Misterio resuelto

Tengo un matorral de ajíes puta parió. Desde un tiempo a esta parte algunos aparecían comidos. Eso es raro, porque el extremo picante (y estos son unos verdaderos hijos de puta) mantiene a raya a los insectos.

Bueno, no es ningún insecto. Un zorzal se come mis ajíes. Pequeños milagros de un feriado. Todavía no lo puedo creer.

Y el anormal incluso posó para la foto. Ojalá le pique al entrar y le arda al salir.

 

Any given Sunday

Nacho a veces me llama la atención porque muevo poco a 42. El motivo es sencillo: la rutina es mortal para las ideas frescas. Los problemas diarios hacen que me sea difícil encontrar la sintonía adecuada para observar el mundo con espíritu lúdico. Parecido me pasa con la escritura. Cuesta escribir, incluso cuando uno se dedica a la pornografía. Hace poco leí que los relatos cortos, los cuentos, son el análogo a la pornografía en la Literatura.  Es una imagen que me encanta.  No recuerdo el nombre, pero quien hablaba con tanta autoridad, por supuesto, era uno de esos escritores consagrados que solo escriben novelas.  Yo no podría escribir una novela.  Mis historias son casi instantáneas, imágenes fugaces, pequeños momentos, algún delirio.  Difícilmente encuentres algo de más de 4000 palabras entre todo lo que hay en 42. De todos modos, no creo que tuviera la disciplina para poder escribir una novela.  O quizá es que no he dado con ninguna historia que no pueda ser contada de manera pasmosamente breve. Porque me sucede algo curioso: las ideas explotan. No conforman un flujo constante de energía que puede encauzarse, dirigirse, ramificarse.

Hablando de constancia y disciplina, de un tiempo a esta parte he cobrado especial consciencia de mi inconstancia para todo.  Surge un interés cualquiera, me dedico a ello con pasión, entusiasmo y seriedad durante un tiempo. Hasta que me doy cuenta de que sí puedo hacerlo.  Y ta’.  Pierde la magia y el interés va languideciendo. Es un sentimiento raro.

La rutina, como decía al principio, no ayuda en nada, porque te drena las ganas. Pero un pequeño cambio que altere la rutina puede mover un poco el dial a la estación correcta.

Caminar por Montevideo sin rumbo, apenas con un propósito, con el paso ligero y el humor apenas por encima, da otra perspectiva.

Entretenimiento compacto.

Los bajitos juegan al basket mientras los altos hacen el asado para despúes del partido.

Juegan con hojas.  El que emboca más, gana.

Al pasar frente a una casa de dos pisos, en el superior, contra la ventana y apuntando hacia abajo, había un altoparlante como los que usan para la propaganda callejera. No le saqué una foto porque justo salía gente y me dio como un pudor.  La gente se pone bastante paranoica en Montevideo cuando te ve sacándole fotos a la casa; no sé si pensarán que uno está planeando el Gran Golpe o qué. Lo cierto es que fantaseé con la idea de que el parlante era un accesorio del despertador y me fui riendo como dos cuadras, imaginando el despertar especialmente complicado de un lunes.

¡Bienvenidos!

Con algunas condiciones.

Si un día vas llegando a una plazoleta y ves a un chabón y escuchás que le habla a su perro de la instalación de una placa de video en la computadora, no te asustes. Probablemente tenga un celular con auricular bluetooth que te ha pasado desapercibido.  O eso, o el perro es un genio en tarjetas NVidia.

Regeneración.

No importa cuánto la castigues.

La vida es tenaz.

Laerte-se

Vimos un documental en Netflix sobre una dibujante, caricaturista y guionista brasilera llamada Laerte Coutinho. Lo más particular es que Laerte es una mujer con pito y bolas. Laerte nació varón, tuvo descendencia, y uno de sus hijos murió. Esta pérdida, cuando tenía alrededor de 60 años, sirvió para, o quizá fue lo que gatilló, al menos así lo interpreto, que Laerte cambiara su vida.  Comenzó a sentirse como mujer, pasó a trasvestirse, para luego verse como transgénero. Perdón por lo torpe de estas palabras, nunca había abordado el tema y no tengo idea de cómo expresarme.

Laerte Coutinho es una persona maravillosa y el documental es precioso. Lo tenés que mirar, en serio. La cámara posee un ojo inquieto y agudo que se fija en detalles pecualiares que de otro modo pasarían desapercibidos, mientras escuchamos a Laerte hablar y explorar su femineidad, sus miedos, inseguridades y certezas.  Nos cuenta parte de su recorrido, a veces con un balbuceo, otras con un humor muy fino.

Me costó, y me cuesta, no pensar en ella como “el chabón”. Pero te lleva. Su sensibilidad y serenidad son gigantes. Hay una ternura, una sencillez y una vulnerabilidad, que desarman.  Que te abren la cabeza y el alma.

También se da un pantallazo de su trabajo, lúcido, crítico y agudo, donde se ríe de sí misma y donde también se abraza a sí misma, donde expone y denuncia las realidades que ve y a veces padece, tanto ella como el colectivo LGTB (con el que también puede ser muy crítica).

Lo tenés que mirar.

Carbonara

Este plato, uno de los clásicos de la cocina italiana del Lacio junto con la pasta all’amatriciana, es un pequeño milagro. ¡Un piccolo miracolo!

Es sencillo de preparar, rápido, económico, y utiliza unos pocos ingredientes que pueden encontrarse en prácticamente todas las cocinas. Su sabor puede ser delicado o más consistente, dependiendo de los ingredientes y el punto de cocción, pero su presentación y textura es fácilmente reconocible.

Para 4 porciones se necesitan 350 g de spaghetti, dos huevos, 1oo gramos de panceta en dados, dos dientes de ajo, 40 gramos de queso de vaca más 40 gramos de queso pecorino o algún queso de cabra rallados, un poco de sal, 25 gramos de manteca u aceite de oliva, y pimienta negra recién molida.

El ajo y la manteca no aparecen en la receta original, e incluso durante bastante tiempo no se usaban en Italia, pero en tiempos modernos se han incorporado y la verdad es que este añadido da una nueva dimensión al plato y permite algún juego extra.

Poné agua con sal a calentar en una olla, pero no demasiada sal, ya que tenés panceta y dos tipos de queso curado que van a aportar mucha. Cuando el agua rompa a hervir, agregá la pasta.

Mientras tanto, cascá los huevos, de preferencia a temperatura ambiente, y batilos hasta que queden espumosos. Cortá la panceta en tiras cortas y relativamente delgadas. Pelá el ajo y dale un golpe. Rallá los dos tipos de queso y mezclalos entre sí. Dejá la pimienta a mano.

Poné otra cacerola o sartén alto en el fuego y fundí la manteca a fuego medio.  Agregá el ajo y la panceta. Cuando el ajo se dore retiralo del fuego, pero no lo tires. Ese ajo, pisado con un poquito de aceite de oliva es delicioso para untar una rebanada de pan, que a su vez es también un entrante típico de la zona romana.

Acá viene la parte divertida y es lo que va a definir el éxito del plato.

Cuando la pasta esté al dente, escurrila y agregala a la cazuela con la panceta. Apagá el fuego y retirá la cazuela de la hornalla.  Mezclá bien, agregá la mitad del queso, esperá unos instantes y agregá el huevo batido, siempre removiendo. El jeito aquí es la temperatura.  La panceta estaba al fuego, a más de 100 ºC, la pasta estaba en agua hirviendo, a 100 ºC, pero la yema de huevo se cocina a una temperatura de entre 65 y 70 ºC.  Menos temperatura y quedará cruda, mucha más temperatura y se coagulará, cosa que no es conveniente.  Lo ideal es que el huevo quede cocido pero no sólido, como una especie de crema que recubrirá la pasta y le dará su textura característica, sedosa y con un brillo apagado.

Una vez esté todo integrado, serví, espolvoreá con pimienta negra recién molida y esparcí el resto del queso.  Servir sin tardanza.  Si querés, podés acompañar el plato con una tostada con el ajo dorado y oliva.

El sabor dependerá del punto de la panceta y del queso. Los quesos, cuanto más curados estén, tendrán un sabor más intenso.  Y la panceta, cuanto más la dores, más sabrosa quedará. En vos está regular la temperatura y los tiempos; si querés un sabor más suave, dorala apenas y no uses ajo.

Ya.  A partirse la boca y agradecer al MEV por Su munificencia.

El MEV sí que merece su estatua en la rambla de Montevideo, sabelo, Sturla.

Mario Levrero: Caza de Conejos

Es un libro extraño que demoré en decidirme a leer.  No sé por qué demoré, ya que es de Levrero. Y Levrero no falla.

Caza de Conejos está formado por relatos breves y brevísimos (desde no más de un par de páginas hasta una sola frase), y es un exponente maravilloso de lo que era capaz de hacer Mario con una idea.

Los conejos son víctimas y ejecutores. Presas y cazadores. Mansos y carniceros. A veces parecen salidos de la cabeza de Dalí, otras de la película Brazil. Las personas, por su parte, son extrañas, lejanas, incongruentes, idiotas, alucinadas, ancladas a la tierra o delirantes estratosféricas. El más normal es Evaristo el plomero, e incluso él caza conejos.  Con su soplete.

Levrero hace gala de su habilidad para transportarnos, emocionarnos, conmocionarnos, divertirnos, inquietarnos y hasta aterrorizarnos.  Oh, sí, los conejos pueden ser aterradores, sobre todo cuando se mezclan con los tigres.

Hace magia para transformar ambientes opresivos en un chiste, y un chiste en algo que deja una mueca crispada, mientras lo cotidiano se torna en un paisaje onírico cargado de imágenes perturbadoras.

A los conejos se los caza, se los casa, se los estudia, se los come, se los tortura de variadas formas y se los teme.  Y claro, los conejos a su vez tienen toda oportunidad de revancha. Probablemente mediten en sus venganzas mientras escuchan alguna obra de Schubert, su compositor preferido.

LV

Los cachorros de tigre que han perdido prematuramente a la madre son por lo general recogidos por conejas que han perdido a sus crías; de la simbiosis que se establece con el tiempo resultan esos ejemplares de conejas feroces y carniceras, y de tigres temerosos, saltarines y más bien amariconados.

L

La mayor dificultad que se presenta, aun para el cazador más avezado, es poder distinguir a primera vista la diferencia entre un conejo y una gallina. [extracto]

LXXIV

—Dígame una cosa, don —me dijo un conejo con gravedad, apoyando una pata sobre mi hombro—. ¿Por qué no se deja de joder con los conejos y escribe otra cosa?

LXXXVIII

—Lo nuestro es imposible —me dijo Laura—. Soy dueña de un castillo, estoy rodeada de joyas y sirvientes, mis dominios se extienden hasta donde puede alcanzar la vista, y más aún. Tú, en cambio, no eres más que un sucio y pobre conejo de los bosques.

XII

Los cazadores gustan de adornarse, y a menudo el colorido de estos adornos es su perdición: es fácil distinguirlos entre el follaje y tomarlos por sorpresa.

XVIII

“Creo haber atrapado un conejo”, dije, acariciando la suave vellosidad de Laura, que es tan joven. Ella ríe con una carcajada fresca y huye; yo recomienzo pacientemente la búsqueda.

LX

Poniendo un conejo contra el oído, se oye el ruido del mar.

 

¡Salud, Sokon!  Siempre me pregunto qué será de usted y sus raros conejos.

Serie: Sense8. Final de la Segunda Temporada

Sense8 es una serie de ciencia ficción creada y dirigida en gran parte por las hermanas Wachowski.

Un grupo de 8 personas, desconocidas, dispersas por todo el mundo, un día toman conciencia de los otros 7.  Sus pensamientos, sentimientos, habilidades, idiomas; están conectados.  A pesar de su extraña premisa, es interesante por todos los temas subsidiarios a la trama, pero que tienen una importancia capital (lucha de géneros y social, raza, estereotipos, unidad, etc). Está hecha con mucho mimo, una gran fotografía, una edición muy cuidada y una banda de sonido que le pega todas las veces.

No voy a entrar en detalles porque no pretendo hablar de la serie para nuevos espectadores, sino que necesito respuesta de quienes ya la están mirando.

A partir de este punto vienen SPOILERS del penúltimo y el último capítulo de la segunda temporada.  Si pensás verla, o si la estás mirando pero no has llegado al capítulo 10 (contando el Especial de Navidad como S02E01), DEJÁ DE LEER EN ESTE INSTANTE.

Está todo bien con la temporada.  Es una bomba.  Pero el capítulo final tiene ciertas cosas que me parecieron unas inconsistencias graves.

Primero: Cuando Lila tiene su tiroteo con Wolfgang, la liberan sin mayores problemas.  Pero hay huellas por tomar, residuos de pólvora en sus manos. ¡Por el MEV bendito, tiene que haber una pistola con sus huellas!  ¿Cómo puede ser? Es una incoherencia total.

Segundo: Cuando Sun atrapa a Joong Ki la Policía la esposa a ella y deja ir al hermano, es ridículo.  ¡Si ya existe una orden de arresto contra el chabón! ¡Y es parte de un accidente!  ¿Cómo lo dejan ir tan fácilmente? Ridículo.

Tercero: Una vez que Wolfgang sabía que todo era una trampa y que decidió irse de Berlín, ¿por qué se demora?  Eso no es consistente con lo que nos han presentado de él hasta ahora.  El tipo boludea como si fuera a irse de vacaciones, en lugar de actuar como alguien a quien están persiguiendo.

Cuarto: Esto es lo más frustrante. ¿Cómo, en nombre de Gordjazz, sabía Lila quiénes eran los integrantes del cluster de Wolfgang? ¿Cómo, la puta madre, sabía Lila que Milton El Caníbal estaba buscando a Wolfgang?  Es más, dónde consta que Milton conociera a Wolfgang como parte del cluster de Will.  No estaban conectados, no se habían visto. Esta parte es la más tirada de los pelos de toda la serie, creo.  A menos que me hubiera perdido de algo muy importante.  O sea, Milton conoce a Will y a Riley, pero al atrapar a Wolfgang parece ser ignorante de los otros 5.  ¿Cómo conoce a Wolfgang?  Y si lo conocía, ¿por qué no lo atrapó antes?  Wolfgang está en Berlín, casi a plena vista. Lila no puede saber quiénes son los demás integrantes del cluster.

Las Wachowski me vendieron un chuco con esto.  Me inventaron un dramatismo al pedo que no se sustenta. Les faltó un capítulo para cerrar esos hilos.  No parecía tan difícil.  Mostrabas el encuentro en Londres, aunque matara la sorpresa de atrapar a Jonas, y lo más importante, le dabas a la serie una estructura lógica que explicara a Milton atrapando a Wolfgang.

En fin, ¿alguien tiene una idea para responder a estas interrogantes?

Bancarización y falta de garantías

Hoy veo la noticia de que la Intendencia Municipal de Montevideo multó con unos treinta y cinco mil pesos a un conductor de una de las aplicaciones de transporte que están funcionando en Uruguay.  La reglamentación indica que los viajes solo pueden pagarse por medios electrónicos, sin la utilización de pago en efectivo, que fue lo que hizo este conductor, incurriendo en la falta.

La persona que recogió esta noticia se preguntaba qué pasa si uno no quiere tener una tarjeta. ¿Es injusto? Sí. ¿Es una cagada? También. ¿Hay algo para hacer al respecto? Tiene razón, pero marche preso.  Bueno, si no querés tener tarjeta, usá un taxi de los de toda la vida, que siguen cobrando en efectivo.  Y si pretendés usar Uber, Easy o Cabify, aunque te sientas violentado, tenés que tener una tarjeta, de crédito o débito.

Por esta última es que escribo ahora.  Hace bastante tiempo que vengo masticando broncas con el tema.  El gobierno, en su afán de control, obliga a cada vez más gente a usar alternativas al pago en efectivo en cada vez más situaciones.  Una de ellas es el pago de sueldos, por ejemplo, que las empresas realizan por intermedio del banco.  Traslada el dinero correspondiente a los haberes desde su cuenta corriente a la caja de ahorro o cuenta corriente de cada funcionario. El funcionario, munido de su tarjeta de débito, puede extraer efectivo de los cajeros (ATM) o pagar directamente por bienes y servicios en los comercios que acepten esas tarjetas (casi todos, hoy por hoy).

Lo que me molesta y preocupa es la falta de seguridad y garantías a la hora de usar las tarjetas de débito.  Es bastante lamentable todo y la explicación que he podido colegir es muy simple.  Para utilizar una tarjeta de crédito tenés que presentar tu documento de identidad, ingresar un PIN personal de 4 dígitos, un código de seguridad de 3 dígitos presente en el reverso de la tarjeta y finalmente firmar, firma que es revisada por la persona que te está cobrando y cotejada con la que aparece en el documento de identidad. Y está bien que sea así, ¿verdad? Evitás, en cierta medida, que alguien que no sea el titular, o sea vos, utilice tu crédito. Básico. Aunque esto es una mentira en toda regla. En realidad las empresas, tanto la entidad emisora de la tarjeta, generalmente un banco, como quien te vende el bien o servicio, no quieren correr el riesgo de perder dinero.  Vos y tu crédito les importan un carajo, pero como el pago es diferido, si denunciás el robo o pérdida a tiempo, el débito por la compra se invalida y no perdés el dinero.  Lo pierde alguien más, probablemente los bancos.

¿Pero qué pasa con la tarjeta de débito? ¡No te piden nada de eso! Como el pago es igual a que si pagaras con efectivo, a nadie le importa una mierda.  En la inmensa mayoría de las transacciones no te piden documento, ni PIN; da lo mismo que la tarjeta la pases vos o el punga que te la robó mientras viajabas en el bondi. Una vez que pasaste la tarjeta ya te debitan el importe, así que cagaste.  Teóricamente también podrías reclamar ante un uso fraudulento, al igual que con la tarjeta de crédito, pero si te desfondan la cuenta los problemas inmediatos pueden escalar rápidamente.  Cheques sin fondos, servicios impagos, sobregiros en la cuenta bancaria, si la tarjeta está asociada a una cuenta corriente. La lista es amplia y desagradable.

¿Y por qué pasa eso?  O mejor dicho, ¿porqué no se piden esos requisitos básicos de autenticación para el uso de la tarjeta de débito? Sencillísimo: porque son unos hijos de puta. Agarran la plata en el momento, por lo que no les duele en el bolsillo, así que podés reventar tranquilamente. Solo les importa tenerte agarrado de las pelotas y tener todo bien controladito. Que vos literalmente puedas perder un montón de plata les trae sin cuidado, no es su plata.

Ah, sí. Muy lindas las tarjetitas del orto.

How do you like them apples?