¿Cuánto duró el año cero?

El año cero duró un segundo.

Es lo que demoraron en dar vuelta el reloj de arena entre la caída del último grano de arena del año 1 a.C. y la del primer grano que cayó el 1ro de enero del 1 d.C.

Sí, el Flaco Jesú nació justo ahí, con el primer grano de arena.

No, pará…

Pará, pará, pará…

Nuestros calendarios están todos mal!

¡La notación “.d.C.”, “después de Cristo” es una estafa!

Si fuera cierta, para aplicarla correctamente no debería haber Cristo. O sea, si empezamos a contar desde que nació el Flaco, es “durante” Cristo, porque el tipo estaba ahí. ¡Estaba ahí!

Para que fuera realmente después de Cristo sería necesario que Cristo ya no estuviese.

Eso me deja pensando… ¿el año cero duró 33 años?

No, pará.

Pará, pará, pará…

¿Treinta y tres años, o 33 años más 3 días? ¿Contamos hasta que lo alancean o hasta su episodio zombi?

¿El cero, entonces, duró un segundo o 33 años ± 3 días?

Te dejo con este gran interrogante, pero otro día haceme acordar de que tengo que contarte sobre mi nueva Teoría Laica para la Numeración de los Tiempos Antiguos. La desarrollamos con Ulises y es fascinante.

Un cochinito siempre es mejor

Hace tiempo escribí una entrada sobre el matrimonio y el divorcio, lo sencillo que es uno y lo complicado que es deshacerlo luego, y planteé algunas preguntas. Magui, de La Vida es un Viaje, una de las pequeñas dementes que recala en esta casa buena, honesta y pastafari que es 42, me preguntó si no tenía un cuestionario similar para quienes desean/fantasean/planean tener hijos, hijas, hijes.

En su momento mi experiencia era muy limitada en el tema y no me encontraba capacitado para encararlo. Ahora es distinto. Sigo sin tener experiencia en el tema, por supuesto y afortunadamente, y creo que estoy todavía menos capacitado que antes para encararlo. La diferencia es que encontré a alguien para que lo haga por mí: Ulises Matta, un tipo que vive cerca de casa. Él tampoco está capacitado y ciertamente no tiene experiencia, pero ha completado sus notas más que yo (sí, tomamos notas).

Las opiniones vertidas a continuación son responsabilidad del autor, Ulises.

Hola, soy Ulises. Les agradezco a Pancho y a Radio Sport la oportunidad que me brindan. Entremos en materia, si no te importa, que el tiempo es corto. Ahora en un rato tengo que ir a encerrar y darle de comer a las gallinas.

Encarar este asunto hace que sienta un poco de culpa, no te voy a mentir. El imperativo social y esas cosas. Se supone que las personas deben tener hijos, las mujeres quedar embarazadas, los hombres embarazar a alguien. Tus amigos te joden, tu familia te jode, en las reuniones sale el tema, te presionan en los asados, todo el tiempo. Hasta hace poco tiempo, como con el tema de la orientación sexual, no lo escondía pero tampoco andaba proclamándolo.

— ¿Sos hetero?
— Sí.
— ¿Querés hijos?
— No.

De un tiempo a esta parte, un poco por esa misma presión social, me terminé hinchando de las bolas y, a diferencia de con la orientación sexual, me voy convirtiendo en un mensajero de los No-Pro-Hijos, Pro-No-Hijos, No-Hijistas o, como me gusta llamar a nuestro colectivo, los No-Ni-En-Pedo.

—¿Qué opinás de las personas no heteros?
—Lo mismo que opino de las hetero: me chupan un huevo; que disfruten su sexualidad/vida/cuerpo de la mejor manera posible con quienes quieran.
—¿Qué opinás de quienes quieren hijos?
— La verdad es que creo que hay que ser bastante imbécil y descerebrado para tenerlos.
—Eh! ¿Cómo vas a decir esa barbaridad?
—¡Andá a cagar! Yo estaba acá pensando en cosas importantes, como el próximo libro que voy a empezar a leer, o cuándo sería un buen momento para lavar el piso de la cocina y vos venís con planteos ridículos…

Y así se desarrollan conversaciones que la parte Hijista generalmente no está dispuesta a sostener. Se creen moralmente superiores y sueltan sesudos argumentos como “Con vos no se puede hablar, Ulises”, “Es tan lindo”, “Quién te va a cuidar cuando seas viejo”, “Es importante perpetuar el apellido (linaje!)” y otras perlas del racionalismo occidental.

Que conste que soy un tipo prudente, discreto y no me gustan los enfrentamientos; en situaciones normales nunca sacaría a relucir mis opiniones al respecto, primero porque son mías y si nadie las pide entonces no hay por qué andar predicando, y segundo porque cuando me buscan la boca con estas cosas se me va la prudencia y me pongo desagradable, lo que me gusta aún menos que los enfrentamientos.

En fin, al igual que con el matrimonio, un montón de personas parecen andar buscando hijos como si no se pararan a pensar un minuto, como si no se pararan a observar lo que les rodea un segundo, o, mi mayor miedo, como si no les importara.

Tener hijos es una estupidez y muchas veces detrás de un embarazo el único razonamiento que encontraremos será “uy, la dejé morir adentro, pero seguro no pasa nada” o mi preferido “garchemos sin condón que te prometo que acabo afuera”. Sépanlo: el condón es lo mejor que hay, solo superado por el vaso de agua, siempre que lo uses siempre y lo uses bien. Y otra cosa: para hacer un pibe se precisan, habitualmente, un hombre y una mujer. Y estoy convencido, no tengo pruebas pero tampoco dudas, de que la mayoría de las veces en que se da un embarazo no deseado la culpa es de los tipos, que somos imbéciles como parte de la definición.

Para quienes realmente estén pensando en traer una nueva vida a este maravilloso mundo y quieran masoquearse un poco tengo algunas reflexiones que se me han ido ocurriendo con el correr de los años.

  • ¿Sabés que desde la década del 40 del siglo pasado la población se ha triplicado? Luego de aumentar laboriosamente durante siglos y milenios, dio un salto con la llegada de la Revolución Industrial y los avances en medicina de 1000 a 2000 millones de personas en poco menos de 100 años. Luego, con la Revolución Verde que se dio con las nuevas técnicas de fertilización después de la Segunda Guerra Mundial dio un salto casi logarítmico y pasó de 2500 millones en los años 50 a los más de 7500 millones de personas que hay en la actualidad. Para los próximos 20 años se espera que llegue a unos 9000. Nueve mil millones de personas de los que tu pibe va a ser parte. ¿A qué voy con esto? No te dejes engañar: nuestra especie no se va a extinguir por que no tengas un pibe. Cuando alguien se muestre sorprendido porque, horror, no tenés hijos, le podés contestar con una sonrisa que se vaya a tomar por culo y que si quiere hijos que adopte uno.
  • Siguiendo con lo anterior, tu pibe, si tiene suerte, va a encontrarse metido en un gran, gran problema: lograr vivir hasta morir de viejo. Los recursos se acaban. Aunque los jipis te digan que todo se soluciona volviéndose vegano, la realidad es que no habrá recursos para todos en un futuro relativamente cercano. Ni energéticos, ni materiales, ni alimenticios. La vida, este pináculo de abundancia en el que nos encontramos, no va a durar mucho más tiempo tal como la conocemos. Tu pibe va a padecer el Decrecimiento y la contracción de las economías en el mundo. En cierta medida también va a estar contribuyendo al problema. Básicamente lo vas a traer a un mundo de mierda, o que va a tornarse una mierda. Podrás decirte que no, enojarte conmigo, pero es la verdad más grande que vas a escuchar. Lo contrario es esconder la cabeza en la arena, como hacen las jirafas enanas; las jirafas enanas esconden la cabeza en la arena porque en su vergüenza por no estar a la altura de lo que se espera de ellas niegan la realidad y se entierran en la arena hasta morir sofocadas… que es la razón por la que no ves jirafas enanas. Cumplir con las espectativas ajenas es horrible. Haceme caso: viví tu vida a pleno con tu pareja, y dejate de joder con los pibes. No traerlos al mundo es un acto de amor mayúsculo: para contigo, para con tu pareja, para con el mundo y para con el pibe. El mundo no va a salvarse porque comas verduras, lo que necesita es menos menos gente que coma.
  • No sos especial. Sí, es difícil y bastante incómodo que te lo digan así a lo guapo, sobre todo un loco de la guerra como yo, pero es cierto. No sos nada especial. Ni vos ni tu pareja. Que andes desparramando tus genes como si fueran una bendición que salvará al mundo es una ilusión. Un truco del imperativo biológico de cuando la mortalidad infantil era de tres de cada cuatro pibes nacidos y los adultos vivían hasta los 40 años. Hoy, con la mortalidad infantil en menos de 8 por 1000 y una expectativa de vida de 80 años o más, desparramar genes es irresponsable. No sos tan fantástico. No le estás haciendo al mundo ningún favor.

Eso es a nivel macro. Es apelar al bien común. Es extrapolar unos datos fácilmente contrastables. Es indiscutible. Pero también hay otras cuestiones, más pequeñas y cotidianas, pero no menos importantes.

  • Primero lo primero: ¿querés tener un hijo? ¿Lo quieren ambos? ¿Con seguridad? Es un detalle importante.
  • Segundo lo siguiente: ¿por qué? ¿Por qué, oh, MEV, querés tener un hijo? Pensalo bien. Contestar que porque tus viejos quieren un nieto es una estupidez. Regalales un gato, no sé. Contestar que es lo que se espera de vos, también. ¿Qué esperás vos de vos, para vos? ¿Es tu idea de trascender, lo más parecido a la inmortalidad? ¿Tanto te importa? ¿Sabés que el pibe no tiene la culpa de tus complejos, verdad?
  • ¿Cómo está la pareja? Sí, sé que no es de mi incumbencia. No me contestes a mí, contestate vos. Si querés un hijo para ver si se recomponen las cosas el resultado va a ser el mismo, solo que con un pendejo boyando. Si querés un hijo para retener a la otra parte el resultado va a ser el mismo, solo que con un pendejo boyando más otro montón de reproches. No es una bendición. No es un milagro. Es un pendejo. Hacerlo es estúpidamente fácil, tan fácil que a un montón de gente le sale perfecto a la primera. Lo complicado es todo el resto.
  • ¿Tiene que ser un bebé? ¿Tipo un bebé parido por tu pareja/vos? ¿Y si adoptan? Hay gurises a bochas a quienes les vendría bien un hogar y unos padres amorosos. Por “padres” me refiero a cualquiera de las combinaciones. Es un proceso largo, sí, y complicado, pero con eso vas a estar respondiendo a la pregunta: ¿qué tanto quiero un hijo? Además, eso está del lado de las soluciones mucho más que del de los problemas. Un conocido tiene dos hijas, preciosas, amorosas y ambas son adoptadas con un intervalo de pocos años. No me vengas con la sangre, por favor. La sangre, carne de tu carne, es engañosa y ambigua. Tu hijo es el pibe que criás y amás, al que proveés y educás, a quien le transmitís tu forma de ver el mundo y tus valores aunque no tenga tu sangre.
  • Tener un pibe, traer esa nueva vida a este maravilloso mundo implica un sacrificio: si sos un padre o una madre responsable, ese sacrificio es cambiar una vida por otra, la tuya. Tu vida, sea cual sea, va a empezar a gravitar alrededor del borrego. Es un cataclismo. Es insoslayable. Si no te manejás bien con las palabras largas, eso quiere decir que no podés zafar y que nada va a volver a ser igual. Nada. Desde algo tan simple como levantarte un domingo a la hora que quieras, hasta tu vida social. Organizar una juntada con tus amigos va a ser un desafío logístico. Tener tiempo para vos se va a volver un concepto elástico y relativo: ¿ir al club, leer dos capítulos seguidos de un libro, lograr cagar con la puerta cerrada, cocinar una comida de tres platos, seguir con tu hobby?
  • Si sos mujer, el embarazo no es ninguna utopía ni un campo de flores. La espalda se resiente, ganás peso, te sentís pesada por la retención de líquidos, cansada, dolorida, con los senos inflamados y sensibles hasta el punto de que a veces te vas a querer cortar las tetas. A veces con náuseas. Con las hormonas a full. Más los riesgos, tuyos y de ese montoncito de células desarrollándose en tu interior. Estar embarazada es un un deporte de riesgo. Mil cosas se pueden complicar.
  • Ya lo comentó Pancho en la entrada sobre el matrimonio: ¿y si el pibe tiene malformaciones, enfermedades autoinmunes o alguna condición complicada? Un autismo severo o que padezca el Sindrome de Down, cualquier cosa que le impida desarrollarse completa y plenamente y ser autosuficiente. Es una situación muy, muy difícil. Vas a tener que estar prácticamente toda tu vida atendiendo a una persona totalmente desvalida. ¿Y cuando falten vos y tu pareja? ¿Qué va a ser de esa persona que probablemente te sobreviva? No juzgo, no te digo qué hacer, no dudo de que perseverar en esas situaciones límites es amar al máximo… pero tenés que tenerlo en cuenta.
  • ¿Y si una parte de la pareja quiere tenerlo a pesar de todo y la otra no? Los tipos, lamentablemente, siempre pueden borrarse. La Ley, probablemente hecha por otros tipos, los ampara, o al menos no los obliga ni castiga, que es más o menos lo mismo. ¿Qué pasa? ¿Lo vas a tener sola? ¿Podés con la carga? ¿Y si sos el varón que lo quiere? Joderse. Es el cuerpo de ella y ella decide. Porque llevar un embarazo a término es un deporte de riesgo y una carga. Una carga especialmente pesada cuando no se quiere. No hay negociación que valga. ¿Y no serás tan sorete de pretender obligarla, verdad? Eso no se hace, macho.
  • A ver, contame de vuelta por qué querés tener un hijo.
  • ¿Tenés una red de contención que te de una mano? Una persona sola, aunque generalmente esa carga cae sobre las espaldas de las mujeres, la pasa de todos los colores teniendo que conciliar crianza con trabajo y vida en general. A veces sin una abuela, un hermano, una amiga o quien sea que te de una mano. Hay mujeres y también algunos hombres, aunque mayormente mujeres, lamento decir otra vez, que tienen una fortaleza como el acero y salen adelante a pesar de todo. Una vez más, es solo para que lo tengas en cuenta. Es EL sacrificio. Un sacrificio de años llenos de cansancio, preocupación, miedo, cansancio, tesón y cansancio.
  • ¿Te cierran las cuentas? ¡Tener un pibe es carísimo! Pañales, cochecito, comida, vestido. ¡Y por favor que sea sano! Los cositos esos crecen a un ritmo vertiginoso y vas a estar renovando guardarropas cada 3 meses, salvo que los envuelvas en una sábana o te mudes al trópico donde puede vivir en patas y en bolas. Y eso solo es el principio, después vienen la escuela y el liceo por lo menos, cobertura médica, vestido, comida. Los malditos comen como si fuera gratis.
  • ¿Cuántos hijos querés tener? Más de uno!! ¿Es que no entendiste nada de lo que venís leyendo? Si sos tan masoquista comprate un látigo, que va a ser más barato y placentero; porque podés dejar de azotarte cuando quieras, viteh?
  • ¿Te sentís preparada como persona para pasar noches sin dormir o con sueño intermitente durante meses y hasta años? No te hagas el guapo conmigo, viejo. Vos tampoco, mamita. Durante una semana probá de dormir una noche dos horas, repartidas en cuatro tramos de 30 minutos, pero no equidistantes en el tiempo; la siguiente dormí dos horas de un tirón; la otra dormí tres horas, repartidas en intervalos de una hora, separadas por dos horas; la otra no duermas; la siguiente solo podés dar tres cabezaditas de 15 minutos, la sexta dormí 4 horas, pero acostate a la 1 y levantate a las 5. Como soy bueno te dejo descansar el domingo. Todos los ratos que pases con los ojos abiertos poné a tope una música estridente que detestes, una que detestes de verdad. En los momentos de vigilia, además de la música estridente que no te guste de verdad, acarreá arriba y abajo una funda de almohada con seis o siete kilos de azúcar dentro; no podés dejar caer la funda, ni apuñalarla, ni darla contra la pared, ni desentenderte de ella. Y con ese régimen de sueño probá de encarar con buena cara y de manera eficiente el resto de tus actividades diarias y tu vida social. Ahora extrapolalo a por lo menos un año y medio. Dieciocho meses. Setenta y ocho semanas.
  • ¿Colecho o cama aparte? Ya que me preguntás, la cama grande es para la pareja. Punto.
  • ¿Te sentís preparada para consumir una comida caliente y a tiempo de cada cuatro y disfrutar una de cada ocho? Oh, sí, al pibito le importan poco y nada tus tiempos. Es todo yo yo yo yo yo. Al principio serán unos bodoques sin mente ni raciocinio; cuando puedan pensar no les importará. Sí, son unas criaturas demandantes, egoístas y generalmente desagradecidas. Sí, los hijos somos una plaga. Oh, no me vengas con tus aires de santurrona, te estás mintiendo a vos y también a mí. Vos también fuiste una plaga, te conozco, y no me hagas hablar de cuando fuiste adolescente que vas a pasar vergüenza.
  • ¿Sabés lo que es no volver a comer una galletita que no esté babeada durante años?
  • ¿Estás lista, estimada persona que piensa traer niños a este maravilloso mundo, para viajar a veces y solo a algunos lugares, sobre todo en transportes públicos porque el pibe no soporta estar quieto y en silencio mucho tiempo? No, no te podés bajar de un barco o de un avión o de un bondi expreso de larga distancia. Y cuando un pibe realmente se molesta es realmente atronador.
  • ¿Cómo te llevás con los límites? Sí, la educación es parte de tener un hijo. Sí, marcar límites es parte de la educación, de enseñarles autorregulación y a lidiar con la frustración en general y de la frustración de no conseguir todo lo que quieren en cuanto lo quieren. ¿No serás uno de esos medio jipis pusilánimes que les preguntan a sus hijos de dos años qué ropa les gusta o qué y cuándo quieren comer, verdad? Si lo sos, no tengas hijos. Conseguite un gato, que te va a dar muchas más satisfacciones.
  • ¿Sabés lo que es no poder mantener una conversación de más de 3 minutos sin interrupciones? Es como si tuvieras una alteración de la memoria de trabajo. No solo se interrumpe, cesa como si no hubiese existido.
  • Sin soplar y sin repetir, contame por qué es tan importante y tan lindo tener un hijo.
  • ¿Tenés espacio? Un monoambiente está bien para una pareja sola y quizás mientras el pibito es bebé. ¿Y después? ¿Vivir hacinados? Se puede hacer, claro está, es la realidad de muchísima gente. ¿Pero es bueno? Mudarse a un lugar más grande… qué será más caro… y si lo querés más barato será más lejos… así que vas a gastar más en movilidad. Perdés por todos lados.
  • ¿En serio querés un hijo?

De onda te propongo algo: ¿Por qué no probás a tener un cachorrito? Un perrito de un mes o algo así es lo más parecido a un pibito. La diferencia es que más o menos a los 14 años el bicho se muere naturalmente.

O mejor aún, probá con un helecho. Un helecho o una suculenta, para que al menos florezca cada tanto (también son más rústicas y las podés dejar en cualquier lado). Si lográs mantener viva una planta durante dos años considerá adoptar un cachorrito… y si el cachorrito logra sobrevivir dos años en buenas condiciones, y vos conservar la cordura, arrancá con lo otro. Insisto: es mejor un cachorrito. Además los perros son realmente agradecidos, no como los pibes, que son una plaga. Aunque los helechos son aún mejores. Podés tener un montón de helechos casi por la misma plata y te podés ir de vacaciones dejándolos tranquilamente para que te los riegue la vecina. ¡Probá de regar el pibe a ver cómo resulta!

Para ir redondeando, si me pidieras un consejo, que no lo vas a hacer, pero te lo doy igual porque estoy on fire: un cochinito. Son una ternura, los podés entrenar, después que largan la mamadera comen de todo, te fertilizan el jardín y, beneficio indiscutible, cuando pasan los 40 kilos de peso los podés carnear para Navidad (*). ¡Win-win!

Convengamos en que es más lindo que muchos bebés.

Photo: huffingtonpost.com
(*) No quiere decir que debas, pero puedes.

Con dos carros y un tranvía

El martes salí a eso de las 7 de la tarde/noche de laburar y en lugar de ir directo a casa pasé un rato por lo de Naxto, a conocer su puerta nueva para el baño… ¡un hito! ¡Bien por esa puerta!

A los pocos minutos me llaman por teléfono desde la central de la alarma, diciéndome que se había detectado un evento en mi casa y que la cámara mostraba una persona dentro.

Salgo en la moto en modo bólido y llego tres minutos después. No hay vidrios rotos, la puerta del frente está intacta y perfectamente cerrada, las ventanas lo mismo, al igual que uno de los ventanales del fondo. Entraron por el otro, pero con un delicadeza poco habitual: se limitaron a forzar la cerradura (bastante pobre, eso sí), pero sin romper nada. Se llevaron unos pocos pesos que siempre tengo a la vista encima de la mesa para los “rastrillos”, medio paquete de puchos y una botella de whisky empezada.

El móvil de la empresa de alarmas llegó 30 segundos después que yo, y casi con él llegó la Policía cuando apenas había terminado de marcar el número de la Seccional. Los vecinos de la cuadra siguiente tienen un grupo de Whatsapp y, habiendo visto a dos chabones raros dando vueltas y escondiéndose detrás de los árboles, los llamaron. Me sentí muy cuidado por la Producción, la verdad. Estuve como dos horas viendo desfilar policías con diversas especialidades: policías comunes, del PADO, científica, ¡hasta el Comisario! Naxto, crack, empezó a alejarse de casa como haciéndose el bobo, y encontró la botella de wiky que los chorros habían fondeado. Cosa curiosa, los agarraron cuando iban a DOS cuadras de casa. La vestimenta coincidía con la de la filmación y tenían encima los puchos y el encendedor (negro, pequeño y sin marca) de cuya falta me percaté casi sin querer y que comenté al pasar… lo que resultó ser una evidencia CLAVE. CLAVE. ¿Lo podés creer? Como en esos capítulos vistos hasta el hartazgo en la tele.

Lo que me motiva a escribir esta pequeña crónica no es contarte que entraron a casa a robar, sino una situación 42 de alto grado de pureza que se dio en medio de todo ese quilombo del que fui protagonista.

Promediando el primer tercio de todo El Operativo desplegado por las Fuerzas del Orden, estaba con una agente dentro de casa que me tomaba la declaración. ¿Qué le faltó? me pregunta la agente. Yo, parado en medio de la alfombra del living, voy girando lentamente y mirando toda la casa y le digo… falta un poco de plata de encima de la mesa y la caja con whisky que había al lado del ropero, pero no noto nada fuera de lugar.

Querida persona demente que visitas esta casa buena, honesta y pastafari, dejame decirte que mi casa luce como si hubiese estallado una especie de bomba malévola: la cama hecha un nido de perros, con ropa encima; más ropa encima del sillón; más ropa colgada de cuanto respaldo hay a la vista; las alfombras sin barrer; libros sobre la mesada y sobre la mesa y en el piso al lado de la cama; pares de calzado desparramados por todas partas, como si se esperara un ataque inminente de los Reyes Magos, torres de ollas y platos por lavar; pilas de fruta por guardar; una botella de vino empezada y dos vasos, con tablas de picar y repasadores por dos o tres lados distintos; el banquito de trabajo con el hacha encima y el machete dos metros más allá; un montón de cajones con herramientas, recortes de madera, prensas, limas y piezas a medio terminar piadosamente tapado por una sábana blanca; una tabla con mondas de mandarina; sillas, taburetes, poltronas y banquitos desparramados como si en la casa viviera una familia numerosa, como si fueran las partículas de un gas ideal que llenan todo el volumen disponible… entropía máxima.

Imaginá todo eso, el monoambiente de un tipo soltero y bastante desordenado en todo su glorioso esplendor y luego imaginate al susodicho diciéndole a una agente de Policía que le toma declaración que “no ve nada fuera de lugar”. La mina, no podía ser de otra manera, se empezó a reír fuerte. No con carcajadas, porque se ve que era buena gente, pero tampoco sin disimulo. Al final nos terminamos riendo los dos.

Claro, uno conoce bastante bien el propio despelote y se da cuenta de si hay despelote añadido por terceros. Porque uno se hace amigo de su propia entropía y la reconoce, como las abejas pueden reconocer a una intrusa que no pertenece a su colonia. Así que bien, en mi cabeza tuvo sentido soltar esa perla de sabiduría maravillosa, al menos hasta que pronuncié la primera mitad de las palabras; el resto se fue desvaneciendo mientras las pronunciaba, hasta que “lugar” fue dicho casi en un susurro.

Escena del crimen

Ni te voy a contar todas las idas y venidas de policías de todo tipo, color, género y graduación que pasaron por casa en un rato. Si se hubiese cometido un asesinato los policías no hubiesen acudido en mayor cantidad. Solo faltó el tranvía y los carros que cantaban Sui Generis.

Como nota final te cuento que ayer de noche me comunicaron que los tipos fueron procesados (ahora se dice formalizados) y sentenciados a 10 meses.

Mucha pugna de sentimientos te diré. Por un lado, siento amargura porque hayan entrado, una vez más, la cuarta, a afanar a casa. Por otro, miedo que se transforma en una rabia asesina de pensar que pudiesen haber intentado entrar estando María Luisa sola en casa. También alivio, porque finalmente ML no estaba y porque de todos modos no le gusta quedarse sola de noche, y porque no rompieron nada, y los agarraron y los condenaron a una velocidad que da para un capítulo de cualquier serie. Finalmente un poco de tristeza (solo un poco, muy poco) por los chabones, que vieron la oportunidad y entraron a ver qué onda, y se terminaron comiendo 10 meses por medio paquete chico de puchos (de los con pelotita) y un encendedor de $15.

Cosas que pasan, dijo Larralde.

Respuestas

Sábado. Horas de la mañana. Casa de Madre. Paso a dejarle un poco de pasta fresca y desato un conflicto de proporciones épicas. Este es el extremo telefónico de mi madre.

Madre habla con su hermana, mi madrina, y le pregunta por su hija, mi prima. Los nombres reales se han cambiado para no menoscabar ninguna reputación.

—¡Hola, Eva! ¿Está Mariela ahí?
—…
—¡Mariela! ¡Tu hija! ¡Sí, esa! ¿Está ahí?
—…
—¡Mariela! ¡No! ¡No me interesa si te bañaste, necesito hablar con tu hija! ¡Mariela! ¿Está ahí?
—…
—La preciso porque le encargué fideos, pero Francisco me trajo, así que no necesito que me compre… por eso la llamo, para avisarle. Pero vos tenés su celular, así que te pregunto si todavía está ahí. ¿Otra vez? ¡Después hablamos de tu baño! ¿Mariela está ahí?
—…
—Ah… ya salió. Bueno, no importa. Está bien, contame… te bañaste, ¿y entonces?

Las amo fuerte.

Melanzane (no tan) alla parmigiana

Versión corta:

Tómese una berenjena firme y consistente al tacto, envuélvase en papel aluminio, métase en horno caliente a unos 160 °C y hornéese durante unos 30 a 40 minutos o hasta que si aprieta el paquete este se hunda como un globo deshinchado.

Ábrase el paquete, rásguese la piel de la berenjena, precaliente una sartén, agréguele un hilo de aceite y de a cucharadas raspe la pulpa de la berenjena y deposítela con amor en la sartén. Espolvoree una pizca de sal, un buen pellizco de orégano, agite, revuelva y sopapee el menjunje un par de minutos, apague el fuego y agregue un puñado de queso curado recién rallado para que se funda con el calor residual. Entrevere bien.

Sirve perfecto como acompañamiento de carnes, verduras asadas o como una capa más en un sanguchito. Es muy rica y sencillísima de hacer, a la vez que hace más amigable a esta hortaliza tan ninguneada.

Versión larga, solo para valientes o dementes (de los que hay varios en esta casa buena, honesta y pastafari)

Hace tiempo que no colgaba ninguna receta. No he dejado de cocinar, pero estoy vago y básico por un lado, y me estoy dedicando a los sanguchitos por el otro. Con mi propio pan. O sea, los sanguichitos son LA excusa ideal para embocarte un buen pan. Mis sanguchitos son material de leyenda… al menos por las reacciones de quienes los prueban. Pero es gente amiga, así que pueden estar un poco condicionados. Pero no dejan de comer, así que algo hay. Digamos que partimos la diferencia y que mis sanguchitos están bien.

Como sea, melanzane: berenjena. Berenjena a la parmesana. Un menjunje delicioso con la susodicha, más tomates, cebolla, albahaca, quesos mozzarella y curado. ¿Pero qué pasa cuando no tenés ganas de cocinar? ¿Y qué pasa cuando tenés berenjena asada, en lugar de al natural como indica la receta? Pasa magia. Magia pura. La emoción me pone verborrágico.

De la Caponata, el fantástico guisado de berenjenas italiano, aprendí dos cosas: una es que la berenjena es amiga y amante del orégano. La segunda cosa que aprendí es que la berenjena chupa aceite como una esponja. En tiras, lonchas, cubos o pedazos, como sea, aunque el aceite esté super caliente, las tipas toman aceite como si no hubiese un mañana. ¿Pero qué pasa si ya están cocidas?

Aprovechando que hice unos muslos al horno, envolví una berenjena en papel aluminio para hacer todo junto. El pollo salió con ensalada, así que me quedó la berenjena, huérfana. La berenjena asada es la base del baba ganoush, pero también resulta perfecta para acompañar prácticamente cualquier cosa. ¿Pero qué? ¿Cómo?

Pasaron un par de días y la tipa me miraba desde su plato cada vez que abría la heladera, y yo sin saber qué hacer con ella… hasta que dije fuck it, planchémosla.

Hacés una pechuga a la plancha, o la carne de tu preferencia, y luego de retirada, con la plancha bien caliente, raspás toda la carne de la berenjena de su piel, que va a estar tierna y cremosa, y la volcás en la plancha. Agregás un chorrete de aceite de oliva, una pizca de sal y un buen pellizco de orégano, le das un par de vueltas durante unos pocos minutos. Al apagar el fuego agregás un puñado de queso rallado. Entreverás bien para que todo se integre y el queso se funda y colocás esa especie de pasta sobre la carne. Sí, así nomás. Así de simple. La magia no necesita mucha cosa.

Como plus añadido, la berenjena asada y luego a la plancha casi no necesita aceite.

Podés acompañar con alguna otra verdura, arroz, puré o con un rico pedazo de buen pan. Incluso debe andar como piña como relleno de un sanguchito. Atomic Pollo II, por ejemplo.

No sé qué más decirte, aparte de hay que agradecer por las pequeñas cosas. Pequeñas cosas violetas y sabrosas.

Y ya. Cocina con alegría y buen provecho!

Subtitulame esto

Sábado. Horas de la tarde. En casa con María Luisa.

Ambos estamos concentrados en nuestros papeles trabajando a medio metro de distancia, casi sin hablar, pero con esa tranquila y placentera sensación de compañía y pertenencia.

Hacemos un alto y nos ponemos a charlar de cine y su lenguaje, comentando el último corte hecho recientemente por Coppola a Apocalypse Now y la contundencia de la película, tanto en sus diálogos como en lo visual. Y seguimos hablando de lo visual, del lenguaje que trasciende las palabras, hasta que llegamos al siguiente diálogo:

—Hay una película que se llama Encuentro entre dos mundos. —dice María Luisa— Es australiana, vieja, del 70 y poco. Son dos chiquilines que quedan varados en el desierto australiano y se encuentran con un aborigen que los ayuda. No se habla en toda la película, es genial. Las estoy buscando… ah, acá está! — exclama triunfal.

—¿La bajamos?

—No precisa, está completa en Youtube. Vas a ver, Panchi —María Luisa me dice Panchi—, te va a encantar; no se habla en toda la película. Dejame ver si encuentro una versión con subtítulos…

—¿En serio, che?

María Luisa me mira y el desconcierto dura media fracción de segundo hasta que largamos la carcajada a la vez. Una experiencia 42 en toda regla.

Historia y escritoras

Le estoy tomando el gusto a los libros de Historia escritos por mujeres. Se salen de lo habitual, tienen otros enfoques, otros puntos de vista, otra noción de lo que es importante. Desmenuzan, e interpretan, la información de otra manera, dándole al lector una experiencia más rica en matices. De alguna manera dialogan, y mientras lo hacen, cuestionan. No como desafío, sino haciéndose preguntas y explorando las distintas respuestas posibles, relacionando hechos lejanos, en tiempo o en espacio, trazando paralelismos, estableciendo causalidades. No rompen el esquema, lo enriquecen.

También estoy tomando el cuestionable hábito de empezar a reseñar libros antes de terminar de leerlos. Más allá del riesgo de escribir algo fruto del entusiasmo inicial para luego descubrir con horror que la lecutra deviene en chijete, la reseña a priori me sirve de entrenamiento tanto del ego como para ver si logro captar lo medular, así sea un tanto incompleto.

Actualmente estoy leyendo dos libros escritos por mujeres. El primero es 1914, de Margaret MacMillan, en el que nos habla de cómo se llegó a la Primera Guerra Mundial. Los antecedentes, el clima y las relaciones geopolíticas de entonces. Las motivaciones y entresijos de gobernantes y potencias. Forma un mosaico a la vez hipnótico y aterrador. ¿Cómo se desembocó casi de un día para otro en una guerra crudelísima y atroz cuando Europa venía gozando de casi un siglo de paz ininterrumpida? Es una lectura vasta que explora las condiciones, alianzas, rivalidades y esperanzas de las grandes potencias de la época: Rusia, el Imperio Austro-Húngaro, Inglaterra, Francia. Enorme.

El segundo libro, en el que quiero hacer especial hincapié, ya que lo tengo mas avanzado, se llama SPQR, escrito por Mary Beard. Es una historia de Roma, desde sus mismísimos orígenes hasta el punto en que Caracalla da la ciudadanía romana a todos los habitantes del Imperio, en 212 d.C.

Al principio me sorprendió tanto que casi dejo de leerlo. Sigue un orden cronológico, pero comienza con un salto en el tiempo: el siglo I a.C. y el conflicto de Cicerón y Catilina (que quería prender fuego todo para encumbrarse en la política). La autora utiliza este acontecimiento como pie para lo que viene después (en el libro) y que es lo que ocurrió antes (en el tiempo). ¿Cómo fue la fundación de Roma? ¿Cómo fueron los órigenes de Roma? ¿Es posible reconstruirlos con fidelidad? ¿Qué tan fiables son los testimonios de los propios historiadores romanos? Beard plantea decenas de preguntas, cuestiona todo lo que escribieron sus predecesores romanos, conjeturas de historiadores modernos e incluso documentos oficiales de la Roma antigua y luego los desmitifica, procurando separar la paja del trigo. ¿Cómo se relacionan los escritos con las pruebas arqueológicas? ¿Cuánto hay de mito? ¿Cuánto de lo que se dice que se hizo es real y cuánto obedece al deseo de construir un relato de Roma que la deje en un buen lugar, con gloria y victoriosa? ¿Cómo ese relato, esa construcción de la propia épica, una vez aceptado e internalizado por los romanos luego influye en los acontecimientos venideros?

Es, realmente, una lectura fascinante por lo que cuenta y por cómo lo cuenta, con puntos de vista novedosos que se apartan bastante de la estructura usual de los libros sobre Roma y de Historia Universal, que se centran mucho en República e Imperio, pero que en el mejor de los casos le dan solo un tratamiento marginal a la génesis. Probablemente se deba a que en este génesis romano hay mucho, muchísimo de especulación. Pero Beard desbroza estas especulaciones y nos presenta un panorama no solo posible, sino también plausible.

¿Conocés algún otro libro de Historia escrito por mujeres que puedas recomendarme?