Un pedazo de tela sin importancia, que da para cortar mucho

Vos te das cuenta de que la inmensa mayoría de los imbéciles que joden con el burkini son tipos?  Es tan arbitrario, autoritario y carente de lógica que te revuelve las tripas.

A alguno se le ocurrió preguntarle a la mina que usa el burkini qué piensa ella?

Estos franceses me enferman loco, hablando de libertad y lucha contra la opresión nada más que para conseguir réditos políticos a la vez que intentan defenestrar una religión y un sistema de creencias.

Por suerte en algunos lugares parece que se van dando cuenta de la inutilidad, la injusticia y la humillación que eso representa, pero en otros siguen tercos y regodeándose en su propia porquería.

Como si la mujer que va a la playa hubiera planeado ella sola todos los atentados que unos enfermos llevaron a cabo. Y ya de paso, le dan, o le siguen dando, combustible al fanatismo.

Qué mierda les importa cómo vaya vestida? Eso es represión pura y llana. Claro, como son unos impotentes de porquería para prevenir, minimizar y capturar y desbaratar los atentados y a quienes los llevan a cabo, la toman con los más débiles, que no tienen capacidad de réplica y que nunca han sido amenaza para nadie.
Y no, no defiendo al islam, pero tampoco lo condeno. Condeno y me avergüenzo de las personas, no de las ideas.

Las ideas están buenas, muchas de ellas, dentro de muchas religiones, sistemas de pensamiento y filosofías.  El problema de las ideas es que están llenas de gente; que las retuerce y las dobla y las pervierte para satisfacer sus ambiciones de poder y sed de controlar y oprimir a los demás.  Porque creen, o nos quieren hacer creer que creen, que su Hombre Invisible es mejor y mea más lejos que el Hombre Invisible de los demás.

Entonces terminás con las ideas infectadas de gente, como si tuvieran tumores que nunca son benignos.  Y solo ves la enfermedad que las cubre como pústulas, y te parece que todas las ideas, distintas a las tuyas, claro está, son feas como esas ambiciones que las cubren. Dejás de ver lo que eran en su origen y te quedás con esa cosa corrompida y asquerosa que te causa rechazo y miedo.

Y no te parás ni un segundo a pensar de que a lo mejor es justo eso lo que se busca: que te espantes, porque si te espantás dejás de pensar, y así es más sencillo controlarte y manipularte.  Es como con las fronteras, ¿te acordás?  Ellos y Nosotros.  La misma porquería.  Exactamente la misma.

Me enferman.

Una estupidez brillante

No sé ni cómo di con esta receta.  La estudié bastante antes de ponerla en práctica, llegando a la conclusión de que sencillamente era imposible que pudiera fallar.

Es como un pesto, pero en lugar de nueces, usás… palta y jugo de limón.  Lleva albahaca fresca, pero si es invierno y la albahaca fresca es carísima, podés usar rúcula.  Originalmente no lleva queso rallado… pero le queda imponente.

Y ta.  No mucho más en realidad.  Si empezás a preparar esta salsa en cuanto ponés a calentar el agua, las vas a tener pronta incluso antes de que llegue el momento de agregar la pasta.

Puede ser un dip impresionante, también, tanto para acompañar con bastones de verdura como con pan o unos nachos.  Es una estupidez preparar esta receta; y un descubrimiento brillante.

Anotá:

1 diente de ajo
1/4 tasa de albahaca fresca.  También podés usar rúcula, pero queda más amargo; el resultado, sin embargo, es muy, muy interesante.
1 o 2 cucharadas de jugo de limón
1 o 2 cucharadas de aceite de oliva extra virgen y algo más para aligerar la salsa, si es necesario
1 o 2 cucharadas de queso rallado
1 palta mediana madura
sal y pimienta a gusto

Procedimiento:
Meté todo en el vaso de la procesadora/mixer/licuadora y dale caña hasta formar una especie de crema.  Ya está.

Tips:
Empezá con una cucharada de jugo de limón, y luego ves si le hace falta más.  Si queda muy espesa, podés aligerar la salsa con un chorro de aceite de oliva o una cucharada de agua.

No te pases de queso rallado.  Hay un punto en que el equilibrio es justo.

Serví la pasta, zampale una buena cucharada del “pesto de palta” y entreverá bien para que se funda y se pegue a la pasta.  Esta receta funciona perfectamente para tres raciones de pasta estándar (de 80 a 90 g de pasta seca cruda).

También es sencillo convertirla en comida vegana, sacando el queso y cambiando la pasta al huevo por spaghetti de zucchini o si podés conseguir, por una calabaza spaghetti.

Enlace a la receta original.

Ya.  Cocina rápidamente con alegría, y buen provecho!

Solo por el placer de reír

Si pudiera viajar al pasado, lo primero que haría sería ir a Grecia, en el año 550 a.C., y buscaría a Pitágoras.  Haría un ábaco y le enseñaría el valor del cero posicional.  Ya de paso, cuando se levantara del piso luego de caerse de culo, trataría de mostrarle la notación decimal.  Ya que estamos cerca, podemos darnos una vuelta por Alejandría en el siglo I y visitarlo a Herón. Quizá me lo lleve a Bruno, que sabe de estos temas.  Le podría mostrar el cálculo diferencial a Arquímedes.  Eso sería para troncharse.

A la vuelta pasaría por el siglo X, con un mapamundi, cambiaría ideas con los noruegos y los colonos de Groenlandia, de preferencia con Erik Thorvaldsson, comentándoles que quizá quisieran viajar un poco más al sur de lo que lo hicieron cuando dieron con Vinland, en América del Norte.  No da quedarse en Terranova, en serio.

Pararía en China, en 1403, buscaría al almirante Zheng He y trataría de convencerlo de que, en lugar de navegar hacia el oeste a visitar África, se dirigiera al este; con el mapamundi sería fácil mostrarle que a poco más de una vez y media la misma distancia (aunque sin escalas), está América.

América con tratados de comercio con China un siglo antes de la llegada de los europeos, ¿te imaginás?  También le comentaría al almirante que el emperador Yongle prohibirá los viajes en un futuro no lejano, a fin de no perder el control de sus súbditos, y que quizá fuera buena idea llevar algunos colonos. Por las dudas.

Ya de paso, me daría una vuelta por mesoamérica y el imperio Inca unos años antes de que llegue el pelotudo de Colón.  Llevaría un traje NBQ, para filtrar todo mi aire, y mantendría unas palabras con los sacerdotes emplumados, les daría algunos consejos sobre cómo parar una carga de caballería usando lanzas, además de comentarles que a lo mejor les interesaría matar a todos y cada uno de los españoles que tocaran la playa y quemar sus putas carabelas.  También haría hincapié en que tomar contacto con ellos es la muerte, la muerte invisible causada por la viruela.

Probablemente los chinos o los vikingos también serán portadores de estas enfermedades, pero al ser, históricamente y de acuerdo a los documentos que he podido ver, mucho menos codiciosos y salvajes que los conquistadores españoles, su penetración sería mucho menor y quizá podría lograrse un equilibrio que no implique la mortandad del 80% de la población original de América.  Jmmm… tengo que hablar con un epidemiólogo antes de salir. Recordámelo, ¿querés?

Un Hernán Cortés y un Francisco Pizarro muertos a primera vista, y un rey Carlos I despojado del oro de América e imposibilitado de financiar sus campañas militares, sería un espectáculo digno de verse.

Creo que sería interesante (y divertido) ver los resultados.  ¡Andá a saber en qué idioma estaría escribiendo esto!

Es un plan.  ¿Alguien tiene una máquina del tiempo funcionando que pueda prestarme?  Es lo único que me está faltando para arrancar.

Capricho

En la ciudad de Salto hay una larga calle llamada Apolón de Mirbeck.  De origen francés, actuó como médico en esa ciudad desde poco después de 1838.  Curiosamente, obtiene el título que lo habilita como cirujano en 1847, y el título de médico en 1858, ejerciendo su profesión en el litoral uruguayo hasta 1866.

En el documento que encontré dice que fue el primer médico que tuvo Salto.

Te lo quería comentar porque me llamó la atención.  No fue prócer, militar, caudillo, político, ni mártir.  Fue un doctor, reconocido y celebrado en su época tanto por la ciudad como por el gobierno nacional, y le dieron no una callecita perdida en el damero, sino un largo trayecto que va desde la ruta 3 hasta el río, donde se transforma en la Avenida Costanera Apolón de Mirbeck.

No sé, me gustan las calles con nombres de médicos y maestros.

 

La princesa y la espada

El castillo estaba tibio e iluminado.  Más allá del rastrillo la noche se enseñoreaba del mundo y el frío mordía, inclemente.

La princesa Olivia, desoyendo a la reina, presa de una necesidad acuciante, se calzó sus botas de montar, su blanco manto abrigado y su yelmo mágico.  Asdrúbal El-Que-Ciuda-Los-Caballos, su fiel escudero, le alcanzó una antorcha.  Ella depositó su legendaria espada en manos del rey, diciéndole que la esperara, que volvería a reclamarla, saludó a los presentes, se despidió de su madre, la tranquilizó susurrándole que todo saldría bien, y se dirigió decidida a los establos bajo la mirada atenta del mozo de cuadras, Ulises.

Desde el salón se veía danzar la luz, mientras Olivia trataba de enjaezar su cabalgadura, que se resistía.  Finalmente la princesa sometió al corcel y picó espuelas.  El avance, sin embargo, era lento, ya que el terreno estaba pesado luego de las lluvias del día anterior.

Pronto, el plan tan cuidadosamente diseñado, falló.  Olivia siguió cabalgando raudamente, pero su antorcha quedó atrás, como una pequeña isla de claridad en medio de la negrura.  La princesa se vio obligada a sofrenar su montura.  Angustiada, dirigió la vista atrás mientras estiraba, impotente, su mano vacía.  Pese a llamar a la antorcha con toda su fuerza de voluntad, nada cambió.  Ella estaba montada, en la oscuridad, mientras la antorcha destellaba solitaria, fuera de su alcance.  Se debatió en la duda, hasta que tomó una decisión temeraria.

Se bajó de la bicicleta con rueditas y fue a buscar la linterna.  Medio embarrada y a las risas se subió de vuelta a la bicicleta, se le volvió a caer la linterna, se volvió a bajar, la levantó del piso una vez más, casi consigue subirse a la bici sosteniendo la linterna, hasta que se dio cuenta de que estaba difícil el tema.  Menos mal que llegó Ulises y entre los dos llevaron la bicicleta hasta la casa.  Quedaba un poco apretada entre los muebles del comedor, pero no importó.

¡Ahora cabalga la princesa, por los amplios salones del castillo!  Espada en ristre se lanza contra su padre, el rey, que la educa en el noble arte de la caballería.

Perfectos desconocidos

Tenés que ver la película italiana Perfetti sconosciuti, de Paolo Genovese.

La tenés que ver, entendés?  LA-TE-NÉS-QUE-VER

Unas actuaciones y un guión de la reputamadrequeloparió.

No mires reseña, no averigües nada.  Dejate sorprender, que no te vas a arrepentir.

Y no digo más.

Lo mismo que hacemos todas las noches, Pinky! /59

Horas de la tarde.  Oficina de una empresa de transportes.  Suena el teléfono.  Atiende D.

—Hola, buenas tardes… ¿Cómo le va…?  ¿Cómo dice…?  ¿Pero usté está segura de lo que me está preguntando…?  Espere un momento, por favor.

Pone el teléfono en espera y le habla a El Boss, con un tono de voz en el que conviven la sorpresa y la diversión:

—Es su esposa… quiere… ella quiere saber si conocemos algún comisionista que lleve encomiendas a Montevideo.

—¿QUÉ?

—Que si sabe de alguien que lleve paquetes a Montevideo…

El Boss le preguntó a su santa y amada esposa, con toda la delicadeza que pudo reunir en tan corto plazo, si no quería que le diera el teléfono de alguno de la competencia.