, por “hacer algo” y pocos meses más tarde estaba enamorado. Poco después, a instancias de mi maestro de aquel entonces, también comencé a practicar kung fu, la disciplina exterior, más dinámica y física. El Tai Chi me daba la suavidad, una filosofía y el centro, y el kung fu me daba la fortaleza física, otra gran parte de filosofía y la explosión de la actividad; se complementan perfectamente, o al menos así es como lo entiendo.

Durante los primeros tres, o quizá cuatro años, no falté un solo día. Los progresos se me hacían evidentes por todos lados. Hasta que un día eso se quebró. No vienen al caso los detalles puntuales, pero se dieron situaciones que hicieron tambalear muchas cosas que daba por sentadas. La filosofía y los preceptos estaban allí y yo me había aferrado a ellos, y estaban bien, pero las personas son personas y por ende, falibles. Si vos cometés el error de asociar las enseñanzas como indisolubles del maestro, si el maestro falla, el resto se cae como en un efecto de dominó. Conclusión: dejé de practicar durante meses, y cuando volví no pude encontrar el combustible necesario. Practicaba un mes, faltaba quince días, practicaba quince días, faltaba dos meses… el progreso se detuvo. Apenas lograba mantener lo que tenía, y al final, ni siquiera eso. Aún ahora, sabiendo que tengo que ir a practicar, el cuerpo lo pide a diario, busco y encuentro excusas. Horarios, problemas del trabajo, dolores más o menos reales, cansancio, cualquier cosa sirve.

Las artes marciales tienen sus maneras, sus jeitos, en donde el cuerpo quiere rendirse, pero la mente lo hace continuar más allá del cansancio o el dolor. Al fortalecer la mente y sus decisiones, se fortalece el cuerpo. Pero quien da las instrucciones es el espíritu. Sin espíritu, sin la voluntad, la mente se pierde, el esfuerzo se diluye y el cuerpo se rinde.

Hace unos días, el profesor Pablo Solís, un excelente profesor de Brazilian Jiu Jitsu que tuve la fortuna de conocer, comentaba que hay practicantes y luego hay turistas, esos que van y vienen, aprenden un poco y erráticamente, llegan a un cierto módico nivel y luego se van, probablemente para no volver. Me enojé mucho con él, debo confesar. Me pareció arrogante, pero luego, casi al instante, empecé a preguntarme por qué me había enojado tanto. Él no me hablaba a mí, era parte de un comentario bastante más largo y describía otra situación distinta… pero entonces, ¿por qué el enojo?

Y leyendo a Murakami, finalmente las piezas hicieron click. El profesor Solís había puesto el dedo en mi llaga, le dio al medio de la matadura. El enojo era conmigo: soy yo el arrogante al llamarme a mí mismo un practicante, ya que, sin darme cuenta, me he convertido en un turista de las artes marciales. Analizándome, ponderando mis motivaciones, observándome, me di cuenta de que no puedo encontrar el espíritu de la práctica por ningún lado. Ya no está adentro en ningún lugar visible. Es como si en algún lado se me hubiera perdido el kung fu. Es una sensación bastante desoladora.

No sé cómo retomar el camino, cómo encontrar lo perdido, o lo escondido, porque me gustaría creer que aún está ahí, aquí, en alguna parte. Sé lo que está mal y eso es un gran paso adelante, pero no estoy más cerca del kung fu ahora de lo que estaba hace dos días.

Sí tengo confianza en que voy a encontrarlo. Tengo el apoyo incondicional de mi instructor quien también es un amigo y esa es una baza gigante. No me caben dudas de que por ahí debe estar, el bendito espíritu.

Lo sé porque yo detesto hacer turismo.

En fin, gran libro el de Murakami. Incómodo si se quiere, pero grandioso.

Lev Grossman: Los Magos

Libros raros, los de la serie de Grossman.

Fantasiosos hasta lo ridículo, con  varios personajes a veces corriendo en tropel como en pos de un absurdo Conejo Blanco, da, sin embargo, una mirada inusual al mundo de la magia, oscura (como en “la oscuridad del alma”), seria y existencialista.

Sin tener mucho arte ni parte, Quentin, uno de los protagonistas, llega a una escuela de magia llamada Brakebills.  El adolescente está fascinado desde niño con unos cuentos de hadas que transcurren en el mítico y mágico mundo de Fillory, así que imaginate su sorpresa cuando se encuentra en una escuela de magia de verdá.  El guacho está perdido en la vida, y la escuela le cambia la vida, cree que ha encontrado su razón de ser, un motivo, un sentido un objetivo… hasta que termina la escuela, se recibe de mago y se da cuenta de que… bueno, de que sigue igual o más perdido.  Los conocimientos y habilidades adquiridas le permiten hacer lo que quiere, como y cuando quiere, pero no hay objetivo ni meta ni camino a seguir.  Alcohol, drogas, sentir que se les escurren las horas.

Similar a esa especie de aforismo que habla sobre lo engañoso de tratar de cambiar de vida escapando a otro lugar y que reza algo como: podés embarcar a un pelotudo en un avión y enviarlo al otro lado del mundo y del avión bajará el mismo pelotudo.

Tanto poder no significa nada, finalmente.  Está el gran poder y falta la gran responsabilidad.  Peor que nada.  La realidad del común de las personas le resulta como un erial, vacío y estúpido y sin significado.  Ya ni siquiera tienen que esforzarse.  Ni él ni sus compañeros más cercanos.  No hay un mundo mágico al que acudir, como en Harry Potter (al que cita con frecuencia), si no que los magos están entre nosotros… y son una banda de viciosos, aburridos, neuróticos, depresivos y buenos para nada.

Creo que esa parte es lo que engancha, los conflictos personales, la incertidumbre, los miedos y viejos demonios internos que más o menos todos llevamos dentro, pero aderezados con un buen puñado de hocus-pocus.

Y ahí vas, medio hinchado de las bolas por momentos, pensando que probablemente alguno de los protagonistas va a morir de cirrosis en las próximas 10 páginas, cuando, Deus Ex Machina mediante, va y resulta que Fillory, ese reino encantado de los cuentos infantiles, es real.  Paralelo y absurdo, pero real.  Y allá van, los pelotudos con dramas existenciales!  No hay nada mejor para dejar de ser un pelotudo que tener una misión, parece ser la consigna.  Bueno, igual no.

Hay un poco de C.S. Lewis, Tolkien, Rowling, Carroll, Weis y Hickam, Dr. Seuss y yo qué sé cuántas historias fantásticas distintas.

Lo realmente mágico, todavía no he podido descifrar por qué, sin que importen mucho ni poco las inconsistencias, los saltos argumentales, las ridiculeces inverosímiles (incluso cuando se enmarcan en el universo que contiene las historias), las cosas agarradas de un pelo, la mezcolanza de mitos, leyendas, supersticiones, religiones y toda la comparsa, es que simplemente no podés parar de leer.  Como una bola de nieve que gana velocidad y tamaño en el cuesta abajo, vas devorando página tras página de forma cada vez más vertiginosa; hasta que terminás el primero de los tres libros y cazás el otro y seguís sin apenas bajar el ritmo.

Libros raros, los de Grossman.

Lecturas 2015

Un año más entre libros.  Este 2015 fue un poco atípico por varias razones.  Primero, que durante 3 o 4 meses me volqué por entero al “Lado Oscuro” de los videojuegos y mi caudal habitual de lecturas se vio reducido a un lamentable goteo que me alejó bastante del promedio… en realidad el promedio se mantuvo, solo que al prácticamente dejar de leer durante un cuarto del año, la baja fue proporcional.  Segundo, porque hay muchas lecturas mediocres y varias relecturas, muchas de las cuales bajaron estrepitosamente de calificación; el tiempo cambia nuestra percepción y lo que antes parecía fabuloso, hoy solo nos provoca un quedo “Meh…”.  Y tercero porque mis lecturas se dispersaron en los últimos meses: Higiene del Asesino (bastante pedorro), Los Magos, Cuentos Completos de Asimov, un libro de Rushdie (genial), Cuentos Completos de Cortazar (un placer que se degusta gota a gota), Ensayos de Orwell, Hojas de Hierba de Whitman, El Gato que venía del cielo y otros más llegaron con la lectura comenzada casi a la vez, al final del 2015.  Nunca había tenido tantos libros “activos” a la vez, cosa poco recomendable , aunque estimulante, ya que tenés que tener cada historia presente en la capocha.  A resultas de esta situación, en los primeros 10 días del año, ya llevo 4 libros “leídos” y contando.  Y cuarto, pero no menos importante, mi adorada María Luisa publicó su primer libro, cosa que me llena de satisfacción y orgullo a partes iguales, ya que no solo era un “debe” en su carrera, sino que también es un libro precioso que está teniendo una repercusión maravillosa.

No estoy con mi PC habitual, donde tengo todos los respaldos de los libros, pero en cuanto lo tenga, armo el RAR con los ejemplares en formato electrónico, aunque solo voy a incluir los valorados como 7 y superiores; los demás, realmente no me parecen significativos.

Id. Título Autor Saga / Colección Vol Tipo Valor.
1 Séptimo Hijo Orson Scott Card Alvin Maker 1 e 6
2 El Profeta Rojo Orson Scott Card Alvin Maker 2 e 6
3 El Aprendiz Orson Scott Card Alvin Maker 3 e 6
4 El Oficial Orson Scott Card Alvin Maker 4 e 6
5 Fuegos del Corazón Orson Scott Card Alvin Maker 5 e 6
6 La Ciudad de Cristal Orson Scott Card Alvin Maker 6 e 4
7 El Iniciado* Louise Cooper El Orden y el Caos 1 e 6
8 El Proscrito* Louise Cooper El Orden y el Caos 2 e 5
9 El Orden y el Caos* Louise Cooper El Orden y el Caos 3 e 4
10 El Libro de Saladino Tariq Ali e 6
11 Las Pruebas James Dashner Maze Runner 2 e 4
12 Cura Mortal James Dashner Maze Runner 3 e 1
13 Los Desposeídos Ursula K Le Guin e 7
14 Hagan Sitio! Hagan Sitio! Harry Harrison e 6
15 Ranger del Espacio (†) Isaac Asimov Lucky Starr 1 e 5
16 Caudillos Linclon R. Maiztegui Casas Caudillos 1 p 8
17 Buenos Presagios* Neil Gaiman y Terry Pratchett e 7
18 Escribir es Vivir José Luis Sampedro e 7
19 Armas, Gérmenes y Acero Jared Diamond e 9
20 Ases en lo Alto George RR Martin Wild Cards 2 e 5
21 Jockers Salvajes George RR Martin Wild Cards 3 e 6
22 El Viaje de los Ases George RR Martin Wild Cards 4 e 6
23 Tai-Pan James Clavell Saga Asiática 2 e 6
24 El Marciano Andy Weir e 6
25 El Gaucho Insufrible Roberto Bolaño e 7
26 El Discurso Vacío Mario Levrero p 8
27 Revival Stephen King e 6
28 Ready Player One Ernest Cline e 7
29 Ladrón de tiempo* Terry Pratchett Mundodisco 26 e 6
30 Psicoeducar A. Gold & A. Gómez Psicoeducar 1 p 7
31 Voces de Chernóbil Svetlana Aleksiévich e 8

(†) La calificación de Ranger del Espacio con un 5, en realidad es un tanto injusta si lo vemos desde otra perspectiva: si consideramos que la saga de Lucky Starr fue escrita en los años 50 para adolscentes, debería llevar un sólido 7.
*  Relectura
0  Hay gente que capaz de imprimir realmente cualquier bazofia.
1  Ni te gastes, es feo, tedioso, agarrado de los pelos y no te va a aportar prácticamente nada
2  No es lindo ni mucho menos, pero tiene algunos puntos interesantes. Igual no compensa.
3  Bajo tu propia responsabilidad. En general parece bastante malo, pero tiene puntos muy altos, o un final apoteótico que de repente sí compensa.
4  No le pidas mucho. Se deja leer. Pasatista. Engancha un poco, aunque probablemente no gane el Nobel.
5  Acá vamos mejorando. Está bastante equilibrada la cosa. Son bastante adictivos y cuesta largarlos. Cada tanto me encuentro con algún concepto interesante y con prosas realmente muy buenas.  Sin embargo, aún siguen sin aportar nada significativo.
6  En este punto pesan diversos aspectos. Me acerco mucho a lo que considero “un buen libro”, aunque no llegan. O quizás no sea una gran pieza literaria pero engancha de forma seria, o maneja conceptos e ideas que empiezan a importarme. Son de esos libros que cuesta largar
7  Estos son los libros que están en mi estante de “Preferidos”. Son libros que manejan ideas y temas que me son especialmente cercanos, con los que puedo identificarme de alguna manera, o que, por temática, estilo o forma de encararlos, me gustaría haber sido capaz de escribir. Son serios o divertidos o trágicos a felices, aunque eso no es preponderante. Le robo tiempo a todo con tal de leerlos y a veces me doy cuenta de que hasta me he olvidado de respirar.
8  Revolución! Emocionalmente me sacuden, abren mi mente aunque no quiera, me dan vuelta la cabeza, la mojan en un arroyuelo, la frotan contra una piedra y la cuelgan en un abedul. Son de esos libros que decís Pah! Alguien tomó la matrícula del camión que acaba de atropellarme?
9  Son los pocos, poquísimos libros que esclarecen.  Que más allá de abrir tu cabeza y sacudirte, te dan una nueva visión, una nueva perspectiva.  Son los libros que te ayudan a comprender, a APREHENDER.  Los que se las ingenian para demoler tus dogmas y preconceptos.
10  Sí, es realmente muy muchísimo lo que me queda por leer.